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miércoles, 18 de junio de 2014

Un leprechaun de regalo.

El otro día una compañera, al salir, me dio una bolsa blanca con una caja pequeña, rectangular. Me dijo: "No la abras ahora, luego. Customizo muñecos y este no está en el catálogo, es único. Es que, me he fijado en un detalle de tu coche." Me dejó con la intriga, la caja en la mano (supongo que también con cara de idiota) y entró al instituto a seguir dando clase.

Total, todo el camino yo pensando: "¿Y qué será? ¿Ha dicho que customiza muñecos? ¿Lo he entendido bien? ¿Que se ha fijado en mi coche? ¡Madre mía, con lo sucio que lo llevo siempre! No vuelvo a aparcar al lado de ella. ¿Qué se le habrá ocurrido a esta?"

Llego a casa... "¿Lo abro? ¿No lo abro? ¿Qué será...?" Y me partí de la risa al abrirlo, porque lo que llevo colgando del espejo retrovisor en el coche es un leprechaun irlandés, aunque este viene con olla, monedas y todo el kit de un leprechaun irlandés que se precie. (Ver foto.)


lunes, 22 de agosto de 2011

Los irlandeses y yo.

Salgo de mi casa y me encuentro a tres guiris mirando un mapa. Mi barrio está cerca del centro, pero no tiene muchos lugares turísticos, por lo tanto, obviamente, estaban perdidos. Al pasar junto a ellos los oigo hablar en inglés, así que, me paro y les pregunto a dónde quieren ir. Resulta que eran irlandeses, de Limerick, y querían ir a un museo que estaba como a unos 20 minutos de donde me los he encontrado. Yo tenía que ir al centro, así que les he dicho que me acompañaran y, de paso, les he hecho un pequeño recorrido turístico y les he enseñado por el camino una iglesia, el antiguo barrio judío y árabe, el ayuntamiento, y, por fin, los he dejado frente al museo.


Me han dado las gracias al despedirse y les he dicho que los irlandeses siempre me han tratado muy bien cuando he estado en Irlanda, así que, es justo que yo me porte igual de bien cuando ellos están en España. Que para mí, Irlanda es mi segundo país y, donde haya un irlandés perdido en mi pueblo, le acompañaré hasta que encuentre su camino.

domingo, 19 de junio de 2011

Documental sobre Phoenix Park

Están haciendo un documental sobre Phoenix Park, uno de los parques más bonitos de Dublín. Es enorme, viven ciervos allí, pero también está la residencia oficial de la Presidenta de Irlanda y la Embajada de EEUU. Se puede participar en el proyecto donando algunos euros y luego, según la cantidad, te dan diversos premios: que aparezca tu nombre en el documental y te manden el DVD, invitarte a un picnic en Phoenix Park... Si os interesa, aquí está el enlace, lo malo es que está sólo en inglés: http://citywildthemovie.com/ Para contribuir económicamente, hay que pinchar en: "You, the funders" y ahí ya te dirige a las páginas de pago seguras. O, directamente, desde aquí:




He aquí un vídeo sobre el proyecto:

FUNDING CAMPAIGN LAUNCHED!

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Postales.


Cuando fuimos a Coole Park, como ya conté en posts anteriores, vimos este cartel en una pared. Decía que habían puesto cinco réplicas en piedra, incluyendo los borrones de tinta, de cinco postales que mandó Bernard Shaw a las nietas de Lady Gregory con un poema que les escribió para agradecerles las manzanas del huerto de Coole que le habían mandado perdonándole el haber hecho trampas en un juego que se llama "Hunt the thimble" (en el que hay que esconder algo para que lo busquen los otros). Eso de que Bernard Shaw se dedicara a enviar postales que continuaban en otras, me recordó a Xnem y sus experimentos, así que hice la foto (en la que se ve abajo la réplica en piedra de la primera postal) para enseñárselo y decirle que siga así, que Bernard Shaw fue premio nobel de literatura, igual Xnem nos da una sorpresa un día y aparece también en los anales de la historia. Y nosotras nos forramos con sus postales manuscritas. :-)


Aquí el cartel de más cerca:

domingo, 16 de septiembre de 2007

El bosque de Kyle-na-no.

Ya conté aquí que Anaví y yo visitamos Coole Park, donde los poetas irlandeses se reunían en casa de Lady Gregory. Mientras Anaví se quedaba con los niños, yo me adentré en este bosque, donde poco después me encontré con un cartel diciendo que se llamaba Kyle-na-no, el bosque de nueces.

También había un poema de Yeats dedicado a una ardilla de ese bosque, que decía en inglés (la traducción es mía):

"Ven a jugar conmigo,

¿por qué corres

por las ramas del árbol agitado

como si yo tuviera una pistola

para dispararte y matarte?

Cuando todo lo que yo haría

es rascarte la cabeza

y dejarte marchar."

De repente, vi esto entre los árboles y me salí de mi senda para ir campo a través cuando vi el agua:


Hasta que encontré este río o lago, no sé muy bien lo que era, donde imaginé los buenos picnics que se harían en la orilla Yeats y compañía, lo cual me dio mucha envidia. No vivían nada mal esta gente.

sábado, 8 de septiembre de 2007

Ana y Ana.

Por un lado, Anaví:

Y, por otro, yo:


Dos estilos diferentes de mujer, como podéis ver. Anaví muy tecnológica ella con su cámara digital, el bluetooth en la oreja... y muy "fashion" con las gafas de sol en la cabeza. Yo, más desastrada, con la cámara de toda la vida (es decir, con carrete) . Ella más calurosa, yo más friolera (con manga larga y cuello alto, aunque tengo excusa porque ese día estaba afónica y tenía que cuidarme). Pero con muchas cosas en común, a pesar de nuestras diferencias. Ya veis que vamos vestidas de gris y con jeans las dos.

Recuerdo el primer comentario que me dejó en mi blog, un domingo de febrero:

"Ana...me ha encantado lo que escribes! Estoy que no me lo creo, sabes por qué? Porque mi nombre también es Ana, porque al igual que tu tengo 32 años, porque también soy de virgo, porque adoro también Irlanda, porque también conocí a un Peter en Irlanda y yo no hablaba muy bien inglés pero nos entendíamos, porque mi Peter tiene el mismo color de ojos que vos decís que tiene el Peter que vos conociste y tengo un blog con la misma plantilla que la tuya!!!!
No es coicidencia!!
Me tomé un tiempito y he leído tus archivos...y me gusta mucho como escribís.
Si no te molesta, puedo agregarte a mis links así te visito seguido para seguir leyéndote?
Muchos saludos desde Suecia
Ana"

Tal vez fuera una premonición de que íbamos a congeniar, ser amigas y disfrutar de esa Irlanda que nos gusta tanto.

miércoles, 29 de agosto de 2007

Anaví on the road. (Subtítulo: Recalculando.)

