miércoles, 27 de junio de 2012

Desprecio al funcionario.

Me ha llegado esto por e-mail y me ha parecido muy interesante, así que, lo comparto: 

"Con el funcionariado está sucediendo lo mismo que con la crisis económica. Las víctimas son presentadas como culpables y los auténticos culpables se valen de su poder para desviar responsabilidades, metiéndoles mano al bolsillo y al horario laboral de quienes inútilmente proclaman su inocencia. Aquí, con el agravante de que al ser unas víctimas selectivas, personas que trabajan para la Administración pública, el resto de la sociedad también las pone en el punto de mira, como parte de la deuda que se le ha venido encima y no como una parte más de quienes sufren la crisis. La bajada salarial y el incremento de jornada de los funcionarios se aplaude de manera inmisericorde, con la satisfecha sonrisa de los gobernantes por ver ratificada su decisión.
Detrás de todo ello hay una ignorancia supina del origen del funcionariado. Se envidia de su status -y por eso se critica- la estabilidad que ofrece en el empleo, lo cual en tiempos de paro y de precariedad laboral es comprensible; pero esta permanencia tiene su razón de ser en la garantía de independencia de la Administración respecto de quien gobierne en cada momento; una garantía que es clave en el Estado de derecho. En coherencia, se establece constitucionalmente la igualdad de acceso a la función pública, conforme al mérito y a la capacidad de los concursantes. La expresión de ganar una plaza «en propiedad» responde a la idea de que al funcionario no se le puede «expropiar» o privar de su empleo público,  sino en los casos legalmente previstos y nunca por capricho del político de turno. Cierto que no pocos funcionarios consideran esa «propiedad» en términos patrimoniales y no funcionales y se apoyan en ella para un escaso rendimiento laboral, a veces con el beneplácito sindical; pero esto es corregible mediante la inspección, sin tener que alterar aquella garantía del Estado de derecho.

Los que más contribuyen al desprecio de la profesionalidad del funcionariado son los políticos cuando acceden al poder. Están tan acostumbrados a medrar en el partido a base de lealtades y sumisiones personales, que cuando llegan a gobernar no se fían de los funcionarios que se encuentran. Con frecuencia los ven como un obstáculo a sus decisiones, como burócratas que ponen objeciones y controles legales a quienes piensan que no deberían tener límites por ser representantes de la soberanía popular. En caso de conflicto, la lealtad del funcionario a la ley y a su función pública llega a interpretarse por el gobernante como una deslealtad personal hacia él e incluso como una oculta estrategia al servicio de la oposición. Para evitar tal escollo han surgido, cada vez en mayor número, los cargos de confianza al margen de la Administración y de sus tablas salariales; también se ha provocado una hipertrofia de cargos de libre designación entre funcionarios, lo que ha suscitado entre éstos un interés en alinearse políticamente para acceder a puestos relevantes, que luego tendrán como premio una consolidación del complemento salarial de alto cargo. El deseo de crear un funcionariado afín ha conducido a la intromisión directa o indirecta de los gobernantes en procesos de selección de funcionarios, influyendo en la convocatoria de plazas, la definición de sus perfiles y temarios e incluso en la composición de los tribunales. Este modo clientelar de entender la Administración, en sí mismo una corrupción, tiene mucho que ver con la corrupción económico-política conocida y con el fallo en los controles para atajarla.
Estos gobernantes de todos los colores políticos, pero sobre todo los que se tildan de liberales, son los que, tras la perversión causada por ellos mismos en la función pública, arremeten contra la tropa funcionarial, sea personal sanitario, docente o puramente administrativo. Si la crisis es general, no es comprensible que se rebaje el sueldo sólo a los funcionarios y, si lo que se quiere es gravar a los que tienen un empleo, debería ser una medida general para todos los que perciben rentas por el trabajo sean de fuente pública o privada. Con todo, lo más sangrante no es el recorte económico en el salario del funcionario, sino el insulto personal a su dignidad.
Pretender que trabaje media hora más al día no resuelve ningún problema básico ni ahorra puestos de trabajo, pero sirve para señalarle como persona poco productiva. Reducir los llamados «moscosos» o días de libre disposición -que nacieron en parte como un complemento salarial en especie ante la pérdida de poder adquisitivo- no alivia en nada a la Administración, ya que jamás se ha contratado a una persona para sustituir a quien disfruta de esos días, pues se reparte el trabajo entre los compañeros. La medida sólo sirve para crispar y desmotivar a un personal que, además de ver cómo se le rebaja su sueldo, tiene que soportar que los gobernantes lo estigmaticen como una carga para salir de la crisis. Pura demagogia para dividir a los paganos. En contraste, los políticos en el poder no renuncian a sus asesores ni a ninguno de sus generosos y múltiples emolumentos y prebendas, que en la mayoría de los casos jamás tendrían ni en la Administración ni en la empresa privada si sólo se valorasen su mérito y capacidad. Y lo grave es que no hay propósito de enmienda.
No se engañen, la crisis no ha corregido los malos hábitos; todo lo más, los ha frenado por falta de financiación o, simplemente, ha forzado a practicarlos de manera más discreta."

domingo, 17 de junio de 2012

Selectividad.

