viernes, 13 de mayo de 2011

Lorca.

A finales de diciembre estuve con mis padres pasando el día en Lorca. Nos pareció una ciudad muy bonita, con unas procesiones de Semana Santa muy interesantes, porque en lugar de empezar, como todas, en los últimos días de Jesús, empiezan por el Antiguo Testamento con todos sus personajes. Hacen carreras de cuádrigas, llevan unas túnicas bordadas a mano espectaculares, en las que se ven las caras como si fueran una fotografía. Subimos al castillo andando por todas las cuestas, pensando que iba a ser más fácil. Al principio sí, pero luego ya eran cuestas más empinadas. Siempre había querido estar en ese castillo que se veía desde la autovía cuando iba de viaje hacia Andalucía. Estaban construyendo un Parador, que me pareció un pegote en un monumento y, además, demasiado alejado del centro de la ciudad.



El miércoles por la tarde estaba leyendo en el sofá cuando, de repente, empezó el terremoto. Al principio, te quedas pensando: "¿Se mueve el sofá o me lo estoy imaginando?" De repente, al ver la lámpara y la tele vibrar, sabes que es un terremoto. Hay tantos aquí, como para no saberlo... Ya me incorporé y, cuando me estaba atando los deportivos por si había que salir corriendo, paró. Encendí el ordenador, busqué: "terremoto en Elche" y encontré varios twitters de gente que decía que había sentido un terremoto en Elche. También vi noticias que contaban que había habido un terremoto en Lorca dos horas antes. Poco a poco empezaron a hablar también de un nuevo terremoto, el que yo noté a ciento y pico kilómetros de distancia.

Enseguida empezaron los comentarios idiotas en las páginas web, porque en este país todo el mundo lo sabe todo de cualquier tema, por eso no hacen caso de profesores ni de médicos ni de ningún profesional, porque ellos ya lo saben TODO como para aceptar realidades y opiniones de los profesionales. Y enseguida empezó también ese sentimiento de inferioridad tan típicamente español que se vierte en comentarios del tipo: "En Japón sí son civilizados y saben hacer estas cosas, aquí no. Aquí todo el mundo se echará a la calle en un "sálvese quién pueda" a robar en supermercados, etc." Pronto se demostró que eran gilipolleces de cuatro ociosos que no tienen nada mejor que hacer que escribir tonterías en internet. Naturalmente que en España, en Lorca y en cualquier otro sitio, somos gente civilizada que, lo primero que hace, es intentar ayudar a los demás, rescatar a los heridos sin dudarlo un segundo, aun a riesgo de sus propias vidas. Por supuesto, habrá gente mala y egoísta también, incluso, dentro de cada uno de nosotros hay un poco de maldad y otro de bondad, según el momento. Pero yo quiero ser optimista, creer en el ser humano, y me parece que la bondad siempre gana terreno y acaba triunfando. Así que, espero que Lorca se recupere pronto y continúe celebrando esas procesiones tan bonitas que no he tenido el gusto de ver más que en vídeo.

sábado, 30 de abril de 2011

Ser tía.

No hay una palabra en español que defina el ser tía o abuela, como la hay para ser padre o madre. No existe la “tiidad”, como tampoco la “abuelidad”, pero sí la maternidad y la paternidad. Sin embargo, se considera que ser tío o tía es lo más parecido a ser padre o madre, las leyes establecen que los sobrinos puedan heredar de los tíos y hasta hay un refrán que afirma: “A quién Dios no le da hijos, el diablo le da sobrinos”. Igual que hay madres y padres responsables o irresponsables, también hay tíos y tías de todo tipo.

Mi primer sobrino ha llegado en una etapa de madurez personal, con la carrera acabada, las oposiciones aprobadas, hipotecada en un piso… A cada uno, le llega en su momento, antes o después. Espero poder aportarle algo de mi sabiduría y experiencia de la vida, contándole esas batallitas que ahora les cuento a mis alumnos. Hablarle de mi niñez con su padre y su tía, de cuando estuve en Irlanda, cuando trabajaba en la oficina de turismo, cosas de familia y de antepasados que no conoció… Enseñarle a amar la naturaleza, los animales, los idiomas, la belleza de la vida. Contribuir junto con sus padres, abuelos y el resto de tíos y tías a que sea educado, buena persona y un hombre de provecho.

miércoles, 27 de abril de 2011

Ya soy tía.

Esta tarde me he ido con una amiga a la filmoteca a ver La llave de Sarah, una película muy interesante que ya te contaré en otra ocasión. Al salir hemos pasado por casa para coger el coche e ir a buscar al gato a tu casa para traerlo aquí mientras estáis en la clínica. Tu abuela me ha dicho que había llamado tu padre y la cosa iba lenta, que los médicos habían dicho que nacerías mañana. Así que, me he ido con mi amiga a tu pueblo a buscar al gato, me he perdido porque, con la conversación, me he equivocado en una rotonda y he tirado hacia el trabajo en vez de hacia tu casa. Cuando por fin hemos llegado no podía localizar a tu abuelo materno porque su móvil comunicaba. Entonces me he dado cuenta de que tu abuela paterna me estaba llamando, la he llamado y me ha dicho que ya habías nacido. Al entrar en tu casa les he dicho a tu tío y abuelo maternos, que me estaban esperando con el gato ya metido en el transportín: "Bueno, pues ya somos tíos y abuelo".


Al volver con el gato, el sol se estaba escondiendo tras la Sierra de Crevillente en uno de los atardeceres más espectaculares que he visto en mi vida. O quizá fuera tan espectacular porque hacía apenas una hora que habías nacido tú. Había un poco de niebla en la carretera, que se iba disipando al cruzar el coche y, al fondo, unas nubes y unos tonos naranjas preciosos, como el jersey y el pantalón que te he comprado esta misma mañana. Cuando hemos ido a verte esta noche, seguía la niebla. Pero, lo más impresionante ha sido ver el castillo iluminado a espaldas de la clínica en esta noche de luna menguante.


Después de tanto tiempo esperándote no me he atrevido a tocarte, apenas te he rozado la frente. He intentado verte el color de los ojos, pero la habitación estaba en penumbra y los tenías medio cerrados. Tu abuela y tu padre te han cambiado el pañal y te han vestido de azul. Y así, de repente, ya soy tía y me acordaré siempre de esta fecha y de lo que estaba haciendo el día en que naciste, como me acuerdo de otras fechas importantes, trágicas como el 11-S y el 11-M o importantes en lo personal como el día en que me dijeron que había aprobado las oposiciones o la mañana en que subí al Mulhacén. Ya ves, tan sencillo y tan tierno como un niño recién nacido vestido de azul en una cuna de plástico transparente con sábanas blancas.

jueves, 14 de abril de 2011

Hijos.

Hace un mes se celebró el día de la mujer trabajadora y uno de nuestros políticos, de cuyo nombre ni me acuerdo ni quiero acordarme, con la inteligencia habitual de los políticos, lo único que se le ocurrió es soltar que debería alargarse el horario escolar para que así hubiera conciliación familiar y las mujeres pudieran trabajar más y mejor. Si ese señor tuviera un mínimo de vergüenza, responsabilidad y le preocuparan de verdad las madres trabajadoras y sus hijos, lo que habría propuesto es un horario laboral y unos sueldos dignos. Es decir, trabajar como mucho hasta las cinco de la tarde, como hacen en toda Europa, y con el mismo sueldo o más que tenemos ahora acabando a las 9 de la noche.

