En España hay muchas minas que, con el tiempo, se dejaron de explotar. A veces, porque se acabó el mineral, otras porque ya no eran rentables. Después estuvieron abandonadas durante años y ahora, algunas han vuelto a abrir con fines turísticos. A mí me parece bien porque se puede aprender mucho de la minería, de distintos tipos de minerales, de geología y de formas de vida del pasado industrial reciente. Al principio puedes pensar que visitar una mina va a ser aburrido y que un museo o una catedral son más interesantes para ir, sobre todo, si tienes pocos días de vacaciones. Sin embargo, yo lo recomiendo porque es una experiencia que vale la pena.
Mina Costanaza en Logrosán.
Recientemente he visitado dos minas: la Mina Costanaza en Logrosán, Cáceres, y la Mina Las Matildes en Cartagena. En ambos casos tuvimos guías simpáticos y agradables que nos explicaron todo muy bien. Además, tuvimos suerte de que había poca gente en el momento en que llegamos. En Logrosán, sólo mi compañera de viajes y yo y en Cartagena, una madre con dos mellizas de seis años y nosotras dos. Así que pudimos disfrutar de la experiencia en grupo reducido.
Castillete de la Mina Las Matildes, en Cartagena.
La mina Costanaza es de fosforita, que se sacaba para fabricar abonos y llegó a ser una de las más importantes en España, pero dejó de funcionar en 1946 porque abrieron otras minas en Marruecos y ya no era rentable. En cuanto a la mina Las Matildes empezó originalmente como mina de extracción de plomo, sin embargo, poco después se usó para sacar agua para riego. Por un lado, se evitaba que las aguas subterráneas inundaran otras minas cercanas y, por otro, a los agricultores les venía bien y la mina seguía siendo rentable.
Si no sabéis qué hacer este fin de semana, visitad una mina y luego me lo contáis.