Planeando el viaje con Anaví le propongo posibles rutas y le digo que tal vez esté muy lejos, pero ella siempre mira el mapa y dice: "¡Ah, no es tanto!" Y ese "no es tanto" implica que es capaz de conducir hasta la China y volver, como si estuviera ahí al lado. Eso sí, con esta canción que su hijo pide siempre que pongamos:






A mitad del trayecto vemos una señal y Anaví me dice: "¿Querías ir a Valentia Island?" Y yo, que estoy igual de loca que ella, contesto: "¿Por qué no?" Y allá que nos plantamos en Valentia island entrando por el puente que la une a tierra firme en Portmagee. Entonces miro el mapa y teníamos dos opciones: 1) Volver por el puente, rehacer el camino andado y volver a la carretera principal para seguir con nuestro recorrido en el punto donde nos habíamos desviado, lo cual nos hacía perder tiempo. 2) Cruzar toda la isla y tomar un ferry en Knightstown para volver a tierra firme y ahorrarnos un montón de camino y tiempo. El único problema era que no sabíamos el horario de ferries y tal vez ya no hubiera ninguno. Dudamos y, al final, Anaví dijo: "Dale, vayamos Ana, total, no es tanto. Si no hay ferry, luego pegamos la vuelta y ya está." Tuvimos suerte y había ferry, así que volvimos a la carretera que habíamos dejado sin tener que deshacer el camino. Y el GPS, que habla como yo según Anaví, nos dijo: "Recalculando. A tres (pausa) cientos (pausa) metros (pausa) gire a la derecha." O algo así, porque al pobre GPS lo teníamos loco, entre las carreteras nuevas que están construyendo y no tenía en el programa y que luego Anaví decide en el último momento cambiar de ruta. Con razón luego se rebeló y, en lugar de llevarnos a Ennis el sábado, aparecimos en Tulla. Fue la venganza del GPS.
Así que Anaví, con las gafas de sol en la cabeza a modo de diadema, el auricular del bluetooth del móvil en la oreja y un objeto como este, sólo que de color ROSA, con plumas arriba y abajo y unas letras que decía algo de: "Princess" (Luciano y Lord Greystoke fueron testigos, yo no pongo fotos porque la que le hice a Anaví de esa guisa ha salido borrosa y porque no quiero que se plante aquí con la metralleta) apagó el GPS y nos llevó a Ennis con el mapa, como se ha hecho toda la vida. Por cierto, sabes que la próxima vez te invito a una Guinness en Hurlers Cross, nuestro pueblo preferido.

domingo, 26 de agosto de 2007

Anaví revisited.

Es extraño levantarse en un país y acostarse en otro. Encontrar en el avión de vuelta a un grupo de españoles que habían ido a Cork a estudiar inglés, que me recordaron mi juventud (divino tesoro, dijo Rubén Darío), cuando yo iba a Irlanda también a estudiar, no por turismo. Reservar un asiento de pasillo y acabar en pleno vuelo en la ventana porque el avión iba medio vacío y el chico de la ventana se cambió de sitio para sentarse con sus amigos. Y ver desde el aire cómo cruzábamos los Pirineos, los ríos, las montañas, las autopistas, las casas y esta zona tan seca y desértica, que deprime al recibirte así tras dejar el verde irlandés.

¿Cómo empezar a contar el viaje, cuando es imposible describir tantas sensaciones y sentimientos? Mirar el mar en el puerto de Youghal y recordar un verso de Neruda: "Yo que viví en un puerto desde donde te amaba". Lo cual también podría haber dicho de Kinsale o de cualquiera de los otros puertos que vimos al pasar. Guardar una hoja del árbol de los autógrafos en Coole Park, en el que Yeats, Shaw, Synge, O'Casey y otros autores irlandeses grabaron sus firmas. "Our shadows rove the garden gravel still", escribió Yeats. Nuestras sombras aún deambulan por la gravilla del jardín. Y te los puedes imaginar perfectamente en un picnic divirtiéndose y que alguien propusiera entre bromas y veras que dejaran sus firmas en el árbol. Un capuchino con Anaví en un centro comercial de Cork, mientras los niños corrían por allí y se subían a unos autos de esos que funcionan con monedas.




La plaga de rododendros que se nos echaba encima por las carreteras de Kerry mientras Anaví conducía en modo monólogo, puesto que yo estaba afónica tomándome sus pastillas suecas, que me devolvieron la voz y la palabra al día siguiente, a tiempo para el asado en casa de Lord Greystoke.


Y también la explosión de colores: amarillo, rojo, rosa, verde, azul... de las plantas a los lados de la carretera. Especialmente las fucsias llenándolo todo, Deona Dé, lágrimas de Dios en irlandés. Aprender español con Anaví en nuestras conversaciones en el coche. Contemplar por la ventana de un restaurante en Kilorglin cómo anochecía sobre el pueblo mientras cenábamos con los niños.

Descubrir que las zonas de la Ora te roban igual o más que en España, en todas partes cuecen habas. Tengo un recuerdo especial del segundo ticket, Anaví ya sabe por qué:



Dicen que segundas partes nunca fueron buenas, pero esta segunda parte lo ha sido. Ya no había incertidumbre ni el misterio por saber cómo sería la otra persona fuera de internet, en la vida real. Ya se había forjado la confianza, la amistad, el mirar a la otra persona y saber lo que está pensando, de qué se ríe. Duele un poco saber que no podemos quedar para tomar café cuando queramos porque estamos lejos y cada una tiene su vida en un país distinto, pero el abrazo que nos dimos ayer en el aeropuerto es una promesa para volver a vernos y la confirmación de que existe la amistad más allá de las fronteras y que la calandria vuela hasta Elche en un click.

lunes, 5 de febrero de 2007

Kinsale.

Parece que somos bastantes los forofos de Irlanda repartidos por el mundo y hoy Luis encontró el blog de Anaví y después el mío. En el blog de Luis encontré un interesante post sobre la batalla de Kinsale que me recordó la visita que hice allí en 1998. Teníamos puente por ser la fiesta de St. Patrick's Day y decidimos irnos de viaje al sur. Fuimos en autobús desde Irlanda del Norte a Dublín y allí alquilamos un coche para ir a Cork y alrededores. Éramos cuatro: Angélique, M.Jesús, Aida y yo (ver mujeres que conocí en Irlanda del Norte) y después se nos unió Michael, entonces novio de M.Jesús y hoy su marido. (Un inciso para decir que fue un placer ver a M.Jesús y Michael con su hija este fin de semana, después de varios meses sin vernos, y comprobar que la amistad sigue viva después de tantos años. Y es que, las amistades que hice en Irlanda o que han tenido algo que ver, directa o indirectamente con Irlanda, siempre me han traído cosas buenas.)
Nos alojamos en Cork y, desde allí fuimos a Kinsale y Cobh. Lo que más me llamó la atención de Kinsale fue el colorido de sus casas y los dibujos que allí había, como se ve en la foto de mis años mozos que ilustra este post. Me pareció un pueblo bonito para vivir y diferente de Irlanda del Norte, donde pintan las paredes de blanco o marrón y no suelen tener cada casa de un color. Hay como más alegría en la República de Irlanda. En fin, que gracias a Luis por recordarme el día que pasé en Kinsale con mis amigos de entonces y ahora.

sábado, 25 de noviembre de 2006

The Way Ahead.



