jueves, 17 de junio de 2010

Nuestra bandera enarbolada.

Tras una semana en la que he conducido por motivos laborales tanto como para llegar de aquí a Sevilla, y, además, arriesgando mi vida no metafórica, sino realmente, conduciendo durante tormentas e inundaciones, en la que he vivido casi más en el coche y en el instituto que en mi casa, anoche fue la primera vez en todo el curso en que, mientras conducía casi sola por una autovía fantasma a las diez de la noche, pensé que igual ha valido la pena hacer cien kilómetros al día para ir a trabajar. Uno de trescientos sesenta y cinco días en los que los alumnos y sus padres me hacen creer que vale la pena seguir en este trabajo del que salgo harta muchas veces y con ganas de dedicarme a otra cosa.



Pero, ¿qué haría yo si no fuera profesora? Profesora de las que hasta el último día está dando clases de repaso para septiembre, de las que explican en un recreo en la biblioteca, de las que cogen un papel y un boli y hacen un resumen del Present Perfect en inglés de una manera tan sencilla que el inglés deja de tener secretos. Siempre pensé que la estructura del inglés era lo que las fórmulas a las matemáticas y que es lo más científico de las letras. De las que en medio de la tormenta sale con la conserje a abrir la puerta porque el mando no funciona con la lluvia y, a pesar del paraguas, acaba calada quitándose los calcetines y escurriéndolos en el lavabo (mi compañera de física y química me preguntó al verme si quería quitarme la camiseta y los pantalones y ponerme una bata blanca de laboratorio, pero le dije que no). De las que se queda en el segundo recreo a explicar las oraciones condicionales a los alumnos de bachillerato que le preguntan porque no lo han entendido. De las que se dejan la piel cada día. De las que, quizá, no sabrían ser otra cosa.




Por eso es una satisfacción pasar un recreo, como ayer, dando diplomas a los alumnos que mejor se han comportado, que una alumna a la que sólo le he dado clase una hora a la semana en el desdoble venga por el pasillo hasta donde yo estoy y se despida de mí. Que mi mejor alumna, una alumna de todo dieces, delante de su padre me diga que le ha gustado que sea su tutora este curso y que le dé un abrazo (después de que el padre, a solas, me hubiera dado las gracias por haberle dado clase a su hija), después de que otros padres en la reunión también me hubieran dado las gracias y se hubieran despedido de mí. Incluso unos me regalaron unos bombones y una colonia. Fue un detalle bonito y me acordé, aunque no lo dije, del día en que vino el padre todo agobiado porque se habían tenido que ir a Ucrania (son de allí) de prisa y corriendo pues su madre (abuela de mi alumno) se puso gravemente enferma. Dos días conduciendo para ir y otros dos para volver más una semana que pasaron allí, era ya casi Navidades y el padre estaba preocupado porque no me habían podido avisar, aunque hizo que una vecina me mandara una nota explicándome lo que había sucedido. También le preocupaba que su hijo había tenido que faltar a varios exámenes. Le dije que bueno, era la primera evaluación, que si suspendía, lo primero es lo primero y más importante que los exámenes había sido ir a Ucrania. Quedaban dos días para la evaluación, hablé con los profesores y le hicimos los exámenes que pudimos y el chaval aún salvo muchas asignaturas. Ahora lo ha aprobado todo.



Por eso, mientras conducía, pensé que había valido la pena todo este curso y recordé este poema de Gabriel Celaya:

"Educar es lo mismo
que poner motor a una barca...
hay que medir, pesar, equilibrar...
...y poner todo en marcha.
Para eso,
uno tiene que llevar en el alma
un poco de marino...
un poco de pirata...
un poco de poeta...
y un kilo y medio de paciencia
concentrada.
Pero es consolador soñar
mientras uno trabaja,
que ese barco, ese niño
irá muy lejos por el agua.
Soñar que ese navío
llevará nuestra carga de palabras
hacia los puertos distantes,
hacia islas lejanas.
Soñar que cuando un día
esté durmiendo nuestra propia barca,
en barcos nuevos seguirá
nuestra bandera
enarbolada."

20 comentarios:

Anónimo dijo...

