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domingo, 27 de abril de 2025

14 años.

 Hace 14 años estábamos también de vacaciones de Semana Santa y estábamos todos deseando verte. Durante tus primeros años, pensaba cómo serías cuando llegaras a la adolescencia, lo que te diría cuando ya hablaras y me pudieras entender, las conversaciones que tendríamos, lo que pensarías de lo que te había estado escribiendo durante meses y años, desde mucho antes de nacer. El Sergio del futuro estaba en clase conmigo, podrías ser como alguno de mis alumnos, siempre el mismo modelo, por su puesto: formal, educado, que sacara buenas notas. No iba a consentir que un sobrino mío fuera un golfo redomado, porque me iba a enfadar mucho. Menos mal que, por ahora, has salido bastante parecido a como yo te imaginaba...

Me gusta que te gusten los idiomas y viajar, no sé si he contribuido en algo en ello al hablarte en inglés cuando eras muy pequeño. Espero que sea verdad lo de que los nacionalismos se curan viajando y se te vaya quitando, poco a poco, esa parte retrógrada que no nos gusta a tu madre ni a mí, pero es la que está de moda en tu generación. Espero que gane la parte sensible del amor a los animales, de la curiosidad de descubrir cosas, como cuando os estuve contando el modernismo en la casa modernista de Novelda y tocaste la puerta para comprobar si lo que yo decía, era verdad. 

He viajado contigo, sin ti, mandándote fotos, audios, vídeos, contándote cosas antes, durante y después del viaje, aunque lo que más me gusta, es viajar contigo y enseñarte el mundo. A ver si pronto nos podemos volver a ir de viaje. 

Feliz cumpleaños, te dedico la canción que Rozalén le dedicó a su sobrino, yo siento lo que cuenta ella, como tía: 



domingo, 24 de mayo de 2015

Votar.

A mi hermana le ha tocado ser presidenta de una mesa electoral, así que esta mañana mi sobrino y yo nos hemos ido a verla. No estaba muy lejos del chalet, así que hemos ido andando. He tenido que acompasar mi manera de andar rápida a los pasos de un niño de cuatro años. A mitad de camino se para, mira para atrás y le pregunto: "¿Estás cansado? ¿No quieres seguir?" Me contesta: "Estamos muy lejos de casa." Son cinco minutos andando, pero para él es una aventura. 

Llegamos, saludamos a mi hermana, le enseño que es un colegio como el suyo, con canastas de baloncesto en el patio (en su cumpleaños le regalé una canasta que atamos a un árbol, y he comprado también dos pelotas, para recordar viejos tiempos, cuando yo jugaba al baloncesto), le enseño las papeletas y las urnas, incluso las cortinas para esconderte y que nadie se entere de lo que votas. Viene la vecina con sus dos hijos, la saludamos, hablamos un rato, mi sobrino calla, tímido. 

Volvemos a casa. Se hace el remolón diciendo que está cansado, le contesto que bueno, que lo llevo en brazos, pero sólo un trozo que no tiene acera. Cuando lleguemos a la acera, tiene que ir andando porque si no, me canso yo. Así lo hacemos.

martes, 2 de julio de 2013

Mi sobrino.

Sobrino: "Un avión."

Yo mirando por todas partes y, al final, lo veo pequeñísimo allá arriba. ¡Qué vista, tiene el tío! Le contesto:

-Está muy alto.

-Está muy alto, no se puede coger. -me dice.

-No, no se puede coger. - confirmo.

-Con una escalera.

¿De dónde ha salido este niño que con dos años contesta esto?

jueves, 2 de mayo de 2013

Ya tienes dos años.

Ya tienes dos años. Lo celebramos el sábado con una tormenta que te asustó y te hizo esconderte en el comedor y no querer salir a soplar las velas de tu tarta. Ya tienes dos años y estás contento con tus regalos, tus juguetes. Te sorprendes al vernos a todos juntos, todos tus abuelos y tus tíos, porque siempre nos ves por separado. Pero te acostumbras enseguida.



Hoy, los dos solos y sin lluvia, hemos arrastrado el tractor hasta la puerta. Tú querías salir a la carretera, yo quería volver a casa. Entonces ha ladrado el perro del vecino y te has asustado. Me has echado los brazos para que te cogiera, así que te he llevado en brazos de vuelta a tus padres, a tus abuelos, a la seguridad de la casa. Te preocupaba dejar el tractor allí, pero te has convencido cuando has visto que agarraba la cuerda para llevarlo a rastras con nosotros de vuelta. Te abrazabas a mí buscando protección y te besaba en la frente. Después te he columpiado y cantado canciones infantiles en inglés, que has coreado con tu lengua de trapo. También te he cantado canciones irlandesas como "Molly Malone" y "Oh, Danny boy" y me has llevado al puzzle que hace de alfombra en el comedor para sacar la A y decirme: "La A de Ana". Antes de todo eso, te lo has pasado bomba jugando con "la pala azul", "la pala verde" (aquella que encontré el año pasado abandonada en la playa y te la traje), "el rastrillo", "el camión", "los caracoles", todas esas cosas que ya sabes nombrar. "¡Cuántas flores!", has exclamado al ver las margaritas que había cogido tu abuela. Ya tienes dos años y se te nota.



viernes, 22 de marzo de 2013

Mi sobrino.

