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jueves, 12 de febrero de 2015

A School in South Uist.

Cuando estuve en Escocia compré un libro interesantísimo que se titula A School in South Uist. Son las memorias de un maestro inglés que, en 1890, consiguió un puesto de trabajo en una escuela de una de las Islas Hébridas, South Uist, perdida del mundo hoy en día, cuanto más entonces... Tuvo que viajar casi dos días en trenes desde el centro de Inglaterra a Edimburgo, de allí a Glasgow, de allí a Oban... Y cuando por fin llegó a Oban, era de noche, estaba lloviendo y tuvo que esperar en el puerto a que saliera el barco para South Uist, que era también una aventura, porque como el mar estuviera encrespado, aquello era rezar todo lo que supieras y encomendarte a todos los santos para llegar vivo. Menos mal que aquellos marineros eran expertos y la mayoría de las veces la cosa acababa bien. Eso sí, cuando por fin llegabas a Lochboisdale, el puerto en South Uist, te habías hecho un tour en barco por todas las Hébridas habidas y por haber, más el viajecito en tren, que casi llegabas veinte años más viejo que cuando saliste de tu casa. 

Pero este hombre se adaptaba a todo de una manera admirable y, a pesar de que en la isla sólo hablaba inglés él, el cura, el cartero y poco más, no sé podía comunicar casi con nadie, era el primer maestro que no hablaba gaélico como toda la población y, para poder dar clase, tenía que contar con dos maestras auxiliares que, prácticamente, acababan de salir de la escuela y sabían un poco de inglés, para que tradujeran a los niños todo lo que él decía, a pesar de todas las dificultades, se enamoró de la isla y de sus gentes y se quedó a vivir varios años allí. 

Sus alumnos venían andando, muchas veces desde muchos kilómetros de distancia, descalzos tanto en invierno como en verano y solían faltar a clase cuando sus familias los necesitaban para tareas agrícolas o ganaderas en ciertas épocas del año. Tenían que traer cada día un trozo de turba cada uno para echarlo a la chimenea de la escuela y que el fuego durara toda la jornada escolar. Muchas veces ni desayunaban y no comían nada hasta que llegaban a casa a cenar, así que se le ocurrió darles sopa a mediodía. Para no herir sus sentimientos y que pensaran que era caridad, montó una fiesta en la escuela por la noche, con un gaitero y baile, vendió tickets y con ese dinero, algo más que puso él, compró media vaca que iban a sacrificar porque se había roto una pata y se la vendieron barata, saló la carne (no había neveras en la época), algunos alumnos trajeron verduras y, con eso, tuvo sopa para una temporada. 

Luego montó unas clases nocturnas para adultos. Se estudió unos libros sobre navegación, pasó un examen para tener un certificado que lo acreditara, y empezó a enseñar a los marineros que, tenían conocimientos prácticos, pero nunca habían usado instrumentos de navegación como se requería en los grandes barcos comerciales de la época. Después muchos de ellos fueron a Glasgow a examinarse de oficiales de la marina mercante, aprobaron el examen y acabaron en barcos que navegaban por todo el mundo.

Sus hermanos, que eran militares, lo habían visitado unas navidades y habían revolucionado a la isla porque habían traído un balón de fútbol, allí nunca habían visto el fútbol y cuando vieron al maestro y sus hermanos jugando al fútbol, casi se matan unos a otros porque querían jugar también, pero sin respetar ninguna regla, así que, entre el cura y ellos, organizaron un partido de fútbol en condiciones, cada uno entrenó a su equipo, le enseñó las reglas y jugaron un domingo, con gran afluencia de público curioso por conocer qué era aquello. Cuando sus hermanos volvieron a Inglaterra, le enviaron balones de fútbol, guantes de boxeo, y otras cosas para hacer gimnasia como unas barras paralelas para que los alumnos, tanto los pequeños como los adultos, tuvieran también un rato de deporte. Mens sana in corpore sano. 

A fin de prepararse para el invierno, había que cortar la turba, dejarla secar un tiempo en el campo y luego ya, almacenarla. A la escuela le pertenecía cortar turba en un terreno cercano y todos los hombres consideraban un honor colaborar en esta tarea, por lo que no aceptaban pago por sus servicios. Así que, con ayuda de su madre y su hermana, que habían venido de visita un verano, y de unos vecinos, montó un comedor en la escuela para que los hombres que iban a cortar la turba desayunaran, comieran y cenaran ese día, en compensación por su trabajo, pero sin que se sintieran ofendidos. 

Con un maestro de otra escuela cercana, muy aficionado a la pesca, aprendió a pescar en los lagos y así tener un suplemento de comida que, en aquellos tiempos, venía muy bien. Además, aprendió a jugar al golf en el primer campo de golf que hubo en la isla. Vamos, que se adaptó perfectamente al medio, se lo tomó como un descubrimiento de otro tipo de vida al que no estaba acostumbrado y disfrutó de la experiencia todo lo que pudo. Tiene unas descripciones muy poéticas de la naturaleza que lo rodeaba: los bellos paisajes de las montañas, los lagos, el mar con los barcos veleros de pesca en el horizonte, las noches con luna, las estrellas, las auroras boreales... También la fuerza de los elementos con días de viento huracanado, de tormentas, de mar embravecido y peligroso... Él enseñó inglés y otras asignaturas a los lugareños, pero también aprendió muchísimas cosas de ellos. 


sábado, 15 de febrero de 2014

Londres, de Edward Rutherfurd.

Aún me quedan cuatrocientas y pico páginas por leer, pero creo que es uno de los libros más curiosos (además de más largos) que he leído. El protagonista real es una ciudad, Londres, y a lo largo de la narración vamos viendo distintas civilizaciones que lo pueblan en épocas diversas: celtas, romanos, sajones, normandos... Distintos reinados, leyes, costumbres de cada momento... Todo a través de capítulos entre las cincuenta y las cien páginas en las que se cuenta un suceso importante en la historia de la ciudad (la llegada de los romanos, la conquista normanda, el nacimiento del teatro, etc.). 

