domingo, 29 de diciembre de 2013

Harta del acoso publicitario.

Hace unos días me sucedió lo siguiente: Llegué a mi casa del trabajo, pero me tenía que ir pronto a clase de alemán y luego volver al instituto para dar las notas a los padres. Cosa rara en mi calle, había un sitio, así que, aparqué sin molestarme en meter el coche en el garaje. Desde lejos vi a un chico que estaba tocando todos los timbres de mi edificio y nadie le abría. Pero el tío insistía. Llego a la puerta y me pregunta: "¿Me puede decir el nombre del presidente?" Con todo el morro, sin presentarse ni nada. ¿Quién se cree que es? ¿Por qué tengo que darle información sobre mi edificio a un desconocido? ¿Por llevar una carpeta e ir bien arreglado ya hay que abrirle la puerta de tu casa y darle toda la información que quiera? ¿Qué más quieres, que te abra la nevera, te saque una cerveza, te deje mi sofá para ver la tele...? Es el colmo de la desfachatez. 

Supongo que sería un comercial, no lo sé porque no le di más opción, ya que él tampoco se había molestado en decirme quién era y qué quería. Le contesté: "Pues no, no se lo pienso decir." Se quedó pasmado y, entre incrédulo y chulito, lo cuál me dio la impresión de que era un machista que no acepta que una mujer le gane la partida, replicó: "¿Que no me lo piensa decir?" (Mira nene, ponte en plan adolescente enrabietado, que ya tengo experiencia de sobra en ese tipo de comportamientos y por ahí no vas a ningún lado, chaval.) Y yo: " Pues no, no tengo por qué. Así que, si lo quiere saber, averígüelo." Entré y le cerré la puerta en las narices para que no se colara en mi edificio. Se quedó despotricando contra mí, pero me da igual. Viene a molestar a todo el mundo a la hora de la comida/ siesta, que es el momento más íntimo que tenemos, sobre todo, con este ritmo de vida que llevamos. Tiene la mala educación de no decirme quién es y para quién trabaja y, encima, se cree con derecho a interrogarme y que yo le conteste. Hasta ahí podríamos llegar, que para eso estoy en mi casa. Desde luego, no sé qué piensan las empresas, porque con esas técnicas agresivas, a mí no me dan ganas de comprar ningún producto. Y supongo que, a la mayoría de la gente, tampoco.

jueves, 19 de diciembre de 2013

Ella y yo.

Dicen que Luz Casal dedica esta canción de su último disco a la enfermedad, por todo lo que le ha enseñado. No sé si será verdad, pero se la dedico a dos personas que han vivido esa enfermedad y hoy es un día especial por ello.




"Entre el saber y el sentir, / la emoción de la vida / transforma la rutina / hasta hacerme sonreír. /Una rival que elegí/ en un mismo continente, /una amenaza inocente, /eso fuiste para mí. /A veces se gana /y las más se pierde./ Es cuestión de suerte /ser feliz. /Ella y yo/ a solas,/ manos tendidas/ cuerpos al sol. /Ella y yo,/ dos olas /que se entrecruzan en un adiós, /las dos./ El cielo estaba incendiado/ atardecer anunciado,/ únicas en el rosal/ con collares de coral. /A veces se gana /y las más se pierde. /Es cuestión de suerte /ser feliz. /Ella y yo /a solas,/ manos tendidas, cuerpos al sol. /Ella y yo, /dos olas/que se entrecruzan en un adiós, /las dos./ Descubrimos tanto juntas,/ ella y yo."

miércoles, 11 de diciembre de 2013

Ocho años de blog.

¡Cómo pasa el tiempo! Hace ocho años que empecé este blog sin saber cuánto iba a durar. Ha cambiado de formato varias veces (porque cambió Blogger, yo no suelo hacer cambios de plantilla y demás), ha ido cambiando de lectores, mucha gente dejó de escribir y, por tanto, de leer otros blogs como el mío. Empezaron a existir Facebook, Twitter, otros formatos que no había hace ocho años y eso fue matando poco a poco los blogs. Sin embargo, aún quedamos algunos románticos que seguimos escribiendo y publicando de vez en cuando aquí. 



                       Gaviotas en Asturias.