La escuela no puede ser nunca una guardería ni un almacén de niños, lo que tenemos que hacer es luchar por unos horarios de trabajo más humanos porque está comprobado que los niños que mejores resultados académicos obtienen, los que están más centrados y son más maduros, son los hijos cuyos padres pasan más tiempo con ellos, les ayudan a hacer los deberes, les escuchan... Y eso es responsabilidad de todos, desde los políticos y los empresarios, que deben ofrecer unos horarios y salarios dignos, hasta los profesores, madres y padres.

domingo, 10 de abril de 2011

Abril.

Es curioso: Cuando éramos jóvenes nos sentábamos en los bancos del parque porque era barato (no teníamos mucho dinero) y porque se respiraba libertad para poder hablar con las amigas o amigos. Ahora nos sentamos en los bancos porque salimos de cenar y no nos cabe nada más, así que, no nos apetece meternos en otro sitio a charlar. Y también porque nos apetece disfrutar de una noche veraniega en abril.

Cuando esa luna creciente se llene o un poquito más, nacerá mi sobrino. Al árbol frente a mi casa le han crecido las hojas verdes y está precioso.

viernes, 1 de abril de 2011

Cuenca.

Había nevado el viernes y, cuando el sábado por la mañana nos adentramos por las carreteras conquenses, se notaba la sal en el asfalto y la nieve en los campos y los montes, hasta el borde del camino. Al día siguiente nos fuimos de excursión por la Serranía de Cuenca y disfrutamos de la nieve como niñas, sobre todo yo, que estoy menos acostumbrada a pisarla.

Fuimos a buscar el nacimiento del Júcar y, aunque no lo encontramos, valió la pena el paseo en soledad. Además, también disfrutamos de un buen morteruelo y ajo arriero en un restaurante del pueblo antes de adentrarnos en el bosque. A continuación fuimos al Río Cuervo y allí la nieve se había transformado en hielo con las pisadas de tanta gente que había ido a verlo.

La noche anterior descubrimos el mesón de Las casas colgadas, muy recomendable por sus platos, por el ambiente tranquilo (cosa rara en España, los clientes no se hablaban a grito pelado como suele suceder) y por las vistas. Y al día siguiente desayunamos en el Parador antes de dar una última vuelta a la ciudad, hacer unas compras y volver para casa previa parada en Alarcón. En general, un viaje muy tranquilo y muy bonito, como de costumbre.

sábado, 19 de marzo de 2011

Decálogo para ayudar a una persona ciega.

(Sacado con permiso del blog de Alberto, Tiflohomero, para que todos lo tengamos en cuenta. Tú no lo ves, Alberto, pero esta introducción está en verde para diferenciarla de tu texto, que está en negro a continuación. Y no os olvidéis de las grullas del post anterior. Yo tengo que practicar, que soy muy torpe, a ver si me sale bien.)

Por si en vuestro deambular cotidiano os topáis con un cegato andarín, vayan aquí algunos consejillos para echarle una mano, que el ojo ya os lo echará él (bueno, mejor digamos sonrisa que ojo, faltaría más, claro). Ahora bien, no os creáis, de todo hay en la viña del señor y no todos los ciegos somos lo agradecidos y simpáticos que deberíamos ser. En mi opinión, el mero hecho de que alguien te ofrezca su ayuda (aunque a veces sea más un estorbo que un favor), ya es suficiente para ser aceptada y devuelta con un "gracias, guapa; encantado, señor..."


1.- Allí no es ningún lugar. No debéis utilizar las locuciones "allí / allá, aquí / acá porque eso no significa nada para quien no ve. Mejor será indicarle con "a la derecha o izquierda, detrás o delante, etc."

2.- Pregunta primero. Antes de ayudarle (tal vez él no lo necesite o no lo desee, pregúntale si quieres que le ofrezcas su ayuda. Normalmente debería decir que sí, pero... nunca se sabe y hacer las cosas sin avisar, por bienintencionadas que sean, no es bueno y puedes ser rechazado de peores o mejores modos.

3.- Déjate coger tu brazo. Aunque lo usual suele ser que, cuando vas a ayudar a una persona ciega, le cojas tú del brazo, eso no es lo correcto. Lo que se ha de hacer es que el privado de la vista vaya un paso por detrás de ti porque, si tú eres el que ve, lo lógico es que tú vayas por delante y además por el movimiento de tu cuerpo sabemos cómo es el terreno que vamos pisando.

4.- El plato se convierte en un reloj. Si vais a comer juntos, puedes explicarle cómo están dispuestos los alimentos en el plato, haciendo uso de la analogía del reloj. A las 12, tal alimento; a las 6, tal otro, etc.

5.- No agarres el bastón. Hay algunos que tienen la mala costumbre de agarrarte el bastón como si de una correa se tratase. Eso da mucha rabia e inseguridad, ya que si así sucede, el invidente pierde la referencia con el suelo a través de la contera o punta. Es como si te tapasen los ojos por un momento.

6.- Los perros guía son mucho más que una mascota. Estos animales, tan bien adiestrados y curiosos para muchos, son los ojos de su dueño. Puedes acariciarlos cuando están descansando pero no darles de comer ni distraerlos cuando van trabajando.

7.- Hablar con naturalidad. Nosotros aspiramos a la normalidad y, una forma de ella, es el lenguaje. No tengas prejuicios ni rubor a la hora de utilizar palabras como ver, mirar, etc.

8.- El orden, elemento clave. Para quienes no vemos, necesitamos saber dónde se dejan las cosas y que no nos las cambien de sitio, ya que, lo que con un golpe de vista se localiza de forma inmediata, con las manos cuesta mucho más encontrarlo. No dejes las puertas medioabiertas..

9.- No jugar a las adivinanzas. Molesta mucho eso de que te digan: "a que no sabes quién soy" o "¿me conoces?" Dime quién eres y déjate de jueguecitos.

10.- Salúdame, te lo agradeceré. Puesto que al no verte, si no me dices nada no sabré que has pasado por mi lado. Pero si me saludas, me alegraré sobremanera ya que has querido hacerlo, ha sido un gesto, todo un detalle ya que si no hubieras querido que me enterase de que pasabas a mi lado, no habrías tenido problema en ocultarlo al no verte.

martes, 15 de marzo de 2011

Mil grullas por Japón.

Acabo de leer en el periódico que hay una leyenda japonesa que habla de que, si haces mil grullas de papel, se te cumplirán tus deseos. Por eso hay una bloguera japonesa residente en Madrid que ha lanzado el proyecto "Mil grullas por Japón". Consiste en hacer una grulla de papel siguiendo las instrucciones que ha grabado en el vídeo, fotografiarla y enviarle la foto para que la publique en el blog. Yo soy muy patosa para los trabajos manuales, pero lo intentaré. Si queréis saber más, pinchad aquí:

http://las1000grullas.wordpress.com/2011/03/12/las1000grullas/

Y este es el vídeo:

Las 1000 grullas from Makiko Sese on Vimeo.



