Mi amiga Pilar organizó un viaje feminista a Londres en noviembre del año pasado, aunque luego no pudo ir debido a problemas familiares. ¿Por qué un viaje feminista? Porque eran todas mujeres, feministas, y porque Pilar hizo su tesis doctoral sobre las primeras mujeres doctoras en G. Bretaña. El caso es que, como el primer viaje se había tenido que realizar sin ella, le propuse hacer una segunda parte en febrero. Coincidió que ella y un par de amigas tenían unos días libres y yo también, así que, desde Málaga y Elche viajamos a Londres para encontrarnos.
La tarde en que llegué, tras varias peripecias, nos fuimos a dar un largo paseo que nos llevó al otro lado del río. Nos pusimos a andar y acabamos en la Feminist Library, donde conocimos a unos voluntarios muy majos (sí, había hombres en la biblioteca feminista, vimos a dos y a una mujer). Al salir cogimos el metro y nos fuimos al centro, donde reparamos fuerzas con una buena sopa en la cafetería de St. Martin in the Fields antes de seguir paseando por Trafalgar Square, Picadilly, Chinatown y Covent Garden.
Al día siguiente, nos fuimos a ver una exposición dedicada a Elizabeth Garrett Anderson, la primera mujer doctora en Gran Bretaña. Siguiendo las huellas de las primeras pioneras, fuimos paseando por el centro y viendo estatuas dedicadas a mujeres que lucharon por nuestra libertad y nuestros derechos, para que ahora podamos tener un trabajo digno, independencia, dinero para viajar a Londres y celebrarlo con ellas. Intentamos oír la voz de Virgina Woolf en la British Library, pero esa sala estaba temporalmente cerrada y no pudimos, habrá que volver.
Por la tarde fuimos al Museo de Londres, que es muy didáctico e interesante y tiene mucho que ver con el libro que recomendé en el post anterior, ya que el autor buscó allí fuentes de inspiración. Además, dedicó la novela a los conservadores del museo, por la ayuda prestada. Allí, entre otras muchas cosas, vimos una exposición sobre las primeras sufragistas, que pedían el voto para las mujeres mayores de 30 años, y no lo consiguieron hasta 1918.
Antes de acabar un día tan ajetreado en un pequeño restaurante cerca del albergue donde nos alojábamos, aún tuvimos tiempo de visitar la National Gallery, que cerraba ese día a las 9 pm. Para mí fue interesante ver in situ tantos cuadros que había visto en imágenes, al igual que otros muchos lugares de Londres que sólo había visto en fotos y películas. Fue un viaje especial, pero me quedé con ganas de más porque fue bastante corto.
La tarde en que llegué, tras varias peripecias, nos fuimos a dar un largo paseo que nos llevó al otro lado del río. Nos pusimos a andar y acabamos en la Feminist Library, donde conocimos a unos voluntarios muy majos (sí, había hombres en la biblioteca feminista, vimos a dos y a una mujer). Al salir cogimos el metro y nos fuimos al centro, donde reparamos fuerzas con una buena sopa en la cafetería de St. Martin in the Fields antes de seguir paseando por Trafalgar Square, Picadilly, Chinatown y Covent Garden.
Al día siguiente, nos fuimos a ver una exposición dedicada a Elizabeth Garrett Anderson, la primera mujer doctora en Gran Bretaña. Siguiendo las huellas de las primeras pioneras, fuimos paseando por el centro y viendo estatuas dedicadas a mujeres que lucharon por nuestra libertad y nuestros derechos, para que ahora podamos tener un trabajo digno, independencia, dinero para viajar a Londres y celebrarlo con ellas. Intentamos oír la voz de Virgina Woolf en la British Library, pero esa sala estaba temporalmente cerrada y no pudimos, habrá que volver.
Por la tarde fuimos al Museo de Londres, que es muy didáctico e interesante y tiene mucho que ver con el libro que recomendé en el post anterior, ya que el autor buscó allí fuentes de inspiración. Además, dedicó la novela a los conservadores del museo, por la ayuda prestada. Allí, entre otras muchas cosas, vimos una exposición sobre las primeras sufragistas, que pedían el voto para las mujeres mayores de 30 años, y no lo consiguieron hasta 1918.
Antes de acabar un día tan ajetreado en un pequeño restaurante cerca del albergue donde nos alojábamos, aún tuvimos tiempo de visitar la National Gallery, que cerraba ese día a las 9 pm. Para mí fue interesante ver in situ tantos cuadros que había visto en imágenes, al igual que otros muchos lugares de Londres que sólo había visto en fotos y películas. Fue un viaje especial, pero me quedé con ganas de más porque fue bastante corto.
8 comentarios:
Si me vieses, estoy haciendo el gesto de arañarme la cara. Muero de envidia sabes? Yo perdiendo el tiempo miserablemente para conseguir un papel y tu...ah..tu disfrutando de mi Londres querido. Cualquier viaje a Londre, salvo el definitivo, es corto. Me alegro que lo pasarais tan bien.
BRIDGET: Bueno, si hay un tercer London Feminist Journey, te aviso. O igual podemos quedar allí directamente para conocernos en persona, aunque no haya más Feminist Journeys.
Un abrazo.
Ea, a lo mejor es que se necesitan un par de semanas en Londres para disfrutarlo al máximo, eh?
jejejeje
Un beso grande!!
A mi siempre me falta tiempo cuando voy a Londres. Además aunque visite los mismos lugares, siempre encuentro cosas nuevas que me habían pasado desapercibidas.
Un besote
Londres, para lo que sea, siempre se queda corto. Y eso que es gris, gris...
LOURDES: Sí, creo que se necesitan por lo menos dos semanas. Pero no pasa nada, se puede ir y volver de vez en cuando.
Besos.
MONTSE: Sí, supongo que pasa en todas las ciudades. Cuando volvemos al cabo del tiempo, descubrimos las novedades. En la ciudad donde vivimos no lo vemos porque está ocurriendo al mismo tiempo que vamos al trabajo, que vamos a comprar... la vida cotidiana. En otras ciudades sí lo notamos.
Un abrazo.
MESTRE: Sí, estuvo un poco gris ese día de la foto porque llovió. Y en la mañana del día siguiente había algo de niebla o quizá fuera la contaminación, no sé.
¡¡Londres siempre nos queda corto....!!
Interesantísma la vida de Elizabeth Garrett Anderson ¡Qué gran mujer!
Besos
MYRIAM: Me alegro de que te haya gustado.
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