sábado, 24 de abril de 2010

Reflexiones en el día del libro.

Me encuentro por la calle con mi profesora de ética de 1º de BUP, cuando yo tenía catorce años. La saludo y le pregunto si se acuerda de mí y me contesta que sí, que me dio clases en el 88. Que conserva las fotos de todos los alumnos que ha tenido y algún día, cuando se jubile, hará una exposición con ellas. Le cuento que soy profesora también, pero de inglés, y me dice que me sea leve, que los adolescentes hoy en día están fatal. Después me encuentro con unas alumnas que tuve hace dos años. Han crecido un montón, están diferentes, hechas unas mujeres. Me saludan también. Un día me las volveré a encontrar, dentro de unos años, y me dirán que son profesoras, astronautas, dependientas de una tienda... y así seguirá el ciclo de la vida y, como decía mi compañero Paco: "Cuando ves que, al cabo de los años, te saludan por la calle con una sonrisa, es que algo pusiste en ellos."


Aunque sea un poco tarde, porque el día del libro fue ayer, me gustaría compartir con vosotros este vídeo que me mandaron el otro día y que me parece muy bueno:



martes, 20 de abril de 2010

20 de abril del 90.

Me recuerda Alberto que hoy hace veinte años del 20 de abril del 90, la canción de Celtas Cortos que ya mencioné en este blog el mismo día de 2006 (ver aquí). Ese día yo tenía 16 años, estaba en 3º de BUP en el instituto y poco tiempo después es cuando recuerdo haber oído esa canción en la radio y en el pub a donde solía ir con mis amigas, Vine, vine. La última vez que pasé por allí, hace un año o dos, el pub se había convertido en una asesoría y desde la puerta vi que habían hecho un largo pasillo para llegar a los distintos despachos. En qué acaban los lugares míticos de la juventud... ¿Dónde estará aquella barra con la foto en blanco y negro de Nueva York, todavía con las torres gemelas y sin que nadie pensara que nunca pudieran desaparecer, la edad de la inocencia?

Hoy no queda casi nadie de los de antes, y los que quedamos hemos cambiado, sí. No tengo críos y ya hace años que corté con "el tío ese". Sigo currando en lo mismo (que años después, claro, porque en el 90 no trabajaba), aunque a veces también me canse y me sienta vacía.





(Alberto, si pinchas en las palabras "aquí", "Alberto", "Vine, Vine" al principio del post te llevará a los enlaces y esta es la canción: http://www.youtube.com/watch?v=ULLmdlRv32E&feature=related.)

viernes, 16 de abril de 2010

Los pueblos negros.


Diciembre 2009
Cuando estuvimos en los pueblos negros (Guadalajara) en diciembre, hizo mal tiempo. Niebla, lluvia, frío... Por eso hemos tenido que volver, para disfrutarlos a pleno sol primaveral. Son pueblos hechos de pizarra, de ahí su color negro. En su día supongo que estarían bastante aislados y en la actualidad también en los largos inviernos. Pero vale la pena visitarlos y probar su gastronomía con las montañas nevadas al fondo. Además, en una web leí una leyenda muy curiosa: Hubo una vez un rey y brujo que tenía tres hijos. Harto de las peleas entre ellos, los hechizó y así quedaron los tres convertidos en montes: el Moncayo, el Ocejón y el Alto Rey, cada uno en un extremo del territorio, para servir de ejemplo.



Abril 2010

Para que veáis el día que nos hizo en diciembre y el que nos ha hecho en abril os dejo las dos fotos de la misma iglesia. Además os recomiendo pinchar en los enlaces, en las palabras "gastronomía" y "web" que salieron más arriba.

sábado, 10 de abril de 2010

Gente.

Me encanta la gente que hace bien su trabajo, da igual que sean médicos, profesores, jueces, abogados, fontaneros o cajeras de supermercado, por poner varios ejemplos. Da igual lo que cada uno haga, lo importante es que sea profesional y se esfuerce por hacerlo bien. Además, me encanta la gente que, en este loco y estresado mundo, aún le queda la amabilidad de ceder el paso a otro coche, esperarse sin pitar a que aparque, dejar pasar antes a un señor que sólo lleva una barra de pan en la cola para pagar... Ese tipo de detalles generosos que hacen que vivir en sociedad sea más agradable.



martes, 6 de abril de 2010

Visita bloguera.