Creo que lo has dicho tú casi todo.
Sí vale la pena.
Vale la pena luchar, porque ese luchar es vivir, porque ese luchar tiene recompensa, la recompensa del trabajo bien hecho y reconocido.
Enhorabuena, y nunca pierdas la ilusión.
Amada

Garin P. dijo...

Precioso.

Momentos como esos son los que hacen que valga la pena este trabajo. Porque está claro que no estamos ahí por el dinero. Se pasa mucho tiempo con los alumnos y es inevitable influirles y modelarlos un poco. Y siempre recuerdan más de lo que parece; especialmente los mayores. Todo lo que se hace es por ellos aunque no lo acaben de ver.

Merche Pallarés dijo...

Me he puesto al dia con tu blog, querida Ana. He leido los últimos tres posts (¡menos mal que no eres de los prolíficos que escriben a diario o casi como una pesada servidora!). Tu resumen de la semana muy variado y completito. Seguro que te lo pasaste muy bien. El de los adolescentes ¡que bien que te reconocieran! y seguro que quedaron encantados con tus piropos. Y CONGRATULATIONS! por este último sobre el fin de curso. Estoy segura de que eres una excelente profesora. Muy bello y cierto el poema de Celaya. Besotes, M.

Rosa Sánchez dijo...

Ana, veo que eres una profesora comprometida con la educación, trabajadora y cercana al alumnado.
¡Enhorabuena! Al final de nuestra vida estudiantil nos damos cuenta que hubo profesores que destacaron por su entrega y dedicación con nosotros. Yo recuerdo a mis profesores, los que fueron como tú, con un cariño muy, muy especial.
Gracias, Ana, por ser así. Muy pronto disfrutarás de unas merecidas vacaciones.

Cristinaa dijo...

Cuando a los profesores os gusta vuestro trabajo se os nota, y no "sólo" por hacer lo que tú misma has dicho que haces (recreos, resúmenes...), sino también con los pequeños gestos: un golpecito en el hombro, una sonrisa, un "ánimo"... todo se agradece =)
Y se suele demostrar ese último día, y lo que te han hecho a tí no se suele hacer a todos los profesores, así que a estar orgullosa, que estoy segura de que haces muy bien tu trabajo!! :D
Un besoo

Amig@mi@ dijo...

Todo tiene su cara y su cruz, pero en como miremos nosotros, veremos lo uno o lo otro.
Me alegro de que tu reflexión te llevara a donde lo hizo
Cuidate!

M.A. Garcías dijo...

Qué distinto sería todo si hubiera (volviera a haber, debería decir) más profesoras como tú.

Enhorabuena, y que disfrutes de las vacaciones, que te las has ganado. Un beso.

Anónimo dijo...

Como madre que educa (o lo intenta) cada día, casi me emociona leer el poema que has puesto...
Saludos.
Mercedes (Barcelona)

MeTis dijo...

acaso hay algo mas bonito que estar orgulloso de lo que uno hace en la vida, saber que no la desperdicias, y que haces lo que realmente quieres?

y te lo pregunto yo, que no lo se..

un abrazo.

María dijo...

Somos lo que teníamos que ser. Si no fueras profesora, sencillamente no serías tú. Serías una variedad de ti misma, pero no TÚ.

Iliana dijo...

"y un kilo y medio de paciencia
concentrada."

aparte de lo que has dado, paciencia para saber manejar a unos alumnos inquietos que se encuentran en una etapa complicada.
Me alegra conocer a una profesora comprometida y que como dices se deja la piel a diario. Son pocos los que de verdad tienen vocación y tú la tienes, un abrazo.

Umma1 dijo...

Cuántos temas convergen en tu post.

Quésignifica ser docente? Mucho más que enseñar la curricula de la materia.

Cómo se establecen buenas relaciones entre las personas? Con afecto, con dedicaciones, con agradecimientos, con esos mimos que nos alientan a continuar. Lo que contaba en mi post sobre la tarjeta que había recibido.

Celaya, ya lo sabés, me gusta mucho, este poema dice una verdad de puño.

Sabés, una conocida, me ha pedido que trate de localizarle en la red, a una maestra que tuvo en el año 1954.

