Llegamos a Praga sobre las dos de la tarde, después de comer en el avión (se me había olvidado ya lo que es viajar como las señoras, no con compañías que te cobran por todo) y ver los Alpes desde lo alto, nevados y preciosos. Nos recogieron en el aeropuerto y nos llevaron al hotel mientras nos explicaban el programa para las vacaciones. Cuando por fin pudimos dejar las cosas en la habitación, nos fuimos en metro al centro, a la Plaza de Wenceslao.
El famoso reloj.
En el metro comprobamos que iban a la caza de guiris incautos como nosotras. Qué casualidad que, las dos veces que vimos a los revisores estaban en la parada de nuestro hotel, donde saben que llegan los turistas sin tener ni idea, meten la pata y cuarenta euros del ala que te ponen de multa. Y las dos veces que los vimos, estaban parando a extranjeros, nunca a checos. Incluso vimos a checos colarse en el metro con todo el morro mientras nosotras, como idiotas, hacíamos cola en la única máquina expendedora de billetes que funcionaba (otras tres estaban fuera de servicio) y allí no pasaba nada, barra libre. Otros españoles del grupo nos contaron que los revisores los habían parado también en otros lugares. Vamos, que no había español que se hubiera librado de que le pidieran el billete, al menos, una vez. El problema, tanto en Praga como en Budapest, es que no hay barreras, no es un metro como los nuestros. Puedes comprar el billete en las taquillas o en las máquinas, pero lo tienes que picar en dos aparatos de color naranja que no se parecen en nada tampoco a los nuestros, así que, pueden pasar desapercibidos. Tú vas tan tranquilo pensando que llevas billete, pero como no lo has picado, en cuanto te pillen los revisores, multa al canto. Así que, ojito. Para más inri, los billetes no son por trayecto, sino por tiempo y el tiempo máximo es 90 minutos. Como se retrase el metro por algo (en horas que hay menos servicio, por ejemplo por la noche) y tengas el billete de media hora, puedes tener problemas porque la máquina de picar imprime la hora a la que has entrado.
Otra curiosidad del metro eran las escaleras mecánicas larguísimas, que bajaban casi en vertical a profundidades insondables, además, a toda velocidad, era fácil tropezarte con los escalones porque estamos acostumbrados a escaleras más lentas. Y los colorines de los dibujos metálicos de las paredes, diseño de la época comunista. Por otro lado, los trenes eran muy nuevos, con pantallas en las que escribían en checo (nunca en inglés, a pesar de que Praga recibe diez millones de turistas al año) la próxima estación y también lo decían por megafonía.
Estuvimos un rato haciendo fotos, compramos la Prague card para dos días (al final, no nos sirvió de mucho, porque la mitad de cosas sólo te hacen algo de descuento y no entran las sinagogas del barrio judío) y nos tomamos un café con un pastelito en el Hotel Europa antes de volver a cenar al hotel. Teníamos media pensión, pero la próxima vez iré sólo con alojamiento y desayuno, para no tener que estar pendiente de a qué hora tengo que ir a comer o cenar. Afortunadamente, el hotel estaba muy bien (cosa que no puedo decir del de Budapest), aunque un poco lejos del centro. Pero tenía un centro comercial y una parada de metro justo debajo, con lo cual, estaba bien comunicado.
Postdata: He encontrado unos vídeos de las escaleras y el metro de Praga muy ilustrativos, así que, los adjunto.
http://www.youtube.com/watch?v=ox2MnKKA2gE
Decorados fashion: http://www.youtube.com/watch?v=7qxJg6tkLB0
Se cierran las puertas del metro: http://www.youtube.com/watch?v=fGuxbzvnu50
Postdata: He encontrado unos vídeos de las escaleras y el metro de Praga muy ilustrativos, así que, los adjunto.
http://www.youtube.com/watch?v=ox2MnKKA2gE
Decorados fashion: http://www.youtube.com/watch?v=7qxJg6tkLB0
Se cierran las puertas del metro: http://www.youtube.com/watch?v=fGuxbzvnu50


12 comentarios:
No era el metro, era bajar al centro de la tierra; en picado y a toda velocidad, y pegadas la pasamanos de la derecha, ya que algún chec@, desafiando la ley de la gravedad, bajaba a mayor velocidad que la escalera. Casi alcanzando la velocidad de la luz, que no la del viento que soplaba con fuerza, en sentido contrario, al llegar el tren; dando la sensación que volabas por unos instantes. Esto unido a que ya habíamos atravesado la barrera de los revisores, vestidos de negro, y con unas caras de “supervisor checo”, yo ya dudaba si era el metro o una película de Harry Potter…
COMPAÑERA DE VIAJE: Es verdad, lo has descrito mejor que yo. Y, encima, te entraba un sentimiento de culpabilidad, aun llevando billete... como si estuvieras haciendo algo malo. Pero para metros, el de Budapest, que ya nombraremos en otro post. Eso creo que fue indescriptible. En mi vida me había sentido como en una peli de los años 40.