   El blog me permitió relacionarme con gente, conocer cosas nuevas, aprender, viajar a conocer a blogueros en persona... Ha sido una experiencia maravillosa y espero que siga durante muchos años. Gracias a todos los que estáis ahí, al otro lado de la pantalla. 

sábado, 30 de noviembre de 2013

Afónica.

Me he resfriado y, como siempre, me ha atacado a la garganta. He intentado resistir porque tenía un montón de exámenes esta semana y las evaluaciones a la vuelta de la esquina, así que, he ido a trabajar. Creo que los alumnos se han portado mejor que los profesores, han visto que estaba afónica y, aunque han hecho sus travesuras habituales, han dado por hecho que les iba a reñir con una mirada o un gesto, que tenían que leer más de lo que habitualmente hacen la pizarra (muchos ni la miran, no tiene pantalla táctil, no interesa) para seguir instrucciones, escuchar más listenings, hacer el examen en silencio y ya está. Business as usual. 

Sin embargo, mis compañeras (la verdad es que los hombres pasan más y esta vez casi se lo he agradecido, así que eran compañeras las que más me han hablado) me han agobiado un poco con tanto querer protegerme. "¿Qué te ha pasado? No hables." Y: "Haz gárgaras con bicarbonato. Con tomillo, con orégano"... cada una me decía una cosa. Vamos, que puedo hacer gárgaras con lo que sea, porque se ve que se hacen con todo. "¿Te estás tomando algo?" ¿Cómo no me voy a estar tomando algo, con el trancazo que llevo encima? Pero si tengo que explicarlo, me toca hablar y no puedo. Luego dos que me querían ayudar a cerrar los sobres de las cartas de las faltas de mis alumnos, que estoy afónica, ¡no manca! Al final tuve que dejar me ayudaran, aunque creo que lo hago mejor yo sola. Pero claro, no puedes discutir ni decir que ya te apañas sola si estás afónica.

De verdad, que se agradecen los mimos y la preocupación, pero me han puesto un poco de los nervios porque sólo quería que me dejaran en paz y hacer mis cosas como siempre. Luego me encuentro a la directora de camino al aseo y ella venía de la cantina: "¿Cómo vas?" Pero, no me hagas hablar, mujer. Y yo, susurrando: "Pues me he tomado un colacao caliente hace un rato." 

"¿Y cómo das clase sin voz?" Esto no me lo preguntaron profesores, sino mi madre, las que trabajan en secretaría y la de la cantina. Buena pregunta, pero es que no puedo contestar hoy. Todo el mundo queriendo hablarme más que nunca. En mi asignatura, hay mil maneras de dar clase sin hablar: listenings, vídeos, exámenes (en los que no se habla), presentaciones orales de los alumnos (que hablen ellos) y ya, si no hay más remedio, hojas de ejercicios que cada uno/a hace y yo voy por las mesas susurrando dónde se han equivocado y dónde no. O escribo las soluciones en la pizarra explicando por qué es la respuesta correcta. Por cierto, no sé por qué tengo la impresión de que mis mejores clases las hago cuando estoy afónica. Incluso varios alumnos y alumnas me dijeron que les había gustado más que otros días...

miércoles, 13 de noviembre de 2013

Los olivos de Belchite.

Nunca he estado en Belchite, pero recuerdo que había una página que hablaba sobre el tema en un libro de español que usaba para dar clase a unos ingleses que se habían jubilado y se habían venido a vivir a España sin saber nada del idioma. No sé por qué, el sonido de la palabra "Belchite" les hacía mucha gracia. El caso es que, como me gustó La maestra republicana, decidí comprarme también Los olivos de Belchite. Me llegó el jueves por correo y el sábado ya estaba leído. 

Ambas novelas tratan temas similares: las huellas de la Guerra Civil todavía en el presente, aunque la gente se piense que no, que eso ya es pasado remoto y pasaron las consecuencias (sigue siendo un tema tabú, mi abuelo nunca me contó que había estado en un campo de concentración, me tuve que enterar por una fotocopia de un documento del Archivo Militar de Ávila), el contraste entre pueblo o el campo y la ciudad, temas económicos de actualidad, las parejas de diferentes culturas, los hijos secretos o los padres y madres secretos que se descubren al cabo de los años...

