martes, 28 de febrero de 2006

Amigos de los blogs.

El domingo estuve escuchando varias veces una canción de Alejandra Guzmán que Cieloazzul tiene en su blog y que ahora mismo suena en mi ordenador. No la había oído nunca, pero es una de esas canciones con ritmo con las que me gusta conducir por la autovía cuando voy o vuelvo del trabajo, sobre todo cuando pongo el coche a 12o kms/h para adelantar a los miles de camiones que circulan por esa autovía. Ayer me pasé la mañana tarareando esa canción en voz baja sin darme cuenta. En el coche, por los pasillos del instituto entre clase y clase... Me hizo el lunes más agradable. "Sé que soy parte de ti, porque después de tu amor ya no hay nada. Porque siempre caigo rendida cuando tú me llamas, porque siempre a cada minuto te vuelvo a extrañar. Eres para mí desde que te vi, no te dejo de pensar, y es que tengo tanto miedo de volverte a amar." ¿Cuántas veces no nos hemos sentido así? Una persona pone una canción en México y eso produce un efecto en otra persona en España. Es curioso esto del mundo de los blogs.
Yo escribo algo inspirada por Iradya (en Santiago de Chile) y Alucard en Madrid y Bridget y Mahaya desde Jerez de la Frontera y Madrid, respectivamente retoman la idea y contestan las preguntas. Luego Alucard me crea un enlace con unas palmeras de fondo en su blog y me dedica unas bellas palabras. Anavi deja de escribir unos días y le dejamos mensajes, preocupados. Swyx se queda varios días sin poder publicar porque en su servidor tienen problemas técnicos y Marisaddie y yo le dejamos mensajes de apoyo en nuestros blogs (y yo estaba ya pensando dejarle postear aquí si no se solucionaba el problema). Estas son las cosas del día a día que no formaban parte de mi vida hace casi tres meses, cuando empecé el blog, y ahora me hacen pasar momentos agradables.
Gracias a todos, sé que a muchos no os he nombrado aquí, pero ya lo haré en otros artículos, si no, ¿qué voy a escribir mañana, pasado y al otro? ;-) Y, por último, me encanta el blog de Pam, que es nueva en esta nuestra comunidad de vecinos y me encantan sus textos y sus fotos. (Lo de la "comunidad de vecinos" va con cariño para los españoles, que saben que se trata de una serie de televisión que hacen aquí.)

lunes, 27 de febrero de 2006

Más allá de las fronteras 2.

Tras la manifestación de las víctimas del terrorismo en Madrid del sábado y, visto que es un tema candente en nuestro país últimamente, he recordado esta carta que me publicaron en el Diario La Verdad el 10-8-2002 tras el atentado de ETA en Santa Pola (localidad a 16 kms. de Elche) ocurrido el 4-8-2002 en el que murieron una niña de 6 años y un hombre que esperaba el autobús junto al cuartel de la Guardia Civil donde pasó todo.
"Cuando ocurre algo así, te vienen muchas cosas a la cabeza: la gente de Santa Pola que conoces, tus amigos que veranean allí, aquel día en que fuiste con tu abuelo y tu tío al Cuartel de la Guardia Civil a denunciar un robo en el campo, las veces que has pasado por delante, la última dos domingos antes a la misma hora, cuando estabas atrapada en un atasco de tráfico para volver a Elche... Que podría haber sido yo, o tú, o el vecino. Que nos puede tocar a todos en el momento menos pensado. Que nos toca a todos porque ya lo dijo Tomás y Valiente: «Cada vez que matan a un hombre en la calle nos matan un poco a cada uno de nosotros». ¿Qué nos queda si no podemos estar esperando el autobús tranquilamente ni los niños pueden jugar en sus casas?
Primero y antes que nada somos personas. Después, como algo secundario, somos también valencianos o vascos, blancos o negros, católicos o protestantes, judíos o musulmanes, etc. El mundo, afortunadamente, no es en blanco y negro, como algunos creen, sino de muchos colores.
Pero hay cosas tan importantes, tan sagradas, como es la vida de cualquiera de nosotros y mucho más la de una niña, que deberían estar más allá de las fronteras, más allá de las lenguas, de las razas y de las religiones, cosas que deberían estar por encima de todo eso.
¿Cuántos minutos de silencio más hay que guardar para que quede claro? ¿Cuánto silencio más hay que guardar para expresar lo que no se puede decir con palabras: lo que se siente cuando pasa algo así? ¿En cuántos idiomas del mundo hay que decir lo que hemos dicho ya muchas veces: que basta ya y que queremos vivir en paz?"

sábado, 25 de febrero de 2006

Siempre me quedará L'derry.

(Carta que envié a una revista y que jamás me publicaron.)

"En el Magazine del 24 de agosto de 2003 hay una foto de Christine Spengler en blanco y negro tomada en Irlanda del Norte. Se ve una niña con una bandera, soldados y vehículos militares detrás y unos edificios borrosos al fondo. A pesar de que no dice dónde está hecha, creo que es L´derry en 1972, al menos, uno de esos edificios que apenas se vislumbran parece el Guildhall.
Nací en 1973. Esa niña debe de ser unos diez años mayor que yo, quizá sea la cajera del supermercado donde compraba, quizá, sin saberlo, me haya sentado al lado de ella en el autobús, y hasta puede que les haya dado clase a sus hijos. Yo, que he visto a los soldados en las calles de L´derry y me ha despertado el ruido del helicóptero del ejército sobrevolando mi barrio, sólo espero haber contribuido al proceso de paz. Aparte de español, espero haberles enseñado algo más a mis alumnos de los dos colegios de primaria y los tres institutos de L´derry en los que trabajé durante el curso 2002-2003 con una beca del MEC en calidad de Auxiliar de conversación de español.
Ya estoy en casa, pero allí queda una parte de mi vida. Allí están mis amigos, mis vecinos, la bibliotecaria, la mujer de la tienda de la esquina y una larga lista de gente maravillosa, alegre, con ganas de vivir y de vivir en paz.