El jueves, después de cuatro años esperando este momento, por fin nos conocimos en persona Aylandara y yo. Habíamos intentado quedar varias veces antes, pero, al final todo se había quedado en agua de borrajas. Sin embargo, todo llega y, al final, nos encontramos. Desde el primer momento, no paramos de hablar como cotorras (había muchas cosas que contarse) y no sé si su novio, Luis, se aburriría con nosotras, pero el buen hombre resistió estoicamente sin quejarse.


Dimos un paseo por varios parques para que admiraran el palmeral, visitamos la Basílica de Sta. María y subimos a la torre, para ver el panorama de palmeras que hay en la foto de arriba. Además, también degustamos la comida típica en el restaurante del Parque Municipal: el arroz con costra. A mí se me hizo un poco corto, el tiempo voló, pero ya habrá ocasión de otros encuentros en Zaragoza, Valencia o cualquier otro lugar del mundo. La primera impresión, para mí, fue muy buena (y no es por hacer la pelota), me cayeron muy bien, me parecieron una pareja estupenda. A él sólo lo conocía por lo que ella me había contado, con ella había hablado varias veces por teléfono, nos habíamos mandado e-mails y nos habíamos dejado comentarios en nuestros respectivos blogs, así que ya sabía lo simpática y lo maja que es. En resumen, balance positivo, a ver si Aylandara se anima a seguir con su blog, que lo tiene un poco parado desde hace tiempo, y que sigamos todos tan bien como hasta ahora, pudiendo disfrutar de la vida y de esos momentos de conversación, paseo y comida.

miércoles, 31 de marzo de 2010

Úbeda.

La visita guiada por Úbeda también fue muy interesante, pero pasamos frío y nos mojamos con la lluvia. Como al salir a desayunar hacía calor, nos dejamos las chaquetas en el hotel, además de los paraguas. Justo al empezar la visita empezó a llover, pero como íbamos entrando y saliendo de iglesias, monasterios y el ayuntamiento, nos refugiábamos un poco. Lo malo es que dentro de esos edificios antiguos hace un frío tremendo, lo cual, unido a la lluvia, hizo que al acabar el recorrido estuviera helada y me doliera bastante el brazo que resultó dañado por la tendinitis que tuve en septiembre y que me costó un mes de rehabilitación. Pensé que no podría conducir a la vuelta, pero el ibuprofeno hizo milagros y, al final, 841 kms. conducidos en total.

Como no estaba el tiempo para hacer picnic en el lugar del día anterior, nos fuimos a buscar un restaurante para comer y estuvimos contándonos cosas de la infancia y de los mejores momentos vividos. Por la tarde nos fuimos a ver el hospital de Santiago (pinchad para saber más) y luego merendamos en una confitería e hicimos algunas compras antes de volver al hotel a cambiarnos de ropa para ir a cenar. La cena estuvo muy bien, era un menú degustación de unas jornadas gastronómicas, y luego fuimos a dar un paseo nocturno por esa plaza tan impresionante en la que no cabe un milímetro más de arte y de historia. (Pinchad aquí.) La noche, las luces de las farolas, los pocos coches y la poca gente que pasaba (otros turistas como nosotras) hicieron de ese paseo un momento mágico que las dos recordaremos siempre.

viernes, 26 de marzo de 2010

Baeza.

Después de comer, nos fuimos a Baeza. No sabíamos de dónde salía la visita guiada, sólo teníamos el nombre de una plaza en el ticket, pero acabé aparcando justo delante de esa plaza en el único lugar en el que no estaba prohibido aparcar, sólo un espacio para cuatro o cinco coches en batería. Si, en el fondo, creo que tengo suerte en la vida, a pesar de todo.

