Ayer estuve cogiendo olivas en casa de una amiga que vive en el campo. Tiene cinco o seis olivos y su hermana está enferma en el hospital y no podía venir, así que, entre ella, su sobrina, otra amiga y yo fuimos a ayudarle. Me recordó a cuando era pequeña y cogíamos las almendras en el campo, es un poco la misma técnica: recoger las que han caído al suelo, poner las redes y varear los árboles. Hacía sol por fin, tras varios días lloviendo y a medio día me quedé en camiseta de manga corta porque tenía calor. Creo que es la primera vez que, a finales de noviembre, he llevado camiseta al aire libre. Cuando terminamos, fuimos a la almazara y volvimos con cinco garrafas de cinco litros. La vida debería ser así de sencilla, no deberíamos haber perdido nunca ese contacto con la naturaleza y la solidaridad de ayudar a los amigos, familiares y vecinos. Pero todavía quedan, afortunadamente, esas redes femeninas como las que tejían nuestras abuelas para ayudarse unas mujeres a otras. Y seguiremos así, hasta que Alicia se ponga buena y venga con nosotras a recoger las olivas el año que viene.
8 comentarios:
25 litros de aceite. Eso son muchas aceitunas, ¿no?
En los pueblos, sobre todo si son pequeños, creo que todavía queda ese ambiente de solidaridad y cooperación con el vecino, pero en las ciudades... muchas veces no sabemos ni cómo se llama el vecino de la lado.
Muchos ánimos para Alicia y para su hermana.
Besos
¡Qué divertido pasar un día cogiendo aceitunas! Recuerdo que en los años '80 mi ex-jefe, Commander John Rigge y su esposa Pat, organizaban, en su finca de Guadalajara, una fiesta de recogida de olivas. Todo el cuerpo diplomático, incluido el embajador, de la Embajada Británica en Madrid, participaban en el evento. Todos vareábamos los árboles, poníamos redes debajo y ¡a recoger aceitunas! Luego Commander las entregaba a la almazara local. Una experiencia dura, lúdica pero muy didáctica. Besotes, M.
Hace tiempo que tengo la sensación de haber equivocado mi vida. No sé si debería coger olivas, pero sí sé que debería vivirla de otra manera.
Qué magnífica entrada esta.
Seguro que has disfrutado un montón de la experiencia. Y encima el tiempo ayudó.
Me alegro.
Un abrazo, Ana.
En mi familia tenían olivos y mi madre me contaba lo duro que era ir al campo cuando era joven a las siete de la mañana con el frío de noviembre (el que hacía antes) para batir los olivos que no sé cuantos eran pero debían ser muchos. Yo nunca he recogido porque en noviembre ya estábamos en Barcelona, pero en verano ayudaba con los almendros, patatas, incluso garbanzos de amigos y familiares. A primeros de septiembre tocaban los avellanos que aún les quedaban a mis padres y eso era durillo, pero también tenía su encanto... o lo recuerdo con nostalgia.
Espero que se recupere pronto la hermana de tu amiga.
Besos
Así es, Ana. La amistad, el estar ahí siempre que se necesita, el ayudar y el disfrutar de aceptar los regalos con que la naturaleza nos premia. Qué emoción es ésa de coger fruta del árbol o setas o flores... Qué gusto.
También vayan mis ánimos sinceros para Alicia.
Y para ti, con esas lecciones de inglés a las que tanto gusta Carmencita, feliz semana ya navideña.
Cuídate mucho y besitos.
ASUN: 87 kgs. para ser exactos. :-) Sí, afortunadamente, en los pueblos todavía queda ese tipo de solidaridad. Pero en algunas ciudades también.
La cosa va bien, Alicia ya tiene fecha de operación y, a partir de ahí, creo que ya se pondrá buena.
MERCHE: ¿Ves? Tú también estás de acuerdo en que es algo instructivo y divertido.
PEDRO: Pues ya sabes lo que tienes que hacer: dar los pasos para cambiar eso, que sólo vivimos una vez. Suerte y un abrazo.
MONTSE: Sí, el tiempo ayudó, porque este fin de semana está lloviendo. Un abrazo.
EUPHORBIA: Sí tiene que ser duro, sí. Nosotras fuimos a las 9 am, como señoritas. :-) A esa hora ya no hacía frío, además, hacía buen tiempo, ya lo dije en el post.
Alicia está en proceso de recuperación.
ALBERTO: Gracias por darme un papel en tu cuento. Y sí, la amistad es todo eso que dices. Un abrazo fuerte.
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