domingo, 15 de agosto de 2010

Irlanda 2010 (Primera parte)

Llegamos a Cork ya casi a las doce de la noche y nos estaba esperando el taxista de la compañía que habíamos contratado por internet. Un irlandés muy alto y con una furgoneta grande, en la que cabíamos toda la familia, como le dije. Y eso que por e-mail yo había especificado que sólo éramos dos y que llevábamos pocas maletas. Nos fue explicando al pasar por algunos edificios lo que eran, en plan guía turístico, y luego, como la calle del albergue era muy estrecha y tenía coches y hasta furgonetas aparcadas a los lados, se tuvo que meter marcha atrás y le costó algunas maniobras. Como se había portado muy bien esperándonos veinte minutos más de retraso que trajo el avión sin cobrarnos nada por ello, le di una propina para que se tomara una Guinness a nuestra salud. Tras pagar y rellenar los papeles correspondientes, el recepcionista nos ayudó con las maletas y nos llevó a la casa donde estaba nuestra habitación, justo en la calle de detrás, más amplia y donde el taxista habría podido parar un momento y descargar las maletas sin tanta maniobra. Como ya era tarde y, para nosotras, una hora más porque nos habíamos levantado en España ese día, nos fuimos a dormir. Nos costó un poco por el ruido y el tráfico de la calle, pero al final caímos rendidas.




Cobh, foto de A. Pérez.


Al día siguiente desayunamos unas tostadas, té y café en el albergue y nos fuimos a explorar un Cork vacío porque allí era fiesta ese día. Luego cogimos un tren para ir a Cobh, fue un trayecto muy agradable mirando por la ventanilla el verde y el río, aunque también había zonas más industriales. Hacía muchos años que no había estado en Cobh, desde que tenía 24, y me apetecía ir. Además, la última vez no estuvimos mucho tiempo. Paseamos por un Cobh de cielo plomizo y nos metimos a comer en un restaurante que yo había visto en internet y que está muy bien: Gilbert's. Empezó a llover mientras comíamos en un lugar donde apenas había ruido, a pesar de que estaba lleno de gente y donde éramos las únicas extranjeras. Era un lugar muy especial y un momento también para relajarnos y disfrutar del sitio y de la compañía.



Al salir había parado de llover, pero la tregua no duró mucho: nos mojamos antes de llegar a la estación. Al llegar a Cork, habían abierto las tiendas, ya que abren incluso los domingos y festivos, y nos dedicamos a hacer algunas compras. Luego fuimos a la universidad, que yo recordaba como muy antigua, pero que está llena de edificios nuevos y muy modernos. A la vuelta, nos perdimos porque el río se divide en dos canales y pensábamos que estábamos en el río y nos estábamos yendo bastante lejos, hasta que miramos el mapa, no nos cuadraba nada, encima muchas de las calles no aparecían, preguntamos a gente... Total, que por fin conseguimos llegar al albergue sobre las siete y pico de la tarde, varias horas después y un poco cansadas.



Había una cocina en la planta baja que nos habían dicho que se podía utilizar, así que nos pusimos a preparar algo para cenar. Mi compañera de viaje metió el pan en la tostadora y, de repente, saltó la alarma de incendios. Y eso que ninguna de las dos habíamos notado humo, pero las alarmas de incendios se disparan por nada, son ultra sensibles. En mi casa de Derry al final le quitamos las pilas porque estaba todo el rato dando por saco, debía de tener algún cable mal y se disparaba con o sin humo. Ella se quedó un poco descolocada, mientras que yo, al haber vivido en ese país, reconocí el sonido, salté de la silla diciendo: "¡Mierda, la alarma de incendios!" y miré al techo para ver dónde estaba (lejos de la tostadora, por cierto) para apagarla. Pero no tenía el botón rojo enmedio como la de mi casa de Derry, aunque se apagó enseguida ella sola, menos mal. Y se ve que no había nadie por allí, porque nadie vino a ver qué había pasado, así que, no dimos mucho la nota.



Tras la cena, nos fuimos a un pub, The Corner House, donde se supone que había música en directo, pero tardaron en actuar y no había mucho ambiente, había muy poca gente. Así que, cuando nos tomamos la sidra, nos fuimos a dormir, que había sido un día lleno de aventuras y nos esperaban más al día siguiente, ya que lo primero que íbamos a hacer es recoger el coche de alquiler que teníamos reservado en el aeropuerto.



CONTINUARÁ...

11 comentarios:

Merche Pallarés dijo...

Si hubiese habido un fuego de verdad, ¡menudo caso hubieran hecho! Simpático tu relato del primer día en la bella y lluviosa Eire. Estaré pendiente del resto del viaje. Besotes, M.

Amig@mi@ dijo...

Jolín,
me recuerdas a mis años de correrías por esos mundos.
NO sabes como los echo de menos.
Eres afortunada en ese sentido.
Es algo que con "mi vida" se pierde.
Besos

amelche dijo...

MERCHE: Eso pensé yo. Pero, por otra parte, ya que no había fuego, mejor que no se enterara nadie y hubiera que dar explicaciones.



MONTSE: No te creas, yo echo también de menos vivir en el extranjero. Pero bueno, de vez en cuando, me puedo escapar. Un día de estos nos escapamos juntas, ¿vale? :-)

Ludovica dijo...

Aiii Amelche, qué miedo me está entrando, me voy el 2. Tengo muchísimas ganas de ir pero me está entrando el pánico escénico...jajajaja

amelche dijo...

LUDOVICA: No te preocupes, te va a encantar la ciudad, ya verás. Te podemos recomendar varios sitios para ver e, incluso, sitios a los que viajar en fin de semana. Si quieres algo, manda e-mail. (Está en el perfil de usuario.)

MeTis dijo...

vosotras no teneis miedo no? como lo tienes todo controlado en internet!!!!

y con alquiler de coche y todo!!! te admiro, que valientes sois, yo ni me atrevo por la peninsula...:-(

un abrazo.

amelche dijo...

METIS: Miedo sí, pero nos lanzamos. Es que, sin coche, imposible ir a donde queríamos ir. Y la verdad es que sí lo tenía todo muy bien organizado.

Anónimo dijo...

Metis, antes de salir de España estaba muerta de miedo con la historia del coche.
Esta segunda noche creo que no dormí pensando que tenía que coger el coche. Y mira que la habitación era acogedora y agradable. A la mañana siguiente mi primera experiencia "por la izquierda" no me preguntes como llegue del B&B, a la salida del pueblo, al aparcamiento del puerto,sin caerme al agua, sin llevarme por delante todos los espejos de los coches aparcados, a todos los irlandeses e incluso a los cisnes de la bahía; hacía frió, pero sudé.
A partir de ahí: "prueba superada"
Pero lo que no te puedes imaginar es el planing del viaje que organizó: impresionante, maravilloso y perfecto.

amelche dijo...

COMPAÑERA DE VIAJE: No adelantes acontecimientos, que eso lo contaré en el próximo post. :-) Sigo pensando que conduces mejor que yo, por el lado que sea.

Y gracias por el piropo del planning del viaje. Me alegro de que te gustara.

Umma1 dijo...

Trenes, reencuentros y tostadas... esa es, si existe, la felicidad.

amelche dijo...

UMMA: ¿Verdad que sí? Vos sos sabia. :-)