Alberto puede pinchar aquí para que le salga el vídeo más directamente: http://vimeo.com/20957131

martes, 8 de marzo de 2011

Fin de semana

Mi hermana en Navidades me regaló un bono de una noche con desayuno para un alojamiento rural, así que este fin de semana nos fuimos a gastarlo. Los planes empezaron a complicarse cuando, a partir del martes, las noticias no eran muy halagüeñas, ya que iba a nevar en la zona a la que pensábamos ir y, conforme iban avanzando los días, la cosa se iba poniendo peor. Echamos en la maleta mucha ropa de abrigo y nos llevamos las cadenas por si había problemas en la carretera. Para más inri, el día antes se estropeó el coche de mi amiga, que era con el que pensábamos viajar. Aún nos quedaba mi coche como segunda opción, pero al final se pudo reparar a tiempo y nos alegramos porque tuvimos suerte de que se estropeara antes y no durante el viaje. Además, tuvimos la suerte de que nevara justo antes de pasar nosotras, para ver la nieve y disfrutarla, pero ahorrarnos las inclemencias del tiempo. En resumen, un viaje muy bonito, como todos los que hacemos.

sábado, 26 de febrero de 2011

Diario de una tía 2.

Como os ha gustado el anterior post, continúo con el mismo tema. Se me cae la baba, ya lo sé.

16-10-2010, Sábado.


Han pasado ocho semanas desde que sé de tu existencia. Es mucho tiempo y, al mismo tiempo, es poco porque aún falta un montón para verte la cara. Habrá que tener paciencia para esperar. Tu madre ya se ha comprado el traje para la boda y tus abuelos repartieron las invitaciones para la familia de Barcelona el fin de semana pasado. Todavía no sabemos bien cuándo será la boda, pero se baraja el 20 de noviembre, cuando haga 35 años de la muerte de Franco. No sé qué les habría parecido esa fecha a tu bisabuelo y a tu tío abuelo, que eran tan rojos. Quizá les habría gustado, no sé. A tu tío abuelo Joaquín, como mínimo, le habría parecido gracioso. También hará, cuatro días después de la boda, si es que se casan ese día, cinco años que murió tu tío abuelo. Qué pena que no esté aquí para verlo.

El otro día soñé que me había equivocado y eres niña y a todo el mundo le parecía muy bien. A mí también, sólo pensaba que cómo pude equivocarme, si siempre acierto con las intuiciones.


21-10-2010, Jueves.

Acaban de marcharse tus padres, han venido a enseñarnos tu última ecografía. Parece que todo va bien y les han dado hasta un CD donde se ve una grabación de la ecografía. Ya se distingue la cabeza y el cuerpo y el ginecólogo sospecha que eres chico, aunque todavía no se ve muy bien. No, si al final, acertaremos. Si acierto, a ver si me inspiro para comprar la lotería que vaya a tocar...

Tu madre no quería cenar, porque se había pasado la tarde comiendo chocolate por orden del médico para que te movieras en la ecografía. Y ni aún así te movías, pero al final te han dado tantos meneos que has tenido que moverte. Esta tarde yo había hecho natillas del superpercado donde trabaja tu otra tía y, aunque tu padre no ha querido, el resto sí hemos comido. Así que, supongo que hoy has comido, indirectamente, las primeras natillas hechas por tu tía Ana. Tendré que practicar, porque hoy se me han quemado un poco, mi encimera calienta y no hierve la leche y, cuando te quieres dar cuenta, ya se ha quemado todo el fondo del cazo. Practicaré y, cuando vengas, siempre querrás tomar las natillas de tu tía. Por cierto, tendré que aprender también a hacer flanes. ¡Cuánto me queda por aprender aún!


Luego he sacado los vasos de chupitos que compré en Úbeda y el licor de hierbas ibicencas que me regaló Metis en Ibiza el verano pasado y nos lo hemos acabado brindando por ti y por tu abuelo paterno. Le he dado a tu madre un libro sobre diferentes nombres y su significado que tenía por aquí mi tío, para que vayan pensando cómo llamarte.

Y también tengo noticias de la boda: al final será en la fecha prevista, el veinte de noviembre. Y tu madre me ha preguntado que si quiero leer, que tu tía materna va a leer también. Le he contestado que sí, y que buscaré unos poemas. No le he dicho que ya lo tenía medio pensado.


23-10-2010, Sábado.


He ido al centro comercial a comprarme ropa para la boda y no me ha gustado nada (soy muy difícil de contentar para comprar ropa y más para una boda, porque no me gusta vestirme tan formal). Así que, he acabado en una tienda, comprándote siete camisetas y un peluche-sonajero. Mi primer regalo y aún faltan seis meses para que nazcas.

martes, 22 de febrero de 2011

Diario de una tía.

(Escrito el 14-9-2010.)

Calculo que faltan todavía unos siete meses y medio (qué lento pasa el tiempo) para que nazcas y todo el mundo anda por aquí revolucionado. Tu abuela y yo hemos ido hoy al centro comercial porque está mirando trajes para la boda de tus padres. Luego hemos ido a otra tienda y se nos caía la baba a tu abuela y a mí viendo la ropa de bebés. Tu abuela te habría comprado algo (ya te compró algunas prendas de ropa hace un par de semanas o así), pero era todo rosa o azul y no se ha atrevido porque no sabemos aún lo que vas a ser. Yo le he dicho que comprara algo azul y así acertaba siempre, porque, si eres niña, te gustará el azul, como a mí, y si eres niño, pues también y, además, te pega con los prejuicios habituales de lo que es un color “de chicos”. Al final no te hemos comprado nada, nos reservamos para más adelante. Intentaremos tener paciencia para esperarte, aunque debo confesar que cada viernes pienso que ya tienes una semana más y falta una menos para conocerte. Fue un viernes cuando me enteré de que ibas a nacer, por eso pienso en ti cada viernes.

(Escrito el 16-9-2010.)

Ayer vinieron tus padres a enseñarnos tu primera ecografía: apenas un bultito de casi dos centímetros. Ahí ponía que nacerás entre el 25 y el 28 de abril, más tarde de lo que yo pensaba, poco después de Semana Santa. Te estoy hablando en masculino porque tu abuela y yo pensamos que eres chico. Aunque tu abuelo anoche, en la cena, para llevarnos la contraria, dijo que eres niña porque las mujeres acaban carreras y son más listas que los hombres. Además, ¿cómo sabemos que eres chico? Y tu abuela y yo hemos dicho que porque lo sabemos. Es como cuando aprobé las oposiciones: sabía antes del primer examen que las aprobaba.

(Escrito el 9-10-10)

No te he escrito últimamente porque he estado bastante liada, pero sí me he acordado de ti. Tu abuela y yo fuimos el otro día a otro centro comercial y a las tiendas de al lado y estuvimos mirando la ropa de bebé, pero no nos atrevimos aún a comprar nada. Y eso que me encantó un jersey precioso para enseñar inglés, con los nombres de los animales en inglés y luego las iniciales para repetirlos a ver si te acordabas. Tiempo habrá para enseñarte inglés y valenciano, como dice tu abuela.