Recuerdo este cartel de 1998 pidiendo el "sí" en el referendum sobre el proceso de paz en Irlanda del Norte porque era "el camino hacia delante". Recuerdo lo complicado que fue llegar a ese acuerdo en la ronda de conversaciones con todos los partidos políticos. Recuerdo a Maxine diciendo: "Volverás a España y todo seguirá igual, pero, a pesar de todo, estás viviendo un momento histórico para Irlanda del Norte." Recuerdo haberla acompañado a votar en el referendum. Recuerdo que salió que sí (aún guardo el Belfast Telegraph con el titular: "It's YES.") Y, al final, se consiguió la Asamblea (desde los años 70 el Parlamento de Stormont, en Belfast, no funcionaba, todo se legislaba directamente desde Londres) y se volvió a la autonomía tras el referendum. Pero, tras una serie de problemas, se inhabilitó a la Asamblea y se devolvió el poder a Londres en 2002, la tercera vez que estuve en Irlanda del Norte. Y ahora, desde ayer, siguen con negociaciones a ver si se abre la Asamblea o no. Y la cuestión es que si no se abre, se acabó el proceso de paz. Aunque supongo que seguirán negociando otra solución, porque la verdad es que Irlanda del Norte vive un periodo bastante próspero y pacífico desde hace unos diez años y nadie quiere volver a lo anterior, a pesar de que, de vez en cuando, hay algún asesinato sectario porque la violencia jamás se ha acabado totalmente y porque ahora los terroristas se dedican a la droga y actividades delictivas semejantes.
Recuerdo también, tras el atentado de Omagh en 1999 (en el que murieron dos españoles, por cierto) haber leído en una pág. web: No more "I won't talk to them" (No más "No hablaré con ellos") porque la única forma de solucionar algo, era hablando con ellos. Y esto va por la manifestación de esta tarde en Madrid: Si no se habla con ellos, no hay nada que hacer. Y está claro que, cuando eres víctima o te han matado a alguien querido, es difícil, casi imposible hacer ese esfuerzo. Pero, ¿prefieres que siga muriendo más gente?


















Las fotos de arriba (pinchad para hacerlas más grandes) son de Stormont, el Parlamento de Belfast. Nos invitaron a todos los Auxiliares de lenguas extranjeras del curso 2002-2003 a una recepción allí el 22-5-2003, justo cinco años después de la votación del referendum (el 22-5-98). Precioso el Parlamento, mirad la foto del interior.

(Para todo lo relacionado con el proceso de paz en Irlanda del Norte, pinchad aquí, está en inglés, por supuesto, es una pág. de Irlanda del Norte.)

martes, 15 de agosto de 2006

El ama de llaves recibe a las visitas.

(Fotos: ice house y bosque de Monivea.)

(Continuación del post anterior.)

Volvimos al bosque como si tuviéramos un tesoro en las manos y nos fuimos a abrir el mausoleo. Al meter la llave en la cerradura, se oyeron retumbar nuestras voces en un eco que venía de dentro, lo cual a mí me impresionó bastante. No sabía muy bien lo que me esperaba al abrir, que fue lo que se ve en la foto de ayer: esto. Francesco rompió el silencio para decir: "Está durmiendo, mamá" y su voz resonó en la estancia con más eco que antes. Nos pusimos a admirar la estatua de Robert Percy Ffrench y las vidrieras y sacamos fotos de todo mientras Anaví me contaba lo que había leído en el libro.
A continuación intentamos bajar a la cripta, pero las escaleras estaban muy oscuras, así que subimos a la terraza. Una llave más moderna abría una puerta acristalada y, desde allí, veíamos todo el bosque. Bajamos y Anaví se fue al coche a buscar una linterna para ir a la cripta, pero, en ese momento, llegaron otros dos coches con unas diez o doce personas entre adultos y niños. Un hombre se dirigió a nosotras en inglés diciendo: "Nos han dicho que tienen la llave y hemos venido." Nos fastidiaron la magia del momento, porque no es lo mismo entrar a solas, que tener el mausoleo lleno de gente.
Yo no pensaba soltar la llave, pues tenía la responsabilidad de devolverla a su lugar. Así que, con la linterna que me tendió Anaví, bajé a la cripta con los nuevos visitantes, pensando que hace ya dos años que dejé de trabajar en la oficina de turismo y, sin embargo, siempre acabo haciendo de guía turística. Ella se quedó fuera con los niños mientras tanto. Encontramos dos ataudes con una inscripción en cada uno, los de Robert Percy Ffrench y su hija. Estaba muy oscuro, a pesar de la luz de la linterna, y parecía una película de terror. Y allí estaba yo: con la llave en una mano, la linterna en la otra, y acompañando a unos desconocidos como si fuera el ama de llaves de Katheleen Ffrench. Paradojas de la vida.
Algunos de ellos, mientras tanto, ya habían subido a la terraza y comprobado que la puerta de cristal estaba cerrada, así que me pidieron la llave y me tocó subir otra vez. Mientras, les pregunté de dónde eran, como si tuviera que hacer una estadística con la procedencia de los turistas, como antaño, y me dijeron que irlandeses, pero vivían en Inglaterra hacía ya muchos años, menos el hombre que había hablado primero, que era de un pueblo cercano y les estaba haciendo de cicerone. Les aconsejé que se adentraran en el bosque a ver el ice house y, así, Anaví acabó de hacer todas las fotos que quiso y bajó sola a la cripta.
Cerramos y salimos de allí. Casi olvidamos devolver la llave, con la emoción del momento, pero volvimos a entregarla y pusimos rumbo a Athenry. Pero nos encontramos por el camino a unos hombres que llevaban unos caballos percherones, Anaví se paró a un lado de la carretera a hacerles fotos y acabaron invitándonos al establo donde los guardaban, que estaba unos metros más adelante. Allá que nos fuimos y los niños disfrutaron de los caballos y los burros que tenían y los hombres, orgullosísimos de que admiráramos a sus animales, nos explicaron la historia de cada uno. Estas cosas, sólo pasan en Irlanda, como dice Anaví.

Y, colorín colorado, esta historia se ha acabado. Estaré ausente unos días, esta vez por tierras del norte de mi región. Que ustedes lo pasen bien en mi ausencia y ya contaré más cosas a mi vuelta.



lunes, 14 de agosto de 2006

Mi prima y el ama de llaves.