Dimos una vuelta por la ciudad por nuestra cuenta, luego fuimos a una tetería árabe y después ya a la visita guiada, que fue muy interesante. Sólo a los de Baeza se les ocurre enterrar a un obispo de pie allá en lo alto de la fachada de la catedral, por si los de Jaén (con quienes habían estado disputando dónde debía ser enterrado) venían a robárselo. Aunque es una pena que, por esa cabezonería, la reina Isabel les tirara las murallas porque las dos familias nobles más importantes del lugar no dejaban de guerrear entre ellas. Y lo de trasladar piedra a piedra un edificio en tiempos de Franco a un lugar donde se supone que iba a tener más esplendor, no medir el terreno y luego ver que se quedaba pequeño y no les cabía el edificio... Pero eso ya fue culpa del arquitecto de turno o, quizá, de los especuladores de la época.

A pesar de estas curiosidades, a mí lo que me gustó más fue entrar al instituto y al aula donde dio clases Antonio Machado. No me importaría pedir el traslado y dar clases allí. Como el año pasado ya estuve en Segovia, en la pensión donde vivió Machado, sólo me faltan por ver Soria y Colliure. Algún día iré.

Anécdotas del viaje: Que unos ingleses que pasaban por la calle preguntaran a la guía dónde estaba la oficina de turismo y les contestara que no hablaba inglés, con lo cual me tocó explicárselo a mí. Que no haya hecho fotos. Y, sobre todo, lo más extraño es que Amada haya sido la única persona en seis años y ocho meses que tengo el coche, que haya conseguido que saque la antena del maletero (donde la dejé desde que lo compré, para que no me la robaran) porque siempre escucho CDs y eso de escuchar la radio en mi coche es un hecho inédito. Que me encontrara en Úbeda a una ex-compañera de la oficina de turismo de Elche (bueno, ella sigue trabajando allí, yo no) cenando con sus familiares en la terraza de un restaurante cerca de nuestro hotel y me indicara en un mapa dónde había un bar de tapas, aunque al final, no lo encontramos y nos metimos en otro. Y, como resumen de todo, que no me importaría volver a perderme por los cerros de Úbeda.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Trueque.

Ayer aparecieron las farolas y los semáforos de Elche con papelitos que decían lo siguiente:

"Sólo 20 € ¿Conoce el trueque? De los muchos servicios que puede solicitar aquí tiene un ejemplo:

Ana, madre de 42 años, solicitó clases de repaso de la ESO para su hija durante el año, a cambio de preparar la comida de la semana a Javier, chico universitario solo en Elche. Javier pudo comer de caliente entre semana sin necesidad de gastar dinero en el bar. Miles de ejemplos como este se encuentran en servicioeconomico. (Y viene un móvil para llamar.)

Cocinar, limpiar, hacer recados, cuidado de animales, idiomas, pasear, cine, clases de baile, transportes, deporte, consejos de todo tipo, reparación hogar... Nosotros se lo gestionamos. No lo piense, rellene su ficha y verá cuánto beneficio obtendrá."

La verdad, a mí me parece buena idea ahora con la crisis. Te ahorras dinero y practicas un poco de aquello que antes se llamaba: "hacer favores a la vecindad". Creo que es algo que humaniza este mundo tan deshumanizado en el que vivimos, en el que cada uno va por su lado y no saluda ni al vecino.

domingo, 28 de febrero de 2010

Reflexiones de un domingo de febrero.

Desde que existen los blogs, el mundo ya no es lo que era. Sobre todo, cuando hay una gripe A en México o un terremoto en Chile y conoces a gente allí. Conoces a gente que no has visto nunca, pero que por sus fotos y vídeos del blog, por lo que cuentan, es como si estuvieran en el pueblo de al lado, como si tú hubieras visto esas calles y esos paisajes por los que nunca has pasado. Por eso ayer envié sendos e-mails a Nelson y a Iradya y me alegré de saber que estaban bien cuando me contestaron al cabo de las horas. Además, son dos de los primeros blogueros que conocí al empezar en este mundillo y, concretamente, Nelson fue uno de los que me animó a hacerme un blog.