Distintas sagas de familias se van encontrando a lo largo de las distintas épocas e interactuando entre ellos, se casan, se pelean por los negocios o por la religión, se crean alianzas y amistades entre ellos, vamos viendo oficios de la gente de clase baja (carpinteros, cerveceros, barqueros, armeros, herreros, etc.) y también en qué trabajaba la gente de la clase alta (concejales, alcaldes, comerciantes, abogados, cortesanos al servicio del rey, etc.). Se nos explica el origen de barrios actuales, el por qué de sus nombres y el origen de la palabra. Además, como cada capítulo se puede leer de forma independiente, no hace falta leerlos en orden. 

Es como leer un libro de historia dentro de una novela, me parece muy divulgativo e interesante. Os lo recomiendo. Además el autor ha escrito sobre varias ciudades: Londres, Dublín, Nueva York, París... si vais a viajar a ellas, puede apeteceros leer antes sobre ellas. Os dejo la pág. web oficial de autor: http://www.edwardrutherfurd.com/

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los olivos de Belchite.

Nunca he estado en Belchite, pero recuerdo que había una página que hablaba sobre el tema en un libro de español que usaba para dar clase a unos ingleses que se habían jubilado y se habían venido a vivir a España sin saber nada del idioma. No sé por qué, el sonido de la palabra "Belchite" les hacía mucha gracia. El caso es que, como me gustó La maestra republicana, decidí comprarme también Los olivos de Belchite. Me llegó el jueves por correo y el sábado ya estaba leído. 

Ambas novelas tratan temas similares: las huellas de la Guerra Civil todavía en el presente, aunque la gente se piense que no, que eso ya es pasado remoto y pasaron las consecuencias (sigue siendo un tema tabú, mi abuelo nunca me contó que había estado en un campo de concentración, me tuve que enterar por una fotocopia de un documento del Archivo Militar de Ávila), el contraste entre pueblo o el campo y la ciudad, temas económicos de actualidad, las parejas de diferentes culturas, los hijos secretos o los padres y madres secretos que se descubren al cabo de los años...

 Recogida de olivas en Matola (Elche). Foto cedida por A.Pérez.

Quizá lo que más me llama la atención de las novelas de Elena Moya es la vuelta a las raíces, a la tierra, al lugar donde has sido feliz. Supongo que me identifico de alguna manera con el amor de María, la protagonista, por los olivos centenarios porque pasé los veranos de mi infancia en el campo con los almendros de mi bisabuelo. Eso sí, reconozco que el olivo no es tan rugoso como el almendro y, por tanto, a la hora de trepar, no te haces tantos arañazos. Y bueno, aunque no es mi especialidad coger olivas, una también ha hecho sus pinitos, como ya conté: aquí. 

No quiero estropear la lectura, así que, no digo más. Os dejo que os perdáis por las calles de Londres o los campos de Belchite, las avenidas de Barcelona...

martes, 29 de diciembre de 2009

La elegancia del erizo.

Una portera fea y pobre, pero que, a fin de parecer "normal y corriente", esconde su inteligencia y su cultura. Una niña rica de doce años que es más lista de lo que quiere dar a entender y los vecinos de un edificio en un barrio de clase alta en París es todo lo que necesita la autora (profesora de filosofía y se nota en las citas literarias) para hacernos pensar sobre las cuestiones de la vida cotidiana. A mí me ha gustado, al principio, me pareció un poco aburrido por tanto rollo filosófico pero, como todos los buenos libros, a partir de la mitad no hay forma de desengancharse. Es sólo para asustar a los que tengan poca constancia para seguir leyendo. Sin duda, uno de mis libros preferidos.

(Metis: Como no me has contado si lo has leído y qué te ha parecido, al final, lo he tenido que leer yo.)

martes, 1 de septiembre de 2009

Mapa de los sonidos de Tokyo.

No sé por qué las películas occidentales (las orientales no las he visto, así que, desconozco cómo tratan el tema) sobre Japón sólo muestran ciudades de noche o sórdidos interiores donde la gente intenta ser feliz, la mayoría de veces sin conseguirlo. Muestran un mundo de soledad, incomunicación y aislamiento que no sé si se corresponderá con la realidad japonesa. Tanto el Mapa de los sonidos de Tokyo, como Lost in Translation o Babel responden a esa idea. Parece que, lo mejor que te pueda pasar en Japón es volver a tu país, donde sí se puede disfrutar de la vida. Y, la verdad, no creo que sea para tanto, porque en todas partes cuecen habas y en otros países tampoco se vive tan divinamente.

Al menos, el Mapa de los sonidos de Tokyo hace que te fijes en los sonidos cotidianos a los que, normalmente, no prestamos atención. Casi que es una película más oída que vista. Y también hay una historia interesante, diferente. Así que, os la recomiendo.

domingo, 15 de febrero de 2009

La buena nueva.

La semana pasada vi en la filmoteca La buena nueva, una película sobre la guerra civil española, pero desde un ángulo distinto. El protagonista es un joven cura que cree en su profesión y en su fe y no le cuadra que, los que se supone que son "los suyos", se dediquen a matar, chantajear y amenazar a los contrarios, por mucho que estén en guerra con ellos. Le parece que eso no es cristiano, es totalmente injusto, y por eso se dedica a ayudar a los represaliados, lo cual, por supuesto, provoca que "los suyos" no entiendan nada y quieran matarlo, a pesar de ser sacerdote.






Sin embargo, él lucha hasta el final de la guerra por mantener sus ideas religiosas y sus convicciones e, incluso, llega a enfrentarse con el obispo y le dice que, si ser parte de la Iglesia es estar a favor de todos los desmanes que él ha visto en el pueblo, no quiere pertenecer a ella. Es una película buenísima, como las de antes.

lunes, 2 de febrero de 2009

Revolutionary Road.

El sábado fui a pasar el día a Alicante con unas amigas que hacía tiempo que no veía y fuimos al cine a ver:



(Quien no la haya visto y piense verla, que deje de leer aquí, el que avisa no es traidor.)


Es una tragedia de película, pero te hace plantearte cuándo dejaste de ser revolucionario para acomodarte en una casa en las afueras de la ciudad con marido/mujer, dos niños, jardín y vecinos iguales a ti. Entonces, si tuvieras la oportunidad de irte a otro sitio, París por poner un ejemplo, ¿qué sería mejor? ¿Irse o quedarse? La clave está en que, como decía Josefina R. Aldecoa en Cuando éramos jóvenes, "Es hermoso vivir en cualquier parte si te das cuenta de que estás viviendo". El problema viene cuando crees que en otro sitio tu vida sería mejor y no calculas que te llevarías todo lo negativo porque el problema no es tu vida, sino tú y cómo te la planteas o la aceptas. No sé si me explico, pero son dos concepciones de la vida que en la película convierten en antagonistas al marido y a la mujer, con lo cual, pues al final acaba mal como era de esperar.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Textos "robados" 2.

