lunes, 27 de diciembre de 2010

Mérida.

Seguimos viaje y llegamos a Cáceres, donde íbamos a dormir varios días. La decepción fue que la Plaza mayor estaba en obras, pero encontramos un restaurante muy bueno para cenar esa noche y luego dimos un paseo por el casco antiguo con un montón de turistas que venían detrás, estaba lleno de gente, creo que en su mayoría, madrileños y andaluces. También nos encontramos con algún valenciano suelto, pero como nosotras nos hablamos en castellano, disimulamos que los entendíamos, lo cual puede ser interesante. Me sigue llamando mucho la atención cómo habla la gente en cada sitio y los diminutivos en -ino, -ina me recordaron a mis abuelos, que hablan igual porque son de allí.




Teatro romano. Habrá que volver en verano para ver aquí alguna obra.

El domingo por la mañana nos fuimos a Mérida, que está a una hora de Cáceres, más o menos. Allí estuvimos visitando los monumentos más característicos de la ciudad, como el teatro romano, el puente romano o la alcazaba. Y, sobre las seis de la tarde, cuando se hizo de noche, volvimos a Cáceres. Descansamos un poco en la habitación, después de todo el día pateando la ciudad, que cansa bastante. Había estado lloviendo todo el tiempo, aunque hubo también algún breve rayo de sol como el que se ve en la foto pero, justo cuando nos disponíamos a salir a cenar, empezó a caer el diluvio universal acompañado de viento, lo que hizo que nos quedáramos en el hotel y cenáramos allí las provisiones que aún nos quedaban.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Aranjuez.

Hace veinte días, después de trabajar, nos fuimos en dirección a Aranjuez. Hacía bastante frío, incluso había nevado un poco en los campos y había restos de nieve al borde de la autopista. Casi nos helamos al salir del coche cuando paramos a merendar en un área de servicio, menos mal que las palmeritas de chocolate nos hicieron entrar en calor de nuevo. Nuestro destino final era Cáceres, pero habíamos pensado viajar por etapas, tanto a la ida como a la vuelta, para ir más relajadas. Por eso decidimos hacer noche en Aranjuez.



Nos perdimos un poco a la entrada de Aranjuez, pero al final llegamos al hotel y, para mi sorpresa, aparcamos en la misma puerta. Había un montón de sitio para aparcar, no sé si porque, al ser puente, todo el mundo se había ido de vacaciones o porque es habitual encontrar aparcamiento allí. Como hay crisis y hay que ahorrar, nos habíamos llevado comida para hacer picnics y cenamos en la habitación. Después nos atrevimos a dar un paseo con un frío que pelaba y, por la calle, nos encontramos a tres mujeres que también estaban desafiando al mal tiempo y les preguntamos por una cafetería para desayunar un buen chocolate. Nos indicaron varias, dimos una vuelta para localizarlas y así, a la mañana siguiente ya fuimos directas al lugar adecuado. Seguía haciendo tanto frío que casi se me congela la mano por estar hablando por el móvil sin guantes durante cinco minutos.




En la foto se puede ver la escarcha en los jardines.



Decidimos dar una vuelta por los jardines, pero no era el momento perfecto, no sólo por el frío, sino porque en esta época del año los árboles están sin hojas y no tienen el esplendor de la primavera. Así que, antes de congelarnos más, nos metimos en el palacio real, hicimos la visita guiada y, al salir, cogimos el coche otra vez para irnos a Cáceres. Por la radio escuchamos las noticias sobre la huelga de controladores y el estado de alarma y nos alegramos de no haber viajado en avión, pero a mí no me hizo ninguna gracia lo del estado de alarma. Me parece que militarizar la vida civil no conduce a nada bueno y, una vez destapada la caja de Pandora, cualquier gobierno con cualquier excusa puede utilizarlo en contra de cualquier ciudadano. Me parece algo muy peligroso, que nos quita derechos y nos iguala a las dictaduras. Hablando del tema y de otros muchos, se hizo la hora de comer algo y, como ya habíamos recorrido varios kilómetros, decidimos parar en una área de servicio para comernos otro picnic en el coche.

martes, 14 de diciembre de 2010

Este puente.

Este puente he ido a Aranjuez, Cáceres y Almagro. El tiempo ha sido malísimo, mucho frío y lluvia todos los días, pero creo que ha valido la pena porque son sitios muy bonitos que hay que conocer. Espero que disfrutéis algún día tanto como yo un paseo por el casco antiguo de Cáceres, con esos palacios y esas iglesias que te hacen volver a los tiempos en que España fue una superpotencia.

