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viernes, 25 de noviembre de 2011

Vale la pena esta canción.

Me parece una de las más bellas canciones de amor que se hayan escrito nunca. Quién tuviera a alguien para decirle todo esto:




Tengo el mapa de un tesoro para darte
entre besos que se mueren por tu piel,
tengo un mundo de castillos en el aire,
son para ti, que para mi tengo bastante.

Tengo el mástil de una nave sin bandera
en el puerto donde atraco el corazón,
tengo el tiempo y un reloj lleno de arena,
son para ti, que a mi me da con que me quieras.

Navegando en aguas tuyas voy ligera,
sólo dejo que me lleve la marea,
cada calle de mi mundo pasa por tu corazón
soy para ti, tú para mi, eres más de lo que di,
soy para ti, que a mi me da con que me quieras.

Tengo el alma a medias, tengo un sueño loco
trasteando en los cajones del amor,
tengo un tú y un yo que siempre da en nosotros,
son para ti que para mí vale con poco.

Navegando en aguas tuyas voy ligera,
sólo dejo que me lleve la marea,
cada calle de mi mundo pasa por tu corazón
soy para ti, tú para mi, eres más de lo que di,
soy para ti, que a mi me da con que me quieras...

Soy para ti, tú para mi eres más de lo que di,
soy para ti, dime que sí vale la pena.

jueves, 27 de mayo de 2010

El falso amor.

El otro día Umma publicó un post muy interesante sobre esos amores que no lo son realmente. Lo podéis ver aquí. Se lo mandé a una amiga y me contestó que qué fácil es ver los toros desde la barrera. Puede que sí, pero espero que abra los ojos de una vez y se dé cuenta de quién es quién. Quiénes son sus amigos verdaderos, que se partirían la cara por ella, y quiénes lo son sólo por un rato y por conveniencia. Y espero que sea lo suficientemente inteligente como para actuar en consecuencia. Y también para entender que no puedo alegrarme de que se vaya a ver a un idiota. Me alegraré cuando vaya a ver a un hombre de verdad, un tío como Dios manda. Pero claro, cuando vaya a ver a un hombre de verdad no me dejará tirada un día antes de irnos de viaje, porque ya sabrá hace tiempo que tiene otro viaje con él y no cambiará de opinión cinco minutos después de hablar conmigo para irse de viaje con él. Porque un hombre de verdad no jugará con ella hasta el último momento, sabiendo que tiene otros compromisos, para luego dejarla tirada como un cobarde gilipollas.






No creo que el interfecto lea mi blog, aunque ella le dio esta dirección hace tiempo. Lo siento porque me encantaría que supiera lo que pienso de su escasa hombría, de su falta de respeto por las mujeres y de su tendencia a no dar la cara cuando hay que hacerlo. Pero bueno, tampoco vale la pena perder el tiempo con gente así. Como dicen en valenciano: "No vale la pena hacer caso de medios días habiendo días enteros." No vale la pena hacer caso de mediohombres habiendo hombres enteros.

viernes, 9 de enero de 2009

Con los cinco sentidos.



Un paseo junto al mar. Paella valenciana. Chocolate negro con trocitos de naranja. La luz del mediterráneo en un día invernal. Tabarca al fondo. Las rocas, duro asiento. Confesiones. Miradas. El roce de tu piel en un abrazo. No querer soltarnos las manos. La música en mi coche: “Están as nubes chorando/ por un amor que morréu/ están as ruas molladas/ de tanto como choveu.” Sales, dejas la puerta abierta y me das la espalda mirando al mar. Me espero dos minutos, apago la radio, salgo y cierro el coche. Me guardo la llave en el bolsillo mientras me acerco a ti y no me atrevo a tocarte. Te hablo, te giras, me abrazas. “Perdona”. No hay nada que perdonar. Al fondo, Alicante. Detrás, el faro de Santa Pola. “Quero mirarme/ nas meniñas dos teus ollos/ non me deixes/ e ten compasión de min/ sen ti non podo/ sen ti non podo vivir.” Volvemos al coche. Nos vamos a casa.

(Cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia, que conste. )

viernes, 26 de diciembre de 2008

Feliz Navidad.