¡Cómo ha pasado el tiempo! En estos cuatro años Nelson terminó sus estudios, se casó y tuvo una hija. Y yo aprobé las oposiciones, me compré el piso, me mudé, conseguí un trabajo fijo... En fin, que la vida sigue. Aunque estos días estoy como la barca de Montse, varada en la orilla, o, más bien, encallada sin saber cómo volver a navegar, aquí estoy. Para que Amada no organice manifestaciones de blogueros pidiendo que escriba, como "amenazó" con hacer si no me animaba a escribir algo ya mismo.

domingo, 14 de febrero de 2010

Viaje a Málaga

Hay más gente de la que creía en la estación de autobuses un sábado por la mañana temprano: aparte de los viajeros, hay niños con el equipo de fútbol jugando al escondite para desesperación de la limpiadora, que piensa que le van a ensuciar todo otra vez, montañeros vestidos con los pantalones típicos, esos que llevan como unas rodilleras negras, sus botas y sus forros polares, que se han dejado el todoterreno en la puerta mientras se toman un café. Cuando llega el autobús nos dice el conductor que no sabe si podremos llegar a Granada por la nieve, pero emprendemos la marcha.
Al acabarse la provincia de Murcia ya empieza la nieve, sólo unos copos que caen y no llegan a cuajar y una ligera capa de nieve que se extiende sobre los campos. Nunca había visto almendros floridos, nevados. Se supone que, "Quan la candelaria flora, l'hivern ja està fora." Así que, si ya habían florido, en teoría, el invierno ya estaba fuera, pero parece que no. Nunca había visto nieve y nieve y nieve durante tantos kilómetros. Cruzamos toda Almería y una buena parte de Granada con nieve. A veces más fina, otras había una capa más gruesa, pero la nieve no parecía acabarse. Sin embargo, pocos kilómetros antes de llegar a Granada, se termina y da paso a la lluvia, que no para, prácticamente, hasta Málaga.

miércoles, 10 de febrero de 2010

Pedro Salinas, de nuevo.

Siempre me gustó este poema de Pedro Salinas...

"Si me llamaras, sí...

¡Si me llamaras, sí,
si me llamaras!

Lo dejaría todo,
todo lo tiraría:
los precios, los catálogos,
el azul del océano en los mapas,
los días y sus noches,
los telegramas viejos
y un amor.
Tú, que no eres mi amor,
¡si me llamaras!"

domingo, 31 de enero de 2010

Luna llena.

"La luna estaba preciosa ayer, es verdad. Mientras estábamos chateando, asomaba su redondez por detrás de la oscuridad de los árboles, cuando volví iluminaba toda la noche y la madrugada, y este amanecer todavía estaba más bella." Tomo prestadas estas palabras que me ha escrito una amiga para empezar este post, porque creo que debería escribir más a menudo y publicar en un blog, aunque sé que le gusta el anonimato.



Anoche yo tampoco pude resistirme al influjo de la luna llena, contemplándola mientras esperaba a Antonio para ir a cenar. No hay nada como una buena conversación, cenar sin prisa, disfrutando de la comida, dar un paseo bajo la luna y luego, ir a una tetería tranquila a seguir charlando. De vez en cuando, la vida es bella.

jueves, 28 de enero de 2010

A veces...

A última hora tenía un examen con los alumnos de 3º de diversificación. Son gente que ha repetido al menos un curso, que tienen 16 años y que son, más o menos, trabajadores, pero les cuesta y no llegan al nivel requerido. Por eso se les pone en un 3º especial, sólo con 15 personas, se les "perdonan" las asignaturas pendientes de otros cursos, se les juntan asignaturas en "ámbitos" (ámbito lingüístico/ social, ámbito científico, etc.) o sea, que tienen menos asignaturas y menos profesores, para que se saquen la ESO con un nivel más bajo.