Nota: por favor, mantengan la grafía L´derry al transcribir la carta porque es la forma conciliadora de escribir el nombre de una ciudad que los católicos llaman Derry y los protestantes Londonderry. "

Buscando en internet para publicar esto he encontrado está página donde podréis ver la foto que menciono y más información sobre Christine Spengler. Aquí sí pone la fecha y el lugar donde se tomó la foto. Yo tenía razón: era Derry, pero me equivoqué en el año porque el blanco y negro de la foto me hizo pensar que era más antigua.

jueves, 23 de febrero de 2006

23-F

Hoy hace 25 años que hubo un golpe de Estado fallido en España y, como todos los años, los medios de comunicación nos lo recuerdan. Ha vuelto a salir Tejero, el guardiacivil del bigote, disparando en el Congreso de los Diputados y diciendo aquello de: "¡Quieto todo el mundo!" y "¡Se sienten, coño!" Los diputados, acojonados, tirándose al suelo, excepto Adolfo Suárez, creo que Carrillo y uno o dos más, el hombrecillo aquel cuyo nombre no recuerdo, que se encara con los guardiaciviles porque era militar, lo zarandean y lo obligan a sentarse, creo que su segundo apellido era Mellado, quizá fuera Gutiérrez Mellado, pero no estoy segura. Han vuelto a salir las imágenes de los tanques en las calles por la noche en Valencia. El rey vestido de comandante en jefe (o lo que sea, no entiendo de uniformes) todo serio diciendo que estaba todo controlado a la mañana siguiente. Imágenes de los guardiaciviles saliendo del Congreso y despidiéndose de Tejero... ¿Cuántas veces habremos visto esas imágenes en 25 años? ¿Cuántas veces más las veremos?
El 23-F yo tenía 7 años y, la verdad, recuerdo poco. Sé que mis padres habían comprado un SEAT panda de color beige, aún vivíamos en Badalona, y esa tarde mi padre lo había recogido del taller con la radio instalada. ¡Un coche con radiocassette, qué novedad! Si hubiéramos sabido entonces que hoy en día llevan CD, mp3 y hasta DVD... En la radio oímos las noticias, pero éramos niños y no sabíamos qué pasaba. Mi madre siempre cuenta que esa noche no durmió, pendiente de la radio, sobre todo, porque al día siguiente tenía que ir al médico a Barcelona con mi hermano y, si estaba la cosa fea, no pensaba ir. Mi padre durmió a pata suelta con su filosofía de la vida: que mande quien mande siempre tendremos que ir a trabajar al día siguiente. Mi tío, que en paz descanse, se fue con el carnet de UGT en el bolsillo a dar una vuelta con el coche a la mañana siguiente, una vez que salió el rey diciendo que no pasaba nada, a ver cómo estaba el panorama. Yo le dije años después cuando lo contó, que me parecía una inconsciencia. Pero mi tío era así de impulsivo.
A veces pienso que quizá me perdí los años más interesantes en la historia reciente de España en la niñez, sin enterarme de mucho. Por ejemplo, cuando tenía 5 años el día en que se votó la Constitución en referendum, a mí me operaban de anginas y mis padres no fueron a votar. Por eso me gustaba seguir de cerca el proceso de paz en Irlanda del Norte: porque todo estaba por hacer y aún se podía soñar. Hoy en día, después de 30 años de democracia, creo que hemos perdido un poco la fe en los políticos y, además, parece que está todo hecho, que toda la vida hemos podido votar y tener libertades y vivir en democracia. Y, sin embargo, hace 25 años estuvimos a punto de perder todo eso. Hoy es un día para apreciar más la libertad.

