Aunque ya lo dije el año pasado en el post
Cinco manías, como Nelson me ha pedido que cuente seis actitudes freak (he
aquí las de él) pues vamos a ello y espero que no se asuste nadie, que todos tenemos un grado de locura.
En primer lugar, aunque no necesariamente por este orden, una cosa que me saca de quicio es que haya alguien aparcado en el vado (y, generalmente, no es por ninguna urgencia, sino porque el tío está en el bar de en frente tocándose los... mientras yo no puedo salir ni entrar de mi garaje). A veces, incluso está la calle llena de sitios para aparcar, pero se ve que el vado es más bonito y por eso dejan el coche allí. Sin embargo, lo que más me enciende es que si se paga al ayuntamiento un impuesto por tener un vado, que te den servicio. Que no llegue la grúa una hora después de que la llamaste, cuando ya te has peleado con el tipo que dejó el coche en tu vado y con treinta más que han tenido tiempo de aparcar mientras venía o, más bien, dejaba de venir, la grúa municipal. Y, encima, que si los ve la policía local no los multen. Así que, con ese panorama estamos vendidos. Encima de pagar al ayuntamiento por un servicio que no dan, pelea tras pelea con todos los tipos (y tipas) que quieran aparcar allí porque como saben que la grúa no viene... En esos momentos, debo confesar que me transformo de Dr. Jekill en Mr. Hyde y, cualquier día, rompo la ventanilla, quito el freno de mano, empujo el coche y que se quede en medio de la calle, pero que me deje pasar. Si luego viene a reclamar, que me denuncie. Todavía no lo he hecho, pero las ganas no me faltan, la verdad.
En segundo lugar, me gusta conducir a la velocidad justa 80/90 kms. hora en carretera y unos 100/110 en autovía, a no ser que haya que adelantar y pise más el acelerador. Me molesta muchísimo que me adelanten con raya contínua o de forma brusca y suicida. O que quieran ir a más velocidad de la debida cuando estoy reduciendo porque así lo dicen las señales. O que esté frenando para detenerme ante un semáforo y el idiota de turno me adelante y se lo salte en rojo. En ese momento me encantaría ser policía y quitar el carnet al individuo en cuestión. Lo malo es que, cada día tendría que quitar entre tres y cinco carnets como mínimo, porque hay mucho loco suelto por las carreteras.
Número tres: Desde que viví en Irlanda me enamoré de ese país y llevo un leprechaun (duende irlandés) colgando del espejo retrovisor del coche y una pegatina de Irlanda. Además, tengo la habitación llena de postales pegadas en el armario y la bandera de Irlanda (de un
St.Patrick's Day hace ya nueve años) colgada en la pared.
Número cuatro: Odio llevar falda y vestidos y zapatos de tacón. Me parece una incomodidad y, si no hay más remedio, me lo pongo. Pero sólo en caso de que no haya más remedio, si se puede pasar con un pantalón de vestir, por ejemplo, para ir a una boda, se pasa.
Número cinco: Jamás me maquillo ni me pinto los labios. Cuando era adolescente sí me gustaba pintarme a veces antes de salir, aunque nunca he sido muy exagerada con el maquillaje y la pintura, pero últimamente, es que ya me da igual todo. Tampoco me gusta ir a la peluquería y odio llevar cosas en el pelo (trenzas, coletas, etc.) no lo soporto, nunca me ha gustado. Prefiero llevar el pelo corto, liso y sin teñir, de mi color natural.
Número seis: Una de mis grandes manías es la puntualidad. Llego siempre como un cuarto de hora de antelación (cuando no es más) y, claro, me toca tragarme los quince minutos o media hora de retraso con la que suelen llegar mis compatriotas, con lo cual, me pego unos plantones esperando impresionantes.
Número siete: Nelson, ya sé que eran seis y pensaba que no llegaría porque no se me ocurría nada, pero ahora que estoy inspirada, una más. ;-) Odio llevar anillos y pendientes, ni siquiera tengo agujero para los pendientes porque a los tres años a una niña del colegio que llevaba los mismos pendientes que yo le tiraron de la oreja jugando y se la desgarraron, así que mi madre, por miedo, me los quitó, se me cerraron los agujeros con el tiempo y nunca me ha interesado volver a hacérmelos. No me gustan nada las joyas, a mí se me conquista con libros, que son mi perdición. Las joyas las guardaría en un cajón y no me las pondría nunca. O puede que me diera por venderlas y comprarme más libros, quién sabe.
Bueno, no voy a nombrar a nadie. Si alguien se apunta, que cuente sus puntos freakies o manías cotidianas.