Al día siguiente fuimos a la visita guiada que nos entraba en el programa, vimos casi todo el casco histórico, pero quizá nos habría gustado más ir por nuestra cuenta. Luego comimos en un restaurante frente a la Plaza del reloj, pero en un sótano que intenta imitar en la decoración los restaurantes de la Edad Media: pieles de oso, animales disecados, lanzas y otras armas colgadas en las paredes de piedra... Como llevábamos media pensión, ahí es donde nos tocaba comer el resto de días en Praga. Probamos la cerveza checa, que tiene buena fama merecida.
Por la tarde fuimos al castillo y entramos en el Callejón del oro, antiguas casas de orfebres y de soldados donde también vivió unos meses Kafka. Ahora son tiendas de souvenirs o casas que se pueden visitar para ver cómo vivía la gente antiguamente. Me recordaron a los Folk Parks que hay en Irlanda, donde se reproducen las casas antiguas de la gente corriente. Después nos tomamos un pastelito y un chocolate en la cafetería de uno de los museos y, al salir, vimos a tres soldados que caminaban hacia la puerta, así que nos adelantamos para ver el cambio de guardia.
Por la noche nos fuimos a cenar (un tentempié, porque no era una cena propiamente dicha) en un barco por el Moldava, con arañas incluidas, las que había en la cubierta del barco. Praga es bonita de día, pero también de noche. El puente de Carlos seguía llenísimo de gente a las 9 y pico, tanto como lo habíamos visto esa mañana y se veían flashes de cámaras de fotos en lo alto de la torre de acceso al puente.
El callejón del Oro.
7 comentarios:
Un sitio guay, eh?
Besos, niña!
Pensaba que las arañas os las habían puesto en el menú jajajaja.
Praga es una ciudad preciosa, de esas que invitan a callejear y callejear.
Me gustaría volver algún día, ¡¡aunque son tantos los sitios que me gustaría volver a visitar...!!
LOURDES: Pues sí, recomiendo ir. Aunque este verano estaba llenísimo de gente.
Un abrazo.
ASUN: No, pero estaban por todas partes: en las estatuas del Puente de Carlos y en los tubos de la luz de la cubierta del barco. Algunas, incluso por los bancos donde estábamos sentadas en cubierta. Y bien gordas, ¿eh? Se ve que se crían bien. Por no hablar de las avispas, que eran una plaga. Sobre todo, en el Puente de Carlos.
Yo me quedé con ganas de ver más cosas así que, si vas, te acompaño. :-D
¡ay... se me voló el comentario y era larrrrgo!
Primero que todo, ¡muy feliz cumple!.
Yo también hice el paseo en barco por el Moldaba, te contaba (¿Qué turista no lo hace?). Me divertí un montón, porque el barco me tocó sentarme a la mesa con unos italianos y había un grupo de suecos, yo hice enlace entre los dos grupos. La comida mala y cara, peor valió la gente, el paseo, la vista.
Besos y sigo atenta a la continuación de tu excelente crónica de este viaje.
Sigo el viaje contigo... Besotes, M.
Felicidades aunque con un "pequeño" retraso.
Uff, qué lejos queda ya mi viaje a Praga. La verdad es que es bonita, pero sólo la fachada. Los interiores están huecos. ¿Os fijásteis?
Un besote
MYRIAM: Anda que no da rabia cuando se pierden los comentarios en el ciberespacio... Sí, la comida no era muy allá, una gran diferencia con el paseo en barco que dimos luego por el Danubio en Budapest, donde la comida era buenísima.
Un abrazo.
MERCHE: Seguiré dentro de unos días, a ver si me inspiro para escribir.
MONTSE: Gracias. ¿Huecos? No sé muy bien a qué te refieres. Lo vimos casi todo por fuera, menos algunos edificios del castillo, en los que sí entramos.
Un abrazo.
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