miércoles, 22 de febrero de 2006

Los colores de Derry 2

Y comenzó el invierno... El frío era aún un compañero soportable, y un jersey y una buena calefacción permitían mantener una amistosa relación con la temperatura... Las inclemencias del tiempo se alternaban, como si lluvia, viento y frío se pusieran de acuerdo para turnarse, evitando así un excesivo tormento de los ciudadanos. Algunos días, la lluvia era suave, aunque pertinaz, te acompañaba, te envolvía, pero te permitía caminar bajo ella, con ella y hacer tu vida en la ciudad. Otros días, tomaba su rostro más fiero y se aliaba con el viento para hacerte sentir tan impotente como las pobres hojas rojas que ambos habían hecho desaparecer... Y otros días, desaparecían viento y lluvia, y dejaban que el sol fuera protagonista, poniendo un brillo especial en los verdes campos y recortando bellísimas las siluetas de las siempre presentes torres de las catedrales. Eran esos días de seco frío invernal, que me hacían recordar los fríos campos de Castilla... Días claros, fríos, recios, pero bellísimos...
Un nuevo cambio de hoja al calendario, y con diciembre llegó realmente, soberano, potente, imponente, el INVIERNO... Al regresar de Londres nos hizo conocer su presencia, zarandeando nuestro avión en un viento que era más bien un huracán helado, y azotándonos bajo la lluvia al descender la escalerilla (¡cual trémulas estrellas del cine clásico americano!) y atravesar, apenas conservando el equilibrio, la pista del diminuto aeropuerto para buscar refugio y maletas en la terminal. Un taxi nos llevó bajo la tormenta, en medio de la noche.... El ruido del viento era la voz dominante del invierno.... Y el frío fue ya un compañero inseparable, tan cercano a veces que atravesaba nuestros cuerpos y lo sentías invadirte las entrañas. Los jerseys más cálidos, la calefacción constante, no eran protección suficiente. El frío te abrazaba a pesar de todas las corazas, y te encontraba en la madrugada aunque te escondieras bajo los edredones.
Y Derry, esa ciudad de tantos colores, catedrales y murallas grises, ayuntamiento cobrizo, río azul, campos verdes, murales color sangre, Navidad blanca, dorada, verde y roja, puertas multicolores y otoño de ocres infinitos, esa ciudad que me brindaba cada tarde al salir de Santa Cecilia un rostro distinto de sus catedrales y su río desde lo alto de Creggan, esa ciudad de los dos nombres, se convirtió en una ciudad de cristal. La ciudad de las amapolas rojas, de los uniformes rojo y negro de los aprendices, de los bordillos pintados, y de los “colores” que hacen perder la cabeza a algunos fanáticos seguidores del Celtic, esa ciudad de tantos colores, se convirtió en una postal de blanca Navidad.
Y ese fue el milagro, la sorpresa, el guiño inolvidable, que Derry me brindó antes de partir. Cual en un cuento de hadas, la ciudad de ladrillo, cemento y piedra, amaneció una mañana, tan sólo dos días antes de mi marcha, transformada en una ciudad transparente. El campo de enfrente de mi casa no era ya verde, sino blanco, de un blanco brillante, casi un bellísimo espejo. Los árboles no eran ya rojos ni marrones, sino blancos, y sus ramas estaban cubiertas de unos finísimos cristales... Las calles, las puertas, las paredes, los coches, los tejados, hasta las telas de araña, se habían vuelto de cristal... Y una niebla también blanquecina envolvía, fantasmagórica, la ciudad... Al día siguiente, la niebla se disipó, y la ciudad siguió convertida en una joya, cada árbol, cada planta, era una finísima obra de artesanía, una delicadísima talla de cristal... Y al ir a Santa Cecilia por última vez, se me brindó una nueva imagen bellísima. El día era claro, una luz brillante acentuaba la intensidad del blanco cristalino que cubría calles, casas y jardines, pero una niebla blanca, baja, muy baja, formaba una nube alargada que se extendía en el horizonte, sobre Santa Cecilia y el cementerio, ofreciéndose a la vista de todos aquellos que se aproximasen a Bligh’s Lane desde el Creggan.
Adiós Derry. Creo que vi todos tus rostros, salvo el de la primavera... Tus árboles, ahora desnudos, se llenarán entonces de brotes, las flores embellecerán tus campos, los días se alargarán y la vida seguirá renaciendo bajo la lluvia... Pero yo no lo veré, no estaré allí, no subiré cada tarde la cuesta de Great James St., no saludaré al pasar a las casas de puertas y ventanas pintadas de colores, ni encontraré una y otra vez, desde diversos lugares de la ciudad, la silueta de la catedral de St. Eugene. Pero la primavera volverá.. La vida sigue y se renueva constantemente, y desde el lugar donde esté, siempre podré mirar el cielo y saludar a la luna llena.
Adiós, Derry.
(Fin del texto de Pilar)

martes, 21 de febrero de 2006

Los colores de Derry 1

Pilar me ha enviado esta historia que me encanta y me ha devuelto a un tiempo pasado. Como es muy larga, la publico en dos partes.
Durante cuatro meses Derry fue mi hogar. Ahora, la luz de Málaga parece cegarme, borrando las imágenes de las calles que recorrí, de los lugares que fueron cotidianos. Un par de aviones y varias horas en Stansted me arrancaron del cálido verano malagueño, para trasladarme a una pequeña ciudad a las orillas del Foyle. Cambié el azul luminoso de Málaga por el verde de los campos irlandeses y el cielo gris de una ciudad de nombre equívoco. El bullicio del mes de la Feria se trocó en el ajetreado comienzo de curso en una escuela en la que casi todo me era extraño. Pero desde el primer momento me sentí parte de aquel lugar, aquel era mi sitio durante casi cuatro meses. Su lluvia fue mi lluvia, sus calles a veces anodinas fueron las mías, y cuando recorría los pasillos de Santa Cecilia para hacer fotocopias o preparaba la clase en el semi barracón que constituye el Anexo de Lenguas Modernas, aquella era mi clase y mi escuela. Y ahora, la vuelta a los lugares cotidianos, apenas olvidados este tiempo, amenazaba con borrar la inmediatez de los recuerdos, y, antes de que eso pueda suceder, quiero decirte algo, pequeña, gris, casi anodina, ciudad de Derry.
Tu nombre es el primer equívoco que se le presenta al visitante. Y yo tomé partido, hice mi elección casi desde el primer momento, y la confirmé tras visitar por primera vez el Bogside o leer los primeros capítulos del relato de Paddy Doherty. Ya supe que Derry es tu nombre y Derry serás siempre para mí. Y espero que ya ese nombre no te cueste más sangre.
Cuando te conocí me sorprendió la pequeñez de tu puerta de entrada, y la increíble soledad de tus calles en domingo por la mañana, la sordidez del Waterside y su Workhouse, en vigor hasta los años cuarenta del siglo que acaba de terminar. Confundí, ¡terrible error! las torres de tus catedrales, ¿hermanas? ¿rivales?, y me encontré frente por frente con el cartel lealista, cuando buscaba mi camino de vuelta a casa.. la primera tarde que visitaba la ciudad... Tuve que protegerme de la lluvia, que me acompañó, tenaz, en mi primera visita a Buncrana... Pero pronto hubo un milagro, y conocí durante tres semanas la faz del verano de Derry. Un cielo claro, luz del sol en las clases de la tarde, y una temperatura que me hizo comprar una chaqueta ligera en mis queridos Dunnes Stores, y una falda, cómoda, viajera y algo picante, en una “charity” del Diamond.
Y ese septiembre fue verano en Derry. Y Derry se vistió de azul, y el sol iluminaba el campo verde frente a la puerta de mi casa y me brindaba unas preciosas puestas cuando regresaba al atardecer y lo descubría en lo alto de la colina, al comenzar la cuesta de Glen Road.
Llegó octubre y Derry comenzó a ser una ciudad gris. Los últimos días del mes la lluvia azotó la ciudad, y la lluvia, una lluvia sin piedad, me acompañó en Dublín el día que Felipe regresaba a España, y la lluvia, una lluvia más suave, me recibió en Dublín la tarde que llegué camino yo a España.
Y durante los cuatro días que pasé en Málaga, la naturaleza se contagió en Derry de la borrachera general de Halloween, y puso a la ciudad un mágico disfraz. Cuando regresé encontré Derry pintado de los más bellos colores. El campo frente a la casa seguía siendo verde, pero los árboles se habían vestido con una increíble variedad de rojos, marrones y amarillos. Como si un pintor apasionado e imaginativo hubiera recorrido la ciudad, mezclando colores en su paleta y vertiéndolos después en un lienzo compuesto por miles de hojas. Era el otoño. Un bellísimo otoño. Mas tan breve.... Apenas duró una semana. Las mañanas tuvieron entonces una luz especial, y el corto trayecto hasta la casa de Nuala se convertía cada día en una ocasión de gozar de una visión que hubiera deseado ser capaz de plasmar en un cuadro. E incluso la espera en el patio, junto al Peugeot rojo, se transformaba en la posibilidad de gozar un poquito más de esa belleza, antes de encerrarme entre las paredes del Anexo... Al salir de la escuela, el día estaba ya a punto de acabar y apenas podía disfrutar de la fiesta de colores, acaso tan sólo saludar a los árboles rojos frente al Guildhall... Las calles estaban cubiertas de hojas, que mezcladas con el barro formaban un tapiz sucio y poco confortable... Sí, fue el otoño de Derry... fugaz otoño... Al final de aquella semana, el viento, un viento enfurecido (quien sabe si por los odios insensatos de los humanos) y una lluvia que te azota sin que puedas protegerte¸ desnudaron las ramas de los árboles, barrieron las hojas que cubrían las calles y despojaron a la ciudad de su manto rojo y amarillo...