 Recogida de olivas en Matola (Elche). Foto cedida por A.Pérez.

Quizá lo que más me llama la atención de las novelas de Elena Moya es la vuelta a las raíces, a la tierra, al lugar donde has sido feliz. Supongo que me identifico de alguna manera con el amor de María, la protagonista, por los olivos centenarios porque pasé los veranos de mi infancia en el campo con los almendros de mi bisabuelo. Eso sí, reconozco que el olivo no es tan rugoso como el almendro y, por tanto, a la hora de trepar, no te haces tantos arañazos. Y bueno, aunque no es mi especialidad coger olivas, una también ha hecho sus pinitos, como ya conté: aquí. 

No quiero estropear la lectura, así que, no digo más. Os dejo que os perdáis por las calles de Londres o los campos de Belchite, las avenidas de Barcelona...

martes, 5 de noviembre de 2013

Por los Erasmus.

Porque fui Erasmus, porque nunca pagaron lo suficiente, porque los cuatro meses que pasé en la University of Ulster at Coleraine se los debo, sobre todo, a mis padres. Los sobresalientes y notables que saqué en el curso en que mejores notas tuve de toda la carrera, a pesar de tener que hacer los exámenes y los trabajos en un idioma que no era mi lengua materna, fueron la mejor manera de devolverles su sacrificio y su esfuerzo.





Por los Erasmus pasados, presentes y futuros, aquí van unos vídeos para dar voz a Ramsés, Aida,  Noelia y todos estos chicos y chicas que están estudiando en el extranjero actualmente. Además se lo dedico con cariño a Cristina, que está de Erasmus en Galway, como regalo atrasado por su cumpleaños.


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viernes, 1 de noviembre de 2013

miércoles, 23 de octubre de 2013

La maestra republicana.

Por recomendación de mi amiga Pilar he leído estos días La maestra republicana, de Elena Moya. Es un homenaje a las maestras republicanas que tanto lucharon por la Educación pública, por la igualdad de las mujeres, por llevar la cultura a pueblos remotos a través de bibliotecas o de misiones pedagógicas... Y, además, una parte importante de la historia transcurre en Morella, un pueblo al que le tengo cariño desde que estuve allí de viaje con mis padres hace varios años.

En el libro se hacen referencias a la época de la guerra civil y la postguerra, pero también a la corrupción urbanística y política actual. Algo parecido a unir ambas épocas históricas estoy haciendo yo buscando el rastro de mi abuelo durante la guerra civil (ver aquí) y, al mismo tiempo, viviendo momentos convulsos en estos tiempos de crisis. Por un lado, estoy leyendo cartas y telegramas de 1938 en el Archivo Histórico Municipal, cajas y cajas llenas de papeles que hablan de soldados desaparecidos o  muertos, de enfermedades de familiares con certificados médicos para que los soldados pudieran solicitar permiso y venir a verlos, de nacimientos mientras los padres andaban por el frente, de deserciones, de denuncias, informes policiales o de alcaldes pedáneos que afirman que alguien es "de probado carácter antifascista" y que no tiene familia "en territorio faccioso". Haberes que el ejército republicano no pagaba a tiempo, solicitudes de pensiones de viudedad... Cartas que terminan con: "salud y República", "salud y victoria", "saludos antifascistas" y empiezan por "cámarada". Miles de papeles en forma de cuartillas, reciclados (por detrás hay impresas otras cosas), algunos que se leen perfectamente, como si los hubiéramos escrito ayer, otros borrosos en los que casi no se distinguen las letras. Algunas cartas a mano con una caligrafía preciosa, de la que ya no hemos vuelto a ver ni veremos más, teniendo en cuenta que ahora casi todo lo escribimos a ordenador y ya no sabemos ni escribir con boli y papel. 