Si no recuerdo mal, tienes ya dos meses y medio en la barriga de tu madre y ya eres el doble de grande según la última ecografía. El otro día fue el santo de tu abuela materna y tu abuela paterna la llamó para felicitarla y estuvieron hablando de ti, de las ganas que tienen de ser abuelas y de conocerte. Sólo hay una pequeña discrepancia: tu abuela materna piensa que vas a ser niña, mientras que la paterna está convencida de que serás niño. Yo también creo que vas a ser niño. A ver si creces un poco más y nos muestras tus encantos en la ecografía y salimos de dudas.

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Esto son cartas a mi sobrino, llevo ya 26 páginas (con fotos, ¿eh?, no es sólo texto) y aún faltan dos meses para que nazca. Espero que, cuando sea mayor, le guste tener la historia de todo lo que pasó desde antes de nacer.

domingo, 6 de febrero de 2011

Biografía.

Leo las redacciones de mis alumnos, el tema es escribir una biografía. Me cuentan su vida, lo felices que eran en sus respectivos países, lo duro que fue venir a España cuando tenían entre diez y trece años, lo que lloraron, lo que les costó. Y lo felices que son ahora aquí, con sus nuevas amistades, sus parejas, en resumen, la gente nueva que han conocido. Que les gusta mucho España, que quieren pasar aquí el resto de sus vidas. Ojalá les vaya bien.

domingo, 23 de enero de 2011

Tiempos.

Un poema que me recordó los tiempos en los que estamos viviendo, aunque se refiera a tiempos ya pasados, a tiempos de postguerra. Primero en valenciano, la traducción, más abajo.

"No és millor ni pitjor el temps,
car tot el temps és temps d'amor,
d'una plaenta convivència
de sentiments i de persones,
de famílies i treball.

Tots els temps són el mateix temps,
perque només hi ha un temps,
i és temps d'amor i de treball,
de contribuir, entre tothom,
i cadascú en allò que faça,
per a l'establiment d'un ordre,
la construcció d'un edifici,
allò que mirarem, feliços,
quan Déu vulga, fora del temps.

Però treballem en el temps,
treballem i amem en el temps.
No hi ha temps millor ni pitjor,
solament existeix el temps,
i no és el temps qui ens justifica,
i ens cal justificar el temps.

En el temps naixem i morim,
i hem de fer nostre tot el temps,
i hem de fer nostres tots els temps,
tal com feren els nostres pares,
com deuen fer els nostres fills.
Tot el temps és el mateix temps,
totes les vides fan la vida.
Fem el temps, i que el temps no ens faça,
car el tems ens fa i ens desfà,
i hem de ser a través del temps.

Nosaltres podem fer el temps,
la construcció de l'edifici.
Foradant en la nit del temps,
obrint la nit com una mina,
obscurament i tenaçment,
ens podrem seure, si Déu vol,
amb les mans brutes de la feina,
a fumar, parlar de la pàtria,
la pàtria sòlida en el temps."

Vicent Andrés Estellés.


No es mejor ni peor el tiempo,
pues todo el tiempo es tiempo de amor,
de una placiente convivencia
de sentimientos y de personas,
de familias y trabajo.

Todos los tiempos son el mismo tiempo,
porque nada más hay un tiempo,
y es tiempo de amor y de trabajo,
de contribuir, entre todos,
y cada uno en aquello que haga,
para el establecimiento de un orden,
la construcción de un edificio,
aquello que miraremos, felices,
cuando Dios quiera, fuera del tiempo.

Pero trabajamos en el tiempo,
trabajamos y amamos en el tiempo.
No hay tiempo mejor ni peor,
solamente existe el tiempo,
y no es el tiempo quien nos justifica,
y debemos justificar el tiempo.


En el tiempo nacemos y morimos,
y hemos de hacer nuestro todo el tiempo,
y hemos de hacer nuestros todos los tiempos,
tal como hicieron nuestros padres,
como deben hacer nuestros hijos.
Todo el tiempo es el mismo tiempo,
todas las vidas hacen la vida.
Hagamos el tiempo, y que el tiempo no nos haga,
pues el tiempo hace y deshace,
y hemos de ser a través del tiempo.

Nosotros podemos hacer el tiempo,
la construcción del edificio.
Horadando en la noche del tiempo,
abriendo la noche como una mina,
oscura y tenazmente,
nos podremos sentar, si Dios quiere,
con las manos sucias de la faena,
a fumar, hablar de la patria,
la patria sólida en el tiempo.


Traducción mía.

A fumar, mejor que no, pero el resto sí me parece bien.

jueves, 6 de enero de 2011

Murcia.

Esto se va pareciendo a un blog de turismo, pero es que, últimamente he visitado muchos sitios. El martes fui a devolverle a María la visita que me hizo hace cuatro años, cuando andaba por aquí la Dama de Elche. Parece mentira, pero nunca había ido en tren a Murcia, siempre voy en el otro sentido, hacia Alicante. Y lo cierto es que hay mucho que ver en Murcia y me lo había perdido, hasta ahora. Como había que ponerle remedio a eso, fuimos al Museo Salzillo, a la catedral y a ver diferentes belenes, que para eso es la época. Además, también nos dedicamos a la gastronomía, que no todo va a ser patear la ciudad, comimos en un restaurante que estaba muy bien y luego tomamos chocolate con roscón junto a la catedral.




Imagen "robada" del blog de María porque aún no he ido a revelar mis fotos.


María fue una guía excelente y no es peloteo, no hay nada como que alguien enamorado de su ciudad te lleve por todos los rincones y te la explique. Ese amor por las ciudades donde una vive creo que a María y a mí, se nos nota bastante. Valió la pena, habrá que repetir antes de que pasen cuatro años más.

lunes, 3 de enero de 2011

Almagro.

Llegamos a Almagro el martes por la noche, dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a cenar con los paraguas, por supuesto, porque seguía lloviendo. No teníamos mucha hambre porque habíamos comido un montón en Trujillo, así que, simplemente nos tomamos unas tapas en un bar de la plaza y luego, aprovechando que había dejado de llover, nos fuimos a dar un paseo antes de dormir. El día siguiente amaneció lluvioso, para variar, lo cual no nos impidió visitar el museo nacional del teatro, la casa de los fúcares y el corral de comedias. Eso sí, la lluvia iba in crescendo y, al final, nos cayó una tormenta tremenda en el corral de comedias. Pensábamos que seríamos las únicas locas que en esas condiciones meteorológicas se dedicaran a hacer turismo, pero nos encontramos a unos cuantos más. Sobre las 5 de la tarde amainó un poco el temporal y decidimos emprender la marcha de vuelta a casa. Vimos campos un poco inundados, pero conseguimos llegar a la autopista y volver bajo una lluvia que no paró hasta llegar a Villena, se nota que esto ya es la España seca, casi el desierto. Normalmente, no me gusta que mi tierra sea tan seca, pero en días así la verdad es que te alegras.