Te pregunto en inglés de qué color son las cosas y me contestas en castellano, diciendo las última sílabas de los colores: "ul" es "azul", "erde" es "verde", "coco" es "rojo", "illo" es "amarillo"... Pero no te equivocas nunca, te lo sabes todo y da igual que te lo pregunte en inglés porque también me entiendes, aunque no sepas los colores en inglés. Y te digo: "¡Excellent!" y tú repites: "lent". Jugamos con la carretilla, te señalo la rueda diciendo: "It's a wheel" y repites: "wheel". Sin darte cuenta, estás aprendiendo inglés. Tu padre te mira sorprendido, sin decir nada, mientras te canto: "Head, shoulders, knees and toes" y tu repites sólo "head", pero me entiendes, sabes decirlo en español ya y no te sorprende que yo llame a la cabeza, los hombros, las rodillas y los dedos de los pies de otra manera. Tienes un camión con unas letras, te señalo la A y la pronuncio en español. Tú dices "na" para completar mi nombre, Ana, y te como a besos porque eres muy listo y estoy muy orgullosa de ti, porque aún no tienes dos años y las primeras palabras en inglés de tu vida te las he enseñado yo.

martes, 5 de febrero de 2013

Mi sobrino.

Tus padres se han ido a comprar y te has quedado con tus abuelos y conmigo. Hace frío y viento fuera, por eso estamos en el comedor de la casa con la estufa puesta, pero te has cansado de jugar allí y de explorar las otras habitaciones en busca de las bicicletas muertas de risa hace años, desde que dejamos de ser adolescentes. Te empeñas en tocar los pedales mientras te digo: "Es la bici de tu tía N., es la bici del papa" y contestas, señalándola: "Papa, papa". Te has cansado de tocar los imanes de la nevera en la cocina, de tirar de todas las puertas de los armarios y de ir a la habitación de tus abuelos a ver el ventilador, que te encanta. Ahora quieres salir a los bancales, a coger caracoles del suelo y guardarlos en tu jarrón, a pisar la tierra, coger limones, señalar a las hormigas... 

Sin embargo, hace frío y no encuentro ninguna chaqueta tuya. Quizá tu madre no la trajo porque ibas a estar dentro de casa. Da igual porque ni el viento huracanado ni la falta de chaqueta nos va a impedir salir, tu tía Ana es una mujer de recursos. Me quito el forro polar y te lo pongo. Ni protestas ni te parece extraño, me gusta que no seas un niño delicado. Te doblo las mangas que te vienen gigantes, claro. El resto no lo puedo doblar, te queda como una especie de falda encima de tu ropa, pero puedes andar, por tanto, no hay problema. Afortunadamente, eres un niño alto para tu edad. Me llegas casi a la cintura y mido 1'70. Yo me pongo mi abrigo y salimos a coger limones, que te guardo en los bolsillos. Luego nos vamos a pasear por el camino pero, a la mitad, me da miedo que cojas frío en el cuello porque mi forro polar te viene tan grande que no te lo tapa bien, así que nos volvemos.

Tu abuela sale a la porchada a ver por dónde estamos, te ve con esas pintas que llevas y se parte de risa. Se va a por la cámara, pero como no puede parar de reirse casi no atina a sacarnos una foto.

jueves, 1 de noviembre de 2012

La primera letra del abecedario.

 A veces tus padres se van a comprar y te quedas con tus abuelos y conmigo, así que aprovecho para cantarte canciones infantiles en inglés, que luego reconoces en el vídeo que te regalé, según me cuenta tu madre. No las cantas aún, pero te tocas los pies como yo te he enseñado al cantar: "Head, shoulders, knees and toes". Te llevo a pasear por los bancales que trabajó mi bisabuelo y te sigo hablando en inglés mientras me miras muy serio, como pensando: "¿Qué le pasa a mi tía en la boca, si antes hablaba en castellano?" 

Volvemos a la porchada y juegas con tus camiones, señalas las hormigas y sacas las piezas del puzzle de colores que te hace de alfombra. De entre todas las letras, números y dibujos de animales, te señalo la A y la marco con el dedo mientras la pronuncio: "A, la A de Ana". Pero sigues sin nombrarme, no sabes cómo me llamo. Los otros son: "Mama, papa, yayo, yaya", pero yo no soy nadie. Bueno, a veces soy: "tata" o "mamapapa", alguien de la familia, pero que no se sabe muy bien cómo describir. Yo insisto en que me llames "Ana", pero no hay manera. Sin embargo, al día siguiente, cuando te levantas te vas directo al puzzle y le dices a tu madre: "A", señalando la letra que te enseñé ayer. Y luego se lo dices también a tu abuela. Cuando llego a comer, me enseñas la letra y la pronuncias. Al menos, te acuerdas de algo, aunque no sepas decir mi nombre. Luego, por la tarde, paseando miras al suelo y exclamas: "A". Tu abuela se ríe porque piensa que estás usando la A para todo, pero yo me fijo en lo que has señalado y, seria, le digo: "Ven a ver esto". Porque resulta que hay una pinza de madera, rota, en el suelo y sus dos trozos forman un triángulo como una A mayúscula. Ya no reconoces la A sólo en el puzzle de goma, sino también en otros sitios. "¡Pero si sólo tiene año y medio!", se asombra tu abuela cuando le explico lo que has descubierto. Le contesto: "Pues a los tres años sabrá leer" y te como a besos mientras te prometo: "Te voy a enseñar inglés, alemán y todo lo que tú quieras. ¡Qué niño más listo!". Ya sabes la primera letra del abecedario, la inicial de tu primer apellido. Y te la he enseñado yo.

miércoles, 25 de julio de 2012

27 de abril.