Vidas que existieron hace más de setenta años y vidas que existen ahora: estudiantes, padres, madres, profesores con los que me cruzo cada día. Manifestaciones con pancarta a la hora del recreo contra la ley de educación, huelga mañana... De alguna manera los maestros republicanos siguen existiendo y habrá que seguir rescatándolos del olvido, como proponen en esta web: http://lasmerindadesenlamemoria.wordpress.com/2012/10/24/1976/ Y, no sé por qué, tras haber encontrado cartas y telegramas que se refieren a la desaparición de mi abuelo en esa maraña de papeles, tengo la intuición aunque no la certeza, de que pudo ser capturado en el frente cerca de Morella. Al final, la historia de ayer y la de hoy, acaban unidas por los mismos sitios.

martes, 8 de octubre de 2013

A los que se fueron y a los que nos quedamos.

Yo me fui porque quise (y pude volver) pero muchos se han ido obligados y no saben cuándo podrán volver, si es que vuelven. Dentro vídeo:


miércoles, 4 de septiembre de 2013

Cantabria infinita.

Hemos recorrido tres mil kilómetros por la meseta, la montaña y la costa. Hemos visto cuevas con estalactitas y estalagmitas, con dibujos prehistóricos o que fueron refugios de la guerra civil. Hemos visto valles con ríos y rías que dan al mar. Hemos visitado palacios, casas de indianos, molinos de río y de las mareas, iglesias, ermitas, colegiatas, una catedral y hasta un monasterio. Hemos estado en playas preciosas sin bañarnos porque teníamos frío y hemos hecho picnics con mesa y todo.

Picos de Europa.

También hemos comido muy bien y hemos conocido a gente muy amable. Nos hemos perdido con los mapas y nos hemos encontrado. Hemos bebido sidra y devorado sobaos pasiegos.

San Vicente de la Barquera.

Nos hemos alojado en casas preciosas y hemos visto varias puestas de sol. Hemos estado en contacto con la naturaleza, hemos visto muchos animales y hemos hecho senderismo. Hemos cargado el coche hasta los topes con el equipaje, regalos y comida para la vuelta.

Picos de Europa.

Pero, lo más importante de todo, es que hemos sido felices, nos hemos relajado y hemos salido de la rutina. Así que, gracias por acompañarme.

domingo, 1 de septiembre de 2013

40.


Hemos cambiado de década.

martes, 20 de agosto de 2013

No al fracking.



Ni en Cantabria, ni en ningún sitio.

Pdata. del 31 de agosto:

Y ojo, porque nos la cuelan:  http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/08/30/actualidad/1377891090_236107.html

martes, 2 de julio de 2013

Mi sobrino.

Sobrino: "Un avión."

Yo mirando por todas partes y, al final, lo veo pequeñísimo allá arriba. ¡Qué vista, tiene el tío! Le contesto:

-Está muy alto.

-Está muy alto, no se puede coger. -me dice.

-No, no se puede coger. - confirmo.

-Con una escalera.

¿De dónde ha salido este niño que con dos años contesta esto?

jueves, 20 de junio de 2013

Comida.

En estos últimos meses he donado comida siempre que me he enterado de una campaña de recogida de alimentos. Sin embargo, me siento fatal cada vez que lo hago, me dan ganas de llorar de rabia, impotencia, frustración. De ver cómo esta gentuza egoísta nos machaca cada vez más quitándonos dinero y derechos adquiridos durante generaciones. Afirma que hay que trabajar más y ganar menos, pero ellos siguen trabajando poco y ganando lo mismo o más a costa nuestra. No hay dinero para Sanidad y Educación, pero sí para evadir a Suiza. No tenemos derecho (según ellos) a ponernos enfermos ni tampoco a hacernos viejos, porque salimos muy caros y no trabajamos,  ¿Qué es eso de cobrar sin trabajar? Fuera bajas remuneradas, fuera pensiones. Si nos quedamos sin trabajo o nos ponemos enfermos y no podemos trabajar ni cobrar, por tanto, no podemos pagar la hipoteca, se quedan con nuestra casa, si pueden, también la de los padres pensionistas que nos avalaron, y, encima, nos reclaman una deuda que no podremos abonar jamás en la vida. Etc. Etc. Eso, ¿no se ha llamado siempre esclavitud?

domingo, 9 de junio de 2013

La mula.