Casa de los fúcares bajo la lluvia (ver la parte superior de la foto con las gotas cayendo).

Sin pretenderlo, creo que este viaje nos salió muy histórico y teatral. En Aranjuez vimos el palacio real que empezó a construir Felipe II y hasta bien entrado el siglo XX siguieron utilizando los reyes algunas temporadas, un mes o dos al año, por lo que parece. En Cáceres vimos las casas señoriales de la nobleza que se lanzó a la conquista de América, todas con sus torres defensivas para protegerse de los ataques de otros nobles. Tiempos difíciles aquellos, no sólo había que luchar contra los árabes sino también con los vecinos cristianos para mantener el poder y la riqueza. Y, cuando ibas en contra de los reyes, podías acabar con la torre desmochada, como las de algunos nobles que no habían apoyado a Isabel la Católica y, como castigo, les hizo derribar la parte superior de sus torres, para que no les sirvieran de defensa en futuras guerras. Trujillo fue también de esa época, con más palacios señoriales, más iglesias y conventos (refugio de nobles segundones que no heredaban el patrimonio familiar y tenían que buscar fortuna en otros campos y también de las hijas que decidían no casarse) y una plaza porticada donde, en aquel momento, solían hacer mercado y cada gremio tenía su lugar en un arco concreto. En Mérida retrocedimos a tiempos romanos y árabes y vimos el teatro, precursor de lo que luego veríamos en Almagro en el Corral de comedias y el Museo nacional del teatro, por eso decía que nos salió muy teatral el viaje. Y en Almagro también vimos parte de esos siglos de oro en los cuales los banqueros de los reyes, los Fúcares, extendían su poder y se traían consigo a sirvientes que luego enseñarían a los españoles del lugar a hacer encajes. A ver qué más cosas aprendemos la próxima vez.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Mérida.

Seguimos viaje y llegamos a Cáceres, donde íbamos a dormir varios días. La decepción fue que la Plaza mayor estaba en obras, pero encontramos un restaurante muy bueno para cenar esa noche y luego dimos un paseo por el casco antiguo con un montón de turistas que venían detrás, estaba lleno de gente, creo que en su mayoría, madrileños y andaluces. También nos encontramos con algún valenciano suelto, pero como nosotras nos hablamos en castellano, disimulamos que los entendíamos, lo cual puede ser interesante. Me sigue llamando mucho la atención cómo habla la gente en cada sitio y los diminutivos en -ino, -ina me recordaron a mis abuelos, que hablan igual porque son de allí.




Teatro romano. Habrá que volver en verano para ver aquí alguna obra.

El domingo por la mañana nos fuimos a Mérida, que está a una hora de Cáceres, más o menos. Allí estuvimos visitando los monumentos más característicos de la ciudad, como el teatro romano, el puente romano o la alcazaba. Y, sobre las seis de la tarde, cuando se hizo de noche, volvimos a Cáceres. Descansamos un poco en la habitación, después de todo el día pateando la ciudad, que cansa bastante. Había estado lloviendo todo el tiempo, aunque hubo también algún breve rayo de sol como el que se ve en la foto pero, justo cuando nos disponíamos a salir a cenar, empezó a caer el diluvio universal acompañado de viento, lo que hizo que nos quedáramos en el hotel y cenáramos allí las provisiones que aún nos quedaban.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Aranjuez.

Hace veinte días, después de trabajar, nos fuimos en dirección a Aranjuez. Hacía bastante frío, incluso había nevado un poco en los campos y había restos de nieve al borde de la autopista. Casi nos helamos al salir del coche cuando paramos a merendar en un área de servicio, menos mal que las palmeritas de chocolate nos hicieron entrar en calor de nuevo. Nuestro destino final era Cáceres, pero habíamos pensado viajar por etapas, tanto a la ida como a la vuelta, para ir más relajadas. Por eso decidimos hacer noche en Aranjuez.



Nos perdimos un poco a la entrada de Aranjuez, pero al final llegamos al hotel y, para mi sorpresa, aparcamos en la misma puerta. Había un montón de sitio para aparcar, no sé si porque, al ser puente, todo el mundo se había ido de vacaciones o porque es habitual encontrar aparcamiento allí. Como hay crisis y hay que ahorrar, nos habíamos llevado comida para hacer picnics y cenamos en la habitación. Después nos atrevimos a dar un paseo con un frío que pelaba y, por la calle, nos encontramos a tres mujeres que también estaban desafiando al mal tiempo y les preguntamos por una cafetería para desayunar un buen chocolate. Nos indicaron varias, dimos una vuelta para localizarlas y así, a la mañana siguiente ya fuimos directas al lugar adecuado. Seguía haciendo tanto frío que casi se me congela la mano por estar hablando por el móvil sin guantes durante cinco minutos.




En la foto se puede ver la escarcha en los jardines.



Decidimos dar una vuelta por los jardines, pero no era el momento perfecto, no sólo por el frío, sino porque en esta época del año los árboles están sin hojas y no tienen el esplendor de la primavera. Así que, antes de congelarnos más, nos metimos en el palacio real, hicimos la visita guiada y, al salir, cogimos el coche otra vez para irnos a Cáceres. Por la radio escuchamos las noticias sobre la huelga de controladores y el estado de alarma y nos alegramos de no haber viajado en avión, pero a mí no me hizo ninguna gracia lo del estado de alarma. Me parece que militarizar la vida civil no conduce a nada bueno y, una vez destapada la caja de Pandora, cualquier gobierno con cualquier excusa puede utilizarlo en contra de cualquier ciudadano. Me parece algo muy peligroso, que nos quita derechos y nos iguala a las dictaduras. Hablando del tema y de otros muchos, se hizo la hora de comer algo y, como ya habíamos recorrido varios kilómetros, decidimos parar en una área de servicio para comernos otro picnic en el coche.

martes, 14 de diciembre de 2010

Este puente.

Este puente he ido a Aranjuez, Cáceres y Almagro. El tiempo ha sido malísimo, mucho frío y lluvia todos los días, pero creo que ha valido la pena porque son sitios muy bonitos que hay que conocer. Espero que disfrutéis algún día tanto como yo un paseo por el casco antiguo de Cáceres, con esos palacios y esas iglesias que te hacen volver a los tiempos en que España fue una superpotencia.

Mi padre y toda su familia es de Extremadura, pero tuvieron que emigrar tras la Guerra Civil. Yo he ido dos veces a Extremadura y me ha encantado. Me la esperaba fea, pobre, desértica y es uno de los lugares más preciosos que he conocido, me recuerda mucho a Irlanda a veces. Sesenta y dos años después de que mis abuelos emigraran con sus hijos andaba yo perdida por esas tierras. No tenemos GPS, ni lo queremos, nos manejamos con hojas impresas del Google Maps y una guía de carreteras del año 2007, tres años atrasada. Así que, acabamos perdidas en unos pueblos en los que no me importaría comprarme una casa para ir en verano: todo verde, montañas impresionantes, robles con las hojas marrones a punto de caer o ya caídas al suelo, ovejas... un regalo para los sentidos.

