Creo que el faro más perdido, el faro más en el fin del mundo en el que he estado, es este, en la punta norte de la Isla de Lewis (Islas Hébridas, Escocia). Y, la verdad, no me importaría volver a perderme allí, con las ovejas, la hierba, el mar y el faro. Pero también hay otros faros amables donde perderse, como este de mi amigo J. que os recomiendo a todos:
https://unfaroenelfindelmundo.wordpress.com/
8 comentarios:
Creo que justamente lo que él escribe, es el faro del fin del mundo. De no haber sido por esa posibilidad de llevar el faro a cuestas, para habitarlo en el momento necesario y, por la comprensión de mis amigos, que aceptan mis changas como farolera, no sé que hubiera sido de mi vida. Saludos
UMMA: A mí me dan ganas a veces de perderme en uno de estos faros del fin del mundo y hacerme farera.
Un abrazo.
Voy al de tu amigo
Myriam: Ya me contarás.
Cada quien tendrá un faro propio. Aún sin mar, sin luces, sin leyendas.
Pero por favor, el faro del fin del mundo tiene una ubicación precisa. Y quoen tiene la fortuna de conocer esos mares, entiende que no hay que se pueda denominar de ese modo
UMMA: El mundo se acaba en muchos sitios y muchos faros. Y también los faros te abren muchos mundos nuevos.
Un abrazo.
Me seducen los faros. Son góticos, tienen algo romántico, trágico, misterioso.
Y les falta, un equipo de reanimación, para quienes llegan a su cumbre.
Sé que el fin del mundo está donde cada quien quiere que esté.
En ocasiones a 20 metros de la casa que se habita.
O quizás, en el ánimo y corazón de cada uno.
ANA: Sí, tienen algo de todo lo que dices, por eso nos atraen, supongo. Ahora la mayoría son automáticos, imagínate vivir ahí en siglos pasados.
Un abrazo.
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