Viene del post anterior, a quién le interese, que lo lea entero incluso los comentarios. Aquí sólo he puesto un poco de orden en los textos para no liarnos. La historia, por ahora, está así:


Recuerdo que te llamé desde la playa. Qué cercana y qué lejos. No te lo dije: me quité la corbata, los zapatos y remangué los bajos del pantalón para caminar por la arena. La Barceloneta estaba tranquila: unos niños jugaban en el patio de un colegio, unas chicas se apoyaban inverosímiles sobre una pared para contarse historias de amor y cigarrillos tempranos. Unos viejos jugaban quizá la última partida al aire libre. Pasó una joven atractiva haciendo deporte. A mi derecha, el Maremagnum equilibraba de modernidad el aire. Frente a mí, unos jóvenes soñaban olas de otros lugares. Recuerdo que te llamé desde la playa para decirte que volvía a mi habitación, que todo había salido bien, que Barcelona hervía en ruido y gente. Te dejé que oyeras el mar, que te llamaba. (Pedro Ojeda Escudero.)


Recuerdo que me llamaste desde la playa, ¿cómo olvidar tu voz alegre por las buenas noticias y aquella forma de decirme "te quiero"? Me costó encontrar el móvil en el fondo del bolso, sonando con tanta urgencia que me puse nerviosa y me volví torpe, sabiendo que eras tú quién llamaba y no podía encontrar el maldito trasto. Pero al final contesté y las piedras de aquella plaza castellana tan sobria se volvieron multicolores al oír tus palabras. Llovía aquel mediodía de finales de octubre en que yo cruzaba la plaza, sin paraguas, como siempre, soy así de desastre, ¿qué le vamos a hacer? Nadie es perfecto.

Me estaba empapando con esa lluvia fina y eterna que parece nada pero acaba calándote hasta los huesos. Hacía un poco de fresco y la mano con la que sujetaba el teléfono se me heló, aunque no lo noté hasta mucho después de colgar. ¿Cómo sentir el frío estando contigo aunque sea en la distancia?

Me llamaste desde la playa y me dejaste oír el mar. O la mar, ¿quién sabe? De repente, volvieron todos los veranos de mi niñez que, como canta Serrat, "sigue jugando en tu playa" porque yo también nací en el Mediterráneo. Me subió una ola de nostalgia del pecho a la garganta y la emoción apenas me dejó decirte: "Te quiero, te echo de menos, vuelve pronto." ¿Cómo olvidar esa llamada tuya desde la playa, que me hizo saber en ese preciso instante el amor inmenso que te tengo? (Amelche.)

...Colgué, mientras las nubes se alejaban sobre mi cabeza empujadas por un viento, furioso por momentos, se iban como se fue tu voz, como se alejó tu palábra calida de mi oído. Consciente ahora de mi soledad y de ese frío inexistente mientras te sentí cerca... Los viejos se alejaban ya, las chica con sus risas y misterios ya no estaban, mientras yo abría la nueva espera, para volver a escuchar tu voz... (Brujita.)


Entonces me acosté pensándote, saboreándote en la distancia sintiendo que tú también, en ese preciso instante, estabas conmigo y gocé ¡cómo gocé...! (Merche Pallarés.)

(Provisionalmente lo coloco aquí mientras pienso qué hacer porque, como le he dicho a Bridget, creo que su texto sería mejor colocarlo en lugar del mío.) Recibí tu llamada desde la playa. Yo, acostada en la cama, enredada en mis cabilaciones, le brazo ocultandome de la luz. Me contabas que la Barceloneta estaba tranquila, se oía a los niños jugar, que todo estaba bien. Tu voz sonaba acelerada. Te imaginé gesticulando en medio del paseo, mirando al mar y pensando en mi. Imagino que desde el Maremagnum hasta la playa corriste para dejar atrás el nerviosismo con el que habías salido de tu habitación para enfrentarte al nerviosismo de llamarme a mi. Recibí tu llamada desde la playa. Oí tu sonrisa através del teléfono cuando me dijiste que todo saldría bien. Que seríamos felices en Barcelona, que lo sabías porque veías el mar. El silencio nos envolvió. Repetiste que todo saldría bien. En ese momento aparté el brazo, la luz lo inundó todo y yo también pude ver el mar. (Bridget.)


O tal vez… soñé tu llamada, imaginé tu voz cálida como una caricia, sentí tus brazos envolviéndome, compartí tu risa sincera… Tal vez tú no existas, o no fue mi número el que marcaste… pero yo soñé, o imaginé o realmente recibí tu llamada… Sólo sé que en aquella tarde lluviosa me llegó un envolvente soplo de afecto y de deseo, y me sentí amada, comprendida, entendida, deseada, libre y acompañada, y me levanté de la cama revuelta con lágrimas, suaves lágrimas bailando en las pestañas, pero alegre por dentro, fuerte de nuevo para retomar la vida, real, esa sí real, que me esperaba tras la puerta de la alcoba. (Sofía)

Y Alberto sigue con la versión masculina (corrígeme si me equivoco): Sí, iba a regresar a mi habitación, a revivir tu aliento, tu sonoridad, tus manos. Entonces pasé por delante de aquella dársena. De un barco negro salían hombres negros como esscupidos de la boca del dragón. Me lo quedé mirando. Quería volver a la calidez de tu recuerdo, pero algo me impulsaba a mirar. Mi retina se cubrió de agua salada, de bravo oleaje, de piratas de otro tiempo. ¿Qué podía hacer? ¿Seguir mis deseos o dejarme atrapar por aquel férreo imán que me atraía como una sirena?Quise que tu fueras mi sirena, pero no… el destino me tenía reservada otra.

