Salgo de casa tempranísimo y me doy cuenta de que está lloviendo al sacar el coche del garaje, pero no tengo ganas de subir otra vez a por un paraguas y, además, aquí no suele llover en julio, no durará mucho. Si es verdad eso de que la lluvia trae buena suerte en las bodas y es aplicable también a las oposiciones, debería tener suerte porque ha llovido los tres días que he tenido examen. El primer día, dos tormentas de madrugada. El segundo día, justo al aparcar (menos mal que ese día sí llevaba paraguas), aunque no duró mucho. Y ayer llovió un poco más, pero tampoco como para salir nadando, ni siquiera para chapotear. Aunque, se agradece, porque así no hace tanto calor durante los exámenes en el horno de edificio sin aire acondicionado (encima, acristalado en buena parte, lo que hace que suba la temperatura) donde nos tienen con... ¡tachán! un ventilador (y gracias de que no sea un abanico, por Dios, qué derroche) por tribunal. Claro que, los 120 millones (de euros, no de pesetas) que les piden para volver a organizar la America's Cup en Valencia seguro que los encuentran pronto, los pagan y la vuelven a hacer allí. Y luego, la pasta de dientes ilegal, lo más cutre y barato que te puedas echar en cara, y, a saber si peligroso (en Panamá ha muerto ya no sé cuánta gente por usar una pasta de dientes china a la que le echaron un componente tóxico) a los hospitales. Muy bien, que nuestros gobernantes se apunten un diez.
Bueno, sigo, que me hierve la sangre y me desvío del tema: aparco en la zona verde, que dura toda la mañana o la tarde, no como la zona azul en la que sólo puedes aparcar dos horas máximo. Y me recorro parte del centro de Alicante arrastrando una maleta con ruedas donde llevo todo el material para las unidades didácticas, años de trabajo para que luego sólo se luzca una unidad en media hora. Llego la primera y el edificio está cerrado, claro, a esas horas tan tempranas ni siquiera están abiertas las cafeterías de en frente. Abren unos minutos después y me tomo un zumo de naranja. Van entrando opositoras (son todo chicas) que se piden medias tostadas con tomate, una con jamón de york y la otra sólo con el tomate. Pienso cómo pueden comer eso, yo, cuando estoy nerviosa, no puedo comer nada sólido. Y mira que me gustan las tostadas con tomate.
Vuelvo al edificio y ya se está empezando a reunir gente con maletas de ruedas como yo. Me siento a esperar en la repisa. Al rato vienen los conserjes quejándose de que hasta las 8 no deberían abrir la puerta, pero nos van a dejar entrar, como haciéndonos un favor. Pero, vamos a ver, ¿no les pagan por abrir la puerta? ¿No tienen que abrirla de todas formas? Pues a callar, que más nos fastidia a nosotros venir de no sé cuántos kilómetros para hacer un examen (que empieza a las 8 am, así que, la puerta, obviamente, tiene que abrirse antes de esa hora).
Empiezan a llegar los presidentes de los tribunales (los otros miembros no llegan hasta media hora después porque, como hay que "encerrar" al primer opositor media hora para que se prepare las cosas, el examen no empieza hasta las 8.30. Encierran al primero, yo soy la segunda y también están la tercera, la cuarta y la quinta. Nos meten en una clase, para que no estemos allí tiradas en el pasillo. La quinta se baja a la cafetería a desayunar, porque aún le queda un rato largo. Las otras charlamos o repasamos apuntes. Lo único positivo de las oposiciones es que los compañeros son majos, incluso nos deseamos suerte antes de los exámenes. Pero después de tantas horas de espera juntos en los exámenes orales, ya no los ves como rivales que te pueden quitar la plaza. Y, además, como nos vemos todos los años porque siempre nos examinamos por orden alfabético, somos los mismos en el tribunal. Además, algunos hemos estudiado juntos en la universidad, o en algún cursillo, o en la misma academia de oposiciones, otros hemos trabajado juntos... Al final nos conocemos todos, aunque sólo sea de vista. Este mundillo es muy reducido.
A las 9.05 el primero ya lleva un rato exponiendo y vienen a encerrarme. Me meten en otra clase, sortean las bolas de las unidades y elijo la 7, sólo por el número, ni siquiera había mirado de qué trataba. Es del futuro. Me pongo a ordenar todos los materiales de esa unidad en un archivador con plásticos transparentes para que puedan verlos bien mientras explico. Y con eso, prácticamente, se me va la media hora. En oposiciones anteriores había una hora y daba más tiempo a preparar todo.