Hoy hemos celebrado tu primer cumpleaños en el campo, como tantos y tantos cumpleaños nuestros. Al llegar tus abuelos maternos y tus tíos, estabas durmiendo. Has dormido un montón de rato. Tu padre ha intentado despertarte, pero tu madre le ha dicho que no, que así comíamos tranquilamente y luego te despertábamos. Al final, cuando has salido a la porchada y has visto a tanta gente, te has quedado alucinando. Creo que no entendías cómo había tanta gente, si nunca la hay y, además, estabas sorprendido de que nos conociéramos todos, porque siempre nos ves por separado. Nos ibas mirando uno a uno, como pensando: “Y también está este, y aquella…”

   Tu abuelo paterno ha hecho carne a la brasa y salchichas y tu abuela materna una tarta de galletas con chocolate, aunque también ha traído otra de pastelería. Te hemos puesto una de las velas que tenemos por ahí de otros cumpleaños y querías cogerla por la llama. Te hemos cantado “cumpleaños feliz” y luego yo te lo he cantado en alemán a solas. Me has llevado a andar y hemos dado la que creo que es tu primera vuelta por la acera al chalet, ¡con la de vueltas que habremos dado tu tía, tu padre y yo de pequeños! Luego hemos ido al bancal a coger limones para tu abuela materna y también hemos visto hormigas y alguna almendra que había en el suelo. Y te he hecho pisar la tierra que compró mi tatarabuelo para que mi bisabuelo la trabajara. De esa manera nos hemos conectado con los antepasados, como si fuéramos romanos encendiendo ofrendas en el altar de los lares que, si no recuerdo mal, eran los antepasados y los dioses protectores del hogar. O igual me he confundido entre los romanos y los chinos, que tienen altares dedicados a los antepasados. Sin embargo, de cualquier manera, es bonito eso de pensar en que los antepasados nos protegen y pisar la tierra que ellos pisaron, ¿verdad? Así, cuando yo me convierta en antepasada, te seguiré protegiendo a ti y tus descendientes. (“A mi tía se le iba la olla”, pensarás al leer esto, sí, puede ser, pero espero que te guste.)

   Hoy se ha muerto la tía Teresa, ¿sabes? Quizá por eso estoy yo con la manía de los antepasados. La tía Teresa era la hermana de tu bisabuelo Joaquín, una señora siempre con mucho sentido del humor, muy habladora, muy simpática. Con unos ojos verdes preciosos, como casi todos los de mi familia materna. Fue un poco mi abuela también, porque mi abuela materna murió cuando yo era muy pequeña (8 años) y mi abuela paterna vivía en Barcelona. Así que, la tía Teresa era un poco abuela mía. Venía a comer al campo a veces los domingos y, cuando todavía vivía su marido, Ramón, venían siempre en Noche vieja a casa de mi abuelo Joaquín (o sea, a esta casa donde vivo yo ahora) aunque, a veces, también celebrábamos la Noche vieja en casa de tus abuelos paternos, no sólo aquí. La tía Teresa rezó mucho para que yo aprobara las oposiciones así que, cuando aprobé e invité a toda la familia a comer, ella también se vino. No lo habría celebrado sin la tía Teresa.

   Creo que tú también tendrás familia que te quiera tanto, lo he visto hoy en tu cumpleaños. Cómo te queremos todos y te cuidamos. Así que, espero que “el enano”, como te llama tu padre, será feliz.

lunes, 23 de abril de 2012

23 de abril.

Hoy llevo tres años viviendo en este piso donde vivieron mis abuelos y mi tío. Elegí este día para mudarme porque era la fecha en la que, en 1936, mi bisabuelo firmó la escritura de compra del solar donde se ubica este edificio. Mientras, siguen robándonos derechos cada día, derechos que costaron siglos y generaciones, sangre, sudor y lágrimas, mientras sigo yendo a las manifestaciones (al menos, nunca me quitarán la voz y la palabra) . Todo esto pasa mientras cumples un año, ajeno a ello, das tus primeros pasos de nuestra mano e, incluso, a veces te atreves a soltarte y caminas solo mientras corremos tras de ti para quitarte todos los obstáculos y agarrarte si pierdes el equilibrio. Intentamos ser felices mientras tanto y, aunque hace tiempo que no me voy de viaje, al menos, intentamos ir de excursión de un día a Cartagena y descubrir su historia o a bañarnos en el Balneario de Archena. Me das una galleta, me la como ante tus ojos asombrados y vuelves a ponerme en la boca lo que queda para que no me quede con hambre. ¡Qué listo eres! Y así, transcurren estos meses tan extraños en los que parece que, en cualquier momento, se va a ir todo al carajo.

domingo, 22 de enero de 2012

21 de enero.