Uno de aquellos pasajeros del infierno se dirigía a mí rápidamente. Quise huir pero no pude. ¿Quién era aquél que me buscaba? ¿Por qué necesitaba esperarle? ¿Qué fuerza tenía? Era fornido, musculoso, seguro de sí… Sus ojos atormentados me suplicaban. Eran unos ojos negros, profundos, abismales. ¿Qué misterios encerraban? Por cierto, no sé si lo ves en tu ordenador, Alberto, pero he puesto los distintos trozos en diferentes colores: azul el de Pedro, verde el mío, rojo el de Brujita, naranja el de Merche y lila el de Sofía. Y ahora he añadido en negro el de Bridget y el tuyo.

viernes, 31 de octubre de 2008

Textos "robados".

Al leer este post de Pedro Ojeda Escudero no he podido evitar primero, continuar la historia en un comentario que le he dejado y después, "robárselo" y traerlo aquí, para ver si alguien más se anima a seguir escribiendo y qué nos sale de aquí. Espero que no le importe a Pedro y que se lo tome como el Arcipreste de Hita en El libro del buen amor: "Cualquiera que lo oiga, si hacer versos supiere,/ puede más añadir y enmendar, si quisiere." Después de todo, los blogs van de mano en mano y de plaza en plaza, como la literatura medieval. He aquí la historia hasta ahora:

Recuerdo que te llamé desde la playa. Qué cercana y qué lejos. No te lo dije: me quité la corbata, los zapatos y remangué los bajos del pantalón para caminar por la arena. La Barceloneta estaba tranquila: unos niños jugaban en el patio de un colegio, unas chicas se apoyaban inverosímiles sobre una pared para contarse historias de amor y cigarrillos tempranos. Unos viejos jugaban quizá la última partida al aire libre. Pasó una joven atractiva haciendo deporte. A mi derecha, el Maremagnum equilibraba de modernidad el aire. Frente a mí, unos jóvenes soñaban olas de otros lugares. Recuerdo que te llamé desde la playa para decirte que volvía a mi habitación, que todo había salido bien, que Barcelona hervía en ruido y gente. Te dejé que oyeras el mar, que te llamaba. (Pedro Ojeda Escudero.)


Recuerdo que me llamaste desde la playa, ¿cómo olvidar tu voz alegre por las buenas noticias y aquella forma de decirme "te quiero"? Me costó encontrar el móvil en el fondo del bolso, sonando con tanta urgencia que me puse nerviosa y me volví torpe, sabiendo que eras tú quién llamaba y no podía encontrar el maldito trasto. Pero al final contesté y las piedras de aquella plaza castellana tan sobria se volvieron multicolores al oír tus palabras. Llovía aquel mediodía de finales de octubre en que yo cruzaba la plaza, sin paraguas, como siempre, soy así de desastre, ¿qué le vamos a hacer? Nadie es perfecto.

Me estaba empapando con esa lluvia fina y eterna que parece nada pero acaba calándote hasta los huesos. Hacía un poco de fresco y la mano con la que sujetaba el teléfono se me heló, aunque no lo noté hasta mucho después de colgar. ¿Cómo sentir el frío estando contigo aunque sea en la distancia?

Me llamaste desde la playa y me dejaste oír el mar. O la mar, ¿quién sabe? De repente, volvieron todos los veranos de mi niñez que, como canta Serrat, "sigue jugando en tu playa" porque yo también nací en el Mediterráneo. Me subió una ola de nostalgia del pecho a la garganta y la emoción apenas me dejó decirte: "Te quiero, te echo de menos, vuelve pronto." ¿Cómo olvidar esa llamada tuya desde la playa, que me hizo saber en ese preciso instante el amor inmenso que te tengo? (Amelche.)

...Colgué, mientras las nubes se alejaban sobre mi cabeza empujadas por un viento, furioso por momentos, se iban como se fue tu voz, como se alejó tu palábra calida de mi oído. Consciente ahora de mi soledad y de ese frío inexistente mientras te sentí cerca... Los viejos se alejaban ya, las chica con sus risas y misterios ya no estaban, mientras yo abría la nueva espera, para volver a escuchar tu voz... (Brujita.)


Entonces me acosté pensándote, saboreándote en la distancia sintiendo que tú también, en ese preciso instante, estabas conmigo y gocé ¡cómo gocé...! (Merche Pallarés.)


¿Quién da más?


Pdata. Pedro me dice en los comentarios que pongáis los enlaces a su post y a este para saber de dónde viene todo y a dónde vamos con la historia. Me parece bien, porque si no, puede ser un lío encontrar luego las diferentes partes del relato.
Además, como veis, Brujita se ha animado a continuar y he añadido su texto. Y Merche Pallarés creo que se ha adelantado demasiado a los acontecimientos yendo al grano, pero en fin, ahí queda su aportación también.

Pdta 2: Una amiga me ha mandado por e-mail la continuación a partir de mi texto, por eso lo pongo en el mismo color que el de Brujita, porque es la tercera parte. Sin embargo, a mí no me cuadra que la protagonista esté en una plaza y al mismo tiempo en la cama. Puede que se imagine toda la historia, pero es que él empieza diciéndole: "Recuerdo que te llamé desde la playa", así que no se lo ha imaginado, los dos personajes coinciden en eso. En fin, será que soy muy tiquismiquis con que haya una coherencia entre el espacio-tiempo. He aquí la continuación:

O tal vez… soñé tu llamada, imaginé tu voz cálida como una caricia, sentí tus brazos envolviéndome, compartí tu risa sincera… Tal vez tú no existas, o no fue mi número el que marcaste… pero yo soñé, o imaginé o realmente recibí tu llamada… Sólo sé que en aquella tarde lluviosa me llegó un envolvente soplo de afecto y de deseo, y me sentí amada, comprendida, entendida, deseada, libre y acompañada, y me levanté de la cama revuelta con lágrimas, suaves lágrimas bailando en las pestañas, pero alegre por dentro, fuerte de nuevo para retomar la vida, real, esa sí real, que me esperaba tras la puerta de la alcoba. (Sofía)


Pdata 3: Bueno, ahora que lo leo todo, veo que, aunque Sofía lo pensó para continuar después de mi texto, también tiene sentido si lo ponemos a continuación del de Merche. Al final me voy a tener que tragar mis palabras sobre la coherencia del espacio-tiempo... Pido disculpas de rodillas. :-)

domingo, 27 de julio de 2008

Libros.

He estado poniéndome al día de todos los libros que había dejado abandonados estos meses (y lo que me queda aún...) y he leído en varios idiomas durante estas últimas semanas.