Estoy encantada reinaugurando mi casa cada día con unos y con otros, quedando con gente a la que hacía tiempo que no veía, aprendiendo a hacer tortillas en la encimera de inducción (me salió un poco quemada y deformada, pero en cuanto domine la sartén nueva y qué númerito hay que poner en la encimera para que no se queme, todo superado, porque estaba buena a pesar de todo), recibiendo postales navideñas de allende los mares e, incluso, un libro de poemas de Clara, como dije en el post anterior. Además me han dado un montón de regalos para mi casa y espero poder irme a vivir pronto allí. Aún faltan unas pequeñas reformas, pintar, comprar algunos muebles...

De vez en cuando la vida, toma conmigo café...


lunes, 15 de septiembre de 2008

Noche de luna llena.

Esta noche, esperando a Antonio para cenar, me he dado cuenta de que había luna llena, como aquella noche, hace ya muchos años (el 9 de diciembre de 1995) en que esperaba a otro amigo que acabó siendo mi novio. No sé cuántas lunas habrán pasado entre una noche y otra, pero sé que la luna en aquellos tiempos me hacía recordar una frase del final de la película El cielo protector: "¿Ha habido alguna tarde que haya cambiado el resto de tu vida? Puede que cuatro o cinco, o tal vez ninguna. ¿Cuántas veces más contemplarás la luna llena? Puede que no más de veinte. Y, sin embargo, todo parece ilimitado." Sobre todo, parecía más ilimitado en esos años en que éramos más jóvenes.



Hoy en día, además, existen los móviles, para que te llegue un mensaje justo en el momento en que estás más concentrada mirando la luna llena y te interrumpa los pensamientos. Virginia, que tiene la adjudicación de plazas el martes, igual que Paqui. Ojalá tengan suerte las dos y les toque un instituto bueno este curso. Enciendo una vela verde esperanza para ellas.

martes, 2 de septiembre de 2008

Aviso para navegantes.

Existen tantas palabras en nuestro idioma que se podría pensar que está todo dicho ya. Sin embargo, creo que aún quedan muchas cosas por decir. ¿Qué sabes de Ana? Quizás no sepas que, tras esa apariencia de madurez, de este disfraz de mujer culta licenciada en filología inglesa que ha vivido en el extranjero, a veces, no hay más que una chiquilla asustada. Yo, que la conozco bien, sé que es una mujer especial, aunque no se lo digo casi nunca. Es una mujer especial por su sinceridad y por lo frágil que es debajo de la coraza que se pone. Porque siempre lleva armadura para que no la hieran en sus sentimientos y es muy sensible.

Esta mujer especial de la que te estoy hablando, tiene tendencia a la melancolía y a derrumbarse de vez en cuando. Es tan fácil herirla, como fácil es que en seguida se vuelva a poner en pie y no se note lo que le pasa por dentro. Y te costará saberlo porque lo disimula muy bien y porque es demasiado orgullosa para reconocer sus debilidades. Nunca quiere aparecer como una mujer débil, aunque sabe que lo es en ciertos aspectos, a una persona como ella no le gusta mostrar sus puntos débiles y quiere aparecer siempre muy segura de sí misma. Además, lleva toda la vida luchando a brazo partido con su timidez para saber cómo actuar siempre, por miedo a hacer el ridículo. Por eso no saber cómo actuar la intimida y, a veces, llegará a intentar evitar situaciones incómodas.

No es perfecta, ya lo sabes, es muy cabezota y terca como una mula cuando se le mete algo entre ceja y ceja. No se enfada a menudo, pero, cuando lo hace, saca el genio que heredó de su padre y ya puedes echarte a temblar porque tiene un pronto un poco fuerte, que sólo dura unos minutos. Normalmente, no llega la sangre al río, ya sabes que perro ladrador, poco mordedor. Y cuando se le pasa, es muy calmada. Pero es una mujer con buena memoria y no olvida, no olvida nunca, aunque parezca que sí. No es rencorosa porque sabe perdonar y sabe escuchar las explicaciones pertinentes y aceptar las disculpas, pero eso no quiere decir que se haya olvidado del asunto. Tampoco quiere decir que te lo vaya a echar en cara cada dos por tres. Simplemente, lo tendrá en cuenta y obrará en consecuencia la próxima vez para protegerse a sí misma, porque sabe que le cuesta cicatrizar las heridas una vez que le han hecho daño.

No es una mujer que se deje dominar fácilmente, aunque en un principio parezca obediente y sumisa. Cederá en las cosas triviales y cotidianas, no va a perder el tiempo discutiendo por ir a un sitio o a otro, por tomar esto o lo otro. Le da exactamente igual. Pero, ¡ojo!, porque en las cosas que ella cree importantes no cederá ni un ápice y no habrá manera de que caiga del burro, pues ya te he dicho que es muy cabezota. Y muy independiente también, cuando quiere. Así que te recomiendo paciencia y mucha mano izquierda si quieres llevarla a tu terreno.

