Cuando estuve en Escocia compré un libro interesantísimo que se titula A School in South Uist. Son las memorias de un maestro inglés que, en 1890, consiguió un puesto de trabajo en una escuela de una de las Islas Hébridas, South Uist, perdida del mundo hoy en día, cuanto más entonces... Tuvo que viajar casi dos días en trenes desde el centro de Inglaterra a Edimburgo, de allí a Glasgow, de allí a Oban... Y cuando por fin llegó a Oban, era de noche, estaba lloviendo y tuvo que esperar en el puerto a que saliera el barco para South Uist, que era también una aventura, porque como el mar estuviera encrespado, aquello era rezar todo lo que supieras y encomendarte a todos los santos para llegar vivo. Menos mal que aquellos marineros eran expertos y la mayoría de las veces la cosa acababa bien. Eso sí, cuando por fin llegabas a Lochboisdale, el puerto en South Uist, te habías hecho un tour en barco por todas las Hébridas habidas y por haber, más el viajecito en tren, que casi llegabas veinte años más viejo que cuando saliste de tu casa.
Pero este hombre se adaptaba a todo de una manera admirable y, a pesar de que en la isla sólo hablaba inglés él, el cura, el cartero y poco más, no sé podía comunicar casi con nadie, era el primer maestro que no hablaba gaélico como toda la población y, para poder dar clase, tenía que contar con dos maestras auxiliares que, prácticamente, acababan de salir de la escuela y sabían un poco de inglés, para que tradujeran a los niños todo lo que él decía, a pesar de todas las dificultades, se enamoró de la isla y de sus gentes y se quedó a vivir varios años allí.
Sus alumnos venían andando, muchas veces desde muchos kilómetros de distancia, descalzos tanto en invierno como en verano y solían faltar a clase cuando sus familias los necesitaban para tareas agrícolas o ganaderas en ciertas épocas del año. Tenían que traer cada día un trozo de turba cada uno para echarlo a la chimenea de la escuela y que el fuego durara toda la jornada escolar. Muchas veces ni desayunaban y no comían nada hasta que llegaban a casa a cenar, así que se le ocurrió darles sopa a mediodía. Para no herir sus sentimientos y que pensaran que era caridad, montó una fiesta en la escuela por la noche, con un gaitero y baile, vendió tickets y con ese dinero, algo más que puso él, compró media vaca que iban a sacrificar porque se había roto una pata y se la vendieron barata, saló la carne (no había neveras en la época), algunos alumnos trajeron verduras y, con eso, tuvo sopa para una temporada.
Luego montó unas clases nocturnas para adultos. Se estudió unos libros sobre navegación, pasó un examen para tener un certificado que lo acreditara, y empezó a enseñar a los marineros que, tenían conocimientos prácticos, pero nunca habían usado instrumentos de navegación como se requería en los grandes barcos comerciales de la época. Después muchos de ellos fueron a Glasgow a examinarse de oficiales de la marina mercante, aprobaron el examen y acabaron en barcos que navegaban por todo el mundo.
Sus hermanos, que eran militares, lo habían visitado unas navidades y habían revolucionado a la isla porque habían traído un balón de fútbol, allí nunca habían visto el fútbol y cuando vieron al maestro y sus hermanos jugando al fútbol, casi se matan unos a otros porque querían jugar también, pero sin respetar ninguna regla, así que, entre el cura y ellos, organizaron un partido de fútbol en condiciones, cada uno entrenó a su equipo, le enseñó las reglas y jugaron un domingo, con gran afluencia de público curioso por conocer qué era aquello. Cuando sus hermanos volvieron a Inglaterra, le enviaron balones de fútbol, guantes de boxeo, y otras cosas para hacer gimnasia como unas barras paralelas para que los alumnos, tanto los pequeños como los adultos, tuvieran también un rato de deporte. Mens sana in corpore sano.
A fin de prepararse para el invierno, había que cortar la turba, dejarla secar un tiempo en el campo y luego ya, almacenarla. A la escuela le pertenecía cortar turba en un terreno cercano y todos los hombres consideraban un honor colaborar en esta tarea, por lo que no aceptaban pago por sus servicios. Así que, con ayuda de su madre y su hermana, que habían venido de visita un verano, y de unos vecinos, montó un comedor en la escuela para que los hombres que iban a cortar la turba desayunaran, comieran y cenaran ese día, en compensación por su trabajo, pero sin que se sintieran ofendidos.