( Fotos: Mausoleo de Robert Percy Ffrench en Monivea Co. Galway.)


La semana pasada le prometí a Luciano que le dedicaría un post como los que a él le gustan, con muchos ingredientes, así que, va por ti, Luciano. Como ya contó Anaví en su blog, durante el fin de semana nos fuimos a Galway con motivo de una cena argentino-irlandesa en casa de Roberto y Louise, y como pizzero mayor del condado, Luciano. Lástima que Ángela no pudiera venir por motivos laborales, pero ya la conoceremos en otra ocasión, pues Anaví y yo estamos dispuestas a volver a la carretera algún día de estos en cualquier lugar del mundo. (El que avisa, no es traidor: Apártense, que allá vamos y Anaví no para ni para ir al baño, así que, no se nos pongan por delante, que nos los llevamos puestos y sin ticket de compra.)
Total, que allá que nos fuimos cual Thelma y Louise con niños, pertrechadas con pañales, cuna plegable, caramelos, mapas, galletas de chocolate y de limón, y demás trastos. Como Anaví conducía, yo era el GPS. O sea, la encargada de los mapas y de decir: "Por aquí vas bien, gira a la derecha, gira a la izquierda" o lo que se terciara.
Al final llegamos al B&B que habíamos reservado sin más contratiempos que una retención kilométrica en Gort debida a las carreras de caballos del fin de semana y Anaví me dijo que fuera delante: "Vos que hablás inglés". Así que me tocó llamar al timbre y presentarnos. Sin embargo, yo hablaré inglés, pero Anaví habla por los codos, con lo cual, el speech acabó haciéndolo ella y contándole a la señora su vida, obra y milagros. Y, lo que no le contó, la señora se lo preguntó y acabó sabiéndolo también. Como de mí no sabía nada, me imaginaba que el interrogatorio me lo haría a la mañana siguiente durante el desayuno o al ir a pagar, pero Anaví ya se adelantó y, cuando fue al microondas a calentar la leche para el biberón (mamadera en Argentina) de Carenza, ya le contó que éramos primas. Luego Anaví me recordó delante de ella, para que no metiera la pata, pues ya le había dicho a la buena mujer que su familia materna era italiana y, entonces, no cuadraba la prima española, que éramos "primas por parte de padre". Y yo, aguantándome la risa, dije que sí, claro.
Anaví había leído en este libro sobre el Mausoleo de Monivea y allá que nos fuimos. Resulta que en Monivea, un pueblo perdido del condado de Galway, está enterrado Robert Percy Ffrench, quien fuera diplomático y rico heredero de una familia noble. Como dice en el libro, cuyo capítulo podéis leer pinchando en el enlace que os he puesto, su hija Katheleen erigió el mausoleo tras la muerte de Robert, acaecida en Nápoles en 1896 y se considera que el mármol de carrara empleado y las vidrieras hechas en Munich, costarían en dinero actual unos dos millones de euros. Robert se casó con una rica terrateniente rusa y sólo tuvieron una hija, Katheleen, quien vivió muchos años en Rusia y acabó muriendo sin descendencia en 1939 en China. Katheleen también está enterrada en el mausoleo que mandó construir para su padre. Su prima Rosamond, con quién no se llevaba muy bien, a pesar de que se encargó de administrar las tierras mientras Katheleen estuvo en el extranjero, falleció poco después sin descendencia también y fue enterrada en una tumba fuera del mausoleo. Resumiendo, al final las propiedades de la familia Ffrench fueron a parar al Estado irlandés, que es el dueño actual.
Sabíamos también por el libro que, para entrar al mausoleo, nos hacía falta la llave y que se guardaba en una casa del pueblo. No sabíamos cuál, así que lo primero que hicimos fue irnos a la tienda local, comprar algunas provisiones y preguntar. La dependienta nos indicó una casa y nos dijo que creía que ya no la tenían, pero que la habían tenido y sabrían quién la tenía ahora. Así que, ni cortas ni perezosas, allá que nos fuimos Anaví y yo a tocarles el timbre. Nos abrió la puerta un hombre joven y nos indicó que era dos casas más allá. Fuimos a la casa y no había nadie, así que nos marchamos a explorar el bosque. Localizamos el mausoleo y nos adentramos por la senda que lleva al ice house, donde en tiempos en los que no existían las neveras se acumulaba el hielo del invierno y luego guardaban la carne de ciervo y otros animales que cazaban en los bosques de las tierras de los Ffrench. Luego volvimos a la casa y me abrió un adolescente. Sólo me pidió el nombre y un número de teléfono, que apunté en una libreta que me dio, y me entregó la llave. Según el libro sólo existe en el mundo esa llave, no hay copia. Y así fue como me convertí en el ama de llaves del mausoleo de Monivea.
(Continuará/ to be continued.)

domingo, 13 de agosto de 2006

Recuerdo...


Foto: Anaví y yo en Lady's View, parque nacional de Killarney.


(Respuestas a lo que Anaví me recordó en su blog.)



1. No te hice caso, no. Pero no me importaba levantar a Carenza para que viera los imanes de la nevera, no todos los días estoy con niños.

2. Es verdad, siempre estás hablando de tu abuela, culparemos a la mafia. Vos ya sabés.

3. Nunca entendí por qué no existen las persianas en el mundo anglosajón. Recuerdo esos días de mayo en Irlanda del Norte despertándome con el sol que entraba, pensando que me había dormido y llegaba tarde a trabajar y, total, sólo eran las 4 am.

4. Todo fue bien porque no se despertaba antes de que llegaras, hasta que un día estaba a punto de meterme en la ducha cuando la oí llorar y me tuve que vestir corriendo y subir a ver qué pasaba. No había forma de que parara de llorar y no sabía qué hacer, hasta que al final la convencí para ir a la ventana a ver a las vacas, se calló y levantó los brazos para que la sacara de la cuna. No había vacas en el campo, pero la entretuve como pude hablándole de los coches que pasaban y diciéndole que ya venía la mamá.

5. Y los dos me miraban como pensando: "¿Qué hace esta aquí?"

6 + 7. Y tú en todos los pueblos diciendo: "Ahí está la oficina de correos" y yo: "Sí, pero acuérdate de que hoy es festivo y está cerrada". Y sí, Xnem, se me olvidó dársela a firmar porque la escribí y ella estaba ocupada con la comida y los niños y después ya, no me acordé.

8. No me dejaste espacio para nada más.

9. Y aún en el aeropuerto me los pidió y los caramelos estaban en el coche.

10. Me destrozabas el chiringuito, con lo bien montado que lo tenía.

11 + 12. Peter también lo podría haber dicho antes, che. Nos habríamos ahorrado de buscar tantos pájaros. Y sí, la pareja estaba detrás del arbusto nomás.

13. Y yo muerta de risa, sobre todo, de ver cómo revolucionamos al pueblo en un minuto. Y de ver la cara de la niña rubia en la ventana mirándote y pensando: "¿Para qué saca fotos de una cabina vieja?"