 La mula es una novela sobre la guerra civil que demuestra que siempre ganan los mismos, que si eres pobre, da igual que estés en el bando de los vencedores porque vas a perder de todas formas. Mi sobrino se acerca a ver qué hago, le enseño la portada y le digo, señalando el título: "La mu-la". Y le enseño también una foto de la portada para que vea qué es una mula. Repite: "La mula", coge el libro, señala la foto que le he enseñado y se va a donde está su madre, así que, sigo leyendo. Vuelve a los cinco minutos y se queda mirándome a mí y al libro. Le señalo una frase y se la leo: "¡A sus órdenes mi comandante!" Se va a donde está su madre y le dice: "¡A sus órdenes mi comandante!" Y nos partimos de risa. Hace varios viajes más, de su madre a mí, para ver lo que leo, así que le voy leyendo frases sueltas en voz alta, que después retransmite a su madre. En una de sus visitas, vuelvo a la portada y leo: "La" y se lo señalo también en la palabra "mula" y en los apellidos del autor, cuyo nombre completo está también en la portada. De punto de lectura tengo una postal de Málaga, se la enseño y leo: "Málaga", señalando otra vez "la". Me mira con curiosidad y mi cuñada me dice: "Es muy pequeño todavía para aprender a leer". Sí, pero, "si tú lees, ellos leen", ¿no?

miércoles, 29 de mayo de 2013

Fin de curso.

Salgo del examen oral de alemán, ayer hice las otras partes, así que, he acabado ya. Arranco el coche, abro las ventanillas, pongo un CD de Ana Belén y me voy a trabajar. ¡Por fin puedo escuchar la música que me dé la gana y no grabaciones para practicar alemán! Subo el volumen, hace buen día y me gustaría tener un descapotable para ir con los pelos al viento y la música alta, como en las películas. ¡Qué sensación de libertad! Así da gusto ir a trabajar. Ahora, a esperar al día 19 para saber los resultados.


miércoles, 22 de mayo de 2013

Ley de Murphy o peripecias en la Renfe.

Todo parecía muy sencillo: ir a Alicante, recoger a Alberto, subir en el cercanías, bajarme en Elche y él seguía camino a Orihuela, donde lo recogía Rosa. Sin embargo, no contábamos con la Ley de Murphy ("si algo puede salir mal, saldrá mal", también conocida como: "la tostada siempre cae del lado de la mantequilla", de la mermelada o del aceite, añado yo). En resumen, que la Ley de Murphy empezó pronto a hacer de las suyas, para darle vidilla al asunto. 

Yo sabía que la estación de Alicante estaba en obras por lo del AVE (se supone que llega en junio, ya veremos...) porque la había visto hace unos meses. Pero es que ahora ya no son obras, es zona de guerra llena de edificios vaciados totalmente por dentro (sólo quedan las paredes y el techo), zanjas por todas partes, vallas metálicas, obreros con casco, ingenieros haciendo fotos de los progresos y consultando con otros... Total, que de los andenes al vestíbulo sólo queda un estrechísimo pasillo por donde se agolpan los pasajeros. 


Alberto, por venir de Madrid, tenía gratis el cercanías. Con una condición: hay que validarlo. Y, para ello, sólo hay una máquina en la entrada de la estación o el mostrador de venta de billetes. Le dije que le preguntara al personal de RENFE que le iba a ayudar al llegar (a mí no me dejaban pasar, sólo podían estar en el andén los viajeros con billete, no los familiares y amigos que iban a recoger a la gente), pero aquella señora sólo le aclaró que había que validarlo y, en cuanto vio que yo me hacía cargo, salió corriendo con la excusa de que tenía que ayudar a más pasajeros. Además, sólo teníamos veinte minutos entre los dos trenes, pero el de Madrid llegó diez minutos tarde, con lo cual, nos quedaba la mitad de tiempo. 