domingo, 19 de febrero de 2006

Belo Horizonte.

No sé si la ciudad hará honor a su nombre. Felipe y Pilar andan recorriéndola y enviándome fotos de rascacielos, edificios raros de no sé qué arquitecto que diseñó Brasilia, parques... Pero a mí, la que más me ha gustado ha sido ésta. Un gato brasileño de Belo Horizonte en un parque. Un gato de lo más común, que podría ser el mío, aunque el mío no tiene esas rayas. "Tantos miles de kilómetros, para quedarse con un gato, después de todas las fotos que le hemos mandado"-pensarán Felipe y Pilar. Pues sí, no sé si es el gato o las palmeritas que lo acompañan y que me recuerdan a Elche, pero me quedo con esta foto, debo de ser así de rara. :D

viernes, 17 de febrero de 2006

La Armada vencida.


Este cartel, situado en Portrush, en la costa de Antrim, Irlanda del Norte, recuerda lo ocurrido con la mal llamada Armada invencible. En rojo los puntos donde naufragaron los galeones españoles, y porque el mapa de Irlanda no está completo, porque más al sur hubo más naufragios. Traduzco del inglés:


LA ARMADA INVENCIBLE EN IRLANDA, EL RASTRO DE DE CUÉLLAR


En 1588 muchos barcos de la Armada invencible (la mayor flota invasora jamás enviada) encallaron en las costas de Irlanda dejando un rastro de innumerables naufragios entre las playas del Norte de Antrim/Donegal y Blasket Sound en Kerry. Un superviviente de uno de ellos, Francisco de Cuéllar, realizó un viaje heroico por tierra desde Sligo a Antrim en un intento de encontrar un camino de vuelta a España.

EL CASTILLO DE DUNLUCE

Tras el hundimiento del Girona, de Cuéllar permaneció en la zona durante un tiempo. Debió de haber estado muy próximo al castillo de Dunluce, la fortaleza de Sorley Boy MacDonnell. Los MacDonnell del norte de Antrim no sentían mucha simpatía por las autoridades inglesas de Irlanda, por lo que Sorley Boy había proporcionado refugio a cinco supervivientes del Girona. A pesar de ello, de Cuéllar se sentía intranquilo en la región.
"La causa principal de mi tristeza era que no tenía los medios para embarcarme rumbo al Reino de Escocia, hasta que un día me enteré de la existencia del territorio de un salvaje a quien llamaban Príncipe Ocan (O'Cahan) donde había algunas naves que se dirigían hacia Escocia. Allá me encaminé, arrastrándome, pues casi no podía moverme. Sin embargo, como eso me conducía a ponerme a salvo, me esforcé todo lo que pude por andar y llegué con rapidez, pero para entonces, las naves ya habían partido hacía dos días."
Para saber más de este tema, podéis mirar la página que Umma tuvo a bien enviarme.

jueves, 16 de febrero de 2006

Cómo llegaste a mí

Sugiere Swyx en su post de ayer que expliquemos cómo nos conocimos (no él y yo, sino la gente que escribimos y comentamos en los blogs) así que, voy a hacer memoria y explicar cómo os conocí a todos. De algunos de vuestros blogs ya hablé en webs y blogs, pero hay gente que ha aparecido después, así que un día de estos tendré que hacer un webs y blogs 2 para incluirlos.


  • A Juanjo lo conocí por un amigo común que le dio mi e-mail y Juanjo me escribió. Luego nos llamamos y después quedamos a cenar en Elche el día en que Rosa actuaba en Eurovisión y media España estaba pendiente de su canción Europe is Living a Celebration (¿habrase visto cursilería mayor?) mientras Juanjo y yo cenábamos en una pizzería uruguaya en la ventana que daba al parque de palmeras y veíamos anochecer. Años después él se hizo un blog, empecé a entrar, me empezó a picar la curiosidad y él me animó a acabar de decidirme a hacerme uno.
  • Por los enlaces de Juanjo llegué a los blogs de Marisaddie, Ava y Miu Miu (españoleando). Y también al de Alucard, porque Juanjo una vez dijo: "Me gustaría haber escrito esto" y yo le contesté que además, a mí me habría gustado vivirlo también. ;-) Marisaddie tenía un enlace a Swyx y así llegué a su blog.
  • A Nelson lo encontré en el blog de un amigo suyo al cual llegué buscando la palabra "Sansano" (mi segundo apellido y no muy común en España) y supuse que eso significaba algo en Chile, así que pregunté y me contaron que se llama así la gente que estudia en su universidad. Nelson tenía un enlace a Iradya, ¡qué pequeño es el mundo! No hay más que tirar de los hilos de enlace a enlace y conocer gente.
  • A Bridget la encontré buscando en lo de search blogs un post mío para ver si salía, no lo encontré porque medio mundo había titulado "Día de Reyes" sus posts, pero me llamó la atención eso de "descubriendo el mundo a los 30", entré, le dejé comentarios y hasta hoy.
  • Umma, Mahaya, Cieloazzul y Anavi dejaron comentarios aquí y por eso las conocí, como a otra gente como Danilo, Egosum, Mordiskitos (perdón si no me acuerdo de los nombres de todos) que han dejado por aquí algún comentario suelto alguna vez.
  • También hay amigos míos como Alberto, Pilar, Felipe, Aida, etc. que han ido dejando comentarios por ahí, sobre todo, al principio.