Aunque nos ninguneen hoy en muchos medios de comunicación (la prensa informa sólo de lo que le interesa al poder) no diciendo absolutamente nada o dedicándonos apenas dos líneas o tres minutos, lo cierto es que ayer mucha gente salió a la calle en Alicante y Valencia. Tanta, que tuvimos que esperar más de una hora para poder empezar a andar, porque los de delante nuestro tenían las calles principales de Alicante colapsadas y la policía local no daba abasto cortando el tráfico. Esperaban mucha menos afluencia de público y les pilló el toro. Éramos tantos, que muchos llegaban al final de la manifestación y, a la vuelta, se unían a los que todavía no habíamos conseguido llegar por la multitud. Tantísimos, que cuando me tuve que ir para poder llegar a tiempo de coger el tren de vuelta, todavía estaba llegando gente al final y el tren iba tan lleno como en aquellas noches de Hogueras de mi juventud, cuando volvíamos de las fiestas de Hogueras de San Juan y no cabía un alfiler: los asientos ocupados, los pasillos y los rellanos de entrada a los vagones llenos de viajeros de pie. Cuando nos cruzamos en la estación de San Gabriel con el tren que llegaba a Alicante, casi vacío, apenas dos o tres personas por vagón, se nos quedaron mirando, extrañados de que el nuestro estuviera hasta los topes.


Ayer no pudiste ver a tu tía porque estaba en Alicante defendiendo a sus alumnos, a la educación pública y unas condiciones de trabajo dignas para poder hacer su trabajo como a ella le gusta: entregándose a fondo. Porque estaba defendiéndote a ti, para que, cuando seas adolescente, no tengas que gritar, como estos chavales: "Si somos el futuro, ¿por qué nos dan por culo?" Por eso, cuando se cruzó con aquella pareja que llevaba un niño como tú en un cochecito y un cartel que decía: "¿Qué futuro me espera?", miró a la madre a los ojos, la madre la miró a ella a los ojos y se entendieron perfectamente sin decir una palabra. No sé lo que pasará a partir de ahora, si ganaremos o perderemos, pero de lo que sí podrás estar seguro siempre y orgulloso, es de que tu tía luchó por lo que creía justo, con la cabeza muy alta y con la conciencia del deber cumplido, cosa que muchos otros no podrán decir nunca.

sábado, 14 de enero de 2012

Cartas a mi sobrino.

El año pasado por estas fechas escribí esto:
14-1-2011, Viernes.

Cuando he llegado a casa me he encontrado a tus padres, que habían venido a comer y a enseñarnos tu última ecografía. Ya pesas un kilo y se te ve perfectamente la cara, es como una foto. No sabría decirte a quién te pareces, sólo que tienes cara de bebé, como todos. Tus padres se han ido pronto porque se querían ir a pasar el fin de semana a Albacete.

Esta tarde, poniendo en el álbum las fotos del dos de enero que te comenté, me preguntaba cómo te llegarán a ti, si la calidad de la tinta con que se imprimen las fotos actualmente será lo suficientemente buena como para hacerlas durar en el tiempo. Cómo te llegarán esas fotos si un día, dentro de muchos años, entras en mi casa cuando yo ya no esté, empiezas a mirar mis objetos, a conocerme un poco más y a enterarte de sucesos de mi vida que no sabías, como me pasó a mí con las cosas de mi tío tras su muerte.

Esta mañana, mientras iba al instituto, casi llegando ya, ha empezado a sonar una canción del CD que estaba escuchando, uno de La oreja de Van Gogh. Allá por el Jurásico, te parecerá eso cuando seas mayor, pero bueno. Son modernos, ¿eh? Antes del año 2000 no existían. Si te contara lo que escuchaba yo cuando era adolescente... Pero se me va el santo al cielo, iba yo por las rotondas casi llegando al instituto, cuando ha empezado a sonar esa canción, escrita para la hija de uno de ellos. "Palabras para Paula", se llama. Y dice así:

“Es pronto para comprender
Que pueda mirarte y verme a la vez.
Que escuches hoy mi voz que tanto te cantó los meses que tú fuiste yo
Es pronto para comprender
La vida es tan bella como tú la quieras ver
Si lloras, cantaré, si sufres, te hablaré, si mueres, moriré también

Si te cuentan que lloré cuando te cogí en mis brazos
No me pude contener, porque te quiero tanto
Es pronto para comprender, verás cómo el mundo es injusto y cruel
Porque un amanecer sin nada que perder es muy difícil de entender
Si te cuentan que lloré cuando te cogí en mis brazos
No me pude contener, porque te quiero tanto
Porque te quiero tanto como el mar a su verano,
Como el dolor a su amigo el engaño,
Como el sol cuando ve nacer una flor.
Si te cuentan que lloré cuando te cogí en mis brazos
No me pude contener, porque te quiero tanto
Porque te quiero tanto, porque te quiero tanto. “

De pronto, me he imaginado yendo al hospital a conocerte y, como dice la canción, viéndote por primera vez y cogiéndote en los brazos y, te vas a reír, pero me he puesto a llorar como una tonta. He tenido que pararme una calle antes de llegar al instituto y secarme las lágrimas, porque siempre me encuentro al jefe de estudios cuando llego, entramos a la misma hora, y no iba a saber explicarle por qué estaba llorando. Menos mal que, al acercarme, he visto que él ya había aparcado y estaba entrando al instituto.

Tú tienes la suerte de ser mi primer sobrino, la próxima vez supongo que lo viviré de otra manera. Con ilusión también, pero con menos intensidad. Por ejemplo, no sé si le escribiré a mi segundo sobrino o sobrina. Igual sí, porque me gusta mucho escribir, pero no lo sé. Tienes la suerte de ser un niño muy querido por todos, cuando seas mayor descubrirás que, desafortunadamente, no todos los niños tienen la misma suerte que tú.

martes, 27 de septiembre de 2011

Cartas a mi sobrino.

