jueves, 27 de noviembre de 2008

Fin de semana bloguero.

Si el fin de semana pasado me quedé con las ganas de conocer a Cornelius, éste sí pude conocer a Marmack, quien vino a Elche. Nos pasamos el sábado de visita turística y también hablando, hablando y hablando hasta quedarme afónica (bueno, ya estaba resfriada previamente, con lo cual, no hizo falta mucho) no sólo sobre mi pueblo, sino también sobre "The Town I Love so Well", es decir, London/derry. Al menos, eso dice esta canción que yo llamo "el Aromas ilicitanos de Derry", porque la cantan siempre, del mismo modo que aquí cantamos "Aromas ilicitanos".




Tras ver casi palma a palma y tronco a tronco (que ya tiene mérito) sólo unas doscientas palmeras de las doscientas mil que hay en Elche, MA ya se cansó, obviamente, y, como de todas formas yo estaba afónica y no podía cantarle "Aromas ilicitanos", ni nada (aunque no por ello se va a librar, que se lo coloco en el vídeo siguiente), nos fuimos a una tetería. Creo que ahora ya entiende por qué mi foto de perfil de usuario es una palmera del Parque Municipal.



Además de palmeras, huertos y jardines, también vimos la basílica de Santa María, un museo sobre el Misterio de Elche y los baños árabes, aunque esto último el domingo, que son gratis. Tras un aperitivo con delicias de Elche (dátiles envueltos en bacon y con una almendra dentro) en el Parque Deportivo, como mandan los cánones ilicitanos, fuimos a la estación de tren, donde nos despedimos. Lástima que, como muchos de mis amigos son de fuera, los aeropuertos y estaciones sean siempre lugar de encuentro y de despedida hasta no se sabe cuándo.

Y eso fue el fin de semana. Fue una pena que yo no estuviera en mi mejor momento, porque no podía hablar mucho, tosía continuamente y me tenía que sonar los mocos, pero creo que vimos lo esencial de Elche y nos conocimos en persona, que fue también muy interesante. MA resultó ser un tío muy majo: simpático, con sentido del humor, pero también reflexivo, serio, con las ideas claras y un caballero. Sorprendentemente, un hombre con el que se puede hablar horas y horas de mil temas distintos sin cansarte e, incluso, quedarte afónica y seguir hablando en susurros porque la conversación lo vale, pues como dice Paco, del blog Viena directo, "lo que la gente nos enseña gratis, no tiene precio" y hay pocas personas con las que se pueda tener una buena conversación.

domingo, 23 de noviembre de 2008

Besos.

Hace poco, sin querer se creó una polémica entre los partidarios de Lorca y Machado en este blog y, aunque dije que siempre fui más de Machado, la verdad es que para mí Pedro Salinas es casi el mejor poeta español de todos los tiempos. Sobre todo, desde que leí a los veinte años:

"¡Si me llamaras, sí;
si me llamaras!
Lo dejaría todo, todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!"

Y también:


"Ayer te besé en los labios.
Te besé en los labios. Densos,
rojos. Fue un beso tan corto
que duró más que un relámpago,
que un milagro, más.
El tiempo
después de dártelo
no lo quise para nada
ya, para nada
lo había querido antes.
Se empezó, se acabó en él.

Hoy estoy besando un beso;
estoy solo con mis labios.
Los pongo
no en tu boca, no, ya no
—¿adónde se me ha escapado?—.
Los pongo
en el beso que te di
ayer, en las bocas juntas
del beso que se besaron.
Y dura este beso más
que el silencio, que la luz.
Porque ya no es una carne
ni una boca lo que beso,
que se escapa, que me huye.
No.
Te estoy besando más lejos."


Pero los cantantes son casi más expertos en besos que los poetas y, si no, que se lo pregunten a Víctor Manuel:






Y también a Carlos Goñi:



Pero en fin, habrá que volver a la vida real y corregir lo que me queda.

jueves, 20 de noviembre de 2008

Cazorla.



