Mi amiga A. y yo pensamos hace tiempo en ir a Aragón a escuchar los tambores en Semana Santa pero no reservamos con suficiente antelación y se complicó la cosa. Así que, cambiamos de destino. El jueves salimos de casa en dirección norte y por la tarde ya estábamos en Tarragona viendo todo
lo que pudimos ver de restos romanos, catedral y
callejuelas del casco antiguo. Aparcamos a la entrada, en un
centro comercial y, a la vuelta, como era ya tarde, pensamos cenar allí antes de coger el coche pero sólo había tres restaurantes y estaban o
muy llenos o cerrando. Así que, compramos comida en un supermercado, nos la
llevamos y cenamos un bocata de jamón y queso en el hotel. Qué apañadas que somos.
Al día siguiente pasamos por Valls, donde nos pusieron una tostada gigante en una cafetería, y por una bodega de un pueblo cercano, Nulles. Hicimos una visita guiada y compramos vino. De allí nos fuimos al Monasterio de Santes Creus y, sin comer ni nada (porque cerraban a las 5 y, si no, nos íbamos a entretener mucho) nos fuimos a visitarlo. Hay un vídeo mío (espero que no se haga público) leyendo en voz alta en el folleto la explicación sobre el refectorio mientras mi voz retumba en las paredes porque había eco. Al salir eran ya las cuatro, pero encontramos un bar donde nos hicieron un bocadillo y comimos. De allí nos fuimos a Montblanc, que es un pueblo medieval. Compramos barquillos en una fábrica que hay a la entrada del pueblo, dejamos el coche también a las afueras por si luego no había aparcamiento y nos dimos una vuelta por allí, con procesiones incluídas. Tomamos café y unos pastelitos en una cafetería muy chula y ya nos volvimos a Reus. El hotel estaba a las afueras, no muy lejos del centro, pero no había casi nadie por la calle, estaba muy oscuro (esa manía de ahorrar con la crisis hace que las calles no tengan apenas luz últimamente) y, como estábamos cansadas, en la primera pizzería que vimos nos metimos a cenar.
Al día siguiente pasamos por Valls, donde nos pusieron una tostada gigante en una cafetería, y por una bodega de un pueblo cercano, Nulles. Hicimos una visita guiada y compramos vino. De allí nos fuimos al Monasterio de Santes Creus y, sin comer ni nada (porque cerraban a las 5 y, si no, nos íbamos a entretener mucho) nos fuimos a visitarlo. Hay un vídeo mío (espero que no se haga público) leyendo en voz alta en el folleto la explicación sobre el refectorio mientras mi voz retumba en las paredes porque había eco. Al salir eran ya las cuatro, pero encontramos un bar donde nos hicieron un bocadillo y comimos. De allí nos fuimos a Montblanc, que es un pueblo medieval. Compramos barquillos en una fábrica que hay a la entrada del pueblo, dejamos el coche también a las afueras por si luego no había aparcamiento y nos dimos una vuelta por allí, con procesiones incluídas. Tomamos café y unos pastelitos en una cafetería muy chula y ya nos volvimos a Reus. El hotel estaba a las afueras, no muy lejos del centro, pero no había casi nadie por la calle, estaba muy oscuro (esa manía de ahorrar con la crisis hace que las calles no tengan apenas luz últimamente) y, como estábamos cansadas, en la primera pizzería que vimos nos metimos a cenar.
El sábado, por fin visitamos Reus. Compramos una guía en la oficina de turismo y nos fuimos casa modernista por casa. Todo el mundo de compras pasando por la calle ignorando el arte y nosotras allí, leyendo en voz alta toda la explicación con una devoción por el modernismo que ni Gaudí en sus tiempos y en su Reus natal habría tenido. A
mediodía nos fuimos a tomar unas tapas y un vermut, como manda la tradición, ya que el vermut es típico de Reus. Luego, tras una siesta en el hotel, continuamos recorrido histórico y, al terminar, nos fuimos a cenar a Cambrils, pero se puso a llover.
6 comentarios:
Ahí, mi Ana, aventurera viajera! jajajajaj
Besos!!
LOURDES: Creo que mi amiga es más aventurera que yo, pero bueno. Un abrazo.
Interesante crónica viajera, no he estado en los lugares que emociones, así que tomo nota. Tarragona me gustaría visitar por todo lo romano que tiene.
Besos
MYRIAM: Creo que Tarragona es un sitio al que, en principio, no se te ocurre viajar. Pero tiene mucho por descubrir y a mí me ha sorprendido. Te la recomienda.
Un abrazo.
Yo es que soy más de pelo y tanto museo, ruinas romanas y cultura en general me aburre. En lugar de eso, yo habría hecho un recorrido gastronómico en toda regla con butifarra, mongetes, pa amb tomaca y demás yantar típico/zonal. Que es la parte que menos me gusta de este post; o sea, preferís ver rollos a comer bien... ayyyy.
La verdad es que tienes razón: comimos poco y mal. Pero lo arreglamos el sábado y el domingo por la mañana. :D
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