Mi padre y toda su familia es de Extremadura, pero tuvieron que emigrar tras la Guerra Civil. Yo he ido dos veces a Extremadura y me ha encantado. Me la esperaba fea, pobre, desértica y es uno de los lugares más preciosos que he conocido, me recuerda mucho a Irlanda a veces. Sesenta y dos años después de que mis abuelos emigraran con sus hijos andaba yo perdida por esas tierras. No tenemos GPS, ni lo queremos, nos manejamos con hojas impresas del Google Maps y una guía de carreteras del año 2007, tres años atrasada. Así que, acabamos perdidas en unos pueblos en los que no me importaría comprarme una casa para ir en verano: todo verde, montañas impresionantes, robles con las hojas marrones a punto de caer o ya caídas al suelo, ovejas... un regalo para los sentidos.

Al salir de ese paisaje, nos esperaba una sorpresa: nos pasaron volando en grupos por encima del coche unas aves que pensamos que eran cigüeñas. Sólo distinguimos sus siluetas negras volando majestuosamente en el horizonte. Sin embargo, al verlas después en los campos, picoteando antes de dormir (se estaba haciendo de noche y se estaban recogiendo) resultaron ser unos pájaros grandes y grises que no sabíamos lo que eran, hasta que vi un cartel que apenas pude leer desde el coche, que afirmaba que eran grullas. La conductora paró el coche en medio de la carretera (no venía nadie), bajó la ventanilla y las oímos emitir unos sonidos, llamándose unas a otras. Fue impresionante. Por eso no quiero comprarme un GPS, para poder seguir perdiéndome por esos lugares que son lo mejor de un viaje.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Cinco años de blog.

Tengo muchas cosas que contar: un viaje a Aranjuez, Cáceres y Almagro pasado por frío y agua, pero intenso, lo que me desagrada esta sociedad nuestra que va recortando derechos adquiridos a sangre y fuego durante siglos y que se van por el desagüe a marchas forzadas sin que a ninguno nos extrañe ni protestemos por ello, que me gustaría que se acabara el Estado de alarma porque nunca quise vivir en una dictadura, me educaron en otros principios distintos del ordeno y mando, es decir, con mejor talante. Me enseñaron a pensar, por desgracia para algunos, y es lo que quiero que mis alumnos aprendan de mí: a pensar, aunque jamás sepan hablar inglés. Y, también quisiera contar que el sábado pasado, en Aranjuez, oí a un señor diciéndole a otro que antes había mucha ignorancia y le dije a mi amiga que sigue habiéndola, por desgracia. Que es triste que siga vigente aquello que escribió Machado:

"—Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
—El vacío es más bien en la cabeza."


Pero también tengo mucho trabajo atrasado que terminar este fin de semana, así que, ya contaré más adelante todas estas cosas. Y, para no dejaros con mal sabor de boca, una de mis canciones preferidas:




La misma canción, para Alberto: aquí.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Otoño.

Al salir del supermercado caen unas gotas y me pega todo el frío en la cara, lo cual me lleva inmediatamente a Irlanda. No sé si el olor de la lluvia, el frío... pero este tiempo otoñal siempre me recuerda a Irlanda porque allí pasé algunos inviernos de mi juventud. Lo que echo de menos es el inconfundible olor a la turba quemándose en las chimeneas al caer la tarde. Algún día volveré, no sé si antes o después de que se acabe esta crisis que nos va atacando a todos y que nos quita, poco a poco, derechos adquiridos con sangre, sudor y lágrimas durante siglos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Hoy se casa mi hermano.

Y este es el discurso que voy a dar:

“Hay una historia que habla de un pueblo en el que la gente tenía unas libretitas donde ir apuntando los momentos en que habían sido felices. Al morir, se sumaba todo y se veía quién había vivido más, porque sólo vivimos cuando somos felices. En 1918 mi bisabuelo empezó esta libreta, en la que se registran los acontecimientos más importantes de la familia: nacimientos, muertes, bodas... Parece ser que todos los López tenían una libreta igual que esta, pero, como mi bisabuela no sabía escribir, lo hizo su marido.