Así que, dejé a Alberto junto a una valla de las obras (el de Madrid había parado justo al lado del cercanías, pero tenía que cruzarme toda la estación para ir a validar el billete) y me fui hasta la otra punta, sorteando viajeros y maletas lo más rápido posible. Llegué a la máquina, había un señor delante y luego, cuando intenté validar el billete con el código de barras, no había manera. Hala, tira para el mostrador y haz toda la cola, claro. Cuando por fin me atiende una señora, me dice que es en el mostrador de al lado. Otra cola. Por fin llego, el hombre intenta validar el billete, el lector de códigos no lee nada, lo pasa varias veces, a la cuarta o quinta, por fin, sale el billete para el cercanías. Salgo corriendo, literalmente, y oigo: "próxima salida cercanías con destino Murcia". Corro aún más que mi hermana en la media maratón de Almansa, consigo llegar entre las vallas hasta donde había dejado a Alberto, nos metemos corriendo en el tren. Todo lleno de gente, claro, éramos los últimos. Con maletas por enmedio, había sitios vacíos, pero sólo para una persona. Al cuarto vagón o así, por fin conseguimos encontrar dos sitios y sentarnos. ¡Uffff! ¡Prueba superada!

Paramos en San Gabriel y Torrellano, como siempre, y el tren se detiene más tiempo del normal para dejar pasar a otros. Ya llevamos quince minutos de retraso, pero lo peor es que no funciona la megafonía que anuncia las estaciones y entonces Alberto lo va a tener difícil para saber cuándo llega a Orihuela. Tampoco pasa el revisor, para avisarlo y que le ayude. Para más inri, en Torrellano se apagan las luces del vagón y el tren hace un ruido raro, parece que no va a arrancar, aunque al final arranca. Si es que, yo conozco los mismos trenes mugrientos toda la vida, en todas las otras líneas de cercanías he visto trenes mucho más modernos. Estos deben de tener como treinta años o más.

Para rematar ya la faena, Alberto se ha equivocado y le ha dicho a Rosa que llega una hora más tarde. Cuando se baja la gente en la primera estación de Elche, nos cambiamos de sitio y dejo a Alberto más cerca de la puerta. Me espero a la segunda y entonces veo al revisor trasteando en el cuadro eléctrico para intentar arreglar las luces, que siguen sin funcionar, y le aviso de que tiene que ayudar a Alberto a llegar a Orihuela. Llamo a Rosa en cuanto me bajo y me dice que está de camino, que no ha hecho caso de Alberto y se ha adelantado, menos mal, están entrando a Orihuela, pero hay obras y se tienen que desviar del camino usual. 

Al día siguiente cuando llego a Orihuela y veo la estación... se me cae el alma a los pies. "¡¡¿Esto qué es?!!  ¡¡Si lo llego a saber, no mando a Alberto aquí!!" Yo conocía (y además, había visto una foto en internet, buscando la dirección para hacerme un plano y saber ir de la estación a la librería donde se hacía la presentación del libro de Alberto) una estación de cristal, modernísima y maravillosa, pero resulta que la cerraron en octubre (de eso me he enterado después) por las obras, creo que del AVE también. Y ahora llegas a lo que llaman: "estación intermodal provisional", que han construido a cierta distancia de la estación real y es, atención: dos andenes sin valla ni nada, vamos, que si, como Alberto, no ves, te puedes caer a la vía fácilmente, un conjunto de prefabricados donde están los aseos, las taquillas de renfe y las de los autobuses ("intermodal" significa que hay unos diez espacios para aparcar autobuses un poco más allá) y poco más. Te hacen bajar en un andén, seguir recto, bajar por una rampa hasta otra vía, cruzar andando la vía, subir por otra rampa al otro andén y luego, por rampa o escaleras, bajar a la parte de las taquillas y la calle. Una carrera de obstáculos, vamos. Y más, si eres discapacitado.


sábado, 18 de mayo de 2013

Este fin de semana.

Ayer, primero fue lo del vídeo y, por la tarde, ir a Alicante a recoger a Alberto, que ha venido a pasar el fin de semana en Orihuela para dar dos charlas sobre su libro, una en Pilar de la Horadada esta mañana y otra esta tarde en Orihuela a las 19 h. en la Librería Códex. Fue toda una odisea que ya contaré proximamente. Esta mañana he estado practicando alemán con tres compañeras de este curso y el pasado, mañana intentaré ver a mi sobrino, corregir todo lo que me falta y estudiar alemán... Me faltan horas cada día para hacer todo.

 

domingo, 12 de mayo de 2013

Lo que me contaron de la Guerra Civil.