14. Para una vez que me compro las zapatillas de marca, que me costaron 40 euros en vez de las baratas de 20... Que sepas que, de la lejía que le pusiste, se ha quedado una marca amarilla.

15. Es que, poníamos un CD y ya no lo sacábamos en todo el día, daba vueltas y vueltas hasta el cansancio. Y, encima, como te habías empeñado en poner ese, no iba a quitarlo sin permiso.

16 + 17. Las avispas esas ¿es que no comen en todo el año? Yo les tiré lo que quedaba de mi sandwich, directamente, porque no me dejaban comer tranquila ¡qué bichos más agresivos! Y encima son más gordas que las avispas de aquí, cualquiera les pega un manotazo... Me sentí culpable porque le dije a Francesco que no se moviera, se asustó, se movió y le picó la avispa, si lo sé, no le digo nada. En cuanto a tu sanguche, fue un accidente. De todas formas, lo que no mata, engorda, ya sabés.

18. Dije: "¡Mierda, me he equivocado!" y Francesco me preguntó: "¿Es mierda?" Y yo no sabía cómo explicarle todo, ¡ja,ja! Además, pensé que, como es un loro que repite todo, me ibas a echar en cara que le enseñara malas palabras.

19. Los españoles en el extranjero dan un cante que, no hay más que verlos para saber que son españoles. Y eso que estos no iban gritando como suelen ir, pero estaba claro que tenían pinta de españoles.

20. Apoyo moral a la conductora. Además, cualquiera se duerme, ¡si no parás de hablar! :-)

21. Por eso yo las llevo cortas. :-)

22. ¿En cuál de todos los acantilados? Porque recuerdo que en todos pensé: "A ver cómo salimos ahora de aquí..." Menos mal que eres buena conductora, yo igual me habría caído por el acantilado...

23. Lo peor es que yo pensaba: "Ahora me toca agarrar el coche a mí y llevarla al hospital más próximo, que a saber a cuántos cientos de kilómetros está." ¡Esos sustos no me los des más!

24. Es que yo venía del verano del desierto y para mí hacía fresco, pero tú has vivido en Suecia y estás acostumbrada.

25. Y, encima, como todo lo miden a la que te criaste, que decís vos, la medida no estaba en cristiano y no había quién se aclarara.

26. Lo cual sirvió para que te detuvieras y comiéramos, si no, ni comemos, porque cuando te pones a manejar, no paras hasta el fin del mundo.

27 y 28. Sí, tú me mandas a mí de speaker y luego charras (hablas) más que siete. La mujer ya le había averiguado la vida a Anaví y, al saber que yo era española, no le cuadraba qué hacíamos juntas con dos niños pequeños, así que aquí la amiga le contó que éramos primas y, como ya le había dicho que la familia de su madre era italiana, me miró y me dijo muy seria: "Somos primas por parte de padre". Y encima, para rematar la faena, voy yo y le escribo en el libro de agradecimientos: "Gracias por su hospitalidad. La familia de Argentina, España, Irlanda y de todas partes."

29. Pensé que vendría alguien a aporrearnos la puerta y decirnos que no armáramos tanto escándalo... Pero al final me dormí con las nanas que le cantaste a Carenza.

30. Y tenía que saltar casi por encima para ir al aseo.

31. Es que el GPS si no, no funciona. :-)

32. Eso sería de tanto agarrar el volante, que el dedo ya se quedó en esa posición.

33. Si no puedes vencer al enemigo, únete a él. :-) Ibas a parar igual...

34. ¡Sos loca, vos!

35. Lo cual confirma lo que te jedi en el 34. Pero nunca había visto un caballo tan cerca ni tocado a los borricos.

36. La llave era mía mientras estuviéramos allí, así que, no se la iba a dar a nadie. Con lo cual, me tocó hacer de guía del mausoleo y llevarlos a todas partes. Luego les dije que el bosque estaba muy bien, que deberían ir a buscar la casa de hielo, y nos los quitamos de encima para que pudieras terminar de hacer fotos tranquila y tuviéramos para nosotras solas la paz del lugar.

37. Confiesa que te gustó la llave y te la querías llevar. :-)

38. Paso por que no pares para ir al servicio, por que se haga de noche en el auto, por que hagas doscientas mil fotos de los cuervos, de los caballos, de las ruinas, de los abuelos con boina... y no haya forma de avanzar dos metros, pero cuando se trata de comer, lo siento, pero no paso por que me mates de hambre, ¡ja,ja!

39. Tú dijiste: "¿Por qué salen y entran tanto? ¿No se pueden quedar quietos en un sitio?"
Y yo: "Hay un local de apuestas ahí enfrente y están aquí, pendientes de la tele, para ir a apostar al caballo que ven que va a ganar." ¡Elemental, querida Watson!

40. Si es que, estaba yo en la paz de la tienda de souvenirs, con los irlandeses susurrando y, de repente, un grito en la otra punta de la tienda: "¡¡¡¡¡¡Francescoooooooooooo!!!!!!!! ¡Vení aquíiiiiiii!" y todo el mundo se giraba a mirar. Y yo quería que me tragara la tierra, no se puede hacer nada discretamente.

41. Lo que hay que sufrir por el fotoperiodismo... No me lo recuerdes, que te publico la foto, ¡ja,ja!

42. Debo confesar que a mí, el que me gusta es el Lambrusco rosado o la sangría.

43. ¡Qué exagerada que eres! Ibas muy bien.

44. Menos mal que ahí yo estaba en la oficina de correos echando la postal de Xnem...

45. Y, si no, para los pájaros de tu jardín.

46. Había que avisar a los pobres bichos de que sos un huracán con ruedas, como dice Luciano.

47. No me fiaba ni un pelo de esos tipos, así que me alejé lo más posible.

48. Un poco más y saco los jerseys y las camisetas y te los dejo para meter el regalo.

49. Cuando Francesco quería tocar el agua del lago, pero tenía miedo, y nos agachamos los dos en las rocas de la orilla, lo agarré para que no se cayera y le iba el corazón a mil.

50. Y tú, al final, no fuiste al baño.

51. Te dije mantequilla. Es que sin eso no se pegan bien los sandwiches.

52. Eso prefiero no recordarlo.

53. Sí, pero para conducir, seguías con tacones. Genio y figura, hasta la sepultura. (No sé si lo dirá mi abuela, pero es un dicho también.)

54. Y no quería darme un beso. Hasta que, al final, vino corriendo a darme un abrazo y, al mismo tiempo, Carenza desde el cochecito levantó los brazos para abrazarme también y casi me hacen llorar los dos.

Y más:

* La carrera cuesta abajo que me pegué para hacer una foto antes de que el sol se escondiera del todo en aquella península y no encontraba el encuadre perfecto porque me tapaban las montañas, hasta que llegaste tú con el auto a rescatarme.

