Todo parecía muy sencillo: ir a Alicante, recoger a Alberto, subir en el cercanías, bajarme en Elche y él seguía camino a Orihuela, donde lo recogía Rosa. Sin embargo, no contábamos con la Ley de Murphy ("si algo puede salir mal, saldrá mal", también conocida como: "la tostada siempre cae del lado de la mantequilla", de la mermelada o del aceite, añado yo). En resumen, que la Ley de Murphy empezó pronto a hacer de las suyas, para darle vidilla al asunto.
Yo sabía que la estación de Alicante estaba en obras por lo del AVE (se supone que llega en junio, ya veremos...) porque la había visto hace unos meses. Pero es que ahora ya no son obras, es zona de guerra llena de edificios vaciados totalmente por dentro (sólo quedan las paredes y el techo), zanjas por todas partes, vallas metálicas, obreros con casco, ingenieros haciendo fotos de los progresos y consultando con otros... Total, que de los andenes al vestíbulo sólo queda un estrechísimo pasillo por donde se agolpan los pasajeros.
Alberto, por venir de Madrid, tenía gratis el cercanías. Con una condición: hay que validarlo. Y, para ello, sólo hay una máquina en la entrada de la estación o el mostrador de venta de billetes. Le dije que le preguntara al personal de RENFE que le iba a ayudar al llegar (a mí no me dejaban pasar, sólo podían estar en el andén los viajeros con billete, no los familiares y amigos que iban a recoger a la gente), pero aquella señora sólo le aclaró que había que validarlo y, en cuanto vio que yo me hacía cargo, salió corriendo con la excusa de que tenía que ayudar a más pasajeros. Además, sólo teníamos veinte minutos entre los dos trenes, pero el de Madrid llegó diez minutos tarde, con lo cual, nos quedaba la mitad de tiempo.
Así que, dejé a Alberto junto a una valla de las obras (el de Madrid había parado justo al lado del cercanías, pero tenía que cruzarme toda la estación para ir a validar el billete) y me fui hasta la otra punta, sorteando viajeros y maletas lo más rápido posible. Llegué a la máquina, había un señor delante y luego, cuando intenté validar el billete con el código de barras, no había manera. Hala, tira para el mostrador y haz toda la cola, claro. Cuando por fin me atiende una señora, me dice que es en el mostrador de al lado. Otra cola. Por fin llego, el hombre intenta validar el billete, el lector de códigos no lee nada, lo pasa varias veces, a la cuarta o quinta, por fin, sale el billete para el cercanías. Salgo corriendo, literalmente, y oigo: "próxima salida cercanías con destino Murcia". Corro aún más que mi hermana en la media maratón de Almansa, consigo llegar entre las vallas hasta donde había dejado a Alberto, nos metemos corriendo en el tren. Todo lleno de gente, claro, éramos los últimos. Con maletas por enmedio, había sitios vacíos, pero sólo para una persona. Al cuarto vagón o así, por fin conseguimos encontrar dos sitios y sentarnos. ¡Uffff! ¡Prueba superada!
Paramos en San Gabriel y Torrellano, como siempre, y el tren se detiene más tiempo del normal para dejar pasar a otros. Ya llevamos quince minutos de retraso, pero lo peor es que no funciona la megafonía que anuncia las estaciones y entonces Alberto lo va a tener difícil para saber cuándo llega a Orihuela. Tampoco pasa el revisor, para avisarlo y que le ayude. Para más inri, en Torrellano se apagan las luces del vagón y el tren hace un ruido raro, parece que no va a arrancar, aunque al final arranca. Si es que, yo conozco los mismos trenes mugrientos toda la vida, en todas las otras líneas de cercanías he visto trenes mucho más modernos. Estos deben de tener como treinta años o más.
Para rematar ya la faena, Alberto se ha equivocado y le ha dicho a Rosa que llega una hora más tarde. Cuando se baja la gente en la primera estación de Elche, nos cambiamos de sitio y dejo a Alberto más cerca de la puerta. Me espero a la segunda y entonces veo al revisor trasteando en el cuadro eléctrico para intentar arreglar las luces, que siguen sin funcionar, y le aviso de que tiene que ayudar a Alberto a llegar a Orihuela. Llamo a Rosa en cuanto me bajo y me dice que está de camino, que no ha hecho caso de Alberto y se ha adelantado, menos mal, están entrando a Orihuela, pero hay obras y se tienen que desviar del camino usual.