A las 9.35 vienen a por mí y me llevan al aula donde se realiza el examen ante el tribunal. Se supone que es público y cualquiera podría entrar a verlo, pero nunca entramos, para no poner más nerviosos a los compañeros que se examinan. Así que sólo está el opositor y el tribunal. Me pongo a contar el rollo de la programación didáctica (algo infumable que es lo más antipedagógico que existe, porque hay que contar lo que viene en las leyes, sólo que traducido al inglés, vamos, para quedarse roncando mientras lo escuchas, no me gustaría estar en la piel de los del tribunal y tener que escucharlo cincuenta veces). Las programaciones reales que usamos en los institutos, incluso las de inglés, están escritas en español porque son documentos oficiales, no como en el examen, que nos toca traducirlas al inglés. Y encima, ¿cómo se resume una programación didáctica de 60 hojas en media hora, es que no sale ni a cinco minutos por apartado, apenas a hoja por apartado. Un superresumen absurdo, pero es lo que hay. Se suelta el rollo y punto. Luego, a lo que interesa y yo creo que donde más jugo se puede sacar, que es a las actividades de cada uno y cómo las va a trabajar en clase. Ahí sí que se ve la capacidad docente de cada cual.
Bueno, sigo, que me hierve la sangre y me desvío del tema: aparco en la zona verde, que dura toda la mañana o la tarde, no como la zona azul en la que sólo puedes aparcar dos horas máximo. Y me recorro parte del centro de Alicante arrastrando una maleta con ruedas donde llevo todo el material para las unidades didácticas, años de trabajo para que luego sólo se luzca una unidad en media hora. Llego la primera y el edificio está cerrado, claro, a esas horas tan tempranas ni siquiera están abiertas las cafeterías de en frente. Abren unos minutos después y me tomo un zumo de naranja. Van entrando opositoras (son todo chicas) que se piden medias tostadas con tomate, una con jamón de york y la otra sólo con el tomate. Pienso cómo pueden comer eso, yo, cuando estoy nerviosa, no puedo comer nada sólido. Y mira que me gustan las tostadas con tomate.
Vuelvo al edificio y ya se está empezando a reunir gente con maletas de ruedas como yo. Me siento a esperar en la repisa. Al rato vienen los conserjes quejándose de que hasta las 8 no deberían abrir la puerta, pero nos van a dejar entrar, como haciéndonos un favor. Pero, vamos a ver, ¿no les pagan por abrir la puerta? ¿No tienen que abrirla de todas formas? Pues a callar, que más nos fastidia a nosotros venir de no sé cuántos kilómetros para hacer un examen (que empieza a las 8 am, así que, la puerta, obviamente, tiene que abrirse antes de esa hora).
Empiezan a llegar los presidentes de los tribunales (los otros miembros no llegan hasta media hora después porque, como hay que "encerrar" al primer opositor media hora para que se prepare las cosas, el examen no empieza hasta las 8.30. Encierran al primero, yo soy la segunda y también están la tercera, la cuarta y la quinta. Nos meten en una clase, para que no estemos allí tiradas en el pasillo. La quinta se baja a la cafetería a desayunar, porque aún le queda un rato largo. Las otras charlamos o repasamos apuntes. Lo único positivo de las oposiciones es que los compañeros son majos, incluso nos deseamos suerte antes de los exámenes. Pero después de tantas horas de espera juntos en los exámenes orales, ya no los ves como rivales que te pueden quitar la plaza. Y, además, como nos vemos todos los años porque siempre nos examinamos por orden alfabético, somos los mismos en el tribunal. Además, algunos hemos estudiado juntos en la universidad, o en algún cursillo, o en la misma academia de oposiciones, otros hemos trabajado juntos... Al final nos conocemos todos, aunque sólo sea de vista. Este mundillo es muy reducido.
A las 9.05 el primero ya lleva un rato exponiendo y vienen a encerrarme. Me meten en otra clase, sortean las bolas de las unidades y elijo la 7, sólo por el número, ni siquiera había mirado de qué trataba. Es del futuro. Me pongo a ordenar todos los materiales de esa unidad en un archivador con plásticos transparentes para que puedan verlos bien mientras explico. Y con eso, prácticamente, se me va la media hora. En oposiciones anteriores había una hora y daba más tiempo a preparar todo.