Hoy 20 de noviembre de 2010, vamos a escribir una página más. Seguro que os hemos hecho muchos regalos de boda, pero yo quiero regalaros una libreta nueva, con las páginas en blanco, para escribir vuestra historia a partir de ahora y que se llene de momentos felices. Por ejemplo, de paseos por los álamos del río, como el poema de Antonio Machado que yo recitaba para picar a mi hermano cuando empezó a salir con su novia:

“Allá, en las tierras altas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños..
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.”

Pero, como no todo es perfecto en la vida y muchas veces la rutina hace mella, a fin de evitarlo, me gustaría que mi hermano recitara de vez en cuando este poema de Luis Alberto de Cuenca:

“Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

Y este discurso debe acabar como acaban los cuentos: “Y fueron felices y comieron perdices.”

domingo, 14 de noviembre de 2010

A veces me siento así.

"Tengo a mis amigos
en mi soledad,
cuando estoy con ellos,
¡qué lejos están!"

Antonio Machado.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Y griega de toda la vida.

¿Qué es eso de "YE"? La RAE está ya que chochea, será que vieron lo del "Yes, we can" y se lo quisieron agenciar. Lo siento, pero para mí la Y será y griega toda la vida. Y pienso seguir poniendo acento en "sólo" cuando toque y en "guión" siempre. ¿Y Catar? Catar se catan los vinos o la comida, el país es Quatar y punto. Y quorum, sí señor. Eso de "cuorum" parece que estés leyendo revistas del corazón.

sábado, 30 de octubre de 2010

Una tarde muy agradable.

Unos vasos de té árabes. Es el recuerdo que me queda de la tarde que hemos pasado unos amigos de Villena, otra de Elche y yo. Hemos estado tapeando y luego dando una vuelta por el mercadillo medieval probando la comida de los puestecitos. Entonces ha empezado a llover y nos hemos metido en uno de ellos, que era una tetería árabe, sólo porque tenía toldo y no nos mojábamos. Nos hemos tomado un té con pastas mientras esperábamos a que parara de llover y luego hemos dado una vuelta por el "parque de los patos", como se le llama popularmente, para que el hijo de ellos jugara en los columpios y viera a los patos. También hemos ido a ver un espectáculo del Festival medieval, pero el niño se ha asustado al ver a un dragón de madera echar humo y hemos tenido que irnos a una cafetería. A pesar de todo, ha estado muy bien. Una tarde muy agradable.

domingo, 24 de octubre de 2010

Orgullosa de ser profesora.

En estos tiempos en que se nos hace cada vez más trabajar por menos, tiempos de crisis en los que todos los países europeos están recortando gastos de todas partes, menos de Educación, mientras que España lo primero que hizo fue recortar los gastos educativos, cuando todo el mundo se cree con derecho a opinar sin tener ni idea del tema y criticar siempre la labor del profesorado es muy difícil estar orgulloso de ser docente. Y, sin embargo, lo estamos, como se puede ver en este vídeo:




Como muy bien dice el vídeo siguiente:

"Señor gobernante, usted es un gobernador, yo soy un docente. Usted pasará a la historia, yo quedaré en la memoria de miles de niños, jóvenes y adultos. Usted hace escuelas, yo vivo la escuela. Usted decreta, yo enseño. Usted dirige la justicia, yo soy justa. Usted, como otros gobernantes, pasará. Yo, como otros docentes, quedaré. Usted nos humilla, yo sólo espero. Usted habla enojado, yo escucho. Usted nos quiere dividir, yo enseño a multiplicar. Usted recibe abrazos comprometidos, yo recibo abrazos sinceros. Usted me ataca, yo me defiendo. Usted tiene 8 años de gobierno, yo tengo muchos más años de docencia. Usted da subsidios, yo pago los impuestos. Usted gobierna, yo educo. Usted corta cintas, yo corto cadenas. Usted resta haberes, yo sumo conocimientos. Usted ordena, yo busco acuerdos. Usted reparte, yo comparto. Usted tiene los gastos pagados, yo pago los gastos. Usted fue elegido, yo elijo. Usted suma votos, yo enseño a votar. Usted es sólo un gobernante, yo soy un docente."



El otro día me encontré por la calle a unas alumnas que tuve hace tres años y vinieron corriendo a saludarme, hablar conmigo, contarme cómo les va en el instituto y preguntarme dónde estoy trabajando y qué hago. Eso, ¿se paga con dinero? Por tanto, hay que estar orgullosos de ser docentes, a pesar de que la sociedad en general aún no se haya dado cuenta de lo importantes que somos y no nos reconozca lo que es nuestro.





sábado, 23 de octubre de 2010

Voy a ser tía.