Al día siguiente cuando llego a Orihuela y veo la estación... se me cae el alma a los pies. "¡¡¿Esto qué es?!! ¡¡Si lo llego a saber, no mando a Alberto aquí!!" Yo conocía (y además, había visto una foto en internet, buscando la dirección para hacerme un plano y saber ir de la estación a la librería donde se hacía la presentación del libro de Alberto) una estación de cristal, modernísima y maravillosa, pero resulta que la cerraron en octubre (de eso me he enterado después) por las obras, creo que del AVE también. Y ahora llegas a lo que llaman: "estación intermodal provisional", que han construido a cierta distancia de la estación real y es, atención: dos andenes sin valla ni nada, vamos, que si, como Alberto, no ves, te puedes caer a la vía fácilmente, un conjunto de prefabricados donde están los aseos, las taquillas de renfe y las de los autobuses ("intermodal" significa que hay unos diez espacios para aparcar autobuses un poco más allá) y poco más. Te hacen bajar en un andén, seguir recto, bajar por una rampa hasta otra vía, cruzar andando la vía, subir por otra rampa al otro andén y luego, por rampa o escaleras, bajar a la parte de las taquillas y la calle. Una carrera de obstáculos, vamos. Y más, si eres discapacitado.
Paramos en San Gabriel y Torrellano, como siempre, y el tren se detiene más tiempo del normal para dejar pasar a otros. Ya llevamos quince minutos de retraso, pero lo peor es que no funciona la megafonía que anuncia las estaciones y entonces Alberto lo va a tener difícil para saber cuándo llega a Orihuela. Tampoco pasa el revisor, para avisarlo y que le ayude. Para más inri, en Torrellano se apagan las luces del vagón y el tren hace un ruido raro, parece que no va a arrancar, aunque al final arranca. Si es que, yo conozco los mismos trenes mugrientos toda la vida, en todas las otras líneas de cercanías he visto trenes mucho más modernos. Estos deben de tener como treinta años o más.
Para rematar ya la faena, Alberto se ha equivocado y le ha dicho a Rosa que llega una hora más tarde. Cuando se baja la gente en la primera estación de Elche, nos cambiamos de sitio y dejo a Alberto más cerca de la puerta. Me espero a la segunda y entonces veo al revisor trasteando en el cuadro eléctrico para intentar arreglar las luces, que siguen sin funcionar, y le aviso de que tiene que ayudar a Alberto a llegar a Orihuela. Llamo a Rosa en cuanto me bajo y me dice que está de camino, que no ha hecho caso de Alberto y se ha adelantado, menos mal, están entrando a Orihuela, pero hay obras y se tienen que desviar del camino usual.
Al día siguiente cuando llego a Orihuela y veo la estación... se me cae el alma a los pies. "¡¡¿Esto qué es?!! ¡¡Si lo llego a saber, no mando a Alberto aquí!!" Yo conocía (y además, había visto una foto en internet, buscando la dirección para hacerme un plano y saber ir de la estación a la librería donde se hacía la presentación del libro de Alberto) una estación de cristal, modernísima y maravillosa, pero resulta que la cerraron en octubre (de eso me he enterado después) por las obras, creo que del AVE también. Y ahora llegas a lo que llaman: "estación intermodal provisional", que han construido a cierta distancia de la estación real y es, atención: dos andenes sin valla ni nada, vamos, que si, como Alberto, no ves, te puedes caer a la vía fácilmente, un conjunto de prefabricados donde están los aseos, las taquillas de renfe y las de los autobuses ("intermodal" significa que hay unos diez espacios para aparcar autobuses un poco más allá) y poco más. Te hacen bajar en un andén, seguir recto, bajar por una rampa hasta otra vía, cruzar andando la vía, subir por otra rampa al otro andén y luego, por rampa o escaleras, bajar a la parte de las taquillas y la calle. Una carrera de obstáculos, vamos. Y más, si eres discapacitado.
11 comentarios:
Jaja, si es que te quejas por todo, Ana. Me parto. Hubo algo bien aparte de la compañía? Seguro que Alberto está encantado. Con su buen humor!! Voy a leer su crónica.
Un besote.
