jueves, 24 de enero de 2008

Menuda semanita...

No sé si será por la luna llena, pero la semana ha sido como este anuncio: llena de obstáculos y problemas de última hora.



He estado resfriada y casi afónica, he salvado la voz porque he tenido excursiones al teatro dos días, si no, caigo del todo. Los alumnos de mi tutoría andaban desmadrados, portándose fatal y ganándose expulsiones de clase y partes por mal comportamiento cada dos por tres, cuando no venía un profesor a quejarse, venía otro, o los padres de otros alumnos a quejarse de lo que les habían hecho a sus hijos los de mi tutoría. Castigué a varios sin ir a la excursión, a otro sin fútbol en los recreos, envié las faltas de asistencia por correo a los padres (en vez de dárselas en mano a los alumnos como suelo hacer) y, además, a destiempo, porque lo suelo hacer a final de mes, pero en vista del cachondeo, saqué antes las faltas del ordenador y hala. Puse varias amonestaciones y partes por mal comportamiento, más un examen de verbos irregulares en pasado, me he tirado tres días llamando a los padres contándoles cómo se portan sus retoños en clase y parece que ha hecho efecto y están firmes ahora, esperemos que dure... Ahora entro en clase y me dicen: "¿Has llamado a mis padres?", "¿Vas a llamarlos?", "¿Me van a expulsar?" Y yo, poniendo cara de perdonarles la vida, digo: "De momento, no. Te voy a dar una semana más, a ver cómo te portas. Aprovéchala bien y que no volvamos a tener esta conversación." Y, encima, hasta me dan las gracias. ¡Ja, ja! Si, en el fondo, les gusta ver mano dura. Aunque saben que a mí, los cabreos se me pasan pronto y luego hablo un montón con ellos y me llevo muy bien. Hasta les compro el bocadillo en el recreo cuando no tienen dinero... (al día siguiente me devolvieron lo que les presté, son honrados). Luego vienen a que los defienda de los otros profesores y del Jefe de estudios cuando se meten en un lío... Y la verdad es que, encima, los defiendo, no sé por qué. Es una cosa inexplicable la relación de amor y odio entre profesores y alumnos.

jueves, 17 de enero de 2008

A Ángel González.

Canción de Amiga



Nadie recuerda un invierno tan frío como éste.

Las calles de la ciudad son láminas de hielo.
Las ramas de los árboles están envueltas en fundas de hielo.
Las estrellas tan altas son destellos de hielo.

Helado está también mi corazón,
pero no fue el invierno.
Mi amiga,
mi dulce amiga,
aquella que me amaba,
me dice que ha dejado de quererme.

No recuerdo un invierno tan frío como éste.

Ángel González.

Reaño me dijo en el post anterior: "Las personas que amamos permanecen en nosotros y si compartimos sus palabras con los otros, hacemos que sigan hablando y se multipliquen en el discurso de la vida." Así que es hora de compartir versos de Ángel González, fallecido hace unos días.



jueves, 10 de enero de 2008

Grupo literario Alcudia.

Mirando la colección de revistas Cuadernos para el diálogo que tenía mi tío, he encontrado la de septiembre del 73, cuando yo nací, y la portada dice: "Los precios, un túnel sin fin". Se podría haber escrito hoy en día, el mundo no ha cambiado nada en 34 años. Y lo peor es que seguro que dentro de 34 años se podría escribir lo mismo...



También he encontrado las actas del "I Certamen literario Alcudia", organizado por el Grupo literario Alcudia, al que perteneció mi tío. Según parece, el presidente del jurado era el filósofo José Luis López Aranguren y acabó el acto diciendo:

"Somos como bichos raros que hemos renunciado a las diversiones cotidianas, para encerrarnos aquí a gozar de una forma lúdica, la fiesta de todos reunidos en comunidad. Moriremos, pero permaneceremos. Al igual que la revista Tabala del Grupo Alcudia, que en lenguaje coloquial significa "lo que no sirve para nada", nosotros, que no somos ni grandes productores, ni grandes políticos, que no pertenecemos a las multinacionales, que somos esos marginados que no servimos para nada, como esa Tabala que, no obstante, deseamos y confiamos en que deje huella. Gracias a todos por la feliz mañana que nos han hecho vivir."

(Una tabala creo recordar que es también una parte del tronco de la palmera.)


Mi tío recogió esas palabras de Aranguren para que no se perdieran y las publicó en la revista Alabat (1979), también del Grupo literario Alcudia. Ahora yo las recojo para que sigan sonando y su eco nos recuerde que: "Moriremos, pero permaneceremos." Como permanecen Aranguren y mi tío, a través de mí.


viernes, 4 de enero de 2008

Otro año más.

No sé si mi amigo Juan me perdonará que le "robe" el contenido del e-mail que me ha enviado, pero es que me ha parecido tan cierto que se merece un post. Dice así:

"Crisis.
La pasta.
Las constructoras.
Los parados.
La cuesta de enero.
Rebajas.
La iglesia.
Elecciones.
Lo de otras veces.
El mismo asco.
Lo de siempre."


Y, una alegría en medio de lo mismo de siempre, volver a hablar con Teresa, una amiga de la que no sabía nada hace tiempo, con motivo de su cumpleaños, que es hoy. Sé que es fiel lectora de mi blog en silencio, a pesar de la distancia (física y emocional) en la que hemos estado estos años, pero ha sido un placer para las dos rememorar los tiempos en que estudiamos el máster y, sobre todo, aquellos picnics de los sábados en la pinada de La Marina, en los veranos que yo trabajé allí. Gracias a ella y a su novio de entonces no me tocaba comer sola y, encima, muchas veces traían paella recién hecha de un sitio de Guardamar que conocía ella. Eran unos señores picnics, para bocatas no nos ponemos nosotras, ¡ja,ja! A veces, hasta improvisábamos la cena yendo a comprar algo al supermercado local y yo siempre tenía platos y cubiertos de plástico en el maletero del coche. Creo que desde entonces tengo la manía de llevar vasos de plástico en el coche, por lo que pueda surgir. (Y más de una vez me han sacado de un apuro en el campo o la playa.) La navaja alemana que me regaló ya no la llevo, por si me para la Guardia Civil y me la quita, la tengo en el cajón, pero algún día la volveré a usar para un picnic. Y aún recuerdo lo bonitas que se veían las estrellas por la noche en la pinada casi desierta, cuando parecíamos los únicos dueños.