El viaje empezó con un pequeño contratiempo: se nos pinchó una rueda y menos mal que apareció la Guardia Civil para rescatarnos (no siempre están para multar, que conste) y gracias a ellos y a Antonio, que mantuvo el volante, es una anécdota que contar, pero estamos sanos y salvos. El caso es que perdimos tiempo mientras los talleres, compañías de seguros y demás se despertaban un sábado por la mañana y abrían el negocio, así que hubo que cambiar un poco los planes del fin de semana, pero al final salió todo bastante bien y lo disfrutamos.

Descubrí que tengo una capacidad tremenda para adaptarme a las circunstancias y que cuando hay un problema me centro en cómo se puede arreglar e intento colaborar con los demás para lograrlo, no salgo corriendo ni pongo pegas. Afortunadamente, la mayoría del grupo éramos así y por eso conseguimos poner cada uno su granito de arena para que las cosas salieran bien a pesar de los contratiempos. Especialmente cuando una del grupo se hizo un esguince y entre todos nos coordinamos para prestar ayuda, sobre todo, una enfermera que venía con nosotros. Menos mal que con el vendaje pudo bajar por su propio pie apoyada en dos bastones y, aunque ya llegamos a los coches anocheciendo, valió la pena el paseo lento por la sierra.



Cazorla estaba preciosa: unas cascadas impresionantes, ríos, verde por todas partes, montañas con formas diferentes... Sabía que me iba a gustar, pero nunca pensé que tanto. Además, todos estábamos igual de sorprendidos y encantados, con lo cual el buen humor se notaba. Eso sí, hacía bastante frío por la mañana temprano, desde Irlanda no había vuelto a ver escarcha sobre la hierba, y por la tarde, conforme se iba poniendo el sol también bajaron las temperaturas, lo cual, como siempre, me afectó a la garganta y, aunque he estado resistiendo lo posible estos días, hoy ya he caído y no he ido a trabajar porque me dolía mucho al hablar y al tragar.

Fue un viaje también para la reflexión, porque la naturaleza te hace pensar en que los seres humanos jamás deberíamos habernos separado de ella, por todo lo que nos aporta. Deberíamos estar integrados en ella, como nuestros antepasados. Además, como estos días he estado leyendo el libro que me regaló M.F. por mi cumpleaños, El alquimista, también me hizo pensar en todo eso de seguir la leyenda personal, el lenguaje del mundo y si será verdad que cuando deseamos algo el universo entero conspira para que se cumpla.




Al final las cosas salieron de forma diferente a lo previsto y no pude conocer a Cornelius pero, a cambio, hablé con su mujer por teléfono y comprobé que es encantadora, como ya era de suponer tras leer el blog de su marido y los posts que le dedica a veces. Por tanto, queda pendiente conocernos en otra ocasión.

viernes, 14 de noviembre de 2008

Blogs.

¿Cómo explicar a alguien que no ha blogueado nunca lo que es un blog, cómo funciona, los vínculos que se crean tan fuertes...? Quiero crear un blog para el trabajo y he estado explicándoles a mis compañeros qué es, cómo funciona, cómo podemos usarlo en clase, etc. Como siempre, hay gente muy dispuesta, con muchas ganas de empezar, y otra no tanto porque no usan las nuevas tecnologías en su vida cotidiana. Pero lo más complicado es explicar qué se siente teniendo blog, por qué las amistades son tan fuertes sin habernos visto nunca.

Al final creo que lo logré y mi compañera M., que parece por ahora ser la más entusiasta en el proyecto, me dijo que entendía perfectamente que, al escribir, nos abrieramos más en la distancia y el no estar cara a cara y que eso llegara a formar una relación muy especial. Además, le parecía una forma muy interesante de conocer a gente. Me estuvo preguntando si se podían subir fotos, si las iba a ver todo el mundo o se podía seleccionar a las personas que querías que las vieran... Así que, espero que pronto tengamos una nueva bloguera por estos mundos, a ver si se anima del todo, que seguro que tiene mucho que contar. (Y nosotros que leer si se decide a escribirlo.)

