Estos días he estado acompañando a los alumnos a selectividad, lo cual me ha hecho
volver a mis 18 años, cuando empecé la universidad y andaba, como ellos, por
ese Aulario I con esos cuadros tan horrorosos de zapatos viejos rotos y
quemados que, por mí, se habrían ido a la basura hace tiempo, pero igual son arte
y valen un dineral, como decía el texto que les salió en inglés. Por cierto,
creo que la comida en el Club social era más buena antes o igual es que yo era
más joven, no sé.
En estos días hemos buscado
juntos las aulas y no sé quién ha pasado más nervios, si ellos antes de los
exámenes o yo durante los exámenes haciendo los cien metros lisos de pasillo
esperando a los primeros que salieran y me contaran cómo había ido la cosa.
Hemos buscado un DNI perdido que menos mal que apareció a tiempo, me he quedado
sin reloj un rato porque alguien lo necesitaba para examinarse y le he prestado
el mío, les he perseguido para que me dijeran quién volvía en el autobús y
quién se iba por su cuenta, porque no quería que se me perdiera nadie. Ha habido un mareo en el autobús de camino a la universidad, los nervios, pero no llegó la sangre al río. Han llamado a la radio
para que les dedicaran canciones en el autobús y han cantado a la vuelta al
acabar los exámenes. Espero que el esfuerzo compense, las notas sean buenas y
puedan estudiar la carrera deseada. El día 21 lo sabremos.