Hoy mi sobrino cumple cinco meses y esto son fragmentos del diario que le escribí mientras estaba en la barriga de su madre.

26-11-2010, Viernes.

El domingo tus padres vinieron a recoger al gato, al cual habían dejado aquí durante la boda, y a despedirse antes de irse de viaje de novios a la casa que tienen en Albacete. Comimos juntos, vimos las fotos de la boda, tu tía N. y su novio vinieron también un rato antes de irse a donde están viviendo ahora, y ya nos despedimos de todos cuando se fueron.

Esta semana he estado liada revelando las fotos, yendo a recogerlas y colocándolas en el álbum. Aún me quedan unas cuantas, porque yo tengo cámara de carrete, de esas que tú no conocerás ya, pero que me resisto a abandonar, y el carrete está a medias. Lo acabaré en el viaje a Cáceres en el puente de diciembre, la semana que viene. Después ya lo llevaré a revelar.

Mañana llamaré a tus padres a ver cómo están pasando el viaje de novios, porque ha cambiado el tiempo y hace mucho frío, no sé si habrá nevado por allí. Imagino que estarán (estaréis) junto a la estufa de leña que compraron el invierno pasado. Ya faltan cinco meses para que nazcas y el mundo anda muy turbulento con la crisis, a ver si vienes con un pan bajo el brazo, como se suele decir.

19-12-2010, Domingo.

Estaba pensando que no sé cómo te llegará este archivo, grabado en el Word del año 2003, que será digno de estudio arqueológico cuando tú seas mayor. Ya lo es... Después de este fue el Windows Vista y luego el Windows 7. Cuando mi bisabuelo empezó a escribir su libreta en 1918 sabía que nos llegaría a las generaciones futuras, la tecnología es lo que tiene, que cambia constantemente y a ver cómo abres luego los archivos... Pero bueno, lo iré copiando y pegando en los nuevos formatos que salgan, para protegerlo, porque no creo que hasta dentro de 15 años por lo menos, lo puedas leer y entender por completo. De todas formas, he pensado imprimirlo y encuadernarlo en varias copias cuando nazcas: una para tus padres, otra para tus abuelos paternos y otra para mí.

El otro día vinieron tus padres a enseñarnos tu última ecografía. Ya pesas casi medio kilo, con lo pequeño que eras, y se te distingue la cabeza. Ya va quedando menos para verte, unos cuatro meses, y creo que tenemos todos muchas ganas. A veces hablo de ti en clase, cuando me preguntan mis alumnos si tengo hijos y contesto que no, pero que voy a tener un sobrino muy guapo. No sé si tendrás los ojos castaños o verdes, como toda la familia de mi madre. Tu tío abuelo materno también tiene los ojos claros, así que, podría ser que se combinaran los genes, ya veremos. Lo que sí creo es que serás alto, con hoyuelo en las mejillas y la barbilla y los dos dientes de arriba separados. Son las señas de identidad de los Alonso, todos tenemos hoyuelos y los dientes separados, aunque a unos se les note más que a otros. Por ejemplo, a mí ahora los hoyuelos se me notan poco, sólo cuando me río. De pequeña se me notaban más. Pero tu padre y tu tía N. tienen un hoyuelo muy marcado en la barbilla.


3-1-2011, Lunes.

Bueno, ya hemos entrado en el año en que nacerás, ya falta menos. Tu madre ya está haciendo sitio en casa para tus cosas y para ti. Ayer estuvimos tus padres, todos tus abuelos y yo en la casa de Albacete celebrando el año nuevo. Tus abuelas hablaron de cómo quieren que las llames. Tu abuela paterna dice que ella es “la yaya” y que así quiere que la llames, mientras que tu abuela materna dice que, entonces, ¿a ella cómo la vas a llamar? La tendrás que llamar “abuela” o “abuelita”, para no confundirte de abuela. Tus abuelos no dijeron nada, se ve que les da igual cómo los llames.

Mi amiga A., que ha leído esto antes que tú, me preguntó que por qué te digo “tu tía Ana”, en vez de “yo” o, simplemente, “tu tía” y le contesté que porque vas a tener muchas tías y tendrás que distinguirnos de alguna manera. De momento, tienes dos tías paternas y una materna y también las novias de tus tíos. Somos muchas tías ya. Pero tu tía Ana será la tía “hippie”, una tía que no se pinta ni se pone vestidos, como las otras, la tía profesora, que te corrige los deberes de verano, que te obliga a hacerlos, una tía dura, pero a la vez, tierna. Una tía que te pega las super broncas cuando eres adolescente y te canta las verdades, pero también te felicita cuando lo haces bien, te abraza y está muy orgullosa de ti.

Te va a costar tener una tía profesora porque, en parte, siempre te veré como a un alumno y, como conozco bien a los alumnos y han pasado ya cientos de ellos (miles no sería exagerado decir, cada año tengo unos doscientos a los que les doy clase, más todos los demás a los que no doy clase, pero conozco de vista) por delante mío, así que me conozco todas las tretas y te será difícil engañarme. Pero, al mismo tiempo, sabré también hablarte de esa manera en que hablo a los alumnos (mi compañera M. dice que he visto demasiadas veces la película de El club de los poetas muertos, ¡ja, ja!) y que salen del instituto con la autoestima por las nubes pensando que sí pueden aprender y pueden aprobar, con esa sinceridad tanto cuando han hecho algo mal como cuando lo han hecho bien que hace que me saluden por los pasillos y por la calle con una sonrisa de oreja a oreja y que, incluso, intenten hablarme un rato en inglés como homenaje a mis enseñanzas. De esa manera en que, años después de haberles dado clase, se paran a saludarme y a hablar conmigo cuando me ven por la calle.

