Después fuimos a Ciudad Rodrigo y cruzamos por una carretera secundaria a Portugal. Esos cruces de fronteras, de estar en un país y, de repente, en otro, siempre me han fascinado, desde que salíamos de Irlanda del Norte y nos metíamos en la República de Irlanda en mi juventud. También en el viaje a los Alpes del año pasado atravesamos fronteras varias veces. Portugal, Las arribes del Duero y las leyendas de contrabandistas de un lado a otro, me recordaron viejas historias familiares: mi bisabuelo en tiempos difíciles ganándose un dinerillo extra con el contrabando de tabaco de Portugal a España, pero esta vez un poco más al sur, en Extremadura. En el Tajo en vez de en el Duero. Y mi abuelo segando en Salamanca en los albores de la Guerra Civil, a saber si no segaría alguno de los campos que, setenta y tres años después, vería yo pasar a través de la ventanilla del coche.
Portugal me hizo consciente de estar en otro país y de querer hablar en otro idioma, lástima no haber llevado a Pilar, quién aprendió portugués en Brasil. Siempre que estoy en otro país, daría lo que fuera por hablar en su lengua, por muy enrevesada que sea. Intenté acordarme de alguna palabra en portugués y sólo me acordé de: "obrigado". Y, mientras yo pensaba cómo iba a pedirle al camarero lo que quería, Amada, más práctica y en la lengua internacional de signos, señaló en un cartel los helados que queríamos y dijo simplemente: "uno, dos, uno" y el camarero la entendió perfectamente. Si es que, en el fondo, ser lingüista es un problema, porque nos empeñamos en hacer frases gramaticalmente correctas y nos olvidamos del poder de la situación y el contexto, en los que no hacen falta ni palabras para entenderse. Pero yo soy como el protagonista traductor en la novela Corazón tan blanco: "Tengo la tendencia a querer comprenderlo todo, cuanto se dice y llega a mis oídos, tanto en el trabajo como fuera de él, aunque sea a distancia, aunque sea en uno de los innumerables idiomas que desconozco, aunque sea en murmullos indistinguibles o en susurros imperceptibles, aunque sea mejor que no lo comprenda y lo que se diga no esté dicho para que yo lo oiga, o incluso esté dicho justamente para que yo no lo capte." Y, al mismo tiempo, la tendencia a intentar expresarme yo también en una lengua extranjera con la misma fluidez que tengo en español. Lo cual, por supuesto, no siempre es posible.
Portugal me hizo consciente de estar en otro país y de querer hablar en otro idioma, lástima no haber llevado a Pilar, quién aprendió portugués en Brasil. Siempre que estoy en otro país, daría lo que fuera por hablar en su lengua, por muy enrevesada que sea. Intenté acordarme de alguna palabra en portugués y sólo me acordé de: "obrigado". Y, mientras yo pensaba cómo iba a pedirle al camarero lo que quería, Amada, más práctica y en la lengua internacional de signos, señaló en un cartel los helados que queríamos y dijo simplemente: "uno, dos, uno" y el camarero la entendió perfectamente. Si es que, en el fondo, ser lingüista es un problema, porque nos empeñamos en hacer frases gramaticalmente correctas y nos olvidamos del poder de la situación y el contexto, en los que no hacen falta ni palabras para entenderse. Pero yo soy como el protagonista traductor en la novela Corazón tan blanco: "Tengo la tendencia a querer comprenderlo todo, cuanto se dice y llega a mis oídos, tanto en el trabajo como fuera de él, aunque sea a distancia, aunque sea en uno de los innumerables idiomas que desconozco, aunque sea en murmullos indistinguibles o en susurros imperceptibles, aunque sea mejor que no lo comprenda y lo que se diga no esté dicho para que yo lo oiga, o incluso esté dicho justamente para que yo no lo capte." Y, al mismo tiempo, la tendencia a intentar expresarme yo también en una lengua extranjera con la misma fluidez que tengo en español. Lo cual, por supuesto, no siempre es posible.
16 comentarios:
obrigado es gracias? te lo pregunto para ir aprendiendo y tambien, que ya mismo será la lengua que tendre que utilizar si no quiero perderme y encontrarme en valencia :-)
yo odio no entender lo que me dicen.
besos.
A mí me pasa lo mismo, jaja, me encantan las lenguas. Por algo estudiamos lo que estudiamos,
;)
Un besote
¿Y cómo yo, cegato de mí, me comunico por gestos? ja.
Tienes mucha razón, en la importencia que uno siente al no poder saber comunicarse con el otro.
Mis puntitos brailleros tienen además la ventaja de que te gacen cosquillas en los dedos.
Feliz día Ana y me alegro de que disfrutases.
Cuídate.
METIS: Si te encuentras en Valencia no pasa nada, ya te rescato yo. A no ser que sea Valença do Miño. :-)
Sí, creo que es gracias. El portugués, más o menos, se puede entender.
MONTSE: Pues sí, es que es algo apasionante. Para mí, sólo oír cómo habla la gente en idiomas que no conzco ni aprenderé en la vida (no se pueden aprender todos los idiomas del mundo) ya es fascinante. Entenderlo sería ya la leche, ¡ja, ja!
