viernes, 17 de abril de 2015

Minas.

En España hay muchas minas que, con el tiempo, se dejaron de explotar. A veces, porque se acabó el mineral, otras porque ya no eran rentables. Después estuvieron abandonadas durante años y ahora, algunas han vuelto a abrir con fines turísticos. A mí me parece bien porque se puede aprender mucho de la minería, de distintos tipos de minerales, de geología y de formas de vida del pasado industrial reciente. Al principio puedes pensar que visitar una mina va a ser aburrido y que un museo o una catedral son más interesantes para ir, sobre todo, si tienes pocos días de vacaciones. Sin embargo, yo lo recomiendo porque es una experiencia que vale la pena. 




Mina Costanaza en Logrosán.

Recientemente he visitado dos minas: la Mina Costanaza en Logrosán, Cáceres, y la Mina Las Matildes en Cartagena. En ambos casos tuvimos guías simpáticos y agradables que nos explicaron todo muy bien. Además, tuvimos suerte de que había poca gente en el momento en que llegamos. En Logrosán, sólo mi compañera de viajes y yo y en Cartagena, una madre con dos mellizas de seis años y nosotras dos. Así que pudimos disfrutar de la experiencia en grupo reducido.

Castillete de la Mina Las Matildes, en Cartagena.

La mina Costanaza es de fosforita, que se sacaba para fabricar abonos y llegó a ser una de las más importantes en España, pero dejó de funcionar en 1946 porque abrieron otras minas en Marruecos y ya no era rentable. En cuanto a la mina Las Matildes empezó originalmente como mina de extracción de plomo, sin embargo, poco después se usó para sacar agua para riego. Por un lado, se evitaba que las aguas subterráneas inundaran otras minas cercanas y, por otro, a los agricultores les venía bien y la mina seguía siendo rentable. 



Si no sabéis qué hacer este fin de semana, visitad una mina y luego me lo contáis. 




domingo, 12 de abril de 2015

Mona en el pantano

Hace quince años por lo menos que no me iba de mona, así que, el lunes pasado mis amigos y yo decidimos ir al pantano, como manda la tradición y, para más inri, andando. Pero ya no tenemos veinte años y todavía me duran las agujetas, aunque lo peor fue el martes y el miércoles, ¡ufff, estamos mayores ya, como dice Lourdes!

Nos encontramos cosas curiosas, como esta Virgen del corredor que alguien ha puesto en el camino:


Y conseguimos llegar sin contratiempos (ahora está señalizado todo el camino) a las esculturas de Mariano Ros que un día busqué con Vanesa. Lo que más gracia me hizo es que los algarrobos de los que hablé en aquel post siguen estando ahí, afortunadamente. Las esculturas también, claro, pero esta vez llenísimas de gente por ser el día de la mona, cuando fuimos Vanesa y yo no había nadie.

Representación del pantano.

Mientras estábamos por allí, se levantó un poco de viento frío y se empezó a nublar un poco, así que, buscamos refugio en la parte de atrás para comer pegados a una montaña. De allí teníamos pensado ir hasta la presa del pantano y yo había imprimido para ello unas hojas de internet, pero se nos ocurrió preguntar a unos excursionistas y nos mandaron por un camino que creo que nos hizo dar muchísima más vuelta. Me recordó al chiste aquel de:

"-Preguntando se va a Roma.
-¿Y de dónde te crees que vengo?"

Casi llegamos a Roma antes que a la presa del pantano, pero al final lo conseguimos:

Pantano de Elche. 


Luego aún nos tocaba volver a casa a pata y, después de siete horas andando, menos el rato de la comida, conseguí llegar a casa, bastante cansada y dolorida, pero sana y salva.