Tu tía Ana, tal vez no sea la mejor profesora de inglés, pero es la mejor profesora de sentido común, de cómo comportarse en la vida, la profesora que más escucha a los alumnos y, después, les suelta el discurso con toda la reflexión sobre lo que ha escuchado, lo cual puede servirles o no, pero saben que alguien les escucha y eso es muy importante en este mundo acelerado en que vivimos en el que los padres no tienen tiempo de nada y a los profesores nos toca hacer funciones que antes tenían los padres. Porque tu tía Ana siempre saca cinco o diez minutos para hablar con los alumnos de sus cosas y por eso después la paran por los pasillos mientras va de aula en aula para decirle: “¿Sabes que he aprobado matemáticas?”, “¿Sabes que el sábado gané el partido de tenis?”, “¿Sabes que he vuelto con Nico?” etc., etc. Y ella, cargada de libros, de CDs, a veces con el cable del reproductor de CDs colgando del cuello para no pisarlo, abriéndose paso entre la marabunta de alumnos apelotonados por los pasillos, contesta: “¿Ves? Ya te lo dije yo, que ibas a aprobar”, “Tendrás que firmarme un autógrafo para que, cuando seas famosa, pueda decir que te di clase”, “Si es que... ¡Dios los cría y ellos se juntan!” o algo por el estilo, lo primero que se le ocurre en ese momento en que no puede llegar tarde a la siguiente clase, pero sabe que es importante hablar dos minutos con un alumno. Esa es la clase de profesora y de persona que es tu tía Ana.

Esta tarde tu abuela y yo hemos ido a comprar unas cosas y, al pasar por una tienda de artesanía, hemos visto que tenían preparadas para la cabalgata de Reyes, las hachas. No son hachas de cortar leña, sino de quemar. Se han hecho toda la vida en Elche de trozos de palmera y se queman para enseñarles el camino a los Reyes Magos. Tu abuela ha pensado si estarías aquí algún año para quemar las hachas y le he dicho que sí y que, si tus padres no te traen porque se quieren ir a Albacete como hacen siempre, que te dejen dormir en mi casa o en la de tus abuelos y te llevamos a la cabalgata con tu hacha. Y también te quiero llevar a Lorca, al castillo, porque he estado mirando la pág. web esta tarde y he visto que hay muchas actividades para niños. Pero, para eso, tendrán que pasar aún cinco años por lo menos. ¡Ufff!

viernes, 24 de junio de 2011

A 110.

Me parece que nos han tomado el pelo con lo de ir a 110. Creo que nos han mentido vilmente, que ni hemos ahorrado combustible ni nada. Es imposible ahorrar yendo a menos velocidad y teniendo que gastar más combustible para llegar al mismo sitio, sobre todo, cuando vas con el aire acondicionado, que consume más. Por eso, porque ahora urge ganar las próximas elecciones y que la gente se olvide de esa medida impopular, la han quitado. Porque la situación sigue siendo la misma que cuando se aprobó la medida.


Esto lo escribí en marzo, cuando fui al pueblo de Albacete donde pasan las vacaciones mi hermano y familia. Es parte de las cartas a mi sobrino:

"Había un trozo de carretera, entre Calasparra y la Venta del olivo en que los campos lucían todos los colores de la primavera: árboles frutales de color rojizo y otros totalmente verdes por las hojas nuevas y, a la orilla de la carretera, flores de color lila. Con el sol brillando era un paisaje idílico, aunque la verdad es que casi todo el paisaje es muy bonito. Menos mal, porque son dos horas y pico, ahora que la velocidad máxima es de 110 kms/h. Maldije al gobierno mil veces, esa velocidad es humillante y creo que causa muchos más accidentes, porque acabas pegándote más al coche de delante y no lo puedes adelantar sólo a 110. Y, mientras, tienes que ver cómo los coches de alta gama siguen yendo a 200 por hora, porque a ellos no les importa que les multen, ya que lo pueden pagar de sobra. Al final, me cabreé y me puse a 120 para adelantar a unos cuantos coches. Si me multan, que me multen, pero estaba ya hasta las narices. No soy una loca al volante, pero sí me gusta conducir un poco rápido en autovía. Y creo que lo de 110 es una solemne gilipollez. No me creo que se ahorre combustible, al contrario, creo que se gasta más porque se tarda más tiempo en llegar a los sitios, con lo cual, consumes más, sobre todo, con el aire acondicionado puesto. Esperemos poder volver a la normalidad dentro de poco, ya veremos… Como el mundo está loco y, encima, este fin de semana hemos declarado la guerra a Libia, me parece que lo del combustible barato lo tenemos crudo. Me veo conduciendo a 110 hasta que tengas barba y bigote."

miércoles, 25 de mayo de 2011

Nuestros sueños no caben en vuestras urnas.

"Nuestros sueños no caben en vuestras urnas", dicen los acampados en la Puerta del Sol y otras muchas ciudades. Lo cual es bueno, porque quiere decir que tienen muchos sueños, tantos, que no caben ahí. Pero también es malo porque, al mismo tiempo, le están diciendo a los políticos que no los consideran válidos para gobernar, que esto no tiene arreglo. A no ser que cambie radicalmente la cosa y, la verdad, lo veo difícil.


