Hoy
hemos celebrado tu primer cumpleaños en el campo, como tantos y tantos
cumpleaños nuestros. Al llegar tus abuelos maternos y tus tíos, estabas
durmiendo. Has dormido un montón de rato. Tu padre ha intentado despertarte,
pero tu madre le ha dicho que no, que así comíamos tranquilamente y luego te
despertábamos. Al final, cuando has salido a la porchada y has visto a tanta
gente, te has quedado alucinando. Creo que no entendías cómo había tanta gente,
si nunca la hay y, además, estabas sorprendido de que nos conociéramos todos,
porque siempre nos ves por separado. Nos ibas mirando uno a uno, como pensando:
“Y también está este, y aquella…”
Tu abuelo paterno ha hecho carne a la brasa y salchichas y tu abuela
materna una tarta de galletas con chocolate, aunque también ha traído otra de
pastelería. Te hemos puesto una de las velas que tenemos por ahí de otros
cumpleaños y querías cogerla por la llama. Te hemos cantado “cumpleaños feliz”
y luego yo te lo he cantado en alemán a solas. Me has llevado a andar y hemos
dado la que creo que es tu primera vuelta por la acera al chalet, ¡con la de
vueltas que habremos dado tu tía, tu padre y yo de pequeños! Luego hemos
ido al bancal a coger limones para tu abuela materna y también hemos visto
hormigas y alguna almendra que había en el suelo. Y te he hecho pisar la tierra
que compró mi tatarabuelo para que mi bisabuelo la trabajara. De esa manera nos
hemos conectado con los antepasados, como si fuéramos romanos encendiendo
ofrendas en el altar de los lares que, si no recuerdo mal, eran los antepasados
y los dioses protectores del hogar. O igual me he confundido entre los romanos
y los chinos, que tienen altares dedicados a los antepasados. Sin embargo, de
cualquier manera, es bonito eso de pensar en que los antepasados nos protegen y
pisar la tierra que ellos pisaron, ¿verdad? Así, cuando yo me convierta en
antepasada, te seguiré protegiendo a ti y tus descendientes. (“A mi tía se le
iba la olla”, pensarás al leer esto, sí, puede ser, pero espero que te guste.)
Hoy se ha muerto la tía Teresa, ¿sabes? Quizá por eso estoy yo con la
manía de los antepasados. La tía Teresa era la hermana de tu bisabuelo Joaquín,
una señora siempre con mucho sentido del humor, muy habladora, muy simpática.
Con unos ojos verdes preciosos, como casi todos los de mi familia materna. Fue
un poco mi abuela también, porque mi abuela materna murió cuando yo era muy
pequeña (8 años) y mi abuela paterna vivía en Barcelona. Así que, la tía Teresa
era un poco abuela mía. Venía a comer al campo a veces los domingos y, cuando
todavía vivía su marido, Ramón, venían siempre en Noche vieja a casa de mi
abuelo Joaquín (o sea, a esta casa donde vivo yo ahora) aunque, a veces,
también celebrábamos la Noche
vieja en casa de tus abuelos paternos, no sólo aquí. La tía Teresa rezó mucho
para que yo aprobara las oposiciones así que, cuando aprobé e invité a toda la
familia a comer, ella también se vino. No lo habría celebrado sin la tía
Teresa.
Creo que tú también tendrás familia que te quiera tanto, lo he visto hoy
en tu cumpleaños. Cómo te queremos todos y te cuidamos. Así que, espero que “el
enano”, como te llama tu padre, será feliz.