domingo, 29 de agosto de 2010

Skellig Islands 2 (Cuarta parte, bis).

Oímos a unos catalanes hablando en catalán y mi compañera de viaje se dirigió a ellos en valenciano para que nos hicieran una foto. De broma, le dije: "Me encanta cómo hablas inglés. Impresionante." Después de unas cuantas fotos decidimos empezar a bajar, poco a poco, para no apelotonarnos todos después de vuelta a los barcos. Al subir no se notaba tanto, porque íbamos de cara a la montaña, pero al bajar ya se apreciaba la altura a la que estábamos, con el mar allá abajo, y daba un poco de vértigo, la verdad. Sobre todo, este trozo:




Skellig Michael


Al llegar abajo, hicimos fotos con algunas gaviotas que se acercaban desafiantes, como a disputarnos nuestro derecho a estar en la isla. Y luego ya fuimos a esperar al barco. Estaban todos en el mar y sólo uno en el puerto (sólo cabía uno). Al final, nuestro barquero se cansó de esperar a que se llenara ese barco y se fuera, porque faltaban aún varios turistas después de un rato allí. Así que, ni corto ni perezoso, vino, ató su barco al otro y nos hizo pasar saltando de barco en barco. Repito lo que dije en el post anterior: ¡Menos mal que llevábamos botas de montaña! Y que el barquero joven de la otra embarcación nos ayudó a subir.

Luego dimos una vuelta completa por la isla pequeña y fue impresionante ver la cantidad de aves que estaban allí posadas y sobrevolando el cielo. Cada puntito blanco que se veía, era un ave y había miles, como se puede ver en la siguiente foto (podéis pinchar en ella para ampliarla):


Little Skellig


Poco a poco nos fuimos alejando de las islas, que se empequeñecían en el horizonte hasta desaparecer por completo. Nos dio un poco de pena, pero había que volver a tierra firme. Al llegar, nos recibieron los mismos escalones empinados de otra escalera de hierro similar, trepamos por ellos al puerto y después nos dirigimos a este museo sobre las Skellig que hay en Valentia Island. Había empezado a llover, el tiempo había cambiado bastante, así que antes de entrar nos refugiamos un rato en el coche para comernos los picnics que llevábamos en las mochilas desde por la mañana mientras mirábamos Portmagee y el mar desde otra isla, aunque esta tenga un puente a tierra firme.

Al salir del museo fuimos a la otra punta de la isla para coger el trasbordador, con el coche y todo, y cruzar a la otra orilla. Desde allí fuimos a Rossbeigh para pasear por la playa, aunque la tarde no era muy agradable. A la vuelta, estuvimos mirando varios sitios para cenar en varios pueblos, pero no nos convencieron, así que volvimos a Portmagee y decidimos probar el pub "rival", pero creo que nos equivocamos. Es que sólo hay dos pubs: uno que pertenece a los dueños del B&B donde estábamos alojadas y otro. Como la noche anterior habíamos cenado ya en el restaurante de los dueños del B&B, decidimos explorar. Pero en el otro pub, que era típico irlandés, eso sí, sólo había un grupo de hombres en la barra y otra sala donde estaban cenando una familia francesa y una pareja italiana. Eso ya debería habernos dado la pauta, porque en el otro local se llenaba siempre de gente del pueblo y alrededores, o sea, que tenía buena fama. Pero bueno, al final la cena no estuvo mal, a pesar de todo.

Faltaba todavía ir a pub de siempre para gastar la invitación que teníamos a un café irlandés, así que, allá fuimos y pronto nos dimos cuenta de que el ambiente era mucho mejor: pub más nuevo, mejor decorado, todo más limpio, mucha más gente, aunque tampoco estaba abarrotado porque, a esas horas, ya habían terminado de cenar y se habían ido a sus casas, que era un día entre semana y al día siguiente tendrían que trabajar. Los italianos del pub anterior, por cierto, también se habían venido a este y se habían sentado en la barra. Pedimos los cafés y nos sentamos en una mesa cerca de la ventana, para ver anochecer sobre Valentia Island, que la teníamos enfrente. El whiskey irlandés desató las lenguas, sobre todo la mía, y acabamos hablando y hablando hasta casi las doce de la noche. No nos queríamos ir, pero al final decidimos subir a la habitación y dormir, que al día siguiente teníamos que conducir un montón de kilómetros y atravesar varios condados antes de llegar a nuestro destino.

CONTINUARÁ...

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Después de mi maravilloso "valencian-english", como dice riéndose de mi, mi amigo Germán, sentí la necesidad de pegar mi espalda a una de las chozas de piedra, no se, sólo se que lo hice y te pedí que me hicieses una foto.
Y, sí, había que regresar.
¿Recuerdas? Había que volver atravesar aquella pequeña puerta, sin puerta que separaba el Monasterio del resto de la isla, y había que desandar lo andado, sin dejar de sentir: cada vista, cada sonido, cada bocanada de aire, cada pisada.
Es un sitio misterioso y quizá mágico.
La vuelta alejándolos de Ella y bordeando el Castillo de las aves, intentamos buscar los delfines, pero ese día estaban de vacaciones en otros mares, como nosotras.

Amig@mi@ dijo...

La verdad es que el sitio es una maravilla. Qué suerte haberlo podido disfrutar.
Gracias por compartir.
Besos

Merche Pallarés dijo...

Esa bajada sí que da vértigo... Ahora, el lugar es muy interesante. Me alegro de que lo hayais disfrutado. Besotes, M.

amelche dijo...

COMPAÑERA DE VIAJE: Sí, pero la foto tuya que más me gusta de esa excursión es la que estás bajando las escaleras, mejor que una vedette bajando del cielo, con tu camiseta lila por entre las rocas grises. Ahí estuve muy acertada al disparar mi cámara.

Puerta que había que atravesar agachándose, por cierto. No, no vimos delfines, aunque la guía dijo que era un buen día para ello.


MONTSE: Sobre todo, suerte de haber podido ir, porque a veces el mar está tan mal, que no se puede hacer la travesía, ni siquiera en verano.

De nada, si vas algún día, ya nos avisas.




MERCHE: Ese trozo era el peor y había que pasarlo también al subir. Creo que no caben dos personas de frente y, si caben, por los pelos. Pero sí, lo disfrutamos mucho.

MeTis dijo...

recuerdame que la proxima vez que te vea no te invita a cafe irlandes. ni a margarita jeje.

a esto le llamo yo vacaciones y no lo que hacen mis amigas, ir de tienda en tienda...

amelche dijo...

¿Por qué no, mujer? :-) Tiendas creo que vimos pocas. Y porque queríamos comprar algún regalito, que si no, ni entramos.

Umma1 dijo...

Que lindo viaje Ana.
Me preguntaba al comenzar a leerte, porque reincidís tanto con irlanda, habiendo tantos lugares interesantes en tu continente para recorrer.

Pero la verdad, Irlanda es para repetir.

amelche dijo...

UMMA: Además de para repetir, Irlanda es para refugiarse. Para descansar, para ir sin estrés. Mi amiga me propuso ir a Irlanda porque ella nunca había ido. Pero luego me dijo que, como yo he ido tantas veces, que eligiera un sitio distinto, si quería. Pensé en agosto, en hordas de turistas a contrarreloj para visitar todos los museos, iglesias y catedrales de las ciudades europeas y me horroricé. Entonces decidí ir a Irlanda: paz, tranquilidad, nada de estrés y me apetecía mucho más eso. Así que nos fuimos a Irlanda.