domingo, 23 de enero de 2011

Tiempos.

Un poema que me recordó los tiempos en los que estamos viviendo, aunque se refiera a tiempos ya pasados, a tiempos de postguerra. Primero en valenciano, la traducción, más abajo.

"No és millor ni pitjor el temps,
car tot el temps és temps d'amor,
d'una plaenta convivència
de sentiments i de persones,
de famílies i treball.

Tots els temps són el mateix temps,
perque només hi ha un temps,
i és temps d'amor i de treball,
de contribuir, entre tothom,
i cadascú en allò que faça,
per a l'establiment d'un ordre,
la construcció d'un edifici,
allò que mirarem, feliços,
quan Déu vulga, fora del temps.

Però treballem en el temps,
treballem i amem en el temps.
No hi ha temps millor ni pitjor,
solament existeix el temps,
i no és el temps qui ens justifica,
i ens cal justificar el temps.

En el temps naixem i morim,
i hem de fer nostre tot el temps,
i hem de fer nostres tots els temps,
tal com feren els nostres pares,
com deuen fer els nostres fills.
Tot el temps és el mateix temps,
totes les vides fan la vida.
Fem el temps, i que el temps no ens faça,
car el tems ens fa i ens desfà,
i hem de ser a través del temps.

Nosaltres podem fer el temps,
la construcció de l'edifici.
Foradant en la nit del temps,
obrint la nit com una mina,
obscurament i tenaçment,
ens podrem seure, si Déu vol,
amb les mans brutes de la feina,
a fumar, parlar de la pàtria,
la pàtria sòlida en el temps."

Vicent Andrés Estellés.


No es mejor ni peor el tiempo,
pues todo el tiempo es tiempo de amor,
de una placiente convivencia
de sentimientos y de personas,
de familias y trabajo.

Todos los tiempos son el mismo tiempo,
porque nada más hay un tiempo,
y es tiempo de amor y de trabajo,
de contribuir, entre todos,
y cada uno en aquello que haga,
para el establecimiento de un orden,
la construcción de un edificio,
aquello que miraremos, felices,
cuando Dios quiera, fuera del tiempo.

Pero trabajamos en el tiempo,
trabajamos y amamos en el tiempo.
No hay tiempo mejor ni peor,
solamente existe el tiempo,
y no es el tiempo quien nos justifica,
y debemos justificar el tiempo.


En el tiempo nacemos y morimos,
y hemos de hacer nuestro todo el tiempo,
y hemos de hacer nuestros todos los tiempos,
tal como hicieron nuestros padres,
como deben hacer nuestros hijos.
Todo el tiempo es el mismo tiempo,
todas las vidas hacen la vida.
Hagamos el tiempo, y que el tiempo no nos haga,
pues el tiempo hace y deshace,
y hemos de ser a través del tiempo.

Nosotros podemos hacer el tiempo,
la construcción del edificio.
Horadando en la noche del tiempo,
abriendo la noche como una mina,
oscura y tenazmente,
nos podremos sentar, si Dios quiere,
con las manos sucias de la faena,
a fumar, hablar de la patria,
la patria sólida en el tiempo.


Traducción mía.

A fumar, mejor que no, pero el resto sí me parece bien.

jueves, 6 de enero de 2011

Murcia.

Esto se va pareciendo a un blog de turismo, pero es que, últimamente he visitado muchos sitios. El martes fui a devolverle a María la visita que me hizo hace cuatro años, cuando andaba por aquí la Dama de Elche. Parece mentira, pero nunca había ido en tren a Murcia, siempre voy en el otro sentido, hacia Alicante. Y lo cierto es que hay mucho que ver en Murcia y me lo había perdido, hasta ahora. Como había que ponerle remedio a eso, fuimos al Museo Salzillo, a la catedral y a ver diferentes belenes, que para eso es la época. Además, también nos dedicamos a la gastronomía, que no todo va a ser patear la ciudad, comimos en un restaurante que estaba muy bien y luego tomamos chocolate con roscón junto a la catedral.




Imagen "robada" del blog de María porque aún no he ido a revelar mis fotos.


María fue una guía excelente y no es peloteo, no hay nada como que alguien enamorado de su ciudad te lleve por todos los rincones y te la explique. Ese amor por las ciudades donde una vive creo que a María y a mí, se nos nota bastante. Valió la pena, habrá que repetir antes de que pasen cuatro años más.

lunes, 3 de enero de 2011

Almagro.

Llegamos a Almagro el martes por la noche, dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a cenar con los paraguas, por supuesto, porque seguía lloviendo. No teníamos mucha hambre porque habíamos comido un montón en Trujillo, así que, simplemente nos tomamos unas tapas en un bar de la plaza y luego, aprovechando que había dejado de llover, nos fuimos a dar un paseo antes de dormir. El día siguiente amaneció lluvioso, para variar, lo cual no nos impidió visitar el museo nacional del teatro, la casa de los fúcares y el corral de comedias. Eso sí, la lluvia iba in crescendo y, al final, nos cayó una tormenta tremenda en el corral de comedias. Pensábamos que seríamos las únicas locas que en esas condiciones meteorológicas se dedicaran a hacer turismo, pero nos encontramos a unos cuantos más. Sobre las 5 de la tarde amainó un poco el temporal y decidimos emprender la marcha de vuelta a casa. Vimos campos un poco inundados, pero conseguimos llegar a la autopista y volver bajo una lluvia que no paró hasta llegar a Villena, se nota que esto ya es la España seca, casi el desierto. Normalmente, no me gusta que mi tierra sea tan seca, pero en días así la verdad es que te alegras.



Casa de los fúcares bajo la lluvia (ver la parte superior de la foto con las gotas cayendo).

Sin pretenderlo, creo que este viaje nos salió muy histórico y teatral. En Aranjuez vimos el palacio real que empezó a construir Felipe II y hasta bien entrado el siglo XX siguieron utilizando los reyes algunas temporadas, un mes o dos al año, por lo que parece. En Cáceres vimos las casas señoriales de la nobleza que se lanzó a la conquista de América, todas con sus torres defensivas para protegerse de los ataques de otros nobles. Tiempos difíciles aquellos, no sólo había que luchar contra los árabes sino también con los vecinos cristianos para mantener el poder y la riqueza. Y, cuando ibas en contra de los reyes, podías acabar con la torre desmochada, como las de algunos nobles que no habían apoyado a Isabel la Católica y, como castigo, les hizo derribar la parte superior de sus torres, para que no les sirvieran de defensa en futuras guerras. Trujillo fue también de esa época, con más palacios señoriales, más iglesias y conventos (refugio de nobles segundones que no heredaban el patrimonio familiar y tenían que buscar fortuna en otros campos y también de las hijas que decidían no casarse) y una plaza porticada donde, en aquel momento, solían hacer mercado y cada gremio tenía su lugar en un arco concreto. En Mérida retrocedimos a tiempos romanos y árabes y vimos el teatro, precursor de lo que luego veríamos en Almagro en el Corral de comedias y el Museo nacional del teatro, por eso decía que nos salió muy teatral el viaje. Y en Almagro también vimos parte de esos siglos de oro en los cuales los banqueros de los reyes, los Fúcares, extendían su poder y se traían consigo a sirvientes que luego enseñarían a los españoles del lugar a hacer encajes. A ver qué más cosas aprendemos la próxima vez.