A las 9.35 vienen a por mí y me llevan al aula donde se realiza el examen ante el tribunal. Se supone que es público y cualquiera podría entrar a verlo, pero nunca entramos, para no poner más nerviosos a los compañeros que se examinan. Así que sólo está el opositor y el tribunal. Me pongo a contar el rollo de la programación didáctica (algo infumable que es lo más antipedagógico que existe, porque hay que contar lo que viene en las leyes, sólo que traducido al inglés, vamos, para quedarse roncando mientras lo escuchas, no me gustaría estar en la piel de los del tribunal y tener que escucharlo cincuenta veces). Las programaciones reales que usamos en los institutos, incluso las de inglés, están escritas en español porque son documentos oficiales, no como en el examen, que nos toca traducirlas al inglés. Y encima, ¿cómo se resume una programación didáctica de 60 hojas en media hora, es que no sale ni a cinco minutos por apartado, apenas a hoja por apartado. Un superresumen absurdo, pero es lo que hay. Se suelta el rollo y punto. Luego, a lo que interesa y yo creo que donde más jugo se puede sacar, que es a las actividades de cada uno y cómo las va a trabajar en clase. Ahí sí que se ve la capacidad docente de cada cual.
Termino, salgo, hablo un rato con mis compañeras, que me preguntan cómo ha ido, si hay reloj en la pared de la clase para controlar el tiempo, si el tribunal pregunta algo, si te hacen poner las canciones que llevas... Me acabo de beber la botella de litro y medio de agua que me he llevado y aún tengo la sensación de estar seca, será por haber hablado en inglés una hora. Me despido de ellas y me voy.
Dejo la maleta en el coche, voy a hacer unas gestiones a Conselleria de educación y luego me tomo más agua mineral con un trozo de tarta de manzana en una cafetería pensando que estuve allí en septiembre con mi amiga Virginia, con 33 años recién cumplidos, tras varias pruebas médicas y más programadas para saber lo que tenía y ahora, ya operada, con las oposiciones acabadas y todo, vuelvo a estar allí. Menos de un año y todo lo que ha pasado. Y aún quedan dos meses para mi próximo cumpleaños, así que, es hora de pagar e irme a vivir el resto de los 33 años que me quedan antes de septiembre.
Me voy a la FNAC y me regalo un CD de música clásica. Al salir, hay un coche en doble fila y no sé si podré sacar el mío por el hueco que ha dejado. Pero, de repente, llega el dueño a apartarlo y meterse en el espacio que he dejado. Le doy el ticket, aún falta hora y media y ya se sabe que: "Quién roba a un ladrón, tiene cien años de perdón". Ya que nos cobran por aparcar en la calle, que no se lleven más dinero del necesario. El chico me da las gracias, sorprendido, y me voy.
Para Xnem, el descubrimiento que hice en el CD. "Mesicku na nebi hlubokém", que en checo parece ser que significa "canción a la luna". O algo así. De la ópera Rusalka, de Dvorak. Más información aquí.
17 comentarios:
Vaya vaya, el texto me ha recordado de jovencito cuando leí la novela “Papillon”, eso de “encerrar” a los opositores. Bueno mujer ya está, no?
Pues mira, el video no sale, -a ver que le pasa o si es mi router que anda tocando de nuevo lo que no suena-, he estado comiendo en mi tasca favorita del antiguo barrio de pescadores al lado de un señor francés que vive hace cuatro años en London –eso me ha dicho- y que de tanto en tanto viene a Barcelona tres o cuatro días al Liceo a ver la ópera, no he entendido la que hacen hoy. La música clásica es mi asignatura pendiente, hay tantas cosas por escuchar y el día solo tiene 24 horas, por mucho que lo alargue siempre, no me da. Pero estoy buscando hace días El Mesias.
Salió; rubrico el texto de entrada.
No se porqué pero la cantante lunera me recuerda a la … como se llamaba aquella del “No cambie no cambie”...
TAMARA! esa. No me salía el nombre.
Será por los pelos que lleva... ¡Ja,ja! No me había fijado. Pero canta mucho mejor, ¿eh? Ni punto de comparación en la voz.
"Papillon", ese libro está por algún lado de mi casa. Lo recuerdo de cuando era pequeña. Tendré que buscarlo y leerlo.
Yo también tengo esa asignatura pendiente, por eso últimamente me compro ediciones baratas de los clásicos. Mi jefa de la academia se iba con su marido una o dos veces al año a pasar el fin de semana en Barcelona y, de paso, ir al Liceo porque le gustaba mucho la música clásica.