Con un maestro de otra escuela cercana, muy aficionado a la pesca, aprendió a pescar en los lagos y así tener un suplemento de comida que, en aquellos tiempos, venía muy bien. Además, aprendió a jugar al golf en el primer campo de golf que hubo en la isla. Vamos, que se adaptó perfectamente al medio, se lo tomó como un descubrimiento de otro tipo de vida al que no estaba acostumbrado y disfrutó de la experiencia todo lo que pudo. Tiene unas descripciones muy poéticas de la naturaleza que lo rodeaba: los bellos paisajes de las montañas, los lagos, el mar con los barcos veleros de pesca en el horizonte, las noches con luna, las estrellas, las auroras boreales... También la fuerza de los elementos con días de viento huracanado, de tormentas, de mar embravecido y peligroso... Él enseñó inglés y otras asignaturas a los lugareños, pero también aprendió muchísimas cosas de ellos.
6 comentarios:
Que chulada. Eso sí es vocación.
MESTRE: La verdad es que sí. Y que daría gusto dar clase a esos alumnos, no a los niños pijos que tienen de todo, se creen el ombligo del mundo y te ningunean.
Cómo se llamaba ese maestro, Ana?
Vaya con los maestros rurales, qué vocación!
QUé fue de él después? Sabés?
Vuelvo al blog, amiga. Me liberé de un tabajo que me tomaba mucho tiempo, le decía a Isabel Romana, que me siento tan libre. Una de las primeras cosas que quiero es regresar a este rinconcito.
UMMA: Se llamaba Frederick Rea. No sé si el libro está traducido al español, supongo que no. Es un libro que compré en Escocia este verano y estaba entre los libros "locales", de gente y cosas locales de las Islas Hébridas.
Este señor creo que escribió sus memorias muchos años después, sobre 1927, como un regalo para sus hijos porque estuvo dos veces durante varios años en esa isla: primero cuando era soltero, que es lo que cuenta en el libro, se fue porque su madre se puso enferma, y luego volvió (supongo que a la muerte de su madre) ya con su mujer e hijos y estuvo otros cuantos años en la isla. Entonces era como recordar a sus hijos sus primeros años de infancia en la isla y por eso escribió sus memorias. Sin embargo se han reeditado varias veces, la edición que yo tengo es de 2012.
El editor y el que ha escrito la introducción es John Lorne Campbell, que debe de vivir también en las islas, porque ha editado varios libros de interés local. Este señor se ve que se puso a investigar y descubrió a quién se refería el maestro, porque por lo visto quiso ser discreto (en la isla se conocían todos) y no puso la mayoría de los nombres de la gente con la que se relacionó en esos años, sólo a lo mejor una inicial o algo así. Entonces John Campbell, preguntando a unos y a otros y consultando documentos de la escuela descubrió los verdaderos nombres de la gente que sale en el libro. Y en su edición salen esos nombres que no aparecían en el original.
Hay fotos también del maestro y su mujer en la época y una foto de grupo con los alumnos (algunos de ellos, sus propios hijos).
Lo puedes conseguir en Amazon y en la web de la editorial www.birlinn.co.uk Pero en inglés, claro. No creo que esté traducido al español o a otros idiomas.
Te lo preguntaba, para que su nombre se pronunciara. Saber que un Sr. Frederick Rea, ralizó ese trabajo. Porque de los maestros rurales que tanto trabajan, siempre se habla en general.
UMMA: Pues salen más maestros rurales en su relato, otros que vivían en la misma isla o islas cercanas y él, en alguna ocasión, fue a visitarlos. Maestros y maestras. A algunos los nombra, a otros no, pero dice de dónde eran maestros o maestras, con lo cual, la gente de la época supongo que los podría conocer.
De todas formas, Frederick Rea creo que lo único que quería era hacer su trabajo lo mejor posible, disfrutar de su experiencia y no creo que quisiera ser conocido más que por sus alumnos, los padres de sus alumnos y los habitantes de la isla. Creo que no tenía intención de salir del anonimato, se habría sorprendido al saber que sus memorias aún se siguen leyendo en 2015, cien años después de sus vivencias. (Estuvo en la isla hasta 1913.) Y que debatimos en internet sobre su vida en un idioma que no era el suyo.
No creo que supiera idiomas, en un capítulo habla de unos franceses de un barco que había llegado al puerto de la isla y que intentaban hacerse entender con los lugareños y no había manera. Por casualidad en ese momento se encontraba allí de vacaciones una hermana de él que era institutriz en Francia y sabía francés y resulta que ese día ellos dos habían ido al hotel a tomar el té. Así que, la hermana hizo de traductora entre los marineros franceses y los dueños del hotel. Pero no menciona que él hablara, así que, no sabría francés.
Pero sí, entiendo que tu comentario respecto a decir su nombre va por el lado de reconocer una labor importante que suele quedarse en el anonimato o en el olvido.
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