Aida me regaló en catalán La ciudad de los secretos y, la verdad, parecía otra cosa. Para mi gusto, es una mala versión del Código Da Vinci y mira que es pésimo ese libro, pero este lo supera. Llegué a la mitad y me lo dejé durante varios meses porque no podía más con la biografía y el ego de la autora. Al final lo retomé y lo acabé de leer, aunque se veía venir que acabaría como empezaba: o sea, igual de aburrido y mucho presumir la autora con su juventud, con sus películas y sus libros, que no tiene (o no debería tener) nada que ver con la trama principal. Vamos, que a no ser que te interese la vida de esa señora, no vale la pena leerlo.


Antes de eso, leí un libro que me regaló Anaví el año pasado cuando fui a verla: How the Irish Saved Civilization, que trata de cómo los monjes irlandeses copiaron manuscritos griegos y latinos mientras los bárbaros avanzaban por el resto de Europa destruyendo las copias que había en el continente y cómo, años después, los monjes irlandeses se fueron extendiendo por Europa (hasta Rusia llegaron) creando nuevos monasterios, llevando copias de los manuscritos que habían salvado y enseñando las técnicas de cómo copiar libros, con esos dibujos tan elaborados que hacían al principio de la página para crear las letras. La verdad es que era bastante interesante. Y ahora estoy leyendo otro libro que me regaló Anaví y que me llevará tiempo, porque es un tocho de mil doscientas hojas (ahí es nada), la recopilación de historias cortas de un autor irlandés, William Trevor.

Cuando vino en Semana Santa con su marido, Briege, una profesora irlandesa a la que conocí en Derry, me regaló el libro que acababa de leer y me dijo que era divertido. Es de una autora irlandesa, de Omagh como Briege, y habla de la amistad de tres mujeres treintañeras que se conocen desde la niñez. No es que sea para ganar el premio Nobel de literatura, pero la verdad es que es un libro entretenido y con el sentido del humor típico de los irlandeses. No creo que esté traducido al español, se llama Three Wise Men y la autora es Martina Devlin.


Pero la gran noticia de esta semana es que Anaví ha vuelto al blog. Y espero que algún día se decida a escribir una novela sobre su vida, porque creo que sería tremenda y tendría mucho éxito.

Estaré ausente unos días, que tengo que ir a esto.

lunes, 2 de junio de 2008

Era junio.

"Porque al haber vivido en Westminster (¿cuántos años hace ya? Más de veinte) una siente incluso en medio del tráfico o al despertarse por la noche, Clarissa estaba segura, un silencio particular, o solemnidad; una pausa indescriptible; un cierto suspense (pero eso sería su corazón, afectado, decían, por la influenza) antes de que el Big Ben suene. ¡Ahí! Ya retumbó. Primero un aviso, musical. Después la hora, irrevocable. Los círculos plomizos se disolvieron en el aire. Somos tan tontos, pensó, al cruzar Victoria Street. Porque sólo el Cielo sabe por qué una la ama así, cómo una la ve así, inventándosela, construyéndola alrededor de una, derribándola, creándola nuevamente a cada momento. Pero es que hasta los más grandes adefesios, hasta los míseros más abatidos que se sientan en los portales (beben su perdición) hacen lo mismo, no se pueden tratar, ella estaba segura, con leyes del parlamento por esa misma razón: aman la vida. En los ojos de la gente, en el balanceo, el ruido de los pasos y el cansino caminar; en el bramido y el alboroto; los carruajes, los coches a motor, los autobuses, las furgonetas, los hombres anuncio arrastrando los pies y balanceándose, bandas callejeras con instrumentos de metal, organillos; en el triunfo y el zangoloteo y el extraño tono cantarín alto de algún aeroplano sobrevolando era lo que ella amaba. La vida. Londres. Este momento de junio. Porque era a mediados de junio. La guerra había acabado, excepto para algunos como la señora Foxcroft en la embajada anoche, consumiéndose por dentro porque aquel chico tan majo había muerto y ahora la antigua mansión señorial debía ir a parar a un primo. O Lady Bexborough, que abrió un mercadillo, decían, con el telegrama en la mano: John, su preferido, muerto. Pero había acabado. Gracias a Dios, acabado. Era junio. "

Mrs. Dalloway, Virginia Woolf. Traducción mía.

Más vale tarde que nunca. El año pasado prometí (leer aquí) traducir este texto de Virginia Woolf y, aunque creo que se pierde mucho porque en el original hay muchos sonidos, onomatopeyas y aliteraciones que se pierden en español, un idioma con menos onomatopeyas y menos verbos descriptivos de formas diferentes de caminar que el inglés, pues se hace lo que se puede.

viernes, 25 de abril de 2008

Trueque de libros.

Como ya sabéis, el miércoles fue el día del libro. Por eso los profesores de castellano organizaron una actividad de trueque de libros. Pusieron unas mesas a la entrada del instituto y la gente llevaba un libro y lo cambiaba por otro. Tuvo bastante éxito y muchos alumnos se interesaron por participar. Yo llevé un libro que mi hermana no quería, de las aventuras de los cinco, y me traje otro de poesía de Ángel Valente.

Además, dos días antes tuve una grata sorpresa en el buzón al recibir un paquete con un libro de un colega bloguero, Leo Mares, a quién podéis leer aquí: http://leomares.blogspot.com/ Tengo un montón de libros esperando en la mesita porque, ahora mismo, estoy leyendo una biografía de Antonio Machado que tiene más de 700 páginas (sin contar notas ni apéndices) pero, en cuanto pueda, lo leeré.

Ahora mismo hay un concurso de microrrelatos de viaje en este blog y se están publicando los relatos de otro concurso en este blog que lleva María junto con otros compañeros blogueros: http://culturaciones.blogspot.com/. Así que, hay muchas iniciativas culturales interesantes en marcha.

martes, 19 de junio de 2007

Junio.

El otro día me dio por pensar en todos los cambios que trae junio con el final de curso y el inicio del verano. Despedidas de compañeros de instituto (algunas, hasta el curso próximo, otras para siempre). Junio de exámenes y días más calurosos y largos. Fue un 16 de junio cuando James Joyce conoció a la mujer de su vida y por eso escribió sobre todo lo que pasaba ese día en Ulises. Y un 17 de junio de hace cuatro años conocí a una de mis mejores amigas.