* La sensación de estar descubriendo un tesoro secreto al abrir la puerta del mausoleo.

* Lavarme los dientes con Francesco y Carenza mirándome e imitando todo el proceso.

* Cuando Peter decía: "Ana" y nos girábamos las dos.

* Vos buscando caramelos y masitas mientras manejabas y yo diciendo: "¿Qué quieres? Yo te lo doy, mira a la carretera."

* Las dos cantando las canciones de Los Rodríguez en el auto.

* Otra cosa que siempre dices: "Ya te lo voy a mostrar".

En fin, como se suele decir, "Dios las cría y ellas se juntan".

viernes, 11 de agosto de 2006

To chance your arm.


(En algún lugar de Co. Cork en Seven Heads, no sé si Anaví se acordará del sitio concreto. Lo que yo sé es que, por bajar a esta playa me ensucié los zapatos, ¡ja,ja! Eso sí, bonita foto y toqué el agua.)

No sé lo que dirá mi prima, pero creo que los primeros dos días, los de conocer su pueblo y los alrededores, Kilbrittain y Blarney, estuvieron muy bien, pero cuando empezamos a congeniar más, cuando algo hizo click y las piezas del puzzle encajaron, fue esa tarde en la abadía de Timoleague y la vuelta que nos dimos por Seven Heads. Para mí, fue como recuperar de repente la tranquilidad perdida en un año muy tumultuoso por una mala racha en mi vida. Esos campos de Irlanda, a pesar de los cuervos muertos que encontramos, esos acantilados y el mar, allá al fondo, era lo que necesitaba para "desestresarme", si es que esa palabra existe. Poco a poco me fui notando más charlatana (¿sería la elocuencia de la Blarney Stone?) y que recuperaba el sentido del humor perdido, ya no sabía ni dónde ni cuándo. Y Anaví, a quién le sobra la elocuencia, por algo es abogada, también se largó a reír (como ella diría) y a contar cosas, con lo cual, volvimos a casa in good spirits, que dirían en inglés.
Al día siguiente, como ya estabamos en otro nivel de conocimiento y había más confianza, hasta nos tomamos unos mates y todo. No sé por qué Anaví pensaba que no querría, que no me iba a gustar. ¿Che, prima, olvidaste que me gusta to chance my arm? Inciso aclaratorio: Hay una puerta con una grieta enmedio en la Catedral de St. Patrick donde Jonathan Swift, el autor de Los viajes de Gulliver, fue deán. Allí leí que el dicho "to chance your arm" (algo así como "apostar el brazo", para Marga, que le gustan mis traducciones) viene de una vez, en un asedio de un castillo. Tras varios días ambos ejércitos estaban igualados y, al final, decidieron firmar la paz. Para ello, tenían que estrecharse las manos en señal de acuerdo y rompieron a hachazos la parte central de la puerta. Sin embargo, ambos se arriesgaban a que, al meter el brazo por el agujero, los otros se lo cortaran, si era una táctica de engaño, tipo caballo de Troya, el decir que querían firmar la paz y luego resultaba que no. Así que, no les quedó más remedio que arriesgarse a perder un brazo en pro de la paz. Y la consiguieron. A esto me refería indirectamente al final de mi post de ayer al hablar de los riesgos en la amistad.
Irlanda siempre me hizo más tolerante con los idiomas, con las religiones, con las comidas, las bebidas y los posibles choques culturales. Hasta me tomé una sopa de algas japonesa sin saber ni lo que era una vez, pero eso quizá mejor lo dejo para otro post. En una ocasión lo conté en clase y creo que fue el único momento de todo el curso en que me escucharon con atención, lo cual me lleva a pensar que, en lugar de enseñar inglés, debería contar batallitas de Irlanda y, al menos, nos divertiríamos más, pero en fin. Una lástima que eso no entre en la programación didáctica.

Pdata. Anaví, donde dice: "tipo caballo de Troya", ponle "onda", vos ya sabés.

lunes, 7 de agosto de 2006

The Fields of Athenry.


Foto de Anaví: anochecer en Sheep Head (Co. Cork)


Anaví y yo estamos aquí, no penséis que nos hemos ido al Caribe. Ni me ha secuestrado, ni la he secuestrado, sólo estábamos perdidas por County Galway (y algunos condados más que quedaban de paso) visitando a Luciano y Roberto, blogueros argentinos, perdidas en bosques con mausoleos del siglo pasado cuya llave tienen en una casa del pueblo y te la dan para que vayas a abrirlo, haciendo fotos a caballos percherones que nos encontramos por el camino, cuyos dueños nos invitaron a sus cuadras para ver más, tras lo cual, para celebrar la canción The Fields of Athenry, nos fuimos allá (léase "ashá" con acento argentino), es decir a Athenry, a comer y dar una vuelta. Cuestión es que anoche volvimos a las 11 pm al campamento base.
Ahora vamos a hit the road again y ya os contaré todo con más detalle cuando tenga tiempo. De momento, que sepa Luciano que le debo un post que le va a encantar, en el que van a aparecer los romanos, Rusia y un bosque perdido de Irlanda, todo bien mezclado y, aunque no lo parezca, relacionado, onda los que escribe él en su blog.


Aquí tenéis una página en inglés con la historia de la canción y la letra y abajo, la podéis escuchar. The fields of Athenry es una canción de amor en la que un chico está preso por haberse rebelado contra el gobierno debido a la hambruna de 1845-48 y lo van a mandar deportado a Australia. Él le dice que cuide de su hijo y le recuerda los buenos tiempos cuando estaban en los campos de Athenry y contemplaban, enamorados, a los pájaros volar libres.




martes, 23 de mayo de 2006

Museos en Irlanda del Norte.

Ya que Anaví recomienda libros y ayer estuvimos hablando de sitios que visitar en Irlanda, yo voy a recomendar los museos que le comenté ayer, el Ulster American Folk Park y el Ulster Folk and Transport Museum.

El primero está en las afueras de Omagh y trata de cómo los irlandeses emigraron a América. En la primera parte, tienen como un típico pueblo con casas y granjas y gente disfrazada de granjeros, herreros, etc. para enseñar cómo vivía la gente en los siglos XVIII o XIX (incluso, a principios del XX) y puedes entrar dentro de las casas, ver cómo están amuebladas y decoradas. Muchas de esas casas han sido reconstruidas piedra a piedra ya que, en su lugar original, las iban a tirar para construir casas nuevas, carreteras o lo que fuera. Luego llegas a un barco de madera como los que se usaban para emigrar a América y, al bajarte del barco, es como si llegaras a América y ves las típicas cabañas de madera que se ven en las películas del oeste.