MONTSE: Si es que nos pasó de todo... Mira que he subido veces en ese tren y nunca se han apagado las luces, lo único, una vez, que no se abría la puerta de un vagón (si es que, es lo que yo digo, que hay que cambiar los trenes de vez en cuando, que esos llevan ya muchos años funcionando y lo que te rondaré morena, al paso que va la crisis...)
Alberto encantado, sí, pero es que él no vio el estado de las estaciones (a Rosa casi le da un patatús también) ni la carrera que me pegué.
Un abrazo.
Jo, que peripecias y desavenencias varias; pese a escuchar musicaza ahora mismo (recomiendo un serio repaso al grupo "pink martini"), me has puesto en tensión con tanta carrera, valla, obras, etc...
Pero bueno, que hay un concepto, una palabra, un término, que conocemos todos que engloba y define -a la perfección- todo lo que cuenas: "España". Somos los más palurdos de occidente.
En la línea que une mi pueblo a la capital, antes te ibas en 50 minutos a la estación del norte y estabas en el centro de Valencia y, por supuesto, con tiempo para hacer transbordos a otras líneas si lo requerías y con la #### del ave llevamos ya más de cinco años bajando en un apeadero a tomar por saco (San Isidro) y tenemos que pillar un metro -incluido en el billete, gracias a las estrellas- que te deja en la plaza de España, Bailén y Colón y, curiosamente, no en la estación de Xátiva que da a la puerta de la estación del norte. A tope.
SWYX: Pues sí, tanto AVE, tanto AVE, total, casi se llega antes en burro, como hacía mi abuelo en su época, y más seguro. Para ese viaje, no necesitábamos alforjas.
La de San Isidro supongo que será también una "estación intermodal provisional", de esas que tienen el nombre más largo que lo que es la propia estación. Porque esta que te digo era apeadero del tipo "aquí te descargamos y apáñatelas como puedas para llegar a la calle", pero la llamaban así.
Lo peor es que, si a nosotros nos cuesta, imagínate a los ciegos como Alberto. Aún podría estar intentando llegar al mostrador de venta de billetes y volver para poder coger el cercanías, que estaba a un metro del tren de Madrid del que se había bajado. Todo por la burocracia de tener que validar el billete. ¿No se supone que si vienes de un trayecto largo el cercanías lo tienes gratis? Pues que te valga el mismo billete. Como tú dirías, pa mear y no echar gota.
Ana, ante todo me duele que tuvieras que molestarte tanto por mí, me duele molestar. El buen humor lo gasto cuando el protagonista de las ciegadas soy yo, pero implicar a otras personas en ellas, me fastidia bastante.
Sé que lo hicisteis de corazón y con generosidad y con cariño, pero me fastidia tanta molestia como os causé.
Por otra parte, ésa es mi realidad del día a día. Mucha teoría, muchas buenas palabras y demás pero las barreras siguen existiendo y las obras también sin pensar en que hay usuarios que necesitamos apoyo y que no es un capricho, sino una necesidad. Todo lo que cuentas es cierto: la teoría es que tenía la ayuda pero la realidad fue que de no haber estado tú, o me habría quedado en tierra o habría subido al cercanías sin billete y ya me las habría apañado con el revisor. Siempre sometido a la buena voluntad y no a la normalidad.
Soy un privilegiado porque cuento con personas buenas y amigas como vosotras pero debería facilitársenos más las cosas de verdad.
Son pequeñas molestias para quienes veis pero que pueden convertirse en barreras infranqueables para quienes padecemos una discapacidad y sigue olvidándose esta certeza.
De ahí mi empeño en dar a conocer mi mundo, de todas las formas posibles, mi ansia por estar siempre ahí y ser testimonio. No sé si lo consigo pero, al menos, lo intento.
Bueno, que gracias por regalarme tu amistad y comprensión.
Besos cariñosos.
Mi muy querida Ana:
Prodigiosa memoria la tuya. Desde hoy mismo voy a hacer un altar donde alabar tu memoria e inteligencia, ambas cosas objetos de deseo bastantes difíciles de alcanzar ya por mi parte. Yo tan sólo recuerdo, como ocurre en algunas películas, algunos flashes (¿se escribe así?) de ese finde tan maravilloso.