Este fin de semana me voy a Cazorla a hacer senderismo, Metis me acompañará en otra ocasión a otro viaje, que ya estuvimos hablando del tema cuando me llamó hace un par de semanas o así. Y espero poder conocer el domingo a Cornelius, a ver si hay tiempo en la apretada agenda del viaje. Además, espero conocer también a Marmack la semana que viene, si es posible. Poco a poco vamos poniendo cara y voz a los amigos.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Guitarra.

Mira que no me gusta nada Federico García Lorca, pero este poema lo bordó:


"La guitarra
Empieza el llanto
de la guitarra.
Se rompen las copas
de la madrugada.
Empieza el llanto
de la guitarra.
Es inútil
callarla.
Es imposible
callarla.
Llora monótona
como llora el agua,
como llora el viento
sobre la nevada.

Es imposible
callarla.
Llora por cosas
lejanas.
Arena del Sur caliente
que pide camelias blancas.
Llora flecha sin blanco,
la tarde sin mañana,
y el primer pájaro muerto
sobre la rama.
¡Oh guitarra! Corazón malherido
por cinco espadas."






Aunque yo fui siempre más de Antonio Machado:

"Guitarra del mesón que hoy suenas jota,
mañana petenera,
según quién llega y tañe,
las empolvadas cuerdas.

Guitarra del mesón de los caminos
no fuiste nunca ni serás poeta.

Tú eres el alma que dice su armonía
solitaria las almas pasajeras...
y siempre que te escuche el caminante
sueña con un aire de su tierra.

Guitarra del mesón que hoy suenas jota,
mañana petenera,
según quién llega y tañe,
las empolvadas cuerdas.

Guitarra del mesón de los caminos
no fuiste nunca ni serás poeta."


En fin, que me he comprado una guitarra. Ahora tendré que aprender a tocarla.

domingo, 2 de noviembre de 2008

Textos "robados" 2.

Viene del post anterior, a quién le interese, que lo lea entero incluso los comentarios. Aquí sólo he puesto un poco de orden en los textos para no liarnos. La historia, por ahora, está así:


Recuerdo que te llamé desde la playa. Qué cercana y qué lejos. No te lo dije: me quité la corbata, los zapatos y remangué los bajos del pantalón para caminar por la arena. La Barceloneta estaba tranquila: unos niños jugaban en el patio de un colegio, unas chicas se apoyaban inverosímiles sobre una pared para contarse historias de amor y cigarrillos tempranos. Unos viejos jugaban quizá la última partida al aire libre. Pasó una joven atractiva haciendo deporte. A mi derecha, el Maremagnum equilibraba de modernidad el aire. Frente a mí, unos jóvenes soñaban olas de otros lugares. Recuerdo que te llamé desde la playa para decirte que volvía a mi habitación, que todo había salido bien, que Barcelona hervía en ruido y gente. Te dejé que oyeras el mar, que te llamaba. (Pedro Ojeda Escudero.)


Recuerdo que me llamaste desde la playa, ¿cómo olvidar tu voz alegre por las buenas noticias y aquella forma de decirme "te quiero"? Me costó encontrar el móvil en el fondo del bolso, sonando con tanta urgencia que me puse nerviosa y me volví torpe, sabiendo que eras tú quién llamaba y no podía encontrar el maldito trasto. Pero al final contesté y las piedras de aquella plaza castellana tan sobria se volvieron multicolores al oír tus palabras. Llovía aquel mediodía de finales de octubre en que yo cruzaba la plaza, sin paraguas, como siempre, soy así de desastre, ¿qué le vamos a hacer? Nadie es perfecto.

Me estaba empapando con esa lluvia fina y eterna que parece nada pero acaba calándote hasta los huesos. Hacía un poco de fresco y la mano con la que sujetaba el teléfono se me heló, aunque no lo noté hasta mucho después de colgar. ¿Cómo sentir el frío estando contigo aunque sea en la distancia?

Me llamaste desde la playa y me dejaste oír el mar. O la mar, ¿quién sabe? De repente, volvieron todos los veranos de mi niñez que, como canta Serrat, "sigue jugando en tu playa" porque yo también nací en el Mediterráneo. Me subió una ola de nostalgia del pecho a la garganta y la emoción apenas me dejó decirte: "Te quiero, te echo de menos, vuelve pronto." ¿Cómo olvidar esa llamada tuya desde la playa, que me hizo saber en ese preciso instante el amor inmenso que te tengo? (Amelche.)

