
"Aquel árbol que mueve la foxa, algo se le antoxa." Íñigo López de Mendoza.
Las nubes, grises y blancas, desaparecían tras la montaña de roca impenetrable que guardaba la huella de los siglos tallada en sus barrancos y arboledas. ¿Qué buscaba el viento esa tarde, murmurando entre los árboles? Jamás había tenido esa sensación de estar en paz consigo misma y con los demás, de vivir integrada en un medio del que había salido y al que volvería.
La pradera era bella, la montaña era bella, y los árboles verdes que coqueteaban con el viento eran bellos. O, mejor dicho, belleza era esa montaña cortada a dentelladas brutales, que mostraba orgullosa su piel verde y marrón. Belleza era el árbol esbelto que trepaba hasta su ventana para saludarla con sus ramas. Belleza era aquel paisaje de agua, roca y vegetación. Y nada más en el mundo podría ser nunca bello, porque toda la belleza existente se había quedado allí, por los siglos de los siglos.
Ya no podría extasiarse ante la cúpula azul de la iglesia de su pueblo, agazapada entre palmeras al caer la tarde, porque no le parecería bella. Ya no podría contemplar el mar, la alfombra marina de dudosos verdes y azules, ni la arena dorada tostándose al sol, porque ya no era bella. No, claro que no. Indudablemente, la montaña poseía una belleza superior, la única belleza posible, una mezcla de rudeza y candor, fuerza y ternura.
¿Qué buscaba el viento esa tarde, susurrando entre los árboles? Las hojas se contoneaban con un ritmo sensual desconocido que era imposible descifrar porque los ojos humanos no podían abarcar la inmensidad de color verde. Fue entonces cuando comprendió que estaba enamorada y que, al llegar el otoño, cuando las hojas de los árboles, amortajadas de marrón, yacieran en la carretera, necesitaría a alguien en quien invertir caricias y besos hasta exhalar el último suspiro. Fue entonces cuando comprendió que debía entregar su espacio y su tiempo a alguien que supiera hacerla feliz, pues el último latido había de ser el primero de la eternidad. De una eternidad hecha de roca, agua y vegetación.
Entonces tuvo la certeza de algo que había sospechado muchas veces, pero que no se había atrevido jamás a reconocer: La realidad es que allí estaba él, con sus camisas de rayas verticales, sus pantalones bien planchados y esa delicada manera de cederle el paso cuando entraban en alguna cafetería. Su relación no pasaba de ser una buena amistad, iban juntos al cine o a tomar café, pero, ¿eso garantizaba que harían buena pareja? ¡Ojalá supiera qué buscaba el viento esa tarde, susurrando entre los árboles!
(Escrito en septiembre de 1993 tras un viaje a Benasque, en los Pirineos. La foto también es de allí.)
7 comentarios:
Me ha gustado mucho, me kedo sonriendo :) Transmite muy buenas sensaciones y no se... me gusta el modo en ke lo expresas.
No se si viene a kuento, pero kuando hablas de la belleza me he akordado de esto:
"De aquí en adelante a nada llamaré hermoso si no es un regalo de ella."
Me gusta la frase. ¿De quién es? Fíjate que estoy rescatando cosas que escribí hace muchos años (esta concretamente hace 12 años) y no había leído nadie y ahora, de repente, para el mundo mundial en la red. ¡Vaya cambio!
Hermoso de verdad,
me gusto mucho. Me imagino que esos parajes deben de ser muy bellos. Saludos
todo eso lo has escrito tú?? menudo relato!!! tienes pensado escribir alguna novela o algo? hazlo y preséntate a algún concurso literario
la frase del principio, jejeje, suena picarona, me la apunto, jijiji
Gracias DANILO. He visto en tu blog que te gusta el trekking y mountain bike, así que, supongo que los Pirineos te encantarían. Yo he estado un par de veces y me impresionaron mucho porque en la zona donde vivo hay montañas también, pero está más cerca del mar. Por eso el mar lo tengo más visto y creo que por eso este escrito es un poco una reflexión sobre que siempre pensamos que el mar es precioso (y lo es) pero la montaña también.
Y, MARISADDIE, se supone que era el comienzo de una novela que nunca acabé. Me he presentado a algunos concursos literarios, pero nunca me han premiado. Por eso ahora escribo en el blog y no estoy firmando autógrafos por ahí en plan autora consagrada, ¡ja,ja! Y, fíjate, esta historia parece que ha tenido mucha aceptación por lo que veo y os ha gustado y, sin embargo, yo la tenía olvidada en un cajón porque no es una de mis preferidas. Me gustan más, por ejemplo, la de "Soy una mujer mediterránea" y "Vivo en Derry", que ya las publiqué aquí.
:) una preciosidad...
Gracias y bienvenida al blog. Te invito a un café. ¿Cómo lo quieres? ¿Con azúcar? ¿Sin azúcar?
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