Además, Virginia Woolf también habló en Mrs. Dalloway de un junio en que la primera guerra mundial había acabado y la vida volvía a Londres. "Eso era lo que ella amaba: la vida, Londres, este momento de junio." Me encanta ese párrafo. Pensé en traducirlo, pero se queda en inglés porque 1) no tengo tiempo para traducciones y 2) un texto así no se puede traducir o pierde todas las aliteraciones, los juegos de palabras y la razón de ser. (La negrita es mía.)

"For having lived in Westminster-how many years now? over twenty,-one feels even in the midst of the traffic, or waking at night, Clarissa was positive, a particular hush, or solemnity; an indescribable pause; a suspense (but that might be her heart, affected, they said, by influenza) before Big Ben strikes. There! Out it boomed. First a warning, musical; then the hour, irrevocable. The leaden circles dissolved in the air. Such fools we are, she thought, crossing Victoria Street. For Heaven only knows why one loves it so, how one sees it so, making it up, building it round one, tumbling it, creating it every moment afresh; but the veriest frumps, the most dejected of miseries sitting on doorsteps (drink their downfall) do the same; can't be dealt with, she felt positive, by Acts of Parliament for that very reason: they love life. In people's eyes, in the swing, tramp, and trudge; in the bellow and the up-roar; the carriages, motor cars, omnibuses, vans, sand-wich men shuffling and swinging; brass bands; barrel organs; in the triumph and the jingle and the strange high singing of some aeroplane overhead was what she loved; life; London; this moment of June. For it was the middle of June. The War was over, except for some one like Mrs. Foxcroft at the Embassy last night eating her heart out because that nice boy was killed and now the old Manor House must go to a cousin; or Lady Bexborough who opened a bazaar, they said, with the telegram in her hand, John, her favourite, killed; but it was over; thank Heaven-over. It was June."


Más, aquí.

Y este es un junio en el que he vuelto al trabajo tras dos meses y medio de baja y la semana que viene empiezo las oposiciones. Pero hoy me he ido a comer con mis alumnos de 4º ESO (2º BUP para los de mi generación, 15-16 años) y algunos profesores a los que nos invitaron a ir a la comida (pagando cada uno lo suyo, claro) y me ha gustado descubrir que la juventud no está tan perdida como creíamos, que todavía tienen valores y formalidad. Se han portado mejor que en clase, han estado bromistas, pero con respeto, con ganas de jugar con sus profesores al billar y los dardos y de hablar y sentarse en nuestra mesa a contarnos sus cosas y preguntarnos por nuestra vida. Ha sido bonito ver cómo sí hay diálogo entre generaciones a veces, aunque parezca que no. Contentos de acabar el curso, de acabar la secundaria, sintiéndose mayores por empezar el bachillerato, como nosotros a su edad. Emperifollados con sus mejores galas, las chicas pintadas y maquilladas y muy modernas, ellos con camisas de manga corta y el pelo engominado como cuando salen el fin de semana. Sin fumar, sin beber más que agua mineral y leche con colacao en un pub. Con esos rasgos todavía de niños y, sin embargo, ya camino de la madurez, con esa rebeldía, transición y optimismo que me gusta tanto de la adolescencia. Vamos, que hoy no me habría importado tener 15 años y quedar con mis profesores y compañeros a comer. Y, sin embargo, ya soy la profesora. ¿Tantos años han pasado volando?

domingo, 29 de abril de 2007

Libros.

Aunque llegue un poco tarde, el lunes fue el Día del libro. En ese día murieron dos grandes de la literatura, Cervantes y Shakesperare, en el mismo año: 1616, si no recuerdo mal. Así que vaya este post en homenaje a los libros. Desde que volví del hospital me he leído ya cuatro libros: El profesor, de Frank McCourt, The Stolen Village, de Des Ekin, Chocolate, de Joanne Harris, y La piel de la revuelta, de Jordi Sierra i Fabra. Dos en inglés y dos en español, aunque el del Profesor sea una traducción del inglés.

El profesor empieza muy bien, con humor, con critica al sistema, diciendo que los profesores no seremos jamás los personajes del año porque el gobierno nos usa, pero no nos tiene en cuenta para nada, con anécdotas interesantes de la vida docente de Frank Mc Court, pero luego, en mi opinión, va decayendo el tono y acaba siendo la misma historia de su niñez pobre en Irlanda que ya contó en Las cenizas de Ángela y en Lo es. (¿No podrían haber buscado un título mejor, aunque eso sea la traducción fiel del título en inglés, It Is? Lo es me parece ridículo para titular un libro, pero en fin.) Hay muchas páginas que no vienen a cuento y que sobran totalmente y, no sé, que defraudó las expectativas que tenía al empezar a leerlo.