...Colgué, mientras las nubes se alejaban sobre mi cabeza empujadas por un viento, furioso por momentos, se iban como se fue tu voz, como se alejó tu palábra calida de mi oído. Consciente ahora de mi soledad y de ese frío inexistente mientras te sentí cerca... Los viejos se alejaban ya, las chica con sus risas y misterios ya no estaban, mientras yo abría la nueva espera, para volver a escuchar tu voz... (Brujita.)


Entonces me acosté pensándote, saboreándote en la distancia sintiendo que tú también, en ese preciso instante, estabas conmigo y gocé ¡cómo gocé...! (Merche Pallarés.)

(Provisionalmente lo coloco aquí mientras pienso qué hacer porque, como le he dicho a Bridget, creo que su texto sería mejor colocarlo en lugar del mío.) Recibí tu llamada desde la playa. Yo, acostada en la cama, enredada en mis cabilaciones, le brazo ocultandome de la luz. Me contabas que la Barceloneta estaba tranquila, se oía a los niños jugar, que todo estaba bien. Tu voz sonaba acelerada. Te imaginé gesticulando en medio del paseo, mirando al mar y pensando en mi. Imagino que desde el Maremagnum hasta la playa corriste para dejar atrás el nerviosismo con el que habías salido de tu habitación para enfrentarte al nerviosismo de llamarme a mi. Recibí tu llamada desde la playa. Oí tu sonrisa através del teléfono cuando me dijiste que todo saldría bien. Que seríamos felices en Barcelona, que lo sabías porque veías el mar. El silencio nos envolvió. Repetiste que todo saldría bien. En ese momento aparté el brazo, la luz lo inundó todo y yo también pude ver el mar. (Bridget.)


O tal vez… soñé tu llamada, imaginé tu voz cálida como una caricia, sentí tus brazos envolviéndome, compartí tu risa sincera… Tal vez tú no existas, o no fue mi número el que marcaste… pero yo soñé, o imaginé o realmente recibí tu llamada… Sólo sé que en aquella tarde lluviosa me llegó un envolvente soplo de afecto y de deseo, y me sentí amada, comprendida, entendida, deseada, libre y acompañada, y me levanté de la cama revuelta con lágrimas, suaves lágrimas bailando en las pestañas, pero alegre por dentro, fuerte de nuevo para retomar la vida, real, esa sí real, que me esperaba tras la puerta de la alcoba. (Sofía)

Y Alberto sigue con la versión masculina (corrígeme si me equivoco): Sí, iba a regresar a mi habitación, a revivir tu aliento, tu sonoridad, tus manos. Entonces pasé por delante de aquella dársena. De un barco negro salían hombres negros como esscupidos de la boca del dragón. Me lo quedé mirando. Quería volver a la calidez de tu recuerdo, pero algo me impulsaba a mirar. Mi retina se cubrió de agua salada, de bravo oleaje, de piratas de otro tiempo. ¿Qué podía hacer? ¿Seguir mis deseos o dejarme atrapar por aquel férreo imán que me atraía como una sirena?Quise que tu fueras mi sirena, pero no… el destino me tenía reservada otra.

Uno de aquellos pasajeros del infierno se dirigía a mí rápidamente. Quise huir pero no pude. ¿Quién era aquél que me buscaba? ¿Por qué necesitaba esperarle? ¿Qué fuerza tenía? Era fornido, musculoso, seguro de sí… Sus ojos atormentados me suplicaban. Eran unos ojos negros, profundos, abismales. ¿Qué misterios encerraban? Por cierto, no sé si lo ves en tu ordenador, Alberto, pero he puesto los distintos trozos en diferentes colores: azul el de Pedro, verde el mío, rojo el de Brujita, naranja el de Merche y lila el de Sofía. Y ahora he añadido en negro el de Bridget y el tuyo.