Desde enero no habíamos vuelto a reunirnos, así que Mr. Bartleby decidió que ya era hora y organizó una velada muy agradable en su casa para ponernos al día. Hablamos de nuestros respectivos viajes en el puente de S. José y viajes futuros, como el de Mr. Bartleby a Perú la semana que viene. Nuestro anfitrión ha creado tendencia entre los viajeros con su idea de guardar durante el año la ropa interior más vieja para ir tirándola cuando vas de turismo, a fin de volver a casa ligero de equipaje y sin ropa sucia. Eso sí, recomienda ponerse ropa interior nueva el día de ida y el de vuelta, no sea que en el aeropuerto te hagan desnudarte por alguna razón y lleves las bragas blancas que se te caen o los calzoncillos con agujeros.
Lo de la ropa interior derivó en una disertación muy interesante entre los hombres sobre los calzoncillos más cómodos, con muestra de calzoncillos incluida para que las mujeres viéramos ejemplos de a qué se referían y luego el debate derivó a si es más cómodo dormir desnudo o vestido. (Lo que hace el Lambrusco...) Hablando de vinos, el proveedor de Mr. Bartleby le dijo que las mujeres preferimos el Lambrusco rosado al tinto, lo cual es una solemne estupidez, como se pudo comprobar anoche. Es más, casi me atrevería a decir que preferimos el Lambrusco tinto.
Como estamos mayores, nos entra pronto el sueño, así que, a las doce, cual Cenicientas, ya estábamos en casa. Pero lo pasamos bien y agradecimos a Mr. Bartleby la invitación.