The Stolen Village es un libro que me regaló Anaví en Navidades. Trata de un hecho histórico: el 20 de junio de 1631 los piratas turcos llegaron a las costas irlandesas, atacaron un pueblo que se llama Baltimore y se llevaron a 107 personas (hombres, mujeres y niños, sin importarles la edad ni condición) para venderlos como esclavos en Argel. Como suele suceder, por culpa de la corrupción el dinero que tendría que haberse destinado a comprar víveres para el buque de la Marina británica que debía patrullar las costas del sur de Irlanda e impedir que los piratas camparan a sus anchas, se lo habían embolsado los responsables, así que ahí estaba el buque anclado, sin provisiones, los marineros no habían cobrado su sueldo desde hacía meses y estaban hambrientos y famélicos, y, para cuando quisieron enviarles comida y emprendieron la marcha, los turcos andaban ya casi en Argel y, obviamente, no los pillaron. Total, que los 107 vecinos acabarían de remeros en las galeras o trabajando como esclavos construyendo obras públicas, las mujeres y niñas en el harén y los niños en la escuela para ser jenízaros, el cuerpo de élite del ejército turco, compuesto de extranjeros que habían secuestrado siendo niños y habían adiestrado convenientemente.
El cónsul británico en Argel escribió a las autoridades británicas protestando porque lo tenían allí, medio abandonado y sin hacerle ni caso, y por más que cada semana enviaba cartas contando cuántos súbditos de su majestad habían llegado a Argel para ser esclavos, a pesar de un convenio que tenían con los turcos por el cual no iban a atacar barcos británicos ni esclavizar a gentes de esta nacionalidad, el rey y el parlamento británico tenían bastante con sus luchas particulares para acordarse de cuatro matados de hambre en Argel. Total, que no mandaron ayuda hasta 1646, tras la guerra civil. Entonces pagaron el rescate de los británicos que quisieron volver a su tierra, pero sólo dos mujeres de Baltimore decidieron volver (y otra mujer que, años antes, había sido rescatada por sus familiares pagando una buena suma de dinero), de las otras 104 personas, nunca más se supo. Se perdieron, como se suele decir, "en la noche de los tiempos".
A raíz del secuestro de los 107 vecinos de Baltimore, se construyeron unos beacons a lo largo de la costa, como unos faros que, si se iluminaban porque el vigilante veía venir piratas a la costa, todos los hombres de la zona debían armarse y reunirse en un lugar concreto, prestos a defender el pueblo. Cuando Anaví y yo recorrimos Irlanda en agosto llegamos a Baltimore y fuimos al beacon (ver foto de Anaví) sin saber toda esta historia apasionante de los piratas turcos en Irlanda.
El autor del libro estuvo investigando en bibliotecas, leyendo documentos de aquellos tiempos, y, aunque no se sabe nada a ciencia cierta de cómo fue la vida de los irlandeses de Baltimore en tierras árabes, sí se puede imaginar cómo sería, teniendo en cuenta testimonios de la época de personas que consiguieron escapar o que alguien pagara el rescate y pudieron volver a Europa. (Por ejemplo, Miguel de Cervantes, que también estuvo preso en Argel varios años.) Así que Des Ekin cuenta un poco entre lo real y lo ficticio, cómo pudo ser la vida de esta gente.



Chocolat lo compré cuando fui a ver a Anaví, en una librería de libros de segunda mano. Ya había visto la película y leído el libro en español hace unos años, pero me apeteció leerlo en inglés. La historia es muy conocida, supongo que lo sabréis: una chica joven con una hija pequeña que se muda a un pueblo pequeño de Francia y abre una chocolatería. El cura se pone en contra de ella porque están en plena cuaresma y él piensa que ella no es una persona "decente" y va a contagiar esa "indecencia" a sus feligreses, pero al final, ella se gana la amistad y la simpatía de mucha gente en el pueblo. Recomiendo también, de la misma autora, Cinco cuartos de naranja, que me gustó mucho más.


La piel de la revuelta me lo compré el lunes. Había descuentos en las librerías y me pareció atractivo el argumento. Inmediatamente me enganché y no pude parar hasta acabar de leerlo. Empieza con un hecho real y luego ya se desarrolla la ficción, pero es interesante aprender cómo estaba el panorama político a principios del siglo XX y las revueltas obreras que hubo en Barcelona. Habla de una familia de obreros que trabajan y viven en la Colonia Güell (ver enlaces que he puesto más abajo, porque es un sitio que me gustaría visitar en cuanto pueda) y luego dos hermanos se van a Barcelona para vivir un poco más independientemente. Y no cuento más, porque si no, lo voy a descubrir todo. Leed el libro y ya lo comentamos.


Colonia Güell, castellano
Colonia Güell, catalán

domingo, 18 de febrero de 2007

Babel.

Anoche fui al cine a ver Babel. Aviso, por si no la habéis visto y pensáis verla, que no sigáis leyendo. En resumen, la película va de lo siguiente: unos americanos están de viaje por Marruecos y a la mujer alguien le dispara desde unas montañas. Enseguida piensan en terroristas, pero en realidad han sido unos niños cabreros que tenían un rifle para espantar a los chacales y no se les ocurre otra cosa que disparar al autocar para probar a qué distancia llegan las balas. Resulta que el arma era de un japonés que había estado allí de cacería y se lo había regalado a un marroquí, que se lo vendió al padre de los niños. Al final, la policía marroquí acorrala a los niños y al padre en las montañas, empieza a disparar sin preguntar y se cargan al hijo mayor. Mientras tanto, los hijos de los americanos están con la niñera mexicana, que tiene la boda de su hijo y, como no vuelven los padres a tiempo y no tiene a quién dejárselos, cruza la frontera con México y se lleva a los niños a la boda. El problema es a la vuelta, porque la policía americana los para y los quiere detener por secuestro, así que su sobrino, que conducía, acelera y la policía los persigue. Deja a la niñera y los críos en medio del desierto para despistar a la poli y casi se mueren de hambre y de sed, pero al final, la policía americana los encuentra y deportan a la mujer a México. Así que es una historia en 4 países: EEUU, México, Japón y Marruecos, y de cómo las vidas de gente que parece tan distante y que no tendrían nada que ver unos con otros, se entrecruzan. Como aquello del efecto mariposa, que si una mariposa mueve sus alas no sé dónde, puede crear un maremoto en la otra punta del mundo. Que todos tenemos algo que ver con todos, aunque vivan en las antípodas.
Salimos del cine, enciendo el móvil, y me llega un mensaje de Umma, de vacaciones en el sur de su país, diciendo que se lo está pasando bomba. Llego a casa y leo un e-mail de una amiga desde Brasil. Ya veis lo que tiene la globalización y cómo las historias de la gente se entrecruzan, como dice la película.

martes, 30 de enero de 2007

Escucha mi voz.

(Viene del post anterior.)


Al final me leí la segunda parte de la historia y me encantó. Así que, la recomiendo para los que hayan leído la primera y les haya gustado. Os dejo con otra reflexión:

"La nuestra es también la historia de aquellos que nos han precedido, de lo que han escogido hacer o no hacer. Han sido esas elecciones las que han construido, como el carbonato de calcio en una cueva, la invisible estructura de nuestra persona.
Un niño que nace no es una pizarra limpia sobre la que se puede escribir cualquier cosa, sino una tela en la que alguien ha trazado ya la trama de un bordado: ¿recorrerá ese camino marcado por otros o escogerá uno diferente? ¿Continuará calcando el surco trazado o tendrá el valor de salirse de él? ¿Por qué uno rompe la urdimbre y otro la completa con ciega diligencia?"

Susanna Tamaro, Escucha mi voz.

