Foto del puerto de Tabarca aquel día.Debido al oleaje, mucha gente se mareó, incluso algunos empezaron a vomitar... fue una travesía horrorosa. Menos mal que yo nunca me mareo, ni en autocar, ni en barco, ni en nada. Debo de ser todoterreno. Luego llegamos y nos tuvimos que refugiar en un restaurante, tomarnos un aperitivo, que nos dieran la charla del cursillo, y volvernos con las mismas a casa. Sin embargo, fue una experiencia interesante por ver Tabarca como debe de ser en invierno, ya que nosotros siempre la hemos visto en verano con sol, calor achicharrante y una playa atestada de gente. Además, al entrar y salir del puerto de Tabarca, bajamos un nivel y, gracias a la visión submarina de la tabarquera (que es transparente por debajo) pudimos ver parte del fondo marino y fue precioso.

Playa de Tabarca.
A veces la vida nos da una segunda oportunidad, y el sábado pasado volvimos a ir con Alfred y su cursillo, ya que Alfred es compañero mío este año y le dije que me apuntaba a la excursión otra vez. Esta vez nos salió un día de mayo soleado, como debe de ser, y Alfred se explicó tan bien, que hasta el único policía local vino a escucharlo, ¡ja,ja! Dimos una vueltecita por la isla y luego uno de los biólogos de la reserva marina nos dio una charla muy interesante con vídeos y fotos para explicarnos en qué consiste su trabajo. Después Alfred y compañía se fueron a comer a un restaurante y mi amiga Vanessa y yo a la playa, que no tenía nada que envidiarle a las del Caribe en aguas transparentes, aunque frías, eso sí. Nos dimos el primer baño de la temporada y disfrutamos de la naturaleza en un día fantástico. Me alegro de que aún queden islas para naufragar, al contrario de lo que cantaba Sabina.