Al salir de ese paisaje, nos esperaba una sorpresa: nos pasaron volando en grupos por encima del coche unas aves que pensamos que eran cigüeñas. Sólo distinguimos sus siluetas negras volando majestuosamente en el horizonte. Sin embargo, al verlas después en los campos, picoteando antes de dormir (se estaba haciendo de noche y se estaban recogiendo) resultaron ser unos pájaros grandes y grises que no sabíamos lo que eran, hasta que vi un cartel que apenas pude leer desde el coche, que afirmaba que eran grullas. La conductora paró el coche en medio de la carretera (no venía nadie), bajó la ventanilla y las oímos emitir unos sonidos, llamándose unas a otras. Fue impresionante. Por eso no quiero comprarme un GPS, para poder seguir perdiéndome por esos lugares que son lo mejor de un viaje.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Cinco años de blog.

Tengo muchas cosas que contar: un viaje a Aranjuez, Cáceres y Almagro pasado por frío y agua, pero intenso, lo que me desagrada esta sociedad nuestra que va recortando derechos adquiridos a sangre y fuego durante siglos y que se van por el desagüe a marchas forzadas sin que a ninguno nos extrañe ni protestemos por ello, que me gustaría que se acabara el Estado de alarma porque nunca quise vivir en una dictadura, me educaron en otros principios distintos del ordeno y mando, es decir, con mejor talante. Me enseñaron a pensar, por desgracia para algunos, y es lo que quiero que mis alumnos aprendan de mí: a pensar, aunque jamás sepan hablar inglés. Y, también quisiera contar que el sábado pasado, en Aranjuez, oí a un señor diciéndole a otro que antes había mucha ignorancia y le dije a mi amiga que sigue habiéndola, por desgracia. Que es triste que siga vigente aquello que escribió Machado:

"—Nuestro español bosteza.
¿Es hambre? ¿sueño? ¿Hastío?
Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?
—El vacío es más bien en la cabeza."


Pero también tengo mucho trabajo atrasado que terminar este fin de semana, así que, ya contaré más adelante todas estas cosas. Y, para no dejaros con mal sabor de boca, una de mis canciones preferidas:




La misma canción, para Alberto: aquí.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Otoño.

Al salir del supermercado caen unas gotas y me pega todo el frío en la cara, lo cual me lleva inmediatamente a Irlanda. No sé si el olor de la lluvia, el frío... pero este tiempo otoñal siempre me recuerda a Irlanda porque allí pasé algunos inviernos de mi juventud. Lo que echo de menos es el inconfundible olor a la turba quemándose en las chimeneas al caer la tarde. Algún día volveré, no sé si antes o después de que se acabe esta crisis que nos va atacando a todos y que nos quita, poco a poco, derechos adquiridos con sangre, sudor y lágrimas durante siglos.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Hoy se casa mi hermano.

Y este es el discurso que voy a dar:

“Hay una historia que habla de un pueblo en el que la gente tenía unas libretitas donde ir apuntando los momentos en que habían sido felices. Al morir, se sumaba todo y se veía quién había vivido más, porque sólo vivimos cuando somos felices. En 1918 mi bisabuelo empezó esta libreta, en la que se registran los acontecimientos más importantes de la familia: nacimientos, muertes, bodas... Parece ser que todos los López tenían una libreta igual que esta, pero, como mi bisabuela no sabía escribir, lo hizo su marido.

Hoy 20 de noviembre de 2010, vamos a escribir una página más. Seguro que os hemos hecho muchos regalos de boda, pero yo quiero regalaros una libreta nueva, con las páginas en blanco, para escribir vuestra historia a partir de ahora y que se llene de momentos felices. Por ejemplo, de paseos por los álamos del río, como el poema de Antonio Machado que yo recitaba para picar a mi hermano cuando empezó a salir con su novia:

“Allá, en las tierras altas
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños..
¿No ves, Leonor, los álamos del río
con sus ramajes yertos?
Mira el Moncayo azul y blanco; dame
tu mano y paseemos.”

Pero, como no todo es perfecto en la vida y muchas veces la rutina hace mella, a fin de evitarlo, me gustaría que mi hermano recitara de vez en cuando este poema de Luis Alberto de Cuenca:

“Me gustas cuando dices tonterías,
cuando metes la pata, cuando mientes,
cuando te vas de compras con tu madre
y llego tarde al cine por tu culpa.
Me gustas más cuando es mi cumpleaños
y me cubres de besos y de tartas,
o cuando eres feliz y se te nota,
o cuando eres genial con una frase
que lo resume todo, o cuando ríes
(tu risa es una ducha en el infierno),
o cuando me perdonas un olvido.
Pero aún me gustas más, tanto que casi
no puedo resistir lo que me gustas,
cuando, llena de vida, te despiertas
y lo primero que haces es decirme:
«Tengo un hambre feroz esta mañana.
Voy a empezar contigo el desayuno».

Y este discurso debe acabar como acaban los cuentos: “Y fueron felices y comieron perdices.”

domingo, 14 de noviembre de 2010

A veces me siento así.

"Tengo a mis amigos
en mi soledad,
cuando estoy con ellos,
¡qué lejos están!"

Antonio Machado.

jueves, 11 de noviembre de 2010

La Y griega de toda la vida.

¿Qué es eso de "YE"? La RAE está ya que chochea, será que vieron lo del "Yes, we can" y se lo quisieron agenciar. Lo siento, pero para mí la Y será y griega toda la vida. Y pienso seguir poniendo acento en "sólo" cuando toque y en "guión" siempre. ¿Y Catar? Catar se catan los vinos o la comida, el país es Quatar y punto. Y quorum, sí señor. Eso de "cuorum" parece que estés leyendo revistas del corazón.

sábado, 30 de octubre de 2010

Una tarde muy agradable.

Unos vasos de té árabes. Es el recuerdo que me queda de la tarde que hemos pasado unos amigos de Villena, otra de Elche y yo. Hemos estado tapeando y luego dando una vuelta por el mercadillo medieval probando la comida de los puestecitos. Entonces ha empezado a llover y nos hemos metido en uno de ellos, que era una tetería árabe, sólo porque tenía toldo y no nos mojábamos. Nos hemos tomado un té con pastas mientras esperábamos a que parara de llover y luego hemos dado una vuelta por el "parque de los patos", como se le llama popularmente, para que el hijo de ellos jugara en los columpios y viera a los patos. También hemos ido a ver un espectáculo del Festival medieval, pero el niño se ha asustado al ver a un dragón de madera echar humo y hemos tenido que irnos a una cafetería. A pesar de todo, ha estado muy bien. Una tarde muy agradable.

domingo, 24 de octubre de 2010

Orgullosa de ser profesora.

