Me gustan los fuegos artificiales, por supuesto, pero los que disparan los pirotécnicos allá y nosotros los vemos desde aquí, es decir, a una cierta distancia, no dentro mismo de los fuegos artificiales, como en la Nit de l'albà. Me encantaría poder ver l'albà, pero no soporto que me estén tirando cohetes por todas partes, todo tipo de volcanes, petardos y demás alrededor mío. Creo que no la he visto entera desde el año 98 y porque vinieron M.Jesús y Michael de Valencia y no los iba a dejar solos en la terraza con toda mi familia y vecinos. Los demás años, ni subo a la terraza o subo sólo para ver la palmera de la Virgen, que es la última y ya está la cosa más tranquila. Además es que, ¿quién ve la Nit de l'albà? Si todo el mundo está pendiente de encenderle las bengalitas y los petarditos a los niños y de tirar más cohetes que el vecino para presumir de que se ha gastado este año más dinero que nadie para lucirse tirando los truenos más gordos o empezar a calentar motores con las carretillas antes de hora (y en lugares prohibidos, porque el disparo de carretillas sólo se permite en las zonas acotadas y vigiladas por la policía). Cuando se quieren dar cuenta, ya se han perdido la mejor palmera mientras quemaban la traca y "mira, allí aún se ve un resplandor", le dice la abuela al padre, que ya va a encender el vigésimo cohete de la noche y pasa olímpicamente de la abuela y de los fuegos que tire el ayuntamiento. Por eso prefiero mil veces el castillo de fuegos del día 15, porque se ve muy bien desde la distancia, y en el puente que tiren todo lo que quieran, pero a mí no me caen las cañas de los cohetes, ni los trozos de petardos a medio quemar. Y la gente está concentrada en lo que tiene que estar, no a lo suyo.
Sin embargo, yo reconozco el valor terapéutico de fiestas así, que hacen que la gente descargue adrenalina y así el resto del año no nos matemos unos a otros. Siempre he dicho que, si en Irlanda del Norte tuvieran fiestas españolas tipo tomatina de Buñol, la guerra de carretillas que tenemos aquí esta noche o correr delante de un toro como en los Sanfermines, no se matarían unos a otros. Porque, ¿y lo a gusto que te quedas tirándole un tomate o una carretilla a tu jefe, tu vecino o el cuñado odioso? Y, encima, nadie te puede decir nada por eso, porque "es la fiesta y la tradición". Ya se sabe que, amparándose en la fiesta y la tradición, todo vale.
No me digáis que no parece una ciudad en guerra:
Y cuando mis alumnos de Derry vieron un vídeo que les llevé parecido a este, no me creían cuando les decía que era una fiesta, se pensaban que eran disturbios callejeros como los que veían allí a menudo:
