Un abrazo.
Pues me estás quitando las ganas de ir pa allá, con esas maneras rudas de los robocops de metro, a mí, prócer del subterráneo y blasón del tube (risas).
Y eso que Praha está en mi carpeta de "pendientes". Y Budapest, casi que también...
Pues que viaje tan difícil, en verdad las vacaciones deben de ser más amables y más divertidas, aunque conocer otros lugares siempre es interesante.
Que te sigas divirtiendo.
Un abrazo
SWYX: Si llevas billete bien picado, no pasa nada. Pero a más de un turista incauto han pillado. Sería más sencillo hacer como en Budapest: en cada estación el revisor está en la puerta y así, ni se te olvida picar, ni te cuelas sin billete. Y da empleo a la gente. Eso, si no quieren poner barreras automáticas como aquí.
Te lo recomiendo, para cuando puedas. Son dos ciudades muy bonitas.
SERGIO: Ya estoy de vuelta, estoy contando los recuerdos del viaje. Y lo recomiendo, como le he dicho a Swyx.
Bienvenido y un abrazo.
¡Qué aventuras! Me ha encantado el video de las escaleras interminables del metro... Besotes, M.
MERCHE: Es impresionante lo de las escaleras. Seguiré contando, pero tenía que escribir también sobre los Juegos Paralímpicos. Un abrazo:
Ana
Ana, bonita experiencia esa de comer en el avión sin ver. Todo un juego de manos para sacar nota. En fin.
Y ese dichoso reloj de la plaza, jejejej. Cuando me tuvieron allí un largo rato para luego encima no ver el dichoso carrillón, muy bonito.
¿Fuiste a la casa de Kafka?
Besitos viajeros.
ALBERTO: Pues tiene mérito, sobre todo, si tenías que comer en un sitio tan estrecho como nuestro avión, que no sabíamos qué hacer con tanto trasto (sobrecito de sal, otro de pimienta, otro de azúcar para el café, cubiertos de plástico, una taza para el café, un vaso para beber agua o lo que fuera, la caja donde te traen la comida y los diversos recipientes con la comida), ni dónde meterlos para poder usar el cuchillo y el tenedor sin que nos molestara todo lo demás para poder comer. ¡Qué agobio!
En cuanto al reloj, con el gentío que había, los toldos de los bares de enfrente, etc. no te creas que pudimos ver mucho. Al final, tuvimos que volver en otro rato que no tocaba la hora, para poder hacer fotos.
Fuimos a la casa de Kafka en el Callejón del oro, pero creo que hay otra que es un museo. Ahí ya no entramos. Nos faltó tiempo para ver muchas cosas (y eso que vimos también un montón). Habrá que volver a Praga.
Un abrazo.
Seguiré tus crónicas de viaje, Amelche. Estuve en Praga hace cinco años, pero no viajé en Metro. Tomo en cuenta lo del picado de billetes por si vuelvo y viajo en Metro.
El largo de las escaleras del vídeo no me impresionan, porque son como las de Estocolmo, en donde viví 9 años.
Besos
Recuerdo el reloj, la plaza, las callejas, los bonitos edificios, los mercadillos callejeros...
Y la gente. Al puente de Carlos no pudimos ni acercarnos por el gentío.
En conjunto me decepcionó. Van sólo a explotar el turismo, y eso se nota.
besos
MYRIAM: La próxima vez tienes que ir en metro, es toda una experiencia. :-)
Un abrazo.
MONTSE: Nosotras fuimos con la guía y llegamos sólo a medio puente por el gentío. Al día siguiente madrugamos y conseguimos estar allí antes de la avalancha, no estaban ni los pintores ni los de los puestecitos, ¡ja, ja!
Sí, es un poco Disneyland, como leí por ahí en internet. La Praga real está en las afueras. Pero bueno, es bonito.
Publicar un comentario