20-8-2010, Viernes.

He intentado hacer scones esta mañana, pero no me salía la masa como quería, así que he añadido leche. Entonces estaba demasiado pegajoso y poco firme, así que he añadido harina y un poco de azúcar, para compensar. Total, que al final he acabado echando todo a ojo, sin seguir las medidas. Pero cuando he intentado amasar todo con un rodillo de madera, estaba demasiado blando, no iba a salir lo que yo quería. Cabreada, he puesto todo en un molde de cristal y lo he metido en el horno. Ha acabado siendo un bizcocho, casi con sabor de scone. Tendré que volver a intentarlo otro día.

Mientras intentaba limpiar todo el desastre, me han llamado mis padres, que estaban de viaje, y yo enfadada porque me llamaran justo cuando más lío tenía, con todo por en medio en la cocina y el bizcocho en el horno. Entonces me he enterado de que voy a ser tía y me ha dado ya todo igual.

domingo, 17 de octubre de 2010

Como la vida misma.

Qué fácil sería la vida si los días consistieran en conducir, parando donde nos apeteciera, a sacar esos cientos de fotos que luego llenan los álbumes que guardo en la estantería del comedor. Si pudiéramos comer en bares y restaurantes, unas veces caseros, otras más lujosos, o esos picnics que compramos en supermercados y comemos junto al mar, viendo una puesta de sol. Qué bonita sería la vida si no existiera el estrés, ni los agobios, ni las preocupaciones, sólo senderismo, bosques, playa, y esa comunión con la naturaleza cuando subimos al Mulhacén o cruzamos el mar de hielo en los Alpes, o nos dejamos salpicar por las olas del Atlántico, camino de unas islas perdidas en la costa de Irlanda donde vivieron unos monjes en la Edad Media.



Y, aunque sé que hay que trabajar para ganar dinero para volver a salir de viaje, me mata la rutina de encerrarme en un edificio de ladrillo rojo de 8 a 3, de conducir 90 kms. ida y vuelta cada día, de gastarme un dineral al mes en gasolina, de pagar hipoteca cada día 11 hasta que cumpla 64 años. "Cada mañana trae, como dice Auden, verbos irregulares que es preciso aprender, o decisiones penosas y que aguardan examen", escribió Jaime Gil de Biedma. Aunque a mí, más bien, me gustaría calzarme mis botas y, como dijo Fray Luis de León, seguir la senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Comidas y cenas.

Aparte del viaje a Almería, en las últimas semanas ha habido también una comida con dos compañeras de carrera, sus respectivos maridos y la hija de uno de los matrimonios. Siempre que nos vemos prometemos quedar más a menudo, organizar más actividades juntos, etc. pero, al final, casi todo eso se queda en agua de borrajas. A no ser que sea yo la que decida unirnos de nuevo, yo siempre soy la que junta a los amigos.



Después hubo también una cena con otra amiga en una pizzería cerca del mar, una conversación trascendental y paseo nocturno sin luna, y sin embargo, con siete olas que salté. Ya sé que se supone que hay que saltarlas en San Juan pero, como nunca lo había hecho antes, decidí saltarlas esa noche. Además, hubo una comida de tapas por Benijófar que estuvo bastante bien, completamos los cinco sellos de los establecimientos participantes y a ver si ganamos la cena para dos, ¡ja, ja! Tras la comida hubo un paseo por una playa que me recordó los veranos de mi juventud, cuando trabajaba allí en la oficina de turismo. El día anterior hubo también, con otra amiga distinta, un espectáculo sobre la vida y la obra de Miguel Hernández en el patio de la biblioteca municipal y una cena para volver a celebrar mi cumpleaños, cualquier excusa es buena. Y esa noche hubo, con otra amiga distinta de las anteriores, otra cena de tapeo y un batido tomado en una tetería decorada como una casa de principios del siglo XX. En resumen, qué bueno es juntarse con los amigos, sobre todo cuando hace tiempo que no los ves.

domingo, 10 de octubre de 2010

Fin del viaje a Almería.