Estoyen la tarea. Deseo por ambas encontrarla con salud.

Un abrazo

Anónimo dijo...

voy a ser poco original y voy a decirte que también me ha gustado mucho este post. Si te dijera que no, mentiría ganando originalidad pero, uhm... no, mejor así :)

sabes que no soy de poemas pero ese que has puesto si que me ha gustado. Cuando fui docente -y cómo lo echo de menos-, yo era como tú: siempre apurando las horas, explicando una y mil veces las cosas... eso sí, jeje, me tendrás que pasar un resumen de esos tuyos del present perfect en inglés porque, uah, ni me acuerdo lo que era ¬¬' También coincido contigo en que cuando los alumnos te dan un regalo al final del curso, es un gestazo. A mí me regalaron un calzoncillo que vibraba (ya ves que chorrada) pero me tocó la patata. Aparte de que, como también contaras en tu post de los adolescentes, cuando me ven por la calle enseguida vienen a saludar y al "que tal?" La lástima es que aquello se acabó... no desespero en que vuelvan aquellos tiempos de gloria.

amelche dijo...

AMADA: Espero que sí, que valga la pena, porque este curso ha sido uno de los peores de mi vida. Y sí he perdido la ilusión muchas veces.



GARIN: Exactamente, yo no lo habría dicho mejor. Pero tú sabes de qué hablamos.




MERCHE: Gracias por tus comentarios. Y sí, escribo poco para que te dé tiempo a ponerte al día. :-D Intento ser la mejor profesora, aunque muchas veces dudo de que lo consiga. Pero otras es verdad que lo bordo y oye, hay que reconocerlo también. No es falta de modestia, sino subidón de autoestima.

Aurora dijo...

Vaya suerte tienes por trabajar en lo que quieres, por disfrutar de tu trabajo cada día aunque eso no signifique que a veces quieras escapar. Trabajar en lo deseado es una suerte. Te lo digo yo

amelche dijo...

ROSA: Se intenta hacer lo que se puede y, a veces, tiene recompensa. Otras no. Pero la vida es así.




CRISTINA: Gracias por los piropos. Creo que lo más importante es el lado humano de un profesor y eso es lo que intento cultivar y mostrar. Es más importante enseñar así que los contenidos de la asignatura.




MONTSE: Y espero que me siga llevando a la misma conclusión, porque si no, tendré que cambiar de profesión.

amelche dijo...

MA: Aún hay muchos profesores como yo y mejores que yo. Creo que es una profesión más bien vocacional, como decía Garin, no estamos por el dinero. Bueno, alguno habrá, pero el 99% no.





MERCEDES: Es un poema precioso y sí, también vale para las madres y los padres. También hay que tener mucha paciencia y todo eso que dice.




METIS: Algún día lo sabrás. Cuesta llegar a esas conclusiones, a mí me costó muchos años saber que quería ser profesora y estuve haciendo diversos trabajos. Un abrazo.

amelche dijo...

MARÍA: Supongo que tienes razón. Al final el destino o la vida nos lleva a lo que tenía que ser.





ILIANA: Muchísima paciencia, sí. Gracias por el comentario. Un abrazo.

amelche dijo...

UMMA: A ver si tienes suerte y encuentras a esa maestra, aunque no sé si será fácil, igual no está en la red. Sí, tienes razón en lo de cómo se crean buenas relaciones entre las personas. Y supongo que también al final recibimos un poco de lo que hemos dado.




AURORA: Muchas veces cada día me quiero escapar. Pero al final, no sé cómo, hay otras cosas que compensan y no lo hago. Sí, supongo que es una suerte. Y también fruto de muchos años de esfuerzo, no todo es suerte.

amelche dijo...

SWYX: No sé qué había pasado que tu comentario andaba perdido en el ciberespacio, pero ya lo he recuperado y se ha publicado, como ves.

Es un gesto que te regalen algo, sí, aunque luego ni lo uses ni te lo pongas. Porque no sé si te habrás puesto muchas veces esos calzoncillos... :-D Igual, nunca se sabe, el día menos pensado vuelves a dar clase. Y me alegro de que por fin te haya gustado uno de los poemas que he puesto. :-)