Un abrazo a todos y espero que la amistad continúe muchos años.

martes, 14 de febrero de 2006

San Valentín.

En mi instituto los alumnos llevan como una semana o diez días recogiendo cartas de San Valentín en un buzón que pusieron en conserjería (una caja forrada con papel y una abertura en el centro, como una urna de esas de votar). Parece ser que se han recogido unas cinco mil cartas, lo cual, en un instituto de unos 900 alumnos, no está mal... ¡Ojalá pusieran tanta "pasión" en el estudio como en celebrar San Valentín! Y hoy las han repartidos unos "carteros" (dos chicos y una chica) que no habrán dado clase en todo el día, porque yo los he visto de clase en clase todo el tiempo llevando cartas, tenían una faena increíble. Total, que me han venido a la clase donde estábamos haciendo un examen (ya estaban casi acabando, faltaban 5 minutos, así que, los he dejado entrar) y nos han han traído las cartas. Para mi sorpresa, había un regalo para mí también: una flor de plástico envuelta en papel de regalo con una nota que dice: "Por ser la mejor profesora de inglés. Tu admirador de 4º de ESO." No sé de quién es, pero sospecho que es de un alumno que tenía inglés de un curso anterior pendiente, que le tiene mucha manía a la profesora que tenía el año pasado y que conmigo ha aprobado. Me ha hecho gracia: No sabía yo que pasados los 30 iba a levantar pasiones entre los adolescentes, ¿por qué no me ocurría esto antes? Cuando tenía quince años, no me hacían ni caso, ¡ja, ja!
Ahora, en serio, me ha gustado. Parece mentira que con cosas así de simples se te levante el ánimo y te hagan el día más agradable. Quizá deberíamos reflexionar sobre esto y decirnos de vez en cuando algún piropo: "¡Qué guapa/o estás hoy!", "Te sienta muy bien esa camisa/vestido/etc." Cosas así que hicieran a los demás sentirse mejor. En fin, me voy al cursillo, así que, no me enrollo más.

domingo, 12 de febrero de 2006

Cuando el día es gris (paisaje).



Acantilados de Portstewart con las tierras de Donegal al fondo.

sábado, 11 de febrero de 2006

Palmeral ilicitano.














Vista del palmeral ilicitano desde la torre de la Basílica de Sta. María. El hueco blanco que queda a la izquierda entre las palmeras es el Hort del Xocolater, donde se hace el festival de cine independiente de Elche (de cortometrajes) en verano. Ahí se proyectan cortos de noche y estás rodeado de palmeras, es precioso.

(Umma, ¿te vale como premio? De momento, la visita al palmeral tendrá que ser virtual (pincha en el link), si vienes algún día ya la haremos paseando.)

miércoles, 8 de febrero de 2006

Respuestas a preguntas anteriores.

(Lo que le respondí a Iradya en su blog.)

1. A veces sí recuerdo lo que he soñado. Otras veces no, igual es porque estaba muy cansada al despertar.

2. Pregunta difícil, echar de menos a alguien que está cerca y no lejos. Hmmm. Es verdad que a veces hay gente cerca y los sentimos lejanos. No sé, quizá a mis hermanos.

3. Quisiera que me echaran de menos a mí.

4. ¡Ufff! Tengo demasiada memoria para eso y, encima, si pienso: "tengo que olvidarme de esta persona", aun me acuerdo más.

5. Pues quizá será eso: que aunque hay gente que debería olvidar, prefiero no olvidarlos. (Esto parece un trabalenguas, pero espero que se entienda.)

6. Sí, pero a veces la/s persona/s a las que se lo diría están lejos o no me quieren escuchar.

7. Sí y espero tener tiempo suficiente todavía para hacer todo lo que quisiera hacer en la vida.

8. Amaneceres, todos los que estaba durmiendo en ese momento y atardeceres, unos cuantos si estaba trabajando o en casa.

9. Pues alegrías quizá pasé por alto más que penas, porque las penas se me quedan ahí y no pasan por alto.

10. Sofías, a ninguna y "Sofíos" tampoco. Si doy esperanzas, no dejo a la persona después. Yo cumplo. Son ellos los que me dejan a mí, :-(

11. Ahora mismo, a mi familia.

12. Es difícil saber cuánto he aprendido (¡y lo que me queda por aprender, que es más!)

13. He dejado de lado muchas cosas, pero a cambio de recorrer otros caminos que me parecían más interesantes.

(Preguntas que no le respondí a Alucard en su blog, pero me gustaría haber hecho en su día. Más vale tarde que nunca, te contesto ahora.)

14. He visto llorar a unas cuantas amigas. Desconocidos, no lo recuerdo.

15. ¡Bastantes! Menos mal que mis ataques de ira suelen ser sólo en mi mente, porque si no, ¡uffff!

16. Cuántas veces no lo sé, pero recuerdo especialmente a dos personas a las que se lo dije y me lo dijeron.

17. Todas las ventanas, ¡si yo soy una soñadora! Si cualquier cosa me hace fantasear.

18. Espero que no hayan sufrido muchos por mi culpa...

19. Cada día me salvan unas cuantas y me reconcilian con el género humano. Espero haber salvado a alguna también.

20. Como ya he dicho, soy bastante soñadora y enamoradiza. En cuanto miro a alguien que me parece que puede ser interesante y me mira, ya está. ¡El problema es que me enamoro yo sola, el/los otro/s no se enteran!