En estos tiempos en que se nos hace cada vez más trabajar por menos, tiempos de crisis en los que todos los países europeos están recortando gastos de todas partes, menos de Educación, mientras que España lo primero que hizo fue recortar los gastos educativos, cuando todo el mundo se cree con derecho a opinar sin tener ni idea del tema y criticar siempre la labor del profesorado es muy difícil estar orgulloso de ser docente. Y, sin embargo, lo estamos, como se puede ver en este vídeo:




Como muy bien dice el vídeo siguiente:

"Señor gobernante, usted es un gobernador, yo soy un docente. Usted pasará a la historia, yo quedaré en la memoria de miles de niños, jóvenes y adultos. Usted hace escuelas, yo vivo la escuela. Usted decreta, yo enseño. Usted dirige la justicia, yo soy justa. Usted, como otros gobernantes, pasará. Yo, como otros docentes, quedaré. Usted nos humilla, yo sólo espero. Usted habla enojado, yo escucho. Usted nos quiere dividir, yo enseño a multiplicar. Usted recibe abrazos comprometidos, yo recibo abrazos sinceros. Usted me ataca, yo me defiendo. Usted tiene 8 años de gobierno, yo tengo muchos más años de docencia. Usted da subsidios, yo pago los impuestos. Usted gobierna, yo educo. Usted corta cintas, yo corto cadenas. Usted resta haberes, yo sumo conocimientos. Usted ordena, yo busco acuerdos. Usted reparte, yo comparto. Usted tiene los gastos pagados, yo pago los gastos. Usted fue elegido, yo elijo. Usted suma votos, yo enseño a votar. Usted es sólo un gobernante, yo soy un docente."



El otro día me encontré por la calle a unas alumnas que tuve hace tres años y vinieron corriendo a saludarme, hablar conmigo, contarme cómo les va en el instituto y preguntarme dónde estoy trabajando y qué hago. Eso, ¿se paga con dinero? Por tanto, hay que estar orgullosos de ser docentes, a pesar de que la sociedad en general aún no se haya dado cuenta de lo importantes que somos y no nos reconozca lo que es nuestro.





sábado, 23 de octubre de 2010

Voy a ser tía.

20-8-2010, Viernes.

He intentado hacer scones esta mañana, pero no me salía la masa como quería, así que he añadido leche. Entonces estaba demasiado pegajoso y poco firme, así que he añadido harina y un poco de azúcar, para compensar. Total, que al final he acabado echando todo a ojo, sin seguir las medidas. Pero cuando he intentado amasar todo con un rodillo de madera, estaba demasiado blando, no iba a salir lo que yo quería. Cabreada, he puesto todo en un molde de cristal y lo he metido en el horno. Ha acabado siendo un bizcocho, casi con sabor de scone. Tendré que volver a intentarlo otro día.

Mientras intentaba limpiar todo el desastre, me han llamado mis padres, que estaban de viaje, y yo enfadada porque me llamaran justo cuando más lío tenía, con todo por en medio en la cocina y el bizcocho en el horno. Entonces me he enterado de que voy a ser tía y me ha dado ya todo igual.

domingo, 17 de octubre de 2010

Como la vida misma.

Qué fácil sería la vida si los días consistieran en conducir, parando donde nos apeteciera, a sacar esos cientos de fotos que luego llenan los álbumes que guardo en la estantería del comedor. Si pudiéramos comer en bares y restaurantes, unas veces caseros, otras más lujosos, o esos picnics que compramos en supermercados y comemos junto al mar, viendo una puesta de sol. Qué bonita sería la vida si no existiera el estrés, ni los agobios, ni las preocupaciones, sólo senderismo, bosques, playa, y esa comunión con la naturaleza cuando subimos al Mulhacén o cruzamos el mar de hielo en los Alpes, o nos dejamos salpicar por las olas del Atlántico, camino de unas islas perdidas en la costa de Irlanda donde vivieron unos monjes en la Edad Media.



Y, aunque sé que hay que trabajar para ganar dinero para volver a salir de viaje, me mata la rutina de encerrarme en un edificio de ladrillo rojo de 8 a 3, de conducir 90 kms. ida y vuelta cada día, de gastarme un dineral al mes en gasolina, de pagar hipoteca cada día 11 hasta que cumpla 64 años. "Cada mañana trae, como dice Auden, verbos irregulares que es preciso aprender, o decisiones penosas y que aguardan examen", escribió Jaime Gil de Biedma. Aunque a mí, más bien, me gustaría calzarme mis botas y, como dijo Fray Luis de León, seguir la senda por donde han ido los pocos sabios que en el mundo han sido.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Comidas y cenas.

Aparte del viaje a Almería, en las últimas semanas ha habido también una comida con dos compañeras de carrera, sus respectivos maridos y la hija de uno de los matrimonios. Siempre que nos vemos prometemos quedar más a menudo, organizar más actividades juntos, etc. pero, al final, casi todo eso se queda en agua de borrajas. A no ser que sea yo la que decida unirnos de nuevo, yo siempre soy la que junta a los amigos.



Después hubo también una cena con otra amiga en una pizzería cerca del mar, una conversación trascendental y paseo nocturno sin luna, y sin embargo, con siete olas que salté. Ya sé que se supone que hay que saltarlas en San Juan pero, como nunca lo había hecho antes, decidí saltarlas esa noche. Además, hubo una comida de tapas por Benijófar que estuvo bastante bien, completamos los cinco sellos de los establecimientos participantes y a ver si ganamos la cena para dos, ¡ja, ja! Tras la comida hubo un paseo por una playa que me recordó los veranos de mi juventud, cuando trabajaba allí en la oficina de turismo. El día anterior hubo también, con otra amiga distinta, un espectáculo sobre la vida y la obra de Miguel Hernández en el patio de la biblioteca municipal y una cena para volver a celebrar mi cumpleaños, cualquier excusa es buena. Y esa noche hubo, con otra amiga distinta de las anteriores, otra cena de tapeo y un batido tomado en una tetería decorada como una casa de principios del siglo XX. En resumen, qué bueno es juntarse con los amigos, sobre todo cuando hace tiempo que no los ves.

domingo, 10 de octubre de 2010

Fin del viaje a Almería.

El domingo recogimos todo, bajamos a desayunar y luego nos fuimos camino de Sorbas, para entrar en sus cuevas de yeso. Nos dieron unos cascos con luz, ya que no hay luz eléctrica dentro de la cueva. Éramos muy pocos en la visita, lo cual era bastante agradable. En algunos lugares las rocas habían caído y teníamos que reptar para pasar por debajo, acabamos con las ropas polvorientas y con necesidad de meternos en la ducha. Pero fue curioso por los brillos de las rocas de yeso en las paredes, los techos con murciélagos, ramas y troncos de árboles caídos y que fuera una de las cuevas en estado más silvestre de todas las que he visto. Además era la primera que no tenía estalagtitas y estalagmitas, ya que cuando llueve mucho suele inundarse y, por tanto, no se dan las condiciones necesarias para que crezcan.


Al salir nos limpiamos un poco con unos cepillos que allí había y pusimos rumbo a Garrucha, donde comimos muy bien en un restaurante del paseo marítimo. Luego fuimos a Mojácar playa y al pueblo, nos tomamos un helado y emprendimos la marcha para volver a casa, porque al día siguiente teníamos que trabajar para poder ganar dinero para ir a más viajes. Más viajes que harán que dejemos huella en otras playas, como lo hicimos en la de la foto.

domingo, 3 de octubre de 2010

Cabo de gata II.

