Viene del post anterior, a quién le interese, que lo lea entero incluso los comentarios. Aquí sólo he puesto un poco de orden en los textos para no liarnos. La historia, por ahora, está así:
Recuerdo que te llamé desde la playa. Qué cercana y qué lejos. No te lo dije: me quité la corbata, los zapatos y remangué los bajos del pantalón para caminar por la arena. La Barceloneta estaba tranquila: unos niños jugaban en el patio de un colegio, unas chicas se apoyaban inverosímiles sobre una pared para contarse historias de amor y cigarrillos tempranos. Unos viejos jugaban quizá la última partida al aire libre. Pasó una joven atractiva haciendo deporte. A mi derecha, el Maremagnum equilibraba de modernidad el aire. Frente a mí, unos jóvenes soñaban olas de otros lugares. Recuerdo que te llamé desde la playa para decirte que volvía a mi habitación, que todo había salido bien, que Barcelona hervía en ruido y gente. Te dejé que oyeras el mar, que te llamaba. (Pedro Ojeda Escudero.)
Recuerdo que me llamaste desde la playa, ¿cómo olvidar tu voz alegre por las buenas noticias y aquella forma de decirme "te quiero"? Me costó encontrar el móvil en el fondo del bolso, sonando con tanta urgencia que me puse nerviosa y me volví torpe, sabiendo que eras tú quién llamaba y no podía encontrar el maldito trasto. Pero al final contesté y las piedras de aquella plaza castellana tan sobria se volvieron multicolores al oír tus palabras. Llovía aquel mediodía de finales de octubre en que yo cruzaba la plaza, sin paraguas, como siempre, soy así de desastre, ¿qué le vamos a hacer? Nadie es perfecto.
Me estaba empapando con esa lluvia fina y eterna que parece nada pero acaba calándote hasta los huesos. Hacía un poco de fresco y la mano con la que sujetaba el teléfono se me heló, aunque no lo noté hasta mucho después de colgar. ¿Cómo sentir el frío estando contigo aunque sea en la distancia?
Me llamaste desde la playa y me dejaste oír el mar. O la mar, ¿quién sabe? De repente, volvieron todos los veranos de mi niñez que, como canta Serrat, "sigue jugando en tu playa" porque yo también nací en el Mediterráneo. Me subió una ola de nostalgia del pecho a la garganta y la emoción apenas me dejó decirte: "Te quiero, te echo de menos, vuelve pronto." ¿Cómo olvidar esa llamada tuya desde la playa, que me hizo saber en ese preciso instante el amor inmenso que te tengo? (Amelche.)
...Colgué, mientras las nubes se alejaban sobre mi cabeza empujadas por un viento, furioso por momentos, se iban como se fue tu voz, como se alejó tu palábra calida de mi oído. Consciente ahora de mi soledad y de ese frío inexistente mientras te sentí cerca... Los viejos se alejaban ya, las chica con sus risas y misterios ya no estaban, mientras yo abría la nueva espera, para volver a escuchar tu voz... (Brujita.)
Entonces me acosté pensándote, saboreándote en la distancia sintiendo que tú también, en ese preciso instante, estabas conmigo y gocé ¡cómo gocé...! (Merche Pallarés.)
(Provisionalmente lo coloco aquí mientras pienso qué hacer porque, como le he dicho a Bridget, creo que su texto sería mejor colocarlo en lugar del mío.) Recibí tu llamada desde la playa. Yo, acostada en la cama, enredada en mis cabilaciones, le brazo ocultandome de la luz. Me contabas que la Barceloneta estaba tranquila, se oía a los niños jugar, que todo estaba bien. Tu voz sonaba acelerada. Te imaginé gesticulando en medio del paseo, mirando al mar y pensando en mi. Imagino que desde el Maremagnum hasta la playa corriste para dejar atrás el nerviosismo con el que habías salido de tu habitación para enfrentarte al nerviosismo de llamarme a mi. Recibí tu llamada desde la playa. Oí tu sonrisa através del teléfono cuando me dijiste que todo saldría bien. Que seríamos felices en Barcelona, que lo sabías porque veías el mar. El silencio nos envolvió. Repetiste que todo saldría bien. En ese momento aparté el brazo, la luz lo inundó todo y yo también pude ver el mar. (Bridget.)
O tal vez… soñé tu llamada, imaginé tu voz cálida como una caricia, sentí tus brazos envolviéndome, compartí tu risa sincera… Tal vez tú no existas, o no fue mi número el que marcaste… pero yo soñé, o imaginé o realmente recibí tu llamada… Sólo sé que en aquella tarde lluviosa me llegó un envolvente soplo de afecto y de deseo, y me sentí amada, comprendida, entendida, deseada, libre y acompañada, y me levanté de la cama revuelta con lágrimas, suaves lágrimas bailando en las pestañas, pero alegre por dentro, fuerte de nuevo para retomar la vida, real, esa sí real, que me esperaba tras la puerta de la alcoba. (Sofía)
Y Alberto sigue con la versión masculina (corrígeme si me equivoco): Sí, iba a regresar a mi habitación, a revivir tu aliento, tu sonoridad, tus manos. Entonces pasé por delante de aquella dársena. De un barco negro salían hombres negros como esscupidos de la boca del dragón. Me lo quedé mirando. Quería volver a la calidez de tu recuerdo, pero algo me impulsaba a mirar. Mi retina se cubrió de agua salada, de bravo oleaje, de piratas de otro tiempo. ¿Qué podía hacer? ¿Seguir mis deseos o dejarme atrapar por aquel férreo imán que me atraía como una sirena?Quise que tu fueras mi sirena, pero no… el destino me tenía reservada otra.
Uno de aquellos pasajeros del infierno se dirigía a mí rápidamente. Quise huir pero no pude. ¿Quién era aquél que me buscaba? ¿Por qué necesitaba esperarle? ¿Qué fuerza tenía? Era fornido, musculoso, seguro de sí… Sus ojos atormentados me suplicaban. Eran unos ojos negros, profundos, abismales. ¿Qué misterios encerraban? Por cierto, no sé si lo ves en tu ordenador, Alberto, pero he puesto los distintos trozos en diferentes colores: azul el de Pedro, verde el mío, rojo el de Brujita, naranja el de Merche y lila el de Sofía. Y ahora he añadido en negro el de Bridget y el tuyo.