Estos días he estado acompañando a los alumnos a selectividad, lo cual me ha hecho volver a mis 18 años, cuando empecé la universidad y andaba, como ellos, por ese Aulario I con esos cuadros tan horrorosos de zapatos viejos rotos y quemados que, por mí, se habrían ido a la basura hace tiempo, pero igual son arte y valen un dineral, como decía el texto que les salió en inglés. Por cierto, creo que la comida en el Club social era más buena antes o igual es que yo era más joven, no sé.

 En estos días hemos buscado juntos las aulas y no sé quién ha pasado más nervios, si ellos antes de los exámenes o yo durante los exámenes haciendo los cien metros lisos de pasillo esperando a los primeros que salieran y me contaran cómo había ido la cosa. Hemos buscado un DNI perdido que menos mal que apareció a tiempo, me he quedado sin reloj un rato porque alguien lo necesitaba para examinarse y le he prestado el mío, les he perseguido para que me dijeran quién volvía en el autobús y quién se iba por su cuenta, porque no quería que se me perdiera nadie. Ha habido un mareo en el autobús de camino a la universidad, los nervios, pero no llegó la sangre al río. Han llamado a la radio para que les dedicaran canciones en el autobús y han cantado a la vuelta al acabar los exámenes. Espero que el esfuerzo compense, las notas sean buenas y puedan estudiar la carrera deseada. El día 21 lo sabremos.

lunes, 11 de junio de 2012

Lo que está pasando en este país.

Hoy me ha llegado este e-mail, he cambiado algunos datos para que no se reconozca a las personas implicadas, pero es absolutamente real: 

"Debería estar curado de espanto, pero no lo estoy, y algunas veces digo que no quiero dejar de llorar cuando me emociono porque eso quiere decir que sigo siendo humano. Acabo de pasarlo fatal. He llamado a una cliente porque ha devuelto una letra de algo menos de quinientos euros, es una cliente muy antigua. Era la voz de una mujer mayor, me ha dicho que lleva 20 años con la tienda y que esto no le había pasado nunca, y puedo dar fe de que jamás había devuelto una letra. Que el fin de semana no hizo nada de caja, que no vendió NADA, y que hoy ha vendido 60€. Se me ha puesto a llorar. Y sigo siendo una persona, no una máquina de reclamar dinero, y me siento mal. Ya se que no debo, que eso se llama “pista de salida”, y que no debo entrar en ese juego, que pierdo, pero no he podido, la he sentido tan sincera... Y no puedo dejar de preguntarme: ¿En qué se va a beneficiar esta mujer del rescate de España? ¿Y  yo?

Mañana me pondré mi disfraz de cobrador de impagados, y aunque digan los que nos dan cursos que no tengo que ser agradable, seré todo lo simpático, alegre y positivo que pueda para conquistar a esa voz del otro lado y conseguir cobrar."

sábado, 9 de junio de 2012

Rescate.

Tengo la sensación de que nos están tomando el pelo para que nos resignemos a aceptar un rescate económico sin quejarnos, sin protestar. ¿Por qué ahora y no hace un mes o dos, o un año? ¿Qué ha cambiado mientras tanto? ¿Lo de Bankia es real o se lo han inventado para asustarnos y que digamos: "La cosa está fatal, no hay más remedio. Sí, sí, que nos rescaten, por favor"? No sé, me quedan muchas dudas de las posibles manos negras que hay detrás, de la gente que se está forrando a costa de rompernos el lomo y de ese vendernos "un rescate suave" como si fuera la panacea, cuando lo vamos  a tener que estar pagando por lo menos treinta años. Es una hipoteca para el resto de nuestras vidas. ¿Quién me ha robado el mes de abril?, como cantaba Sabina cuando yo era adolescente.

Sin embargo, viendo romper las olas en la playa el domingo pasado, pensé que el mar estaba mucho antes que nosotros y seguirá mucho después, con su rutina de llegar a la orilla, retirarse y volver. El mar ha visto muchas cosas: crisis, guerras, hambrunas, vida, muerte... y ahí está, imperturbable. Quizá sea una de las pocas cosas a las que nos podamos agarrar todavía.