El domingo recogimos todo, bajamos a desayunar y luego nos fuimos camino de Sorbas, para entrar en sus cuevas de yeso. Nos dieron unos cascos con luz, ya que no hay luz eléctrica dentro de la cueva. Éramos muy pocos en la visita, lo cual era bastante agradable. En algunos lugares las rocas habían caído y teníamos que reptar para pasar por debajo, acabamos con las ropas polvorientas y con necesidad de meternos en la ducha. Pero fue curioso por los brillos de las rocas de yeso en las paredes, los techos con murciélagos, ramas y troncos de árboles caídos y que fuera una de las cuevas en estado más silvestre de todas las que he visto. Además era la primera que no tenía estalagtitas y estalagmitas, ya que cuando llueve mucho suele inundarse y, por tanto, no se dan las condiciones necesarias para que crezcan.


Al salir nos limpiamos un poco con unos cepillos que allí había y pusimos rumbo a Garrucha, donde comimos muy bien en un restaurante del paseo marítimo. Luego fuimos a Mojácar playa y al pueblo, nos tomamos un helado y emprendimos la marcha para volver a casa, porque al día siguiente teníamos que trabajar para poder ganar dinero para ir a más viajes. Más viajes que harán que dejemos huella en otras playas, como lo hicimos en la de la foto.

domingo, 3 de octubre de 2010

Cabo de gata II.

Al día siguiente, tras el desayuno, nos fuimos a explorar la zona. Casi por casualidad acabamos pidiendo un mapa en la oficina de turismo de Rodalquilar. Luego visitamos un jardín botánico que había cerca y, en la puerta, un hombre nos preguntó en inglés por la oficina de turismo. Qué suerte tienen algunos, en un pueblo en el que no había casi nadie por la calle, va a dar justo con alguien que habla inglés. Se lo expliqué y entramos al edificio, donde había una exposición, y después se accedía al jardín por una puerta trasera.


El sol también riela, no sólo la luna.


Hacía mucho calor y, tras parar a hacer fotos en miradores que había por la carretera, le dije a mi amiga que nos compráramos una gorra o íbamos a acabar achicharradas. Así que nos compramos sendas gorras en La isleta del moro, un pueblo muy majo al que volvimos después para comer pescado en una terracita. Era el sitio ideal para unas vacaciones sin estrés.

Mi amiga llevaba el bikini puesto, pero yo no, lo tenía en la mochila, por lo que tuve que cambiarme en el coche, tapada con la toalla. Y la verdad es que me costó, porque tenía los pantalones pegados del sudor. Encima, mi amiga partida de la risa diciéndome que venía un autobús y me iban a ver, pero al final lo conseguí y nos bañamos en una de las mejores playas que he visto en mi vida: la playa de los genoveses. Unas aguas cristalinas, una calma... ¡qué bien se estaba allí! Y eso que el agua estaba helada, pero con el calor que hacía, nos dio igual.



A continuación nos fuimos a la Playa de monsul y, para nuestra sorpresa, había mucho oleaje y gente haciendo surf. Era lo opuesto a la playa anterior, con lo quieta que estaba allí el agua. Ya era un poco tarde, así que decidimos volver a La isleta del moro y comer en uno de los restaurantes que habíamos visto allí.



Playa de Monsul.



Después de comer continuamos viaje y nos dimos un paseo por otra playa cuyo nombre no recuerdo y luego fuimos al faro del Cabo de gata por una carretera estrechísima. Era el O'Connor Pass de Almería, incluso puede que peor, aunque afortunadamente más corto que su versión irlandesa. A todo eso, ya eran las siete de la tarde, llevábamos todo el día por ahí y estábamos un poco cansadas, así que volvimos al hotel a ducharnos y cambiarnos de ropa para salir a cenar a una pizzería preciosa y disfrutar de otro paseo con luna llena cerca del mar.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cabo de Gata.

Este fin de semana me fui a descubrir una provincia cercana, pero que todavía no conocía. En dos horas llegamos a Las Negras, en el Cabo de gata, Almería. Se nota que ha sufrido el boom de la construcción que se acabó con la crisis, pero el ladrillo, a pesar de todo, ha respetado bastante el pueblo y no es aún, esperemos que no lo sea nunca, la burrada de cemento y hormigón en la que se han convertido muchos municipios turísticos del Mediterráneo español. Llegamos sobre las siete y media de la tarde, dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a dar un paseo por la playa. Luego volvimos y cenamos en la terraza de la habitación la tortilla que había preparado mi compañera de viaje. Hay que ahorrar un poco en comidas y cenas, para poder irnos de viaje más a menudo. Desde allí vimos anochecer y salir una luna preciosa, elegimos ese fin de semana precisamente porque había luna llena.