El examen era: por una cara, la hoja que hicimos y corregimos en clase el lunes y por la otra, otros ejercicios que no habíamos visto en clase, pero eran muy parecidos a los que sí y muy fáciles. Sin embargo, todos estaban histéricos, dudosos y preguntándome qué había que hacer en cada ejercicio. Uno de los alumnos había hecho una actividad que me ha dicho que estaría mal porque lo había hecho "a boleo". Lo he mirado y estaba perfecto. Le he contestado que estaba todo bien y que, igual que ese, hiciera el siguiente, que era lo mismo, pero con preguntas. Ha hecho algunas frases y luego quería entregarme el examen porque decía que no sabía más. Me ha dicho: "Toma, suspéndeme y ya está." Le he dicho que no le iba a suspender, que el examen era muy fácil, que lo hicimos el otro día, que se fijara y seguro que algo le sonaba. Y, si estaba mal, mala suerte, pero si recogía algún punto más, mejor. Le he dicho: "Tú eres un tío luchador, ¿no? Pues lúchalo hasta el final, hasta que toque el timbre." Además, tiene una novia inglesa y el inglés hablado lo domina bastante bien, escrito le cuesta, pero algo le puede sonar, digo yo. Total, que al final ha seguido y ha rellenado bastantes cosas y a todos los que se lo querían dejar antes, tampoco les he dejado entregar el examen y les he obligado a seguir.

Al final, me han entregado los exámenes, han subido las sillas y faltaba un minuto o así para que tocara el timbre. Estaban ya todos de pie en la puerta esperando para salir y les he dicho: "Os voy a contar un cuento con moraleja." Una historia que escuché en la manifestación contra la violencia de género el 25 de noviembre: "En la India, cuando los elefantes son pequeños, los atan con una cadena a un árbol y empiezan a tirar, pero no se pueden soltar. Por eso, cuando son mayores, ya ni se les ocurre tirar, porque piensan que no podrán soltarse de la cadena, cuando justamente tienen mucha más fuerza y se podrían soltar fácilmente con un tirón de nada. Nunca penséis que no podéis hacer algo, porque os estaréis poniendo vosotros mismos la cadena y no podréis. Tenéis que pensar siempre que sí podéis. A lo mejor fracasáis una vez. O dos, Pero seguro que al final, conseguiréis lo que queréis." Silencio absoluto, cosa rara en clase, y hasta yo me estaba emocionando al contar la historia, no sé si me he puesto roja, pero me ha temblado la voz un poco al final. El timbre ha tocado justo cuando yo he terminado de hablar y les he dicho: "Bueno, ya podéis iros, pero que no se os olvide." Y han salido todos pensativos. A veces, sólo a veces, lo bordo y lo sé.

Algún día me gustaría llegar a ser como aquel profesor de la película El club de los poetas muertos que tanto me habría gustado tener. Espero estar en camino. Oh, Captain. My Captain.



martes, 26 de enero de 2010

Enero.

Conduzco con lluvia y viento en un día desapacible y frío. Tardó en entrar el invierno, pero ahora las estamos pagando todas juntas. Suena Marlango en inglés, me he aprovisionado de CDs baratos en el hipermercado, porque ya estaba cansada de escuchar siempre lo mismo. El cuentakilómetros marca 58.888, qué pena que sean para ir a trabajar, y no para ir de viaje. Entro al instituto en medio del diluvio pensando que la guardia de patio va a ser horrorosa hoy. Y siento que la música de Marlango le pega totalmente al tiempo: "My love is soft when he whispers. My love is tough when he cries..."


martes, 19 de enero de 2010

En blanco y negro.

Once de marzo de 1945, aún no se ha acabado la Segunda guerra mundial, larga postguerra en España. Ni siquiera habían nacido mis padres. Una pareja de novios pasea por el Parque Municipal de Elche y les hacen una foto, un poco de lejos, para mi gusto, apenas se les ve en esa foto pequeña, pero están muy jóvenes y guapos. Y las palmeras, en blanco y negro, son las mismas que yo he puesto muchas veces en este blog, quizá, incluso, la misma que uso en mi perfil de usuario.

Pasan sesenta y cinco años y, una tarde de enero, la novia, mi tía abuela, nos enseña la foto a mi madre y a mí. "¡Quién pudiera volver a los veinte años, sabiendo lo que sé ahora! Yo creo que ni me casaba, ahorraría todo el jornal y me lo gastaría en viajes." Y le contesto, riéndome: "Eso es lo que hago yo." Aunque es fácil hablar desde un mundo en el que las mujeres tienen más libertad que antes, para decidir sobre sus propias vidas.