Pero cuando, cuando, cuando se sabe?
LUCIANO: Dicen los sindicatos de enseñanza que el 19 de julio se sabrá. Aunque antes tendrán que publicar las notas en cada tribunal, pero el 19 se sabrá quiénes se llevan las 70 plazas entre los 700 y pico que nos hemos presentado en toda la región. O sea, las 70 mejores notas.
que todo acabe con buenas noticias.
pasa por casa que hay celebración.
Un abrazo
70 de 700?
Bueno, espero entonces que salga lo mejor. Te lo mereces.
Este post es como si leyera mi destino, sólo que sin maleta porque poco material voy a llevar.
Ya has cumplido y ahora sólo queda esperar. Ojalá estés entre esas 70 mejores notas. Me parece el momento más raro ése en el que estén las notas pero no se sepa quién se lleva la plaza.
MODES: Eso espero. Y felicidades por tus 25 años en la enseñanza. No sé si seré capaz de llegar a tanto, al paso que vamos...
LUCIANO: Lo leí mal: 901 dice un sindicato. Y hay plazas reservadas para profesores de primaria que pasan a secundaria y para discapacitados, así que, ya no son 70 plazas, sino tal vez 60 o 65.
GARIN: No lleves maleta, pero hazlo bien y aprueba. ¡Suerte!
Sí, es un poco raro ver las notas y no saber aún si tienes plaza. Pero bueno, habrá que tener paciencia y esperar.
lo de poner el aire acondicionado a 24 grados (en algunos sitios eso significa no ponerlo o poner un ventilador) es la una de las nuevas medidas de este gobierno para ser aplicadas en edificios públicos con la excusa del ahorro y la contaminación. Los pioneros fueron los japoneses y en este país Acciona anunció hace unas semanas esta medida, y los que ahí trabajamos hemos visto cómo han quitado el aire. Antes yo iba con un suetercillo para no resfriarme y ahora sudo con esos 24 grados que supuestamente están (y yo soy muy friolera).
24 grados dicen que es la temperatura del bienestar, pero no sé de quien.
Uish y lo de los conserjes abriendo puertas...qué barbaridad de gasto público en este país para tan poca eficiencia...
Menos mal que acabaste el día, calmando nervios y regalándote algo. Te lo mereces!!!
La verdad es que el aire está demasiado fuerte en muchos sitios y luego te da una bofetada de calor cuando sales, que casi mueres en el intento con la subida tan radical de temperatura al salir. Pero es que, ¿por qué no hacer las oposiciones en la universidad con aire acondicionado? Supongo que porque la universidad le cobraría a la Conselleria.
Yo tuve suerte porque me tocó un día lluvioso, pero mis compañeras me hablan de sudar la gota gorda mientras hacían la exposición oral y que estaban ya empapadas de sudor. Claro que, después de lo que me ha contado una colega en las oposiciones de Cataluña, donde hicieron el examen con las mesas en los pasillos (porque no había suficientes profesores por tribunal para vigilar en las aulas) y las ventanas cerradas porque no encontraban la llave para abrirlas... Ya no me quejo más, que parece que aún no estamos en situación tercermundista.
Lo importante es conseguir la plaza. Verás como si lo haces -y así lo espero- todo lo que comentas te parecerán menudencias que luego contarás entre risas.
Good luck! (pero mucha mucha)
Gracias, Swyx. Estoy bien posicionada, tengo buena nota y bastantes méritos este año. Así que, a ver si tengo suerte y consigo la plaza.
Desde luego, por lo que has puesto en mi blog, debe de haber "algo muy muy extraño" para que no puedas conseguir plaza con ese peaso notazas que tienes. Mis más sinceras felicitaciones y alzamiento de sombrero más elegante.
Pues sí, porque me sale más de 8.5 de nota media final (contanto ya los méritos y todo) y, normalmente, el corte está en el 6.7. Claro que este año hay menos plazas que años pasados y supongo que la nota de corte subirá. Además, el sistema de sumar las notas y puntuar es diferente este año, así que no sé cómo quedará la cosa. Pero como no saque plaza este año, no sé ya qué voy a tener que hacer para sacarla el año que viene. ¿Ligarme a nuestro presi Camps? (¡Espero que nooooooo! Porque no me mola nada.)
Parece que estemos ahora mismo chateando, jejeje.
Cuando puedas mira el correo.
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