A continuación nos echamos a la calle a disfrutar de la luna y para ello nos sentamos en una cafetería donde nos tomamos un té justo delante del mar, contemplando las barcas que salían a pescar y lo que decía aquel famoso poema que aprendimos de memoria en la niñez: "La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul". Rielar, qué bonito verbo apenas conjugado y tan apropiado para esas costas almerienses, que en su época sufrieron los ataques de los piratas berberiscos, piratas como el protagonista del poema de Espronceda. Para quien no lo recuerde, en este vídeo aparece entero:





Hablamos del pasado, el presente y el futuro, arreglamos el mundo y, ya cuando empezábamos a tener un poco de frío por el relente de la noche, nos fuimos a otro bar, un poco más adentro del pueblo, pero desde el que todavía se podía contemplar el mar y la luna llena. Allí nos tomamos sendos mojitos para celebrar que estábamos vivas. A las doce, como cenicientas, volvimos al hotel y nos fuimos a dormir, que al día siguiente teníamos maravillosas playas por descubrir.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Labordeta.

No sé cuántos años tenía cuando, estando en el colegio, en un día de la paz nos dieron unas canciones y, una de ellas, era esta, que me impresionó desde entonces:






Yo era muy joven durante la Transición, tenía dos años cuando murió Franco y, por lo tanto, estas canciones las he conocido con posterioridad, conforme fui creciendo y descubriendo que "una de las dos Españas ha de helarte el corazón", como decía Antonio Machado. A los veinte años tuve la suerte de conocerlo en persona y de asistir a un concierto suyo en Benasque (Huesca) durante un curso organizado por la universidad de Zaragoza. Fue impresionante cantar todos juntos esta canción agarrados de la mano.


Siempre me pareció un hombre íntegro, honesto, que actuaba según sus ideas, un hombre de los que nos haría falta tener más. Descanse en paz y ojalá que un día, al levantar la vista, veamos una tierra que ponga "libertad".

sábado, 11 de septiembre de 2010

Irlanda 2010 (Última parte).

El último día en Irlanda nos levantamos un poco nerviosas por tener que ir a devolver el coche y luego marcharnos a España, no queríamos llegar tarde al aeropuerto, pero aún teníamos varias horas por delante, así que, tras desayunar y recoger las maletas por última vez, nos fuimos a ver el pueblo. Entramos en algunas tiendas, en un par de iglesias y, cuando nos cansamos, pusimos rumbo a Cork. De camino paramos en Cahir, vimos el castillo por fuera, hicimos algunas compras y fotos y ya volvimos al coche, resignadas a marchar hacia el aeropuerto.

Ayuntamiento de Clonmel.


Encontramos un trozo de autopista muy buena, aunque de peaje, pero no era muy cara y llegamos muy pronto a Cork. Nos perdimos buscando una gasolinera para devolver el coche con el depósito lleno y que no nos pegaran un sablazo después. Pero al final encontramos una justo al lado del aeropuerto y de la empresa donde teníamos que dejar el coche. El hombre que lo revisó al entregarlo y vio que estaba sin un rasguño, aunque un poco lleno de barro, nos dijo que habíamos recorrido 1557 kms. Reorganizamos el contenido de las maletas mientras él inspeccionaba el coche y, cual sería nuestra sorpresa al facturar que la grande pesaba justamente 15 kgs. Ni más, ni menos, como a la ida. Y eso que habíamos cambiado cosas de sitio...

En el aeropuerto comimos las manzanas y lo que nos quedaba de los picnics y nos tomamos una sidra para despedirnos de Irlanda antes de partir. Una cola de irlandeses deseosos de llegar a las playas mediterráneas y de algunos españoles que, como nosotras volvían a casa tras las vacaciones, nos agolpábamos antes de entrar en el avión. El viaje fue bastante tranquilo, nos despedimos del verde para ir al encuentro del marrón desértico de la zona donde vivimos, mi compañera se quedó dormida mientras yo pensaba en la historia de los monjes de las Skellig, que les contaría algún día a mis hijos antes de que se durmieran. Sin embargo, casi al llegar, nos pilló una tormenta con las consiguientes turbulencias, cosa que no me gusta nada dentro de un avión, pero aterrizamos sin problemas, recogimos las maletas y volvimos a casa.