Esto no es lo que leí en los libros, ni en internet, ni me enseñaron en la escuela (que no recuerdo que me enseñaran mucho, tres generaciones después aún lo seguimos ignorando casi todo y es un tema que se pasa por alto siempre), ni vi en las películas. Esto es lo que me llegó por tradición oral, de padres a hijos o de abuelos a nietos, hasta llegar a mí. 

Por un lado, mi abuelo Joaquín, del que ya hablé hace varios posts. Se fue voluntario a la edad de mis alumnos (16 años), lo hirieron y estuvo prisionero en un hospital, lo dieron por desaparecido, pero al final volvió. Se cambió la fecha de nacimiento para parecer un año mayor y haberse ido obligatoriamente. No podía soportar ver serpientes, ni siquiera en la tele. Se ve que se le enrolló una en aquellos tiempos y lo pasó fatal. Y siempre que nos dejábamos comida en el plato nos reñía diciendo: "¡Con el hambre que pasamos en la guerra!" Eso era lo único que contaba del tema, porque nunca quiso hablar de la guerra. 

Por otro lado, mi abuelo Julio. Estaba segando en Salamanca cuando el ejército de Franco se lo llevó. El dueño de la finca o el capataz, no sé, fue tan cabrón que no lo avisó hasta el día anterior a pesar de tener la orden de que se tenía que presentar desde muchos días antes, para que siguiera segando y acabara el trabajo. Así que, llegó casi por los pelos al sitio y hora donde se tenía que incorporar. Llegó a ser alférez y, al acabar la guerra, se le entregaban todos los republicanos diciendo que estaban cansados y él no sabía qué hacer porque hubo un momento en que tenía más prisioneros que hombres en su unidad.

Mi bisabuela Concha se empeñó en hacer cocido, que es tradicional aquí el día de Navidad, a pesar de que se lo habían prohibido. Mi bisabuelo compró el terreno donde se ubica mi edificio actual en abril de 1936 y ahí se construyó una casa. En esta misma calle se ve que había un cuartel o algo así y vinieron unos milicianos casa por casa a decir que no se podía celebrar la Navidad y amenazando a quién comiera cocido ese día. Pero mi bisabuela no era una mujer que se dejara amenazar, así que, hizo cocido. Eso sí, en Nochebuena, no en Navidad, por si acaso. Que una cosa es no dejarse amenazar y otra ser temeraria. Tampoco es cuestión de dejarse fusilar por un cocido más o menos. Luego no vino nadie a comprobar si comían o no cocido y no pasó nada pero, como lo que va delante, va delante, mis bisabuelos y abuela ya se lo habían zampado.

Y esto es lo que me quedó de la guerra: un abuelo campesino que no tenía nada que ver con las armas y estaba tan tranquilo segando hasta que se lo llevaron, otro abuelo campesino y zapatero que se fue voluntario a una edad en la que hoy en día la gente está estudiando aún y que lo pasó tan mal que nunca más quiso hablar del tema y una bisabuela que no se dejaba intimidar, por la que como cocido cada Navidad. Sólo faltaba que, ahora que soy libre para comerlo, no lo hicera. Va por mi bisabuela, que no sabía leer ni escribir, ni siquiera hablar castellano, sólo hablaba en valenciano, pero seguro que hacía unos cocidos impresionantes. Fuera Navidad o no, hubiera guerra o no. Su cocido era sagrado.

jueves, 9 de mayo de 2013

Europa.

Estoy haciendo un cursillo de la UNED que va sobre el bilingüismo, leyendo directivas europeas que promueven el aprendizaje de dos lenguas aparte de la propia, pero siempre para encontrar trabajo, para la movilidad entre los países europeos. Traducido: para ser mano de obra barata en países del norte de Europa. Encima, ahora piden esclavos con idiomas, el colmo de los colmos... Nunca se menciona en todos esos artículos, directivas, etc. aprender idiomas porque sí, por curiosidad, para conocer gente nueva, para enamorarte, para poder leer o ver películas en otra lengua, para tender puentes entre los que no se pueden entender porque no hablan ese idioma y tu país, tu lengua, tu cultura, lo más tuyo. 
Los idiomas han sido siempre muy importantes para mí, han sido mi vida, mi hobby y mi profesión. Pero así no, así me niego tanto a aprender como a enseñar idiomas. Me niego a ser esclava.