| St. Paul's Cathedral con autobús y todo, foto para mi sobrino. |
El caso es que me fui a dar una vuelta por los alrededores y estuve haciendo fotos como esta hasta que llegó la hora de entrar. Fui casi la primera, había sólo dos o tres turistas más, un lujo. St. Paul's casi para mí sola, aunque luego se fue llenando, claro. Como la audioguía está incluida en la entrada, no me hicieron falta las audioguías que llevaba en el mp3. (Si os hacen falta algún día, están en español aquí aquí y en inglés aquí, son páginas muy buenas con mucha información, en la segunda incluso vídeos, mapas...) Fui a mi ritmo por todos los rincones de la catedral y disfruté de la visita. Me imaginé el miedo que pasarían los voluntarios en la II Guerra Mundial vigilando por las noches para apagar las bombas incendiarias en caso de ataque, allí en la cúpula, por las escaleras angostas, a oscuras para que no los vieran los aviones enemigos y oyendo el zumbido de los motores sobrevolando la ciudad. A pesar de todo, yo también habría sido voluntaria nocturna, con tal de salvar esa maravilla para generaciones futuras.
A las once y pico me fui a Candem Town en metro y me encontré con unas españolas veinteañeras, estaba Londres lleno de españoles, supongo que suele ser habitual. Hasta entonces había ido en metro con Pilar y no me había fijado mucho, ahí tuve que espabilar yo sola y la verdad es que me pareció un poco lioso respecto a otros metros que conozco. Y eso que he estado en los de Praga y Budapest sin entender palabra de los cartelitos y de los nombres de las estaciones... El caso es que llegué a Candem y ya había bastante gente, aunque luego ya era agobiante estar allí. Me di una vuelta por las tiendas y le compré a mi sobrino un autobús de dos pisos y un mini que le encantaron, sobre todo el autobús, porque no sabía que hubiera autobuses de dos pisos. El otro día me pidió que le dibujara uno, pero con la barra para agarrarse los pasajeros, como el que yo le traje.
Cuando llegó la hora a la que habíamos quedado, fui a la estación de metro a recoger a mis compañeras de viaje, nos fuimos a ver los puestecitos y a comer a un restaurante cerca del canal. Luego seguimos curioseando por allí y, cuando decidimos volver, había tal cola y tanta gente se agolpaba en la estación de metro, que lo cerraron y nos tuvimos que ir andando a la anterior. Llegamos al centro de Londres y nos encontramos con hombres vestidos con camisetas de fútbol a rayas rojas y blancas pegando gritos medio borrachos (llevarían ya horas empinando el codo). No sé quién ganó, pero aquello empeoraba por momentos. Dimos una vuelta por Covent Garden y, cuando decidimos volver al albergue, la estación de metro que queríamos usar también estaba cerrada por el gentío que había y nos tocó otro paseíto hasta la siguiente.
Por fin llegamos a nuestro barrio, que estaba mucho más tranquilo, y preparamos la maleta para volver al día siguiente. Pilar y A. decidieron comprar algo en un supermercado y cenar en el albergue, pero C. y yo le echamos el ojo a una pizzería italiana y nos fuimos a cenar allí. Estaba también llena, así que, nos fuimos a dar un paseo hasta la estación de St. Pancras para conseguir un horario de trenes a fin de saber cuál teníamos que coger al día siguiente y volvimos a la pizzería, que ya se había vaciado un poco y tenía mesas libres. Al final, se nos hicieron las tantas y cuando llegamos Pilar y A. ya se habían acostado.
El domingo fue para despedirse y volver a casa. Como se me olvidó la tarjeta de crédito en España, llevaba sólo dinero en efectivo y cambié allí euros a libras porque me temía que me iba a quedar sin dinero. Total, que luego me sobró y me dediqué a hacer unas últimas compras en el Duty Free del aeropuerto. Londres sin tarjeta de crédito (en mi caso) y sin móvil en el caso de Pilar. No sé si en vez de un London Feminist Journey fue un Victorian London, porque tiene su mérito en estos tiempos que corren viajar sin esos dos elementos que se han vuelto imprescindibles en nuestra vida cotidiana.





