FIN

jueves, 9 de septiembre de 2010

Irlanda 2010 (Octava parte)

Nos levantamos más o menos temprano porque teníamos que cruzarnos media Irlanda antes de llegar al último B&B, desayunamos muy bien, como siempre, nos despedimos de los dueños, que estaban aún riéndose de mi aventura sin agua del día anterior, y decidimos ver la costa de Connemara. Pasamos por la Bahía de Mannin, donde mi compañera de viaje volvió a ser niña buscando conchas en la playa: había un montón de caracolillos y trozos que parecían de coral, además de unas algas rojizas. Había bajado la marea y por eso se veían todas estas cosas. Paramos en Roundstone para dar una vuelta y luego en Oughterard para comprar los último souvenirs y comer en un restaurante bastante majo. Tocaba probar el Irish Stew, que es un plato típico de Irlanda.



Vista desde el B& B de Connemara.



Después de comer seguimos viaje hacia Galway, sin parar allí, y luego dirección Limerick. Encontramos una de las pocas autopistas que hay en Irlanda, aún estaba en construcción en algunos tramos, y por fin pudimos desquitarnos de los caminitos que habíamos recorrido durante el viaje. Pero, como las alegrías duran poco en casa del pobre, la autopista se acabó pronto y volvimos a las carreteras estrechas, aunque no tanto como otras veces. Llegamos a Cashel a las 6.15 y poco antes había sido el último pase para ver el castillo. Además, estaba en obras, así que, no sé qué habríamos podido ver. En vista del éxito nos fuimos a tomar un capuccino con scone, el último del viaje, antes de seguir hasta Clonmel, que era nuestro destino.




Bahía de Mannin, Connemara.

Allí nos perdimos un poco, pero como preguntando se va a Roma ("¿de dónde crees que vengo?", dice el chiste), al final llegamos. Era un sitio un poco extraño, casi de novela de Agatha Christi, menos mal que no nos pasó nada. Pensamos si salir a buscar un pub, pero al final nos pudo la pereza y nos quedamos haciendo las maletas para el día siguiente y tirando envoltorios de los regalos que teníamos para que hubiera menos peso y la compañía aérea no nos cobrara más. Nos quitamos todo el lastre posible, la verdad, y nos salió bien.

Una calle en Cashel.

Cuando ya teníamos unas maletas en perfecto estado de revista y peso, nos tomamos un té, estuvimos hablando un rato y, al final, nos fuimos a dormir.



CONTINUARÁ...

viernes, 3 de septiembre de 2010

No water, no water (Irlanda 2010 séptima parte).

Me pongo a ducharme, abro el grifo, me mojo, cierro la ducha, me enjabono, abro la ducha y... no sale agua. No puede ser, ¿será que viene de un depósito y se ha gastado toda? Porque había oído también la ducha de los de al lado. Y yo pensando: "¡Los franceses de al lado me han robado el agua!" Vuelvo a intentarlo y, como las duchas en Irlanda son tan raras, que tienen un mini calentador incorporado y unas ruedas que giran para un lado y para otro, pienso: "A ver si es que no la he sabido abrir bien" y sigo dándole a aquello. Al final, como no había manera, salgo a pedirle ayuda a mi compañera de habitación, ya que ella se había duchado la noche anterior, para que me explicara cómo iba.

Salgo en toalla por no vestirme otra vez y aquella, que estaba medio dormida, al verme de esa guisa, tirando de la toalla por todos lados para que no se me viera nada porque me venía corta, se despierta y se parte de risa conmigo. Me dice: "Si quieres, bajo y les digo a los dueños: "No water, no water" y luego me subo, porque no entenderé lo que me contesten... O si no, bajas tú en toalla, con lo sexy que estás, a ver si te ligas al dueño, que no sabemos si está bueno (no lo habíamos visto aún, nos atendió su mujer la tarde antes). Y la tía, muerta de risa. Total, que al final me visto, con todo el champú en el pelo aún, y bajo. Estaba la familia desayunando en la cocina, tuve que tocar la puerta porque la tenían cerrada. Les cuento la historia y me dicen que ya han llamado para avisar porque ha habido un corte de agua (se ve que se rompió una tubería o no sé qué que habían cambiado en abril en esa zona) y que no se podía hacer nada, que todas las casas estaban igual. Así que les contesto: "Bueno, pues me quedaré con el champú en el pelo". Y entonces me dice el hombre que probara el baño de los niños, que al estar en la planta baja, aunque no tenía mucha presión, sí que llegaba algo de agua, no como al primer piso. Así que me subo a por la toalla, bajo y me encuentro a la mujer puesta de guantes de goma limpiándolo todo (estaba limpio, pero bueno) y le digo que no se preocupe, que sólo voy a usar la ducha y no soy tan tiquismiquis. Y ya por fin me pude duchar. Pero el hombre cada vez que venía a nuestra mesa en el desayuno a servirnos, estaba intentando no reírse. Y mi compañera de viaje también, de verlo. Hasta que nos fuimos estuvieron con el cachondeo y creo que aún se estarán riendo de mí con el champú en la cabeza. Y eso que no bajé en toalla, si no...