Me encantan los retos, los encuentros y la aventura. Me río yo del Código Da Vinci y cómo transcurre todo en un sólo día en la película. Tanta acción y peligros a sortear. Las dificultades dan más valor a las cosas. Aunque lo más impresionante de la vida es que, si nos damos cuenta, en situaciones clave, siempre acude una mano amiga dispuesta a ofrecer ayuda.
Darte las gracias porque has sido para nosotros luz y ejemplo de amistad y fidelidad. ¡Gracias siempre! Y tu buen humor y buen hacer ha calado muy hondo en nosotros.
Respecto a lo de 'intermodal' me recuerda a la Alemania Nazi, fíjate, que utilizaban toda clase de eufemismos para esconder la cruda realidad y de paso hacerse buena propaganda. Aunque, claro, no es comparable ni viene al caso, pero a mi me ha recordado eso... fíjate.
Un abrazo y gracias de nuevo por estar ahí cuando más se te necesita.
ALBERTO: Tú no molestas, además, las rosquillas de San Isidro estaban buenísimas, que no te lo he dicho. Nos comimos algunas mientras estudiábamos alemán el sábado por la mañana y, las que quedaron, el domingo con mi familia. Por cierto, me recuerdan por la textura y el sabor a las "perusas" de Pinoso.
Es de lógica que, si hay que validar el billete, por lo menos pongan una máquina en el andén o dentro del propio tren, que no tengas que perder tiempo y trenes mientras lo validas. Eso, por un lado. Y por otro, es que lo de Orihuela es peligroso para ancianos, niños, ciegos... para todo el mundo. Y, encima, tuve que preguntar al vigilante, que ni se acordaba, en cuál andén tenía que coger el tren de vuelta. Luego lo dijeron por megafonía, pero si la megafonía tampoco funciona como en el caso del tren del otro día, apáñate. Quiero decir, que me resultó complicado a mí, que estoy sana y salva y soy todavía joven... Por eso también quería dar testimonio, como tú dices, para que la gente se dé cuenta de estas cosas.
Y nosotras también tenemos suerte de conocerte a ti, por tu amabilidad, tu sensibilidad, tus detalles y sentido del humor.
Queda pendiente visitar Elche, por ejemplo, cuando vuelvas para la charla en Callosa.
Un abrazo fuerte.
ROSA: Tampoco hace falta que hagas un altar, ¿eh? :D Pero es verdad que tengo buena memoria. Supongo que, si no, no habría sido capaz de estudiar tantos idiomas.
No hace falta remontarse a la Alemania nazi para ver cómo se hace un uso del lenguaje totalmente subjetivo y con el fin de persuadir a la opinión pública, ahora mismo lo puedes ver en cualquier telediario: "ajustes", en vez de "recortes" y toda una palabrería para disimular la crisis y lo que de verdad piensan hacer con nosotros, que es dejarnos en bolas mientras ellos no pierden ninguno de sus privilegios.
Es verdad que las dificultades hacen que valores más las cosas y que, afortunadamente, siempre aparece alguien que te ayuda en las situaciones más complicadas.
Gracias a vosotros, porque ha sido mi primera presentación literaria y, a partir de ahora, me voy a apuntar a todas las que pueda. :-)
Otro abrazo
No te lo vas a creer, criatura, pero me he estresado lo que no te puedes imaginar.
Menos mal que dejé la entrada ésta para leerla hoy sábado, que si lo hubiese hecho entre semana, no sé lo que habría pasado.
jajajajajajaja
Pero bueno, que al final, prueba superada, no? Si es que no hay quien os pueda! :)
Un beso!
LOURDES: Pues sí, fue un estrés, creí que nos teníamos que esperar una hora al siguiente cercanías, ¡ja, ja! Se ve que aún estoy en forma.
Un abrazo.
¡¡Por Dios!! Que relato más surrealista y es.... REAL... ¡una pesadilla!
Menos mal que Alberto, pudo a pesar de todo, llegar a buen puerto. Merece una medalla.
Gracias Ana por tu recibimiento en mi casa, ya contaré del viaje.
Muchos besos
MYRIAM: Pues sí, real como la vida misma. Lo puedes leer también en su blog, puso mi entrada y otras suyas para contar la experiencia. Tener dos trenes al lado, uno junto a otro, y tener que ir a la otra punta de la estación a validar el billete, es de lo más absurdo.
De nada, pensaba que dejabas el blog, por eso me alegró que volvieras. Un abrazo.
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