martes, 17 de junio de 2025

17 años.

 En 17 años caben muchos viajes por tierra, mar y aire. Caben muchas comidas, cenas y desayunos. Atardeceres maravillosos, como los de Cantabria, pero también recuerdo otros, no menos memorables, en Los Pirineos o en Zamora, al lado de la catedral. Hay muchas excursiones senderistas con ríos en los que mojar los pies y mares en los que nadar en islas ya no tan perdidas del mundo. Y también pasar frío en agosto con chaqueta en las que aún siguen perdidas, aunque se pueda llegar en ferry en medio de la tormenta, con las cascadas cayendo por todas partes. 

Hay círculos antiguos que no son Stonehenge, más íntimos y desconocidos, pero también está Stonehenge con avutarda y tirarnos en el césped de Bath a contemplar cómo una asiática hace posturitas para sus redes sociales y nos reímos. O hablar con una china en inglés en una bodega de Oporto y volver andando con ella hacia el centro. Tomar algo con unos argentinos en Galway, subir los escalones de las islas Skellig en las que las gaviotas roban sandwiches a los turistas y tomarnos un café irlandés en Portmagee mientras nos contamos la vida. 

En 17 años caben también cosas malas, como operaciones, visitas a hospitales,  muertes de familiares y hasta una pandemia. Sin embargo, las desgracias compartidas parece que lo son menos. 

Hay noches de luna llena paseando por Santa Pola y noches en las que salir huyendo de un camping donde estábamos solas para acabar en un spa. Y otras noches perdidas en pueblos de Cornualles, donde no funciona bien el GPS y no se sabe cómo volver al B&B. Cuando te asustas, yo no. Cuando me agobio, tú no. Y así vamos encontrando el camino en nuestras aventuras. 

No me perdería ni un solo minuto de los que he vivido contigo. Y quiero 17 años más que compartir contigo. 


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