Abadía de Kylemore.

A continuación nos fuimos a ver la abadía de Kylemore, que yo ya había visto, aunque no con tanto detalle porque siempre íbamos con un poco de prisa. Había sacado las entradas por internet porque eran un poco más baratas que en taquilla, así que al entrar tuve que enseñar el papelito con la factura de internet. Hicimos la visita guiada por la casa y luego ya nos fuimos a pasear por los jardines inmensos que tiene. Nos encontramos con una pareja española y nos hicimos fotos unos a otros, respectivamente. Vimos el jardín victoriano amurallado, las casas de los jardineros y luego ya, nos fuimos a la tienda a comprar algún detalle y salimos de allí para ir al Parque Nacional de Connemara.



El día, que había empezado soleado, se había puesto lluvioso y la verdad es que no daba gusto pasear al aire libre. Al llegar al Parque Nacional de Connemara fuimos a la cafetería y nos comimos unos sandwiches y tomamos un capuccino de sobre que estaba bastante malo. Dimos una vuelta por el bosque y, al final, decidimos coger el coche y recorrer la parte norte de Connemara para hacer fotos. Era precioso: lagos, ovejas, campos verdes... Pero la lluvia, con esa niebla que crea, afeaba el paisaje y lo desdibujaba tanto, que apenas se veía en las fotos. Buscando Cong, un pueblo con monumentos medievales, nos perdimos en algún lugar debido a que había pocas señales y, las que había, estaban en irlandés y no las entendíamos. Acabamos, no sé cómo, en el condado de Mayo, no llegamos a Irlanda del Norte de milagro, al paso que íbamos... Mirando el mapa nos dimos cuenta de que teníamos que rodear un lago enorme para llegar a Cong, pero la conductora necesitaba ir al baño. Así que paramos en un lugar llamado Partry y nos dirigimos a un pub. Al abrir la puerta de aquel universo masculino y ver a los bachelors (solteros) de County Mayo allí reunidos en torno a la barra y más aburridos que ostras en una tarde de domingo, en vista del panorama, decidimos huir, literalmente, ¡ja, ja! Cerramos la puerta y nos largamos.



En algún lugar de Connemara.


Paramos en el siguiente pueblo, Ballinrobe, que estaba más desierto que el Sáhara. A pesar de todo, conseguimos encontrar una extraña cafetería-restaurante y estaba abierta. Había muy poca gente dentro: unas señoras mayores tomando el té con scones y luego llegó una pareja, también mayor, a cenar. Pedimos un capuccino con apple crumble, una especie de tarta de manzana, pero diferente de cómo la hacemos aquí. Luego seguimos camino a Cong, vimos una abadía medieval, dimos una vuelta por el pueblo y decidimos volver al B&B porque empezaba a llover bastante fuerte y ya eran las 8 de la tarde de todas formas. Al llegar estuve bastante rato hablando con la dueña, que me contó que habían reparado ya las tuberías y teníamos agua, nos contamos cosas de la vida en Irlanda y la vida en España y, al cabo del rato, me conecté a internet (había bajado para eso, pero como nos pusimos a hablar...) y cuando me cansé subí a la habitación y le conté a A. lo que me había contado la señora. Ella estaba viendo El jardinero fiel, en inglés, por supuesto. Hablamos un rato, no recuerdo si nos tomamos un té, y luego ya nos fuimos a dormir con un poco de pena porque se nos estaban acabando las aventuras irlandesas.



CONTINUARÁ...