Sigo contando el viaje a Ibiza de este verano. Ese miércoles de agosto Metis me llevó a una cala preciosa donde nadaban unos peces que yo no había visto en mi vida. Por la tarde la acompañé al trabajo y me fui a dar una vuelta por el paseo marítimo y a la playa. Luego intentamos ver la puesta de sol en El café del mar, pero llegamos tarde por pocos minutos, así que nos fuimos a cenar al Buda (si no recuerdo mal). Había un grupo de jovenzuelos de Irlanda del Norte (por el acento) en la mesa de al lado, pero no me atreví a preguntarles si eran de Derry.
Al día siguiente me fui a Ibiza a hacer unas compras mientras Metis trabajaba y, cuando volví a casa ya por la tarde, descansé un rato y luego nos fuimos a cenar mientras veíamos la puesta de sol, como ya dije aquí. El viernes nos fuimos Merche y yo a Formentera, lo cual se merece otro post, así que ya lo contaré con más detalle, y por la noche Juan, Metis y yo fuimos a cenar a Cala Salada. No vimos la puesta de sol, pero para mí también tuvo magia porque esa noche no había luna y se veían todas las estrellas. No como en Mogarraz la noche en que Alicia y yo subimos a la terraza del hotel y me estuvo explicando sobre diversas constelaciones mientras la Vía Láctea se veía mejor que nunca. Esa noche en Ibiza no se veía bien la Vía Láctea, porque el cielo no estaba tan claro, pero también tenía su encanto.
El sábado, mi último día antes de volver a casa, me levanté tarde porque estaba ya cansada de tantos viajes, hice la maleta y luego me fui a buscar a Metis para comer con ella y con Zahoneo, que venía a Ibiza también. Zahoneo y yo pasamos la tarde tomando cócteles de frutas sin alcohol y dando un paseo por la playa mientras Metis trabajaba. Al salir, me acompañaron al aeropuerto, me despedí de ellos y volví a la vida real, esa que, a veces, también sale en los blogs, pero que suele ser más aburrida.
Al día siguiente me fui a Ibiza a hacer unas compras mientras Metis trabajaba y, cuando volví a casa ya por la tarde, descansé un rato y luego nos fuimos a cenar mientras veíamos la puesta de sol, como ya dije aquí. El viernes nos fuimos Merche y yo a Formentera, lo cual se merece otro post, así que ya lo contaré con más detalle, y por la noche Juan, Metis y yo fuimos a cenar a Cala Salada. No vimos la puesta de sol, pero para mí también tuvo magia porque esa noche no había luna y se veían todas las estrellas. No como en Mogarraz la noche en que Alicia y yo subimos a la terraza del hotel y me estuvo explicando sobre diversas constelaciones mientras la Vía Láctea se veía mejor que nunca. Esa noche en Ibiza no se veía bien la Vía Láctea, porque el cielo no estaba tan claro, pero también tenía su encanto.
El sábado, mi último día antes de volver a casa, me levanté tarde porque estaba ya cansada de tantos viajes, hice la maleta y luego me fui a buscar a Metis para comer con ella y con Zahoneo, que venía a Ibiza también. Zahoneo y yo pasamos la tarde tomando cócteles de frutas sin alcohol y dando un paseo por la playa mientras Metis trabajaba. Al salir, me acompañaron al aeropuerto, me despedí de ellos y volví a la vida real, esa que, a veces, también sale en los blogs, pero que suele ser más aburrida.
13 comentarios:
Hay noches especiales.
Las estrellas brillan más o nuestros ojos tienen más vida, o ¿quizá será un todo?
Muchas veces es la compañía, y cuando los kilómetros existen, la voz através el teléfono es suficiente para sentir la cercanía.
Sí, seguro que fue el "Buda" donde fuisteis porque no está muy lejos del "Café del mar". Es ahí donde llevamos a comer a los del Imserso de Sta. Eulalia cuando hacemos vuelta a la isla con ellos. Aguardo impaciente tu entrada sobre Formentera... Besotes, M.
DUENDE TRAVIESO: Te he dicho varias veces que deberías hacerte un blog, hazme caso. Es una pena desperdiciar esa alma tan poética tuya.
De nada.
MERCHE: A ver si me inspiro y escribo lo de Formentera. Un abrazo.
Amelche,
es la segunda vez hoy que oigo las maravillas de Ibiza y Formentera, jaja, ¿será casualidad?
Comí con una amiga que ha pasado allí el verano.
Un besote
"golden buda". acuerdate del inmeso buda dorado que había detrás nuestro.
bueno sí, nos perdimos la puesta de sol (que fue suplida por la maravillosa vista de ella desde Es Vedra) y no vimos quizas bien las estrellas, pero para eso teniamos la parrillada de verduras y la sepia a la plancha! al menos alimentamos el estomago en vez de la vista jeje.
y la de maravillas que quedaron por ver si hubiesemos tenido mas tiempo. Pero eso es lo bueno, que te queda material para la proxima vez :-)
un beso ana.
MONTSE: Eso es una señal divina de que tienes que ir a Ibiza, ¡ja, ja!
METIS: Es verdad, nos cuidamos muy bien, la comida, buenísima. La próxima vez, todo lo que me falta. :-) Habrá que ir con tiempo...
Un abrazo.
Ay, la vuelta a la vida real...
Qué envidia yo estuve también en Ibiza y me perdí la puesta de sol. En cambio vi a algunos guiris bastante puestos. jajaja.
Que interesante tantos sitios bonitos a los que nos llevas. Y aún nos queda Formentera ;)
Un besito
Estimada Ana: como bien dices, cada día se ven y se aprenden cosas nuevas... pero también hay que saber mirar, como tú, hay que ser buena observadora, porque sino nos pasan desapercibidas...
¡Un fuerte abrazo!
Me hubiera gustado ver todas esas estrellas...
Oye, y eso que no ibas a salir de vacaciones y visitaste muchos lugares :-)
PEDRO: Es lo que hay. De vez en cuando, hay que trabajar también para poder pagar otras vacaciones.
GARIN: Guiris puestos seguro, y no hace falta que te vayas tan lejos, por aquí cerca también hay un montón así. Es imperdonable que te perdieras la puesta de sol en Ibiza, tienes que volver. :-)
BRUIXOT: La pena es que estuve poco tiempo en Formentera.
ROSA: Gracias por el piropo. Pues sí, hay que saber mirar.
BLANCA: Ya te dije que siempre me salen planes a última hora, por eso no me gusta planear los veranos, porque luego sale todo mejor que si lo hubiera planeado.
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