Mientras tanto, cada vez hace más calor, ya llega el verano, y las prostitutas de las rotondas se han comprado unas sombrillas rosas. Cuando llego a tu pueblo, un policía local me hace parar para dejar paso a los niños que entran al colegio, a ese colegio al que irás cuando seas mayor. Un poco más allá está el instituto en el que me gustaría trabajar, si me dan el traslado. El instituto al que también irás cuando seas mayor. Por fin llego a tu casa, con las manos manchadas de tiza, de escribir en la pizarra los comparativos y superlativos y las frases en tercera condicional en inglés. Saludo a tu tío, a tu abuela y a tus padres, pido permiso para ir al lavabo a lavarme las manos antes de comer, antes de acariciarte con esas manos llenas de tiza y de verbos irregulares, sucias de tocar las teclas de un ordenador de la sala de profesores para pasar las faltas de asistencia, de tocar las llaves que abren aulas de un edificio inmenso, de corregir exámenes sobre el futuro con will y con going to, de hacer guardias de patio, de todas esas cosas con las que se llenan mis manos cada día y que hay que vaciarlas para poder cogerte a ti, mi sobrino, acariciarte a ti. Te pongo el dedo, cierras el puño y me agarras con toda tu mano. Desde luego, nuestros sueños no caben en vuestras urnas. ¿Verdad que no? ¿Cómo van a caber?

miércoles, 27 de abril de 2011

Ya soy tía.

Esta tarde me he ido con una amiga a la filmoteca a ver La llave de Sarah, una película muy interesante que ya te contaré en otra ocasión. Al salir hemos pasado por casa para coger el coche e ir a buscar al gato a tu casa para traerlo aquí mientras estáis en la clínica. Tu abuela me ha dicho que había llamado tu padre y la cosa iba lenta, que los médicos habían dicho que nacerías mañana. Así que, me he ido con mi amiga a tu pueblo a buscar al gato, me he perdido porque, con la conversación, me he equivocado en una rotonda y he tirado hacia el trabajo en vez de hacia tu casa. Cuando por fin hemos llegado no podía localizar a tu abuelo materno porque su móvil comunicaba. Entonces me he dado cuenta de que tu abuela paterna me estaba llamando, la he llamado y me ha dicho que ya habías nacido. Al entrar en tu casa les he dicho a tu tío y abuelo maternos, que me estaban esperando con el gato ya metido en el transportín: "Bueno, pues ya somos tíos y abuelo".


Al volver con el gato, el sol se estaba escondiendo tras la Sierra de Crevillente en uno de los atardeceres más espectaculares que he visto en mi vida. O quizá fuera tan espectacular porque hacía apenas una hora que habías nacido tú. Había un poco de niebla en la carretera, que se iba disipando al cruzar el coche y, al fondo, unas nubes y unos tonos naranjas preciosos, como el jersey y el pantalón que te he comprado esta misma mañana. Cuando hemos ido a verte esta noche, seguía la niebla. Pero, lo más impresionante ha sido ver el castillo iluminado a espaldas de la clínica en esta noche de luna menguante.


Después de tanto tiempo esperándote no me he atrevido a tocarte, apenas te he rozado la frente. He intentado verte el color de los ojos, pero la habitación estaba en penumbra y los tenías medio cerrados. Tu abuela y tu padre te han cambiado el pañal y te han vestido de azul. Y así, de repente, ya soy tía y me acordaré siempre de esta fecha y de lo que estaba haciendo el día en que naciste, como me acuerdo de otras fechas importantes, trágicas como el 11-S y el 11-M o importantes en lo personal como el día en que me dijeron que había aprobado las oposiciones o la mañana en que subí al Mulhacén. Ya ves, tan sencillo y tan tierno como un niño recién nacido vestido de azul en una cuna de plástico transparente con sábanas blancas.

sábado, 26 de febrero de 2011

Diario de una tía 2.

Como os ha gustado el anterior post, continúo con el mismo tema. Se me cae la baba, ya lo sé.

16-10-2010, Sábado.


Han pasado ocho semanas desde que sé de tu existencia. Es mucho tiempo y, al mismo tiempo, es poco porque aún falta un montón para verte la cara. Habrá que tener paciencia para esperar. Tu madre ya se ha comprado el traje para la boda y tus abuelos repartieron las invitaciones para la familia de Barcelona el fin de semana pasado. Todavía no sabemos bien cuándo será la boda, pero se baraja el 20 de noviembre, cuando haga 35 años de la muerte de Franco. No sé qué les habría parecido esa fecha a tu bisabuelo y a tu tío abuelo, que eran tan rojos. Quizá les habría gustado, no sé. A tu tío abuelo Joaquín, como mínimo, le habría parecido gracioso. También hará, cuatro días después de la boda, si es que se casan ese día, cinco años que murió tu tío abuelo. Qué pena que no esté aquí para verlo.

El otro día soñé que me había equivocado y eres niña y a todo el mundo le parecía muy bien. A mí también, sólo pensaba que cómo pude equivocarme, si siempre acierto con las intuiciones.


21-10-2010, Jueves.