Añadido después de publicar el post:

Como dice Paco, desde su blog Viena Directo: "Y me he dado cuenta de que el valor de una foto es un valor relativo en el tiempo. El paso de los años hace que se recalcule constantemente lo que suscitan en nosotros. El tiempo las contextualiza, las conecta, las sitúa, cada nueva experiencia las cambia; dota a cada gesto de un significado nuevo, a cada tersura de la piel de una conexión inapelable con la inocencia que todavía conservábamos. Las fotos antiguas nos muestran, invariablemente, más felices, más inocentes y más ingenuos de lo que somos ahora que ya sabemos lo que ignorábamos entonces."

domingo, 17 de enero de 2010

¿Qué escribir?

Escribiría en el blog acerca de muchas cosas, pero luego me entra la pereza y no lo hago. Por ejemplo, podría escribir sobre los dos viajes de finales de 2009 que no he contado, de hecho, empecé una entrada que nunca publiqué sobre uno de ellos. Ayer, cuando venía del supermercado, pensé que podría escribir sobre la campaña publicitaria que salió hace unos meses, esa en la que una mujer decía: "Ningún hombre en mi vida será más que yo" y un hombre decía: "Ninguna mujer en mi vida será menos que yo". Pero, no sé, yo siempre he considerado que todos los hombres de mi vida y fuera de ella eran iguales que yo, nunca me he sentido distinta, ni mejor ni peor, e incluso he hecho cosas que hace cuarenta o cincuenta años estaban prohibidas o mal vistas en mujeres y aún lo están para nosotras en muchos países del mundo, como llevar pantalones y zapatos deportivos, conducir, hacer senderismo, pensar y opinar, estudiar una carrera, trabajar, leer un montón de libros, escribir, viajar sola y un largo etcétera de mis actividades cotidianas. Y, para más inri, no sé cocinar, ni coser, ni bordar, ni vestirme de mujer, porque odio las faldas, los vestidos, las medias y los zapatos de tacón y todo ello está desterrado de mi vida para siempre, ni maquillarme, ni pintarme (el maquillaje y los pintalabios también están desterrados, me lo gasto en libros y lo disfruto más), ni un largo etcétera de actividades eternamente consideradas "femeninas" y que se supone que todas las mujeres sabemos, casi de nacimiento.

Podría hablar también de las cenas con amigos, de la cubertería que me regaló mi abuelo antes de morir (él creía que las mujeres debemos coleccionar un ajuar para cuando nos casemos, aunque no nos casemos nunca), de sus copas del mueble del comedor, que debo de haber utilizado yo más en los últimos nueve meses que él en veinte años, de lo orgulloso que estaría si me viera vivir en su casa porque, como decía Pablo Neruda:

"No quiero que vacilen tu risa ni tus pasos,
no quiero que se muera mi herencia de alegría,
no llames a mi pecho, estoy ausente.
Vive en mi ausencia como en una casa."

Sólo que yo decidí vivir en la casa de la ausencia e intentar hacer lo que decía Pablo Neruda también en el mismo poema:

"Es una casa tan transparente la ausencia
que yo sin vida te veré vivir
y si sufres, mi amor, me moriré otra vez."


Y, ¿por qué no escribir también sobre la amistad? Y contar que me gusta que traigas vino o un pastel, roscón de Reyes o lo que sea, cuando vienes a cenar. Que me gusta que te quedes a ayudarme a fregar y a recoger todo, que me des un abrazo de despedida y me riñas cuando tardo en escribir en el blog.

Sin embargo, al leer el blog de Montse anoche, pensé que debería hablar sobre Haití, pero no sé si hay palabras para describir tanto desastre.

domingo, 10 de enero de 2010

Pueblos.

