Hace algún tiempo (por lo menos, un año) Alberto dijo en Facebook que le gustaría ir a ver la tumba de Machado y yo le comenté que ya había estado, pero no me importaría volver. La cosa se quedó ahí, como una broma que nos decíamos de vez en cuando: "Habrá que ir a Colliure", "Cuando vayamos a Colliure..." hasta que, al final, como me tuve que comprar un coche más amplio y cómodo porque se me rompió el mío, le propuse a Alberto que fuéramos esta Semana Santa y la cosa empezó a tomar forma.
Su amiga Elena también se apuntó y yo intenté buscar a alguien "vidente" (pero no de adivinar el futuro) que me acompañara porque me parecía mucha responsabilidad ir yo sola con dos ciegos. Todo el mundo tenía planes ya para Semana Santa o tenía que estudiar oposiciones, o... Total, que no encontraba a nadie, hasta que, al final, Gema se animó.
Quedamos en Lérida como punto de partida, ya que cada uno vivimos en un sitio, y a mí me apetecía ver Lérida, donde nunca había estado, y allí empezamos la aventura el jueves de la semana pasada. La pena es que Gema se puso enferma y se tuvo que marchar a Barcelona con su marido. Así que, al final, me quedaba yo sola con Elena y Alberto. Me daba un poco de miedo, pero el hotel estaba pagado, estábamos de camino, teníamos una misión que cumplir y ya no había marcha atrás. Así que, nos subimos al coche y pusimos rumbo a la frontera.
La ventaja que tenía es que hace dos años hice el mismo viaje en verano, con lo cual, conocía el alojamiento, el pueblo, los pueblos de alrededor, los restaurantes... La crema catalana del sur de Francia es espectacular, mejor que la de Cataluña. Sólo por eso, vale la pena ir a la Cataluña francesa.
La tumba de Antonio Machado era una romería que ni que fuera un santo laico. Había más gente que cuando fui en verano en plena hora de la siesta. Nos costó poder dejarle en el buzón el escrito que llevaba Alberto preparado y hacernos fotos, me habría gustado un momento más íntimo, pero bueno. Luego fuimos a la pensión donde vivió sus últimos días y, como poca gente la conoce, allí no había nadie, ¡ja, ja!
Hubo tropiezos con bancos, con bolardos, con bordillos de aceras... En fin, tendré que practicar más para que me den el carnet de conducir ciegos, que aún estoy un poco verde. Lo importante es que, a pesar de todo, nos lo pasamos bien, nos reímos, comimos muy bien, como dice Alberto, visitamos un montón de sitios y disfrutamos del viaje machadiano. Me quedo con la sensación de haber aprendido mucho y haber superado un reto, como cuando aprobé las oposiciones o subí al Mulhacén.
4 comentarios:
Lo importante es que disfrutaron en viaje
y para ti es una promesa y un reto cumplidos.
Besos y bienvenida
Myriam: Sí, lo importante es eso, que nos lo pasamos bien y que me quedo con la sensación de haber cumplido una promesa y superado un reto. Un abrazo.
Como dice la presentación de tu blog" las batallas hay que darlas, y yo añado las ilusiones hay que cumplirlas, siempre que sean realizables.
Enhorabuena
Matola: Sí, tienes razón, hay que intentar cumplir las ilusiones. Y, cuando cumples las de los demás, te sientes más satisfecha. Sobre todo, en el caso de gente que es ciega y no puede ir sin ayuda a esos sitios.
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