El segundo está en Cultra, cerca de Hollywood, no muy lejos de Belfast. El Ulster Folk and Transport Museum es también la representación de un pueblo típico irlandés, pero es más grande, hay más casas y más edificios como un banco, una oficina de correos, etc. Y tiene otra parte dedicada a transportes antiguos con autobuses que funcionaron en Belfast hace años, coches, bicicletas de las que se ven en las películas de cine mudo... Las fotos son del Ulster American Folk Park en mayo de 1998.
(Xnem, si haces una serie de museos en tu blog, te paso el post.)

viernes, 17 de marzo de 2006

St. Patrick's Day.
















Hoy es el día en que los irlandeses celebran su patrón, St. Patrick. Recuerdo un desfile de este día en Dublín en el año 98 con M.Jesús, Michael, Angélique y Aida. Vimos a la presidenta de Irlanda en coche, todo el mundo iba vestido de verde (el color de Irlanda) o con la cara pintada de verde o con banderas de la República de Irlanda. Nosotros, como no llevábamos nada verde, para no desentonar, nos compramos una banderita de plástico como la del dibujo, que, desde entonces, tengo colgada en la pared de mi cuarto.
También recuerdo un St. Patrick's Day en un pub de Derry con mis padres, que habían venido a pasar unos días conmigo. Me fui a la barra a pedir, ya que mis padres no hablan inglés y, cuando me di la vuelta, estaban sentados en una mesa con unas chicas irlandesas, con muchas risas y animada conversación y eso que ni ellos hablaban inglés, ni las irlandesas español... Aquellas se iban y les dijeron si querían la mesa y ellos, se sentaron mientras dos de ellas se iban al aseo y las otras las esperaban para salir todas juntas. Me hicieron sitio a mí también, nos dejaron un gorro de leprechaun (duende irlandés como el del dibujo), nos hicimos fotos con el gorro (véase foto de mi padre), nos reímos todos, luego una chica se puso a bailar con un hombre un baile típico irlandés, en fin, que mis padres se lo pasaron pipa. Los irlandeses, igual que los españoles, saben divertirse.

sábado, 25 de febrero de 2006

Siempre me quedará L'derry.

(Carta que envié a una revista y que jamás me publicaron.)

"En el Magazine del 24 de agosto de 2003 hay una foto de Christine Spengler en blanco y negro tomada en Irlanda del Norte. Se ve una niña con una bandera, soldados y vehículos militares detrás y unos edificios borrosos al fondo. A pesar de que no dice dónde está hecha, creo que es L´derry en 1972, al menos, uno de esos edificios que apenas se vislumbran parece el Guildhall.
Nací en 1973. Esa niña debe de ser unos diez años mayor que yo, quizá sea la cajera del supermercado donde compraba, quizá, sin saberlo, me haya sentado al lado de ella en el autobús, y hasta puede que les haya dado clase a sus hijos. Yo, que he visto a los soldados en las calles de L´derry y me ha despertado el ruido del helicóptero del ejército sobrevolando mi barrio, sólo espero haber contribuido al proceso de paz. Aparte de español, espero haberles enseñado algo más a mis alumnos de los dos colegios de primaria y los tres institutos de L´derry en los que trabajé durante el curso 2002-2003 con una beca del MEC en calidad de Auxiliar de conversación de español.
Ya estoy en casa, pero allí queda una parte de mi vida. Allí están mis amigos, mis vecinos, la bibliotecaria, la mujer de la tienda de la esquina y una larga lista de gente maravillosa, alegre, con ganas de vivir y de vivir en paz.

Nota: por favor, mantengan la grafía L´derry al transcribir la carta porque es la forma conciliadora de escribir el nombre de una ciudad que los católicos llaman Derry y los protestantes Londonderry. "

Buscando en internet para publicar esto he encontrado está página donde podréis ver la foto que menciono y más información sobre Christine Spengler. Aquí sí pone la fecha y el lugar donde se tomó la foto. Yo tenía razón: era Derry, pero me equivoqué en el año porque el blanco y negro de la foto me hizo pensar que era más antigua.

miércoles, 22 de febrero de 2006

Los colores de Derry 2

Y comenzó el invierno... El frío era aún un compañero soportable, y un jersey y una buena calefacción permitían mantener una amistosa relación con la temperatura... Las inclemencias del tiempo se alternaban, como si lluvia, viento y frío se pusieran de acuerdo para turnarse, evitando así un excesivo tormento de los ciudadanos. Algunos días, la lluvia era suave, aunque pertinaz, te acompañaba, te envolvía, pero te permitía caminar bajo ella, con ella y hacer tu vida en la ciudad. Otros días, tomaba su rostro más fiero y se aliaba con el viento para hacerte sentir tan impotente como las pobres hojas rojas que ambos habían hecho desaparecer... Y otros días, desaparecían viento y lluvia, y dejaban que el sol fuera protagonista, poniendo un brillo especial en los verdes campos y recortando bellísimas las siluetas de las siempre presentes torres de las catedrales. Eran esos días de seco frío invernal, que me hacían recordar los fríos campos de Castilla... Días claros, fríos, recios, pero bellísimos...
Un nuevo cambio de hoja al calendario, y con diciembre llegó realmente, soberano, potente, imponente, el INVIERNO... Al regresar de Londres nos hizo conocer su presencia, zarandeando nuestro avión en un viento que era más bien un huracán helado, y azotándonos bajo la lluvia al descender la escalerilla (¡cual trémulas estrellas del cine clásico americano!) y atravesar, apenas conservando el equilibrio, la pista del diminuto aeropuerto para buscar refugio y maletas en la terminal. Un taxi nos llevó bajo la tormenta, en medio de la noche.... El ruido del viento era la voz dominante del invierno.... Y el frío fue ya un compañero inseparable, tan cercano a veces que atravesaba nuestros cuerpos y lo sentías invadirte las entrañas. Los jerseys más cálidos, la calefacción constante, no eran protección suficiente. El frío te abrazaba a pesar de todas las corazas, y te encontraba en la madrugada aunque te escondieras bajo los edredones.
Y Derry, esa ciudad de tantos colores, catedrales y murallas grises, ayuntamiento cobrizo, río azul, campos verdes, murales color sangre, Navidad blanca, dorada, verde y roja, puertas multicolores y otoño de ocres infinitos, esa ciudad que me brindaba cada tarde al salir de Santa Cecilia un rostro distinto de sus catedrales y su río desde lo alto de Creggan, esa ciudad de los dos nombres, se convirtió en una ciudad de cristal. La ciudad de las amapolas rojas, de los uniformes rojo y negro de los aprendices, de los bordillos pintados, y de los “colores” que hacen perder la cabeza a algunos fanáticos seguidores del Celtic, esa ciudad de tantos colores, se convirtió en una postal de blanca Navidad.
Y ese fue el milagro, la sorpresa, el guiño inolvidable, que Derry me brindó antes de partir. Cual en un cuento de hadas, la ciudad de ladrillo, cemento y piedra, amaneció una mañana, tan sólo dos días antes de mi marcha, transformada en una ciudad transparente. El campo de enfrente de mi casa no era ya verde, sino blanco, de un blanco brillante, casi un bellísimo espejo. Los árboles no eran ya rojos ni marrones, sino blancos, y sus ramas estaban cubiertas de unos finísimos cristales... Las calles, las puertas, las paredes, los coches, los tejados, hasta las telas de araña, se habían vuelto de cristal... Y una niebla también blanquecina envolvía, fantasmagórica, la ciudad... Al día siguiente, la niebla se disipó, y la ciudad siguió convertida en una joya, cada árbol, cada planta, era una finísima obra de artesanía, una delicadísima talla de cristal... Y al ir a Santa Cecilia por última vez, se me brindó una nueva imagen bellísima. El día era claro, una luz brillante acentuaba la intensidad del blanco cristalino que cubría calles, casas y jardines, pero una niebla blanca, baja, muy baja, formaba una nube alargada que se extendía en el horizonte, sobre Santa Cecilia y el cementerio, ofreciéndose a la vista de todos aquellos que se aproximasen a Bligh’s Lane desde el Creggan.
Adiós Derry. Creo que vi todos tus rostros, salvo el de la primavera... Tus árboles, ahora desnudos, se llenarán entonces de brotes, las flores embellecerán tus campos, los días se alargarán y la vida seguirá renaciendo bajo la lluvia... Pero yo no lo veré, no estaré allí, no subiré cada tarde la cuesta de Great James St., no saludaré al pasar a las casas de puertas y ventanas pintadas de colores, ni encontraré una y otra vez, desde diversos lugares de la ciudad, la silueta de la catedral de St. Eugene. Pero la primavera volverá.. La vida sigue y se renueva constantemente, y desde el lugar donde esté, siempre podré mirar el cielo y saludar a la luna llena.
Adiós, Derry.
(Fin del texto de Pilar)