21. Espero que me quede mucho de vida o, al menos, lo suficiente como para que me dé tiempo a hacer todo lo que quiero antes de hacer mutis por el foro.

22. Pues ese día, Alucard, estabas muy preguntón, así que, no sé cuántas preguntas van ya. Recuerdo que ese post tuyo me hizo pensar.

23. Todo es importante en esta vida.

martes, 7 de febrero de 2006

Preguntas existenciales.

Iradya hizo estas preguntas inspiradas, según dice, por las de mi búsqueda del tesoro y yo se las contesté en un comentario. Ahora las rescato junto a las que un día también se planteara Alucard, que vienen a continuación. Preguntas existenciales que nos hacen reflexionar sobre nosotros mismos y, quizá, aprender algo. Si alguien las quiere contestar, que lo haga libremente.

¿Recuerdas tus sueños al despertar?
¿Echas de menos a alguien que tienes cerca tuyo?
¿Quisieras echar de menos a alguien?
¿Olvidaste a quién tenías que olvidar?
¿Hay gente que prefieres no olvidar?
¿Quedaste con ganas de decir algo?
¿Quedaste con ganas de hacer algo?
¿Cuántos atardeceres y amaneceres te perdiste?
¿Cuántas penas y alegrías pasaste por alto?
¿A cuántas Sofías esperanzaste y dejaste en el pasado?
¿A quienes tienes a tu lado?
¿Cuánto has aprendido?
¿Qué has dejado de lado?


¿Cuántos amigos han llorado en tu presencia? ¿Y a cuántos desconocidos has visto llorar?
¿Cuántas personas estarían muertas si esos arranques de ira que se produjeron en tu mente, hubiesen sido desencadenados en la realidad?
¿Cuántas veces has dicho un sincero “Te quiero”? ¿A cuántas personas?
¿Cuántas ventanas al iluminarse a tu paso, te han sugerido toda la vida que hay dentro de ese hogar?
¿Cuántos han sufrido por tu culpa?
¿Cúantas personas te han salvado la vida con el mas nimio de sus actos (o el mas loable)? ¿A cuántas has salvado tú?
¿Cuántas chicas has creído poder amar al cruzarse esa mirada en el metro o esa sonrisa en la calle?
¿Cuánto te queda de vida? ¿Cuántas preguntas van ya? ¿Cuántas recuerdas? ¿Cuánto importa?

lunes, 6 de febrero de 2006

Pequeñas cosas de la vida.


Me pide Cielo azul que escriba sobre las pequeñas cosas cotidianas que me hacen sentir inmensamente feliz. Creo que no voy a ser muy original, pues me imagino que todos/as diréis lo mismo o algo parecido, pero allá va (no necesariamente en este orden):

1) Ver amanecer o anochecer, sobre todo, si es entre las palmeras de Elche.

2) Pasear, sobre todo, si es con alguien especial, junto al mar, por un bosque, montaña o entre palmeras.

3) Acariciar y jugar con mi gato.

4) Conducir ("manejar" para los de allende los mares) por un paisaje bonito y si es con mi música preferida y bien acompañada, más.

5) Conducir sola y cantar mis canciones preferidas con el CD en marcha.

6) Tomar café (o lo que se tercie) con un amigo/a mientras charlamos.

7) Escribir y leer blogs. Escribir y leer en general.

8) Ver una película en el cine con alguien tomados de la mano. Ir al cine acompañada, aunque sea sin tomarnos de la mano, pero mejor la opción primera. ;-) No me gusta ir al cine sola.

9) Recibir y enviar correspondencia a amigos/as.

10) Ir en tren o en bús mirando el paisaje y pensando en mis cosas.

11) Despertarme y ver que puedo dormir un rato más o que es domingo y me puedo levantar a la hora que quiera.

12) Contemplar una obra de arte (de arquitectura, pintura... lo que sea).

13) A veces (ojalá fuera siempre) dar clase.

14) Disponer de dinero para comprarme un capricho (cosa que, en mis tiempos de estudiante, no podía hacer tan a menudo).

15) Besar, abrazar, querer, sentirme querida, besada, abrazada... Pero esto ya se daba por supuesto y lo diréis todos, ¿no?

16) Viajar y descubrir nuevos paisajes.

17) Aprender idiomas y comunicarme con otra gente.

18) Recibir una llamada inesperada de alguien especial en el momento en que más falta me hacía.

19) Que mi familia y amigos estén bien.

20) Que me digan o decir yo algo para hacer el día más agradable.

Bueno, lo dejo aquí. Supongo que habría más cosas pero, de momento, es lo que se me ocurre. Si alguien se anima, que nos cuente sus pequeñas cosas de la vida.

domingo, 5 de febrero de 2006

La sombra del viento.