ALBERTO: Tú sí te puedes comunicar por gestos, si los interlocutores ven. El problema es que ellos no se van a poder comunicar por gestos contigo. Bueno, poder pueden, pero no te vas a enterar de nada... Aunque, oye, igual encuentran otra forma de comunicarse contigo, que hay muchas estrategias comunicativas, pueden hacer algún sonido o algo que entiendas.
Y el braille es internacional, además.
Ja, ja, ja. A mí me pasa lo mismo con los idiomas. Tengo que esforzarme para formar bien la frase, con coherencia y concordancia gramatical y cuando lo tengo ya llega tarde y vale más la pena hacer un par de gestos o decir tres o cuatro palabras clave.
Pero pienso que es algo que vale la pena porque si no uno puede hacerse cómodo.
Ciao ciao
Ummmh! El Douro un lugar interesante.
Menos mal que nos queda Portugal.
Sí, "obrigado" es gracias pero una mujer debe decir "obrigada". De todas formas en Portugal, muchos son políglotas (en parte gracias a que los programas de la televisión y las peliculas son en versión original) y entienden el castellano perfectamente.
Ese papel del traductor en "Corazón tan blanco" ¡me encantó! era genial traduciendo lo que le venía en gana... Besotes, M.
Como residente en tierras extrañas, por ahora, es mi deber decir que yo soy igual que tú, Ana. Si alguna vez he estado por el extranjero -poquito, vaya-, siempre he intentado estar al quite para entender lo que se dice o aprender al máximo la lengua con el resultado, obvio, de no enterarme de nada. xDD.
Pero bueno. Ahora que estoy en la pérfida Albión, sí que intento poner la antena para todo con el inglés. Sé inglés -muy poco, eh?- pero, buah, es inglés "españolizado" como me dijo un vecino de aquí. Por eso, intento a toda hora corregir mis defectos aunque, como también es lógico, mis resultados son, por ahora, nulos o muy pobres. Tiempo al time.
Otra cosita que dices y que también comparto contigo es que me gustaría poder hablar todos los idiomas del mundo. Me he dado cuenta, hace muy poquito, un par de años, que la ciencia más completa del mundo es la lingüística porque es la que te ayuda a poder comunicarte con cualquiera. Sabiendo muchos idiomas, claro. Porque sino ya pasas a la mímica que, oye, también es interesante.
Sea como sea, tenemos que estar en continua evolución e intentar aprender todo cuanto podamos. Aunque sean insultos y cosas malas que, bueno, siempre vienen bien para ciertas ocasiones. Y perdón por el tocho :$
GARIN: Es que somos un poco maniáticos del lenguaje. ¡Con lo fácil que es hacer gestos!
XNEM: Sí, habrá que volver. Por lo menos, yo, que casi no vi nada.
MERCHE: Ya lo dicen en italiano: "tradutore traditore", no sé cuántas t lleva. Pero eso, que el traductor es un traidor. También dicen, en frase un poco machista, que las traducciones, como las mujeres, cuanto más infieles, más bellas.
Los portugueses nos entendían perfectamente en castellano, y nosotros a ellos en portugués.
SWYX: Bueno, poco a poco, hombre, que acabas de llegar. Bastante tienes con conducir por la izquierda. Si encima hablaras inglés mejor que la reina, ya sería demasiado. :-)
Pues sí, saber idiomas es genial para poder comunicarte con un montón de gente. Pero creo que el idioma universal es la música (de eso sabes tú más que yo), porque la música, sin saber ningún idioma común, une más.
Bueno, a ver qué nos vas contando de tus aventurillas por Inglaterra. Que no sea todo ir al Primark. :-)
Lo de obrigado me ha recordado una canción de mis tiempos de juventud... de mi vida pasada :P
Te sabes esa de ¿El chacachá del tren?: ..."el billete me pidió moito obrigado, declarándome que estaba muertecito por mi amor. Al compás del chacachá...".
MARÍA: Eso lo cantaban Mocedades, ¿no? Bueno, no sé si antes de ellos lo cantaría alguien más... Si yo era pequeña entonces, tú serías mucho más, ¿no? O igual yo ya era adolescente, no sé.
¡Pero bueno, Amelche, si has estado en mi tierra! tu sabes que yo soy de Ciudad Rodrigo , Antigua Miróbriga!
¡Pena que en éstas fechas yo no estoy por esas tierras , claro que tampoco sabía de tu visita...Me alegra que lo pasaras tan bien y que comieras las patatas meneas, que si están bien hechas pueden ser una delicia...
Besito volado.
BRUJITA: Estuvimos una mañana en Ciudad Rodrigo. Un poco rápido, pero bueno. Nos vamos persiguiendo aquí y allí y no nos encontramos nunca, ¡ja, ja!
Un abrazo
Siempre quise ir a Portugal. Tan cerca y tan lejos...en fin habrá que ponerse las pilas ;)
No me importaría ir el año que viene, que lo vi muy brevemente.
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