martes, 21 de febrero de 2006

Los colores de Derry 1

Pilar me ha enviado esta historia que me encanta y me ha devuelto a un tiempo pasado. Como es muy larga, la publico en dos partes.
Durante cuatro meses Derry fue mi hogar. Ahora, la luz de Málaga parece cegarme, borrando las imágenes de las calles que recorrí, de los lugares que fueron cotidianos. Un par de aviones y varias horas en Stansted me arrancaron del cálido verano malagueño, para trasladarme a una pequeña ciudad a las orillas del Foyle. Cambié el azul luminoso de Málaga por el verde de los campos irlandeses y el cielo gris de una ciudad de nombre equívoco. El bullicio del mes de la Feria se trocó en el ajetreado comienzo de curso en una escuela en la que casi todo me era extraño. Pero desde el primer momento me sentí parte de aquel lugar, aquel era mi sitio durante casi cuatro meses. Su lluvia fue mi lluvia, sus calles a veces anodinas fueron las mías, y cuando recorría los pasillos de Santa Cecilia para hacer fotocopias o preparaba la clase en el semi barracón que constituye el Anexo de Lenguas Modernas, aquella era mi clase y mi escuela. Y ahora, la vuelta a los lugares cotidianos, apenas olvidados este tiempo, amenazaba con borrar la inmediatez de los recuerdos, y, antes de que eso pueda suceder, quiero decirte algo, pequeña, gris, casi anodina, ciudad de Derry.
Tu nombre es el primer equívoco que se le presenta al visitante. Y yo tomé partido, hice mi elección casi desde el primer momento, y la confirmé tras visitar por primera vez el Bogside o leer los primeros capítulos del relato de Paddy Doherty. Ya supe que Derry es tu nombre y Derry serás siempre para mí. Y espero que ya ese nombre no te cueste más sangre.
Cuando te conocí me sorprendió la pequeñez de tu puerta de entrada, y la increíble soledad de tus calles en domingo por la mañana, la sordidez del Waterside y su Workhouse, en vigor hasta los años cuarenta del siglo que acaba de terminar. Confundí, ¡terrible error! las torres de tus catedrales, ¿hermanas? ¿rivales?, y me encontré frente por frente con el cartel lealista, cuando buscaba mi camino de vuelta a casa.. la primera tarde que visitaba la ciudad... Tuve que protegerme de la lluvia, que me acompañó, tenaz, en mi primera visita a Buncrana... Pero pronto hubo un milagro, y conocí durante tres semanas la faz del verano de Derry. Un cielo claro, luz del sol en las clases de la tarde, y una temperatura que me hizo comprar una chaqueta ligera en mis queridos Dunnes Stores, y una falda, cómoda, viajera y algo picante, en una “charity” del Diamond.
Y ese septiembre fue verano en Derry. Y Derry se vistió de azul, y el sol iluminaba el campo verde frente a la puerta de mi casa y me brindaba unas preciosas puestas cuando regresaba al atardecer y lo descubría en lo alto de la colina, al comenzar la cuesta de Glen Road.
Llegó octubre y Derry comenzó a ser una ciudad gris. Los últimos días del mes la lluvia azotó la ciudad, y la lluvia, una lluvia sin piedad, me acompañó en Dublín el día que Felipe regresaba a España, y la lluvia, una lluvia más suave, me recibió en Dublín la tarde que llegué camino yo a España.
Y durante los cuatro días que pasé en Málaga, la naturaleza se contagió en Derry de la borrachera general de Halloween, y puso a la ciudad un mágico disfraz. Cuando regresé encontré Derry pintado de los más bellos colores. El campo frente a la casa seguía siendo verde, pero los árboles se habían vestido con una increíble variedad de rojos, marrones y amarillos. Como si un pintor apasionado e imaginativo hubiera recorrido la ciudad, mezclando colores en su paleta y vertiéndolos después en un lienzo compuesto por miles de hojas. Era el otoño. Un bellísimo otoño. Mas tan breve.... Apenas duró una semana. Las mañanas tuvieron entonces una luz especial, y el corto trayecto hasta la casa de Nuala se convertía cada día en una ocasión de gozar de una visión que hubiera deseado ser capaz de plasmar en un cuadro. E incluso la espera en el patio, junto al Peugeot rojo, se transformaba en la posibilidad de gozar un poquito más de esa belleza, antes de encerrarme entre las paredes del Anexo... Al salir de la escuela, el día estaba ya a punto de acabar y apenas podía disfrutar de la fiesta de colores, acaso tan sólo saludar a los árboles rojos frente al Guildhall... Las calles estaban cubiertas de hojas, que mezcladas con el barro formaban un tapiz sucio y poco confortable... Sí, fue el otoño de Derry... fugaz otoño... Al final de aquella semana, el viento, un viento enfurecido (quien sabe si por los odios insensatos de los humanos) y una lluvia que te azota sin que puedas protegerte¸ desnudaron las ramas de los árboles, barrieron las hojas que cubrían las calles y despojaron a la ciudad de su manto rojo y amarillo...