En estos días de afonía y reposo obligado, he estado leyendo La sombra del viento, novela que me prestó mi compañera de historia. Prestar un libro que te gusta es mandar un mensaje a la otra persona y, a veces, si ese libro tiene frases subrayadas, nos hace conocer mejor a quien nos lo prestó. Yo suelo subrayar mis libros, para encontrar después las frases que me han gustado, así que, cualquiera que leyera uno de mis libros, encontraría también una parte de mis pensamientos.
Daniel Sempere, un niño de diez años, descubre gracias a su padre librero el cementerio de los libros olvidados, una biblioteca secreta que cuida un guardián. Como cada vez que uno llega a ese sitio, tiene derecho a llevarse un libro. Daniel elige La sombra del viento, de Julián Carax y, a partir de ahí, su vida estará unida a la de Julián, de quién intentará saber más cosas investigando a lo largo de los años, primero solo, luego ayudado por sus amigos, mientras va madurando.
La sombra del viento es una novela sobre el amor a la literatura, a los libros en general, y cómo la realidad y la fantasía se mezclan y coinciden por azar en muchos puntos. También trata de saber qué pasó anteriormente, para no volver a repetirlo. Hay carencias en una época como la guerra civil española y la postguerra, carencias personales de seres queridos que faltan y una crítica a los oportunistas que se aprovechan de esa situación para medrar y para hacer sufrir a sus semejantes. Hay intriga, porque no sabemos hasta el final qué fue de Julián Carax, sus novelas y el amor de su vida. Claro que hay amor, cómo no, hay amor y amistad. Todo ello centrado en una descripción magnífica de Barcelona y su arquitectura, en un ambiente de nostalgia en que los personajes parecen estar atrapados con la esperanza de que lleguen tiempos mejores. Hay momentos duros, dramáticos, pero también mucho sentido del humor y episodios divertidos.
De la página web oficial, lo que más me ha llamado la atención, aparte de las fotos en blanco y negro de la Barcelona de la época, es que existe una banda sonora compuesta por el propio autor de la novela y que te puedes descargar. Para ello, primero tienes que jugar a encontrar las cinco últimas copias de La sombra del viento, pero vale la pena, porque la música es preciosa. (Tuve que jugar varias veces, porque siempre perdía, pero al final conseguí llegar y descargarme la música, ¡ja, ja!) Si queréis jugar: La sombra del viento. Espero que disfrutéis el juego, la música y la novela tanto como yo.

sábado, 4 de febrero de 2006

El billar.

(A los recreativos Dun-dum, que cerraron recientemente tras 30 años de existencia. Y a Javi, por intentar enseñarme a jugar al billar.)

En aquella época yo estudiaba Filología inglesa y quería ser escritora. Tenía un novio que también estudiaba lo mismo (de lo contrario, no me habría podido aguantar) y solíamos ir a unos recreativos a jugar al billar. A mediados de los noventa aquellos recreativos eran los más conocidos en Elche y punto de encuentro los fines de semana. Estaban situados en la Avda. Primo de Rivera (hoy Avenida Juan Carlos I) y tenían dos plantas. En la de arriba estaban las máquinas de videojuegos, los futbolines y otros artilugios para pasar un buen rato con los amigos. Abajo, en el sótano, estaban los billares y el ping-pong. También había otra parte del sótano reservada a las tragaperras pero, como ponía un cartel de "Prohibido menores de 18 años" nunca bajé en mis años mozos y luego tampoco me interesó hacerlo, así que no sé cómo era.
En la parte de los billares y el ping-pong, a mí me llamaba la atención, como mujer y escritora frustrada, que siempre estaba llena de chicos. Las pocas chicas que jugaban al billar iban con sus respectivos novios, aunque alguna rara vez también se veía un grupo de amigas jugando al billar. No es que yo tuviera un interés particular en la vertiente sociológica de este juego y, sin embargo, eso de que la mayoría de jugadores fueran chicos me daba qué pensar. Llegados a este punto, debo confesar que soy un desastre jugando al billar. Nunca he sabido ni sabré jugar, pero que conste que le pongo voluntad al asunto, algo es algo, ¿no?
Una noche, mientras mi novio iba colocando bola tras bola y yo no acertaba ni una, yo pensaba qué tendría aquella sala para que estuviéramos allí y no en un pub, copa en mano y tragando humo del tabaco ajeno, como hacían a esa misma hora miles de jóvenes como nosotros. Recorrí visualmente la sala fijándome en las paredes, la gente, la ropa que llevaban, sus gestos, las palabras que en parte me llegaban y en parte me imaginaba y pensé que tenía que escribir sobre ello. Cogí el taco y conseguí meter una de mis bolas sin saber ni cómo. Muy ufana, besé a Andrés, mi novio, y empecé a desarrollar mentalmente un boceto sobre aquella futura historia de billares. Primer problema: ¿Quién la cuenta? Una mujer, claro. Siendo yo mujer me sería muy difícil meterme en la piel de un hombre. Una chica va a jugar al billar con su novio y cuenta la escena, describe los personajes, etc.
De pronto, vi a dos chicos que jugaban con una bola roja y dos blancas en una mesa de billar sin agujeros. "Mira qué mesa tan rara" -le dije a Andrés- y él respondió que era billar artístico. Uno de los dos chicos le cedió el taco al encargado de la sala, el que encendía los contadores cuando empezaba cada partida y cobraba el importe correspondiente cuando se acababa. Aquel hombre siempre llevaba pantalones grises y jersey azul claro de pico, por el que asomaba una camisa blanca. No era muy alto ni muy delgado, llevaba gafas de pasta marrón, tendría unos sesenta años, estaba un poco calvo y debía de saberlo todo sobre el billar, porque debía de llevar muchos años en aquel sótano. Habría visto muchas partidas e, incluso, habría jugado montones de veces en sus ratos libres. Ése era el protagonista de mi historia, ése era el narrador perfecto. Si yo quería escribir con rigor algo sobre el billar, sólo podía focalizar el relato a través de él.

(Escrito en 1997, me acordé de esto cuando me enteré de que el Dun-dum había cerrado.)

viernes, 3 de febrero de 2006

Castillos de arena II.


Un castillo de arena con dragón y todo para Umma1, por las dos semanas que hace de habernos conocido. Por empezar a conocernos al leer nuestros blogs, escribir sobre las manías y enviarnos comentarios allende los mares y más allá de las fronteras. Este es el castillo al que hacía referencia en castillos de arena y el que estaba en Torrevieja. Lo tengo puesto como fondo de escritorio en el ordenador. Además, tengo cariño a ese post porque fue el primero en el que comentó Alucard, quien me enseñó a poner enlaces a otros posts y ahora que ya sé, estoy como niña con zapatos nuevos y los pongo por todas partes, hoy creo que estoy batiendo mis récords. Ya se me pasará la manía, ¡ja, ja, ja!
Espero que las nuevas amistades que estoy haciendo en el blog desde que lo empecé hace casi dos meses duren, como mínimo, la mitad que la amistad del padre de Umma1, amistades de antaño de las que deberíamos tomar ejemplo. Y, ahora me voy a dormir, que anoche me quedé hasta las 3 am enganchada a La sombra del viento, novela que me prestó la profe de historia y que me ha encantado. Ya me lo advirtió: "Ten cuidado, que el peligro está en no poder dejar de leer." Si hace frío y nieva este fin de semana y os quedáis en casita, ya tenéis para no aburriros. Y los que estáis en el otro hemisferio pasando calor, pues igual un fin de semana en una playa leyendo no os vendría mal.

jueves, 2 de febrero de 2006

Tras el cristal 2.