Es muy nerviosa y muy activa y necesita estar ocupada en veinte cosas a la vez. Pero, en las situaciones en que muchos pierden los estribos o se asustan o se ponen nerviosos, la verás muy serena, con una serenidad que ni ella misma sabe de dónde le viene. Y será capaz de tomar las riendas del asunto y tranquilizar a los afectados. También es muy responsable y exigente consigo misma y con los que la rodean. Tanto, que a veces agobia. Pero se vuelve más flexible cuando se da cuenta de ello. Creo que, si no exagera con sus exigencias, es una buena amiga, una buena compañera, y, en su día, tal vez sea también una buena madre. Aunque, para llegar a esto último, antes deberá aprender a combinar su dureza y su exigencia con ese amor inmenso, esa ternura que guarda muy dentro y no sabe cómo mostrar, cómo sacar al exterior. Y que, cuando consigue mostrarlo, sorprende a la persona a la que va dirigido, porque no esperaba que Ana guardara tanto amor y tanta vida. Quizá esa sea la definición: esta mujer de la que te hablo está VIVA y quiere seguir estándolo durante mucho tiempo. Está llena de proyectos, de ideas nuevas, y de tantas cosas que no sabe sacar fuera y que están esperando, como el arpa de Bécquer, que alguien les quite el polvo y las saque al exterior en todo su merecido esplendor.

En cuanto a la religión, aunque no lo parezca, es religiosa a su manera. Ella cree en un Dios que es amor con mayúsculas y que no tiene nada que ver con ese Dios castigador y vengativo que nos han pintado muchas veces. Cree en un Dios justiciero en el sentido de que tarde o temprano hará justicia y tratará a cada uno como se merece, pero el Dios en el que ella cree sabe perdonar las pequeñas faltas y defectos de cada uno y hacer la vista gorda de vez en cuando. Ella no busca a Dios donde lo buscan otras personas, ella busca a Dios y lo encuentra en un paisaje magnífico, que es obra de Dios, tanto en las grandes montañas como en el inmenso océano. Ella sabe que Dios está en una noche de luna llena y en una tarde de lluvia, en las hojas de los árboles y en las palmeras, en el viento y en las nubes. Ella quiere comunicarse con Dios en las iglesias vacías, para tenerlo para ella sola, en los espacios abiertos y en las noches, haya luna llena o nueva. Y para ello, no le valen las fórmulas consabidas y repetidas desde el principio de los tiempos: ella quiere hablarle con sus palabras y en su idioma. Cree que cada religión es una forma distinta y respetable de honrar a Dios y que cada persona es libre para comunicarse con Él de la manera que mejor le parezca. Por eso odia los fanatismos, vengan de donde vengan, y no le gusta que intenten convencerla para que ella vea las cosas de otra manera, porque ella tiene su propia manera de entender el mundo y ha visto en Irlanda del Norte a lo que llevan los extremos.

Ermita de Gornergrat (Suiza), a 3100 metros de altitud.

Es una mujer prudente y respetuosa, pero también con muchas dudas. Dudas a las que ni la ciencia, ni la religión, ni la filosofía ni la literatura le han respondido. Dudas para las que no encuentra explicación. Sin embargo, a pesar de sus dudas y de sus temores, de sus miedos y de sus incertidumbres, es una luchadora nata y busca un mundo más justo porque es una idealista.

En el amor, es fiel. Fiel en el sentido de la palabra que quieras. Porque sabe que, lo que ha tardado años en encontrar y conseguir, no va a estropearlo por cinco minutos de lo que no se planteó buscar y se encontró de pronto. Y porque no le gusta hacer lo que no le gusta que le hagan. Ella siempre ha querido verte más allá de lo aparente, más allá de lo que todo el mundo ve en ti a primera vista. Ella no te mira sólo con los ojos, sino también con el corazón. Y, como a ti te mira, de esa manera, no ha mirado a nadie más, por eso no debes tener celos. Porque no la he visto sonreír nunca de esa manera en que sonríe cuando te mira a ti, cuando te recuerda a ti, cuando te mira a ti.

(Carta que le escribí a mi ex-novio cuando estaba a punto de cumplir 23 años y, ahora que cumplo 35, parece que no he cambiado mucho.)