Y, cambiando de tema, recomiendo también este corto que colocó Bruixot en su blog, que representará a España en los óscars y que es una delicia. Dura media hora, pero vale la pena. ¿A qué esperáis para verlo?



sábado, 27 de enero de 2007

Donde el corazón te lleve.

"Cuando hablaba con mis amigas, con mis compañeras de colegio, tenía la sensación de que pertenecíamos a mundos que estaban a años luz. La gran línea divisoria entre ellas y yo era la malicia femenina. En la misma medida en que yo carecía completamente de ella, mis amigas la habían desarrollado hasta su máxima potencia. Detrás de su aparente arrogancia, detrás de su aparente seguridad, los hombres son extremadamente frágiles, ingenuos: llevan en su interior resortes muy primitivos, basta apretar uno de éstos para que caigan en la sartén como pescaditos fritos. Yo lo comprendí bastante tardíamente, pero mis amigas lo sabían ya entonces, a los quince o dieciséis años.
Con natural talento aceptaban misivas o las rechazaban, escribían las propias con una u otra entonación, concertaban citas y no acudían, o acudían muy tarde. Mientras bailaban, frotaban la parte adecuada del cuerpo y, al hacerlo, miraban al hombre a los ojos con la expresión intensa de las jóvenes cervatillas. Ésa es la malicia femenina, ésos son los halagos que llevan a tener éxito con los hombres. Pero yo, date cuenta, era como una patata, no entendía absolutamente nada de lo que ocurría a mi alrededor. Aunque pueda parecerte extraño, había en mí un profundo sentimiento de lealtad y esa lealtad me decía que jamás, jamás, podría enredar a un hombre. Pensaba que algún día encontraría a un joven con quien pudiera hablar hasta bien entrada la noche sin cansarme; hablando y hablando nos daríamos cuenta de que experimentábamos las mismas emociones. Entonces nacería el amor, se trataría de un amor fundado en la amistad, en la estima, no en la facilidad del enredo.
Yo quería una amistad amorosa, y en eso era muy viril, viril en el sentido antiguo. Era la relación en condiciones de igualdad, creo, lo que infundía terror a mis pretendientes. Así, lentamente, había terminado por verme relegada al papel que habitualmente corresponde a las feas. Tenía muchos amigos, pero se trataba de amistades en una sola dirección: acudían a mí solamente para confesarme sus penas de amor."
Donde el corazón te lleve, Susanna Tamaro.

Y hoy, buscando un regalo para una amiga que cumple años mañana, he encontrado en una librería la segunda parte de Donde el corazón te lleve, cuando la nieta vuelve a casa y encuentra el diario que su abuela le escribió. Promete ser interesante. Se titula Escucha mi voz. Espero que valga la pena, sobre todo, porque los libros están carísimos, creo que, a partir de ahora, los sacaré de la biblioteca. Luego dicen que la gente los fotocopia, pues no me extraña nada.

domingo, 30 de abril de 2006

Amistad entre hombres y mujeres.

"-¿Tú crees que es posible que un hombre y una mujer sean muy amigos?

-Naturalmente -contestó Anastasio, con gran seguridad.

-Pues yo, no.

-¿Por qué? -Exclamó Anastasio, ofendidísimo por aquel atentado contra la amistad.

-Porque uno de los dos mete siempre la pata y acaba enamorándose del otro. Y entonces la amistad va y se rompe."

Edad prohibida, Torcuato Luca de Tena.


sábado, 8 de abril de 2006

Mar adentro.

No he podido resistirme a poner este vídeo de Mar adentro que encontré cuando busqué la canción de Negra sombra que me recomendó Luciano. Seré una romántica, pero me encanta esta escena.
Me encanta esta película, tengo la banda sonora y el DVD. Además, he regalado un par de veces la banda sonora, una de ellas a Verónica, quién me regaló el libro de Ramón Sampedro cuando estuve en Bonn para corresponder.





domingo, 5 de febrero de 2006

La sombra del viento.

En estos días de afonía y reposo obligado, he estado leyendo La sombra del viento, novela que me prestó mi compañera de historia. Prestar un libro que te gusta es mandar un mensaje a la otra persona y, a veces, si ese libro tiene frases subrayadas, nos hace conocer mejor a quien nos lo prestó. Yo suelo subrayar mis libros, para encontrar después las frases que me han gustado, así que, cualquiera que leyera uno de mis libros, encontraría también una parte de mis pensamientos.
Daniel Sempere, un niño de diez años, descubre gracias a su padre librero el cementerio de los libros olvidados, una biblioteca secreta que cuida un guardián. Como cada vez que uno llega a ese sitio, tiene derecho a llevarse un libro. Daniel elige La sombra del viento, de Julián Carax y, a partir de ahí, su vida estará unida a la de Julián, de quién intentará saber más cosas investigando a lo largo de los años, primero solo, luego ayudado por sus amigos, mientras va madurando.
La sombra del viento es una novela sobre el amor a la literatura, a los libros en general, y cómo la realidad y la fantasía se mezclan y coinciden por azar en muchos puntos. También trata de saber qué pasó anteriormente, para no volver a repetirlo. Hay carencias en una época como la guerra civil española y la postguerra, carencias personales de seres queridos que faltan y una crítica a los oportunistas que se aprovechan de esa situación para medrar y para hacer sufrir a sus semejantes. Hay intriga, porque no sabemos hasta el final qué fue de Julián Carax, sus novelas y el amor de su vida. Claro que hay amor, cómo no, hay amor y amistad. Todo ello centrado en una descripción magnífica de Barcelona y su arquitectura, en un ambiente de nostalgia en que los personajes parecen estar atrapados con la esperanza de que lleguen tiempos mejores. Hay momentos duros, dramáticos, pero también mucho sentido del humor y episodios divertidos.
De la página web oficial, lo que más me ha llamado la atención, aparte de las fotos en blanco y negro de la Barcelona de la época, es que existe una banda sonora compuesta por el propio autor de la novela y que te puedes descargar. Para ello, primero tienes que jugar a encontrar las cinco últimas copias de La sombra del viento, pero vale la pena, porque la música es preciosa. (Tuve que jugar varias veces, porque siempre perdía, pero al final conseguí llegar y descargarme la música, ¡ja, ja!) Si queréis jugar: La sombra del viento. Espero que disfrutéis el juego, la música y la novela tanto como yo.