Hace veinte días, después de trabajar, nos fuimos en dirección a Aranjuez. Hacía bastante frío, incluso había nevado un poco en los campos y había restos de nieve al borde de la autopista. Casi nos helamos al salir del coche cuando paramos a merendar en un área de servicio, menos mal que las palmeritas de chocolate nos hicieron entrar en calor de nuevo. Nuestro destino final era Cáceres, pero habíamos pensado viajar por etapas, tanto a la ida como a la vuelta, para ir más relajadas. Por eso decidimos hacer noche en Aranjuez.
Nos perdimos un poco a la entrada de Aranjuez, pero al final llegamos al hotel y, para mi sorpresa, aparcamos en la misma puerta. Había un montón de sitio para aparcar, no sé si porque, al ser puente, todo el mundo se había ido de vacaciones o porque es habitual encontrar aparcamiento allí. Como hay crisis y hay que ahorrar, nos habíamos llevado comida para hacer picnics y cenamos en la habitación. Después nos atrevimos a dar un paseo con un frío que pelaba y, por la calle, nos encontramos a tres mujeres que también estaban desafiando al mal tiempo y les preguntamos por una cafetería para desayunar un buen chocolate. Nos indicaron varias, dimos una vuelta para localizarlas y así, a la mañana siguiente ya fuimos directas al lugar adecuado. Seguía haciendo tanto frío que casi se me congela la mano por estar hablando por el móvil sin guantes durante cinco minutos.
En la foto se puede ver la escarcha en los jardines.
Decidimos dar una vuelta por los jardines, pero no era el momento perfecto, no sólo por el frío, sino porque en esta época del año los árboles están sin hojas y no tienen el esplendor de la primavera. Así que, antes de congelarnos más, nos metimos en el palacio real, hicimos la visita guiada y, al salir, cogimos el coche otra vez para irnos a Cáceres. Por la radio escuchamos las noticias sobre la huelga de controladores y el estado de alarma y nos alegramos de no haber viajado en avión, pero a mí no me hizo ninguna gracia lo del estado de alarma. Me parece que militarizar la vida civil no conduce a nada bueno y, una vez destapada la caja de Pandora, cualquier gobierno con cualquier excusa puede utilizarlo en contra de cualquier ciudadano. Me parece algo muy peligroso, que nos quita derechos y nos iguala a las dictaduras. Hablando del tema y de otros muchos, se hizo la hora de comer algo y, como ya habíamos recorrido varios kilómetros, decidimos parar en una área de servicio para comernos otro picnic en el coche.