Acaban de marcharse tus padres, han venido a enseñarnos tu última ecografía. Parece que todo va bien y les han dado hasta un CD donde se ve una grabación de la ecografía. Ya se distingue la cabeza y el cuerpo y el ginecólogo sospecha que eres chico, aunque todavía no se ve muy bien. No, si al final, acertaremos. Si acierto, a ver si me inspiro para comprar la lotería que vaya a tocar...

Tu madre no quería cenar, porque se había pasado la tarde comiendo chocolate por orden del médico para que te movieras en la ecografía. Y ni aún así te movías, pero al final te han dado tantos meneos que has tenido que moverte. Esta tarde yo había hecho natillas del superpercado donde trabaja tu otra tía y, aunque tu padre no ha querido, el resto sí hemos comido. Así que, supongo que hoy has comido, indirectamente, las primeras natillas hechas por tu tía Ana. Tendré que practicar, porque hoy se me han quemado un poco, mi encimera calienta y no hierve la leche y, cuando te quieres dar cuenta, ya se ha quemado todo el fondo del cazo. Practicaré y, cuando vengas, siempre querrás tomar las natillas de tu tía. Por cierto, tendré que aprender también a hacer flanes. ¡Cuánto me queda por aprender aún!


Luego he sacado los vasos de chupitos que compré en Úbeda y el licor de hierbas ibicencas que me regaló Metis en Ibiza el verano pasado y nos lo hemos acabado brindando por ti y por tu abuelo paterno. Le he dado a tu madre un libro sobre diferentes nombres y su significado que tenía por aquí mi tío, para que vayan pensando cómo llamarte.

Y también tengo noticias de la boda: al final será en la fecha prevista, el veinte de noviembre. Y tu madre me ha preguntado que si quiero leer, que tu tía materna va a leer también. Le he contestado que sí, y que buscaré unos poemas. No le he dicho que ya lo tenía medio pensado.


23-10-2010, Sábado.


He ido al centro comercial a comprarme ropa para la boda y no me ha gustado nada (soy muy difícil de contentar para comprar ropa y más para una boda, porque no me gusta vestirme tan formal). Así que, he acabado en una tienda, comprándote siete camisetas y un peluche-sonajero. Mi primer regalo y aún faltan seis meses para que nazcas.

martes, 22 de febrero de 2011

Diario de una tía.

(Escrito el 14-9-2010.)

Calculo que faltan todavía unos siete meses y medio (qué lento pasa el tiempo) para que nazcas y todo el mundo anda por aquí revolucionado. Tu abuela y yo hemos ido hoy al centro comercial porque está mirando trajes para la boda de tus padres. Luego hemos ido a otra tienda y se nos caía la baba a tu abuela y a mí viendo la ropa de bebés. Tu abuela te habría comprado algo (ya te compró algunas prendas de ropa hace un par de semanas o así), pero era todo rosa o azul y no se ha atrevido porque no sabemos aún lo que vas a ser. Yo le he dicho que comprara algo azul y así acertaba siempre, porque, si eres niña, te gustará el azul, como a mí, y si eres niño, pues también y, además, te pega con los prejuicios habituales de lo que es un color “de chicos”. Al final no te hemos comprado nada, nos reservamos para más adelante. Intentaremos tener paciencia para esperarte, aunque debo confesar que cada viernes pienso que ya tienes una semana más y falta una menos para conocerte. Fue un viernes cuando me enteré de que ibas a nacer, por eso pienso en ti cada viernes.

(Escrito el 16-9-2010.)

Ayer vinieron tus padres a enseñarnos tu primera ecografía: apenas un bultito de casi dos centímetros. Ahí ponía que nacerás entre el 25 y el 28 de abril, más tarde de lo que yo pensaba, poco después de Semana Santa. Te estoy hablando en masculino porque tu abuela y yo pensamos que eres chico. Aunque tu abuelo anoche, en la cena, para llevarnos la contraria, dijo que eres niña porque las mujeres acaban carreras y son más listas que los hombres. Además, ¿cómo sabemos que eres chico? Y tu abuela y yo hemos dicho que porque lo sabemos. Es como cuando aprobé las oposiciones: sabía antes del primer examen que las aprobaba.

(Escrito el 9-10-10)

No te he escrito últimamente porque he estado bastante liada, pero sí me he acordado de ti. Tu abuela y yo fuimos el otro día a otro centro comercial y a las tiendas de al lado y estuvimos mirando la ropa de bebé, pero no nos atrevimos aún a comprar nada. Y eso que me encantó un jersey precioso para enseñar inglés, con los nombres de los animales en inglés y luego las iniciales para repetirlos a ver si te acordabas. Tiempo habrá para enseñarte inglés y valenciano, como dice tu abuela.

Si no recuerdo mal, tienes ya dos meses y medio en la barriga de tu madre y ya eres el doble de grande según la última ecografía. El otro día fue el santo de tu abuela materna y tu abuela paterna la llamó para felicitarla y estuvieron hablando de ti, de las ganas que tienen de ser abuelas y de conocerte. Sólo hay una pequeña discrepancia: tu abuela materna piensa que vas a ser niña, mientras que la paterna está convencida de que serás niño. Yo también creo que vas a ser niño. A ver si creces un poco más y nos muestras tus encantos en la ecografía y salimos de dudas.

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Esto son cartas a mi sobrino, llevo ya 26 páginas (con fotos, ¿eh?, no es sólo texto) y aún faltan dos meses para que nazca. Espero que, cuando sea mayor, le guste tener la historia de todo lo que pasó desde antes de nacer.