En los viajes que hice el año pasado por Andalucía y ambas Castillas, me iba fijando al pasar en los pueblos. Ahora la vida allí debe de ser menos dura que hace unos años pero, antiguamente, cuando la única salida de los hombres era el campo o, si querían conocer mundo, el ejército o la Iglesia, y las mujeres lo tenían aún peor, porque sólo podían casarse, tener hijos, trabajar en el campo o hacerse religiosas para vivir el resto de su vida en un convento, debía de ser bastante aburrido vivir en esos pueblos. Sobre todo, en una sociedad que te condenaba desde el nacimiento a lo que iba a ser el resto de tu existencia, donde apenas había movilidad geográfica ni se podía pasar fácilmente de un estamento a otro y había muy pocas opciones para salir de ahí. Claro que, también, como no había televisión, ni medios de comunicación, ni internet, rara vez podías saber qué mundo había fuera del pueblo y los pueblos vecinos, cómo se vivía en las grandes ciudades o en otros países. Tampoco había coches, ni trenes, ni autobuses y viajar era algo peligroso y complicado. Sólo sabían leer los más ricos o los religiosos, así que, quedaban pocos divertimentos para los pobres y, casi todos, para los hombres: el teatro, cuando venía alguna compañía itinerante de actores, la taberna y poco más. Las únicas horas de libertad para las mujeres eran refugiarse en la cocina a preparar exquisitos platos con las otras mujeres de la familia o a coser con vecinas y amigas, mientras se iban contando sus problemas y alegrías.

jueves, 31 de diciembre de 2009

Botas.

Limpio mis botas de montaña después del último viaje y pienso que es curioso: descubrí el senderismo por casualidad, como se descubren los grandes amores y amistades. Cuando me compré las botas para hacer tres excursiones de un cursillo para profesores jamás pensé que iría con ellas a los Alpes, subiría al Mulhacén y las usaría en la Sierra de Grazalema, en la de Aracena, en bosques salmantinos, en cañones sorianos, en Guadalajara, en Cazorla... Jamás pensé que, de ahí, surgiría una afición que practico siempre que puedo, porque me relaja y me viene bien para desconectar de la rutina y el estrés cotidiano. Además me ha servido para conocer a un montón de gente que comparte mi misma afición y con los que suelo viajar por tierras de España y del extranjero.


Limpio mis botas para recorrer nuevos caminos en el año próximo y ver hasta dónde me llevan mis pies y el destino. Feliz 2010 a todos.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Pilar.

Me gustaría dedicar este post casi de fin de año a mi amiga Pilar por su paciencia, su generosidad, su estar siempre dispuesta a escuchar y a ayudar a quien lo necesite. Sé que este año ha sido difícil para ella en algunos aspectos, pero también ha traído satisfacciones y libertad, una vida nueva que empezar. Así que, espero que el año 2010 sea incluso mejor, para ella y para todos nosotros. No he terminado el poema que empecé a escribirle en Semana Santa, algún día lo haré, pero, mientras tanto, sirva de homenaje incompleto y todo.

Pilar, columna itálica,
reina del ajedrez,
abuela mágica,
Sophia o Isabel,
conductora aplicada,
y ante todo, mujer
con las manos manchadas
de compromiso y de tiza.

Pilar, amable y cálida
en reuniones feministas
o llenando páginas
de doctoras inglesas
pioneras en medicina,
consiguiendo metas
que ella ni se imagina.

martes, 29 de diciembre de 2009

La elegancia del erizo.

Una portera fea y pobre, pero que, a fin de parecer "normal y corriente", esconde su inteligencia y su cultura. Una niña rica de doce años que es más lista de lo que quiere dar a entender y los vecinos de un edificio en un barrio de clase alta en París es todo lo que necesita la autora (profesora de filosofía y se nota en las citas literarias) para hacernos pensar sobre las cuestiones de la vida cotidiana. A mí me ha gustado, al principio, me pareció un poco aburrido por tanto rollo filosófico pero, como todos los buenos libros, a partir de la mitad no hay forma de desengancharse. Es sólo para asustar a los que tengan poca constancia para seguir leyendo. Sin duda, uno de mis libros preferidos.

(Metis: Como no me has contado si lo has leído y qué te ha parecido, al final, lo he tenido que leer yo.)