viernes, 21 de marzo de 2014

Un sábado en Londres.

St. Paul's Cathedral con autobús y todo, foto para mi sobrino.
El sábado cada una queríamos hacer una cosa diferente, por eso quedamos a mediodía en Candem Town. Yo me fui a St. Paul's Cathedral, abrían a las 8'30 a.m. según había leído en su página web y ya llevaba la entrada comprada por internet para no tener que hacer cola. Pero tan pronto me fui, que al llegar justo a las 8'30 me dijo la vigilante de la puerta que aún faltaba un rato para abrir porque estaban haciendo una misa. No es verdad eso de que: "a quién madruga, Dios le ayuda", ¡ja, ja! Será que no por mucho madrugar, amanece más temprano.
El caso es que me fui a dar una vuelta por los alrededores y estuve haciendo fotos como esta hasta que llegó la hora de entrar. Fui casi la primera, había sólo dos o tres turistas más, un lujo. St. Paul's casi para mí sola, aunque luego se fue llenando, claro. Como la audioguía está incluida en la entrada, no me hicieron falta las audioguías que llevaba en el mp3. (Si os hacen falta algún día, están  en español aquí aquí y en inglés aquí, son páginas muy buenas con mucha información, en la segunda incluso vídeos, mapas...) Fui a mi ritmo por todos los rincones de la catedral y disfruté de la visita. Me imaginé el miedo que pasarían los voluntarios en la II Guerra Mundial vigilando por las noches para apagar las bombas incendiarias en caso de ataque, allí en la cúpula, por las escaleras angostas, a oscuras para que no los vieran los aviones enemigos y oyendo el zumbido de los motores sobrevolando la ciudad. A pesar de todo, yo también habría sido voluntaria nocturna, con tal de salvar esa maravilla para generaciones futuras.

A las once y pico me fui a Candem Town en metro y me encontré con unas españolas veinteañeras, estaba Londres lleno de españoles, supongo que suele ser habitual. Hasta entonces había ido en metro con Pilar y no me había fijado mucho, ahí tuve que espabilar yo sola y la verdad es que me pareció un poco lioso respecto a otros metros que conozco. Y eso que he estado en los de Praga y Budapest sin entender palabra de los cartelitos y de los nombres de las estaciones... El caso es que llegué a Candem y ya había bastante gente, aunque luego ya era agobiante estar allí. Me di una vuelta por las tiendas y le compré a mi sobrino un autobús de dos pisos y un mini que le encantaron, sobre todo el autobús, porque no sabía que hubiera autobuses de dos pisos. El otro día me pidió que le dibujara uno, pero con la barra para agarrarse los pasajeros, como el que yo le traje.

Cuando llegó la hora a la que habíamos quedado, fui a la estación de metro a recoger a mis compañeras de viaje, nos fuimos a ver los puestecitos y a comer a un restaurante cerca del canal. Luego seguimos curioseando por allí y, cuando decidimos volver, había tal cola y tanta gente se agolpaba en la estación de metro, que lo cerraron y nos tuvimos que ir andando a la anterior. Llegamos al centro de Londres y nos encontramos con hombres vestidos con camisetas de fútbol a rayas rojas y blancas pegando gritos medio borrachos (llevarían ya horas empinando el codo). No sé quién ganó, pero aquello empeoraba por momentos. Dimos una vuelta por Covent Garden y, cuando decidimos volver al albergue, la estación de metro que queríamos usar también estaba cerrada por el gentío que había y nos tocó otro paseíto hasta la siguiente.

Por fin llegamos a nuestro barrio, que estaba mucho más tranquilo, y preparamos la maleta para volver al día siguiente. Pilar y A. decidieron comprar algo en un supermercado y cenar en el albergue, pero C. y yo le echamos el ojo a una pizzería italiana y nos fuimos a cenar allí. Estaba también llena, así que, nos fuimos a dar un paseo hasta la estación de St. Pancras para conseguir un horario de trenes a fin de saber cuál teníamos que coger al día siguiente y volvimos a la pizzería, que ya se había vaciado un poco y tenía mesas libres. Al final, se nos hicieron las tantas y cuando llegamos Pilar y A. ya se habían acostado.

El domingo fue para despedirse y volver a casa. Como se me olvidó la tarjeta de crédito en España, llevaba sólo dinero en efectivo y cambié allí euros a libras porque me temía que me iba a quedar sin dinero. Total, que luego me sobró y me dediqué a hacer unas últimas compras en el Duty Free del aeropuerto. Londres sin tarjeta de crédito (en mi caso) y sin móvil en el caso de Pilar. No sé si en vez de un London Feminist Journey fue un Victorian London, porque tiene su mérito en estos tiempos que corren viajar sin esos dos elementos que se han vuelto imprescindibles en nuestra vida cotidiana.
                                   

viernes, 14 de marzo de 2014

London Feminist Journey 2.

Mi amiga Pilar organizó un viaje feminista a Londres en noviembre del año pasado, aunque luego no pudo ir debido a problemas familiares. ¿Por qué un viaje feminista? Porque eran todas mujeres, feministas, y porque Pilar hizo su tesis doctoral sobre las primeras mujeres doctoras en G. Bretaña. El caso es que, como el primer viaje se había tenido que realizar sin ella, le propuse hacer una segunda parte en febrero. Coincidió que ella y un par de amigas tenían unos días libres y yo también, así que, desde Málaga y Elche viajamos a Londres para encontrarnos.

La tarde en que llegué, tras varias peripecias, nos fuimos a dar un largo paseo que nos llevó al otro lado del río. Nos pusimos a andar y acabamos en la Feminist Library, donde conocimos a unos voluntarios muy majos (sí, había hombres en la biblioteca feminista, vimos a dos y a una mujer). Al salir cogimos el metro y nos fuimos al centro, donde reparamos fuerzas con una buena sopa en la cafetería de St. Martin in the Fields antes de seguir paseando por Trafalgar Square, Picadilly, Chinatown y Covent Garden.

Al día siguiente, nos fuimos a ver una exposición dedicada a Elizabeth Garrett Anderson, la primera mujer doctora en Gran Bretaña. Siguiendo las huellas de las primeras pioneras, fuimos paseando por el centro y viendo estatuas dedicadas a mujeres que lucharon por nuestra libertad y nuestros derechos, para que ahora podamos tener un trabajo digno, independencia, dinero para viajar a Londres y celebrarlo con ellas. Intentamos oír la voz de Virgina Woolf en la British Library, pero esa sala estaba temporalmente cerrada y no pudimos, habrá que volver.

Por la tarde fuimos al Museo de Londres, que es muy didáctico e interesante y tiene mucho que ver con el libro que recomendé en el post anterior, ya que el autor buscó allí fuentes de inspiración. Además, dedicó la novela a los conservadores del museo, por la ayuda prestada. Allí, entre otras muchas cosas, vimos una exposición sobre las primeras sufragistas, que pedían el voto para las mujeres mayores de 30 años, y no lo consiguieron hasta 1918.

Antes de acabar un día tan ajetreado en un pequeño restaurante cerca del albergue donde nos alojábamos, aún tuvimos tiempo de visitar la National Gallery, que cerraba ese día a las 9 pm. Para mí fue interesante ver in situ tantos cuadros que había visto en imágenes, al igual que otros muchos lugares de Londres que sólo había visto en fotos y películas. Fue un viaje especial, pero me quedé con ganas de más porque fue bastante corto.