(No es la segunda parte de una película de acción, sigue de Tras el cristal.)

Esta mañana, cuando la lluvia abría caminos insospechados en la espesura de la ventanilla, mientras iba dejando atrás las calles del centro de Mánchester y las zonas residenciales, he sentido, como tantas otras veces, que soy una mujer mediterránea. No me van las nubecitas y las lluvias diarias porque estoy acostumbrada a ver el sol entre las palmeras de mi tierra y el mar, de color indefinido, eternamente poderoso e inmenso.
¿Qué es lo que veo desde el autobús cuando voy y vengo de Middleton? Veo anuncios que me llaman mucho la atención. Anuncios en los autobuses y en grandes vallas, en las paredes metálicas de algún solar en construcción, en los periódicos y en el banco donde trabajo. Ahora sé, gracias a los anuncios, que hay lugares en Gran Bretaña en que el racismo no existe, "aquí", es decir, en la cabeza de cada uno de los bebés que aparecen en la foto en blanco y negro del anuncio. Sé que la palabra más pronunciada en el mundo es "OK" y la segunda una conocida marca de cola. Que, si no te puedes refrescar, como el chico que en el anuncio lleva los pantalones cortos llenos de cubitos de hielo, debes beber una determinada marca de refresco. He aprendido que no todo el mundo se echa novia en el edificio de al lado, por eso hay trenes que van de Mánchester a Nottingham cada hora. Que las cabinas telefónicas son cajas para charlar (chatboxes) y que el asesino más importante de Gran Bretaña, según una asociación para la prevención de los ataques de corazón, vive en la caja torácica y es el corazón.
Es verano, de nuevo, y hay coches que se estrellan contra los árboles de las carreteras. Después dicen que los anuncios de la DGT son demasiado realistas, pues la DGT británica no se corta un pelo cuando pone una familia entera inmóvil y chorreando de sangre tras chocar contra un árbol. "Llegas pronto", dice una chica que lleva un famoso sujetador. No sé a quién se lo dirá. Una enfermera besa a un niño, así es como entienden la medicina en no sé qué clínica privada. Y, después del trabajo, de tanto anuncio y tal, "¿Has hecho hoy algo que valiera una cerveza X?" He hecho tantas cosas que valen más de una cerveza... Y vuelvo a mi habitación con la GM Buses porque es una compañía con "gente en movimiento", igual que, según el eslógan publicitario, en el banco donde trabajo "la gente es lo que importa".

(Escrito en el verano de 1994.)

miércoles, 1 de febrero de 2006

Compañeras de carrera.

Sigo con la serie, entrega cuarta después de Los hombres de mi vida, Las mujeres de mi vida I y Las mujeres de mi vida II. Resistid, que ya queda poco. Será mucho más corto que El Quijote, ya estoy casi acabando. :-) Hoy lo voy a dedicar a mis compañeras de carrera, hubo más gente importante durante mis años universitarios, pero sólo voy a mencionar a las que seguimos en contacto.


Rosa: No sé si te gustará este regalo post-cumpleaños, porque tú eres una persona discreta. Espero que me perdones el haberte sacado aquí, pero es que sin ti esto no estaría completo. Has sido siempre una persona importante en mi vida porque contigo sentía que teníamos mucho en común y que, con esos pocos años que me llevas, eras más madura que la gente de mi edad, por lo que me comprendías más. Nos unió la literatura, nos separó Irlanda, pero cada vez que volví escuchaste mis historias (cosa que otra gente no supo hacer). Hemos estado juntas en los malos momentos, que no voy a recordar, en los que nos ha faltado alguien querido y en los buenos, como los nacimientos y cumpleaños de tus hijos. Al cabo del tiempo, volvimos a estar juntas en clase de francés y en cursillos del CEFIRE, a contarnos la vida al salir de clase con unas patatas fritas de bolsa como acompañamiento. Espero que te recuperes y verte pronto.


M.José: Contigo recuerdo muchos kilómetros de charlas en el bus de la universidad a Elche, alguna salida en parejas allá por el 97, cumpleaños en tu casa y la mía, un sábado en la pinada de La Marina con J.Juan y Alberto, tu boda, pero, sobre todo, la última comida de Navidad y el paseo que dimos con tu hija, que es un encanto. Y tú eres una persona muy afable, con la que da gusto hablar, muy calmada. Espero que, a pesar de lo liadas que estamos siempre con nuestras cosas, encontremos buenos momentos que compartir.

Paqui: Me gustaron los días que pasamos en Valencia a finales de julio porque, desde que acabamos la carrera, no habíamos tenido tiempo de hablar tranquilamente. Siempre nos veíamos para comer en Navidades, había mucho que contar, más gente... Y esos días en que dejaste al marido en casa y te viniste conmigo estuvieron muy bien por las confidencias, por ponernos al día de lo que había pasado en nuestras vidas en los últimos tiempos, por recordar momentos en la facultad, por conocernos mejor...


Cristina: A pesar de que siempre dices que tienes que llamarme más, que yo sí te llamo, te dedico esto por las cartas que nos escribimos en los tiempos universitarios y que aún guardamos ambas con cariño. Por tus reflexiones, por tu ternura, tu simpatía a pesar de ese sentido pesimista de la vida que también tienes a veces, por tus consejos sobre cómo mejorar mi aspecto. Me alegro de que seas funcionaria de carrera, por fin, porque te lo mereces por tu esfuerzo, y de que hayas encontrado a un chico que te merezca y te haga feliz. La vida compensa al final, ¿ves?


Sigo afónica, pero confío en recuperarme pronto y poder volver al trabajo.