Me pide Anaví que siga una cadena en la que se intenta concienciar de los problemas que tienen los niños en el mundo. Difícil añadir algo más a lo que ella ya ha expuesto tan bien
aquí. Sin embargo, me vienen a la mente dos libros que compré en Irlanda del Norte:
Children of the Troubles y
Children in Crossfire. (Los enlaces que he puesto no llevan a esos libros, pero tienen relación con ellos.)
El primero habla de los niños de Irlanda del Norte y cómo crecieron con el conflicto que vivían todos los días. La autora, Laurel Holliday, es americana y se dedicó a entrevistar a gente de ambas comunidades (católicos y protestantes) para saber cómo vivieron el día a día en la época más dura de lo que los irlandeses llaman "The Troubles" (los problemas o conflictos). Escribió una pequeña introducción sobre cada autor, dónde vivían en ese momento y en qué trabajan en la actualidad y luego les pidió que le dejaran sus diarios de la niñez o adolescencia, redacciones que habían escrito para el colegio, poemas, etc. y publicó el libro con todo ello, donde se puede leer cómo afectó esa situación a los niños.
No sé si está traducido al español, pero es un libro muy interesante y lo extraño es que la gente se prestara a hablar del tema, en una sociedad cuya máxima, supongo que por cuestión de supervivencia, ha sido siempre: "Whatever you say, say nothing" (digas lo que digas, no digas nada sobre ese tema).
Traduzco un poema de una niña de diez años, cosa interesante en los tiempos que corren, y pienso en Líbano y Palestina al transcribirlo:
"Bombas, balas, asesinatos y matanzas
eso es todo lo que he conocido
durante los diez años de mi vida.
No sé cómo empezó todo
pero cientos de familias se han quedado con el corazón roto.
Un alto el fuego llegó en agosto de 1994
más turistas y compradores en las tiendas que nunca.
La gente sonríe ahora, vive sin temores.
Hemos estado atrapados en esta pesadilla durante 25 años.
Así que, miremos todos hacia el futuro ahora
olvidemos el dolor del pasado
todos podemos vivir juntos
Hay paz por fin."
Y, no hay que olvidar tampoco palabras como estas, escritas por un chico protestante a los 21 años, reflexionando sobre el pasado: "Había lugares que nunca visité, gente que nunca vi, y cosas que no podía hacer porque implicarían cruzar la línea invisible y adentrarme en lo que era territorio católico". Frases tremendas por lo que implican, que te ponen los pelos de punta, como lo que describe una chica católica de 14 años (que acabó casándose con un protestante) sobre cómo se pueden perder las amistades en este tipo de conflictos:
"He jugado con ellos en la calle,
he compartido mis primeros años con una de ellas.
Estábamos juntas y compartíamos las chucherías,
cantábamos y saltábamos a la comba y lo pasábamos muy bien.
Y, de pronto, nos hicimos mayores,
la guerra empezó
y nos volvimos más valientes.
Ahora cuando nos encontramos
nunca nos hablamos
por miedo a los chicos de la calle
porque ella pertenece "al otro lado"."
El segundo libro,
Children in Crossfire (Niños en fuego cruzado) tampoco creo que esté traducido al español y también es muy interesante. Es un libro con redacciones escolares de niños y adolescentes (algunos, alumnos míos que me sorprendieron por lo bien que escribían) sobre temas como el hambre en el mundo y, concretamente, la gran hambruna que vivió Irlanda en 1848 y que hizo que muriera muchísima gente y otra mucha tuviera que emigrar, conflictos como el de Palestina, Irlanda del Norte, los judíos en la Segunda Guerra mundial, violencia en el hogar (padres que pegan a las madres, padres alcohólicos, padres que se pelean porque se van a divorciar y los niños lo sufren, etc.), el acoso escolar, etc. El libro lo publicó el ayuntamiento de Derry a beneficio de una ONG que se llama igual,
Children in Crossfire, cuyo enlace he puesto más arriba.
En resumen, que cualquier situación violenta (y no sólo por guerras o conflictos armados, sino también por violencia en el hogar, como he dicho antes) a los niños les afecta mucho, son los más indefensos, los que más lo sufren, los más vulnerables y a los que más debemos proteger, porque eso les afectará el resto de su vida. No sólo por las secuelas físicas, sino casi peor por las psicológicas.
Y ahora, se supone que debo nombrar a cinco más para que sigan la cadena en sus blogs, pero no voy a nombrar a nadie. Quien se dé por aludido y le interese el asunto, que la siga.
Artículo de El País sobre el tema.