Al día siguiente, tras el desayuno, nos fuimos a explorar la zona. Casi por casualidad acabamos pidiendo un mapa en la oficina de turismo de Rodalquilar. Luego visitamos un jardín botánico que había cerca y, en la puerta, un hombre nos preguntó en inglés por la oficina de turismo. Qué suerte tienen algunos, en un pueblo en el que no había casi nadie por la calle, va a dar justo con alguien que habla inglés. Se lo expliqué y entramos al edificio, donde había una exposición, y después se accedía al jardín por una puerta trasera.


El sol también riela, no sólo la luna.


Hacía mucho calor y, tras parar a hacer fotos en miradores que había por la carretera, le dije a mi amiga que nos compráramos una gorra o íbamos a acabar achicharradas. Así que nos compramos sendas gorras en La isleta del moro, un pueblo muy majo al que volvimos después para comer pescado en una terracita. Era el sitio ideal para unas vacaciones sin estrés.

Mi amiga llevaba el bikini puesto, pero yo no, lo tenía en la mochila, por lo que tuve que cambiarme en el coche, tapada con la toalla. Y la verdad es que me costó, porque tenía los pantalones pegados del sudor. Encima, mi amiga partida de la risa diciéndome que venía un autobús y me iban a ver, pero al final lo conseguí y nos bañamos en una de las mejores playas que he visto en mi vida: la playa de los genoveses. Unas aguas cristalinas, una calma... ¡qué bien se estaba allí! Y eso que el agua estaba helada, pero con el calor que hacía, nos dio igual.



A continuación nos fuimos a la Playa de monsul y, para nuestra sorpresa, había mucho oleaje y gente haciendo surf. Era lo opuesto a la playa anterior, con lo quieta que estaba allí el agua. Ya era un poco tarde, así que decidimos volver a La isleta del moro y comer en uno de los restaurantes que habíamos visto allí.



Playa de Monsul.



Después de comer continuamos viaje y nos dimos un paseo por otra playa cuyo nombre no recuerdo y luego fuimos al faro del Cabo de gata por una carretera estrechísima. Era el O'Connor Pass de Almería, incluso puede que peor, aunque afortunadamente más corto que su versión irlandesa. A todo eso, ya eran las siete de la tarde, llevábamos todo el día por ahí y estábamos un poco cansadas, así que volvimos al hotel a ducharnos y cambiarnos de ropa para salir a cenar a una pizzería preciosa y disfrutar de otro paseo con luna llena cerca del mar.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Cabo de Gata.

Este fin de semana me fui a descubrir una provincia cercana, pero que todavía no conocía. En dos horas llegamos a Las Negras, en el Cabo de gata, Almería. Se nota que ha sufrido el boom de la construcción que se acabó con la crisis, pero el ladrillo, a pesar de todo, ha respetado bastante el pueblo y no es aún, esperemos que no lo sea nunca, la burrada de cemento y hormigón en la que se han convertido muchos municipios turísticos del Mediterráneo español. Llegamos sobre las siete y media de la tarde, dejamos las cosas en el hotel y nos fuimos a dar un paseo por la playa. Luego volvimos y cenamos en la terraza de la habitación la tortilla que había preparado mi compañera de viaje. Hay que ahorrar un poco en comidas y cenas, para poder irnos de viaje más a menudo. Desde allí vimos anochecer y salir una luna preciosa, elegimos ese fin de semana precisamente porque había luna llena.



A continuación nos echamos a la calle a disfrutar de la luna y para ello nos sentamos en una cafetería donde nos tomamos un té justo delante del mar, contemplando las barcas que salían a pescar y lo que decía aquel famoso poema que aprendimos de memoria en la niñez: "La luna en el mar riela, en la lona gime el viento y alza en blando movimiento olas de plata y azul". Rielar, qué bonito verbo apenas conjugado y tan apropiado para esas costas almerienses, que en su época sufrieron los ataques de los piratas berberiscos, piratas como el protagonista del poema de Espronceda. Para quien no lo recuerde, en este vídeo aparece entero:





Hablamos del pasado, el presente y el futuro, arreglamos el mundo y, ya cuando empezábamos a tener un poco de frío por el relente de la noche, nos fuimos a otro bar, un poco más adentro del pueblo, pero desde el que todavía se podía contemplar el mar y la luna llena. Allí nos tomamos sendos mojitos para celebrar que estábamos vivas. A las doce, como cenicientas, volvimos al hotel y nos fuimos a dormir, que al día siguiente teníamos maravillosas playas por descubrir.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Labordeta.

No sé cuántos años tenía cuando, estando en el colegio, en un día de la paz nos dieron unas canciones y, una de ellas, era esta, que me impresionó desde entonces:






Yo era muy joven durante la Transición, tenía dos años cuando murió Franco y, por lo tanto, estas canciones las he conocido con posterioridad, conforme fui creciendo y descubriendo que "una de las dos Españas ha de helarte el corazón", como decía Antonio Machado. A los veinte años tuve la suerte de conocerlo en persona y de asistir a un concierto suyo en Benasque (Huesca) durante un curso organizado por la universidad de Zaragoza. Fue impresionante cantar todos juntos esta canción agarrados de la mano.


Siempre me pareció un hombre íntegro, honesto, que actuaba según sus ideas, un hombre de los que nos haría falta tener más. Descanse en paz y ojalá que un día, al levantar la vista, veamos una tierra que ponga "libertad".

sábado, 11 de septiembre de 2010

Irlanda 2010 (Última parte).

El último día en Irlanda nos levantamos un poco nerviosas por tener que ir a devolver el coche y luego marcharnos a España, no queríamos llegar tarde al aeropuerto, pero aún teníamos varias horas por delante, así que, tras desayunar y recoger las maletas por última vez, nos fuimos a ver el pueblo. Entramos en algunas tiendas, en un par de iglesias y, cuando nos cansamos, pusimos rumbo a Cork. De camino paramos en Cahir, vimos el castillo por fuera, hicimos algunas compras y fotos y ya volvimos al coche, resignadas a marchar hacia el aeropuerto.

Ayuntamiento de Clonmel.


Encontramos un trozo de autopista muy buena, aunque de peaje, pero no era muy cara y llegamos muy pronto a Cork. Nos perdimos buscando una gasolinera para devolver el coche con el depósito lleno y que no nos pegaran un sablazo después. Pero al final encontramos una justo al lado del aeropuerto y de la empresa donde teníamos que dejar el coche. El hombre que lo revisó al entregarlo y vio que estaba sin un rasguño, aunque un poco lleno de barro, nos dijo que habíamos recorrido 1557 kms. Reorganizamos el contenido de las maletas mientras él inspeccionaba el coche y, cual sería nuestra sorpresa al facturar que la grande pesaba justamente 15 kgs. Ni más, ni menos, como a la ida. Y eso que habíamos cambiado cosas de sitio...

En el aeropuerto comimos las manzanas y lo que nos quedaba de los picnics y nos tomamos una sidra para despedirnos de Irlanda antes de partir. Una cola de irlandeses deseosos de llegar a las playas mediterráneas y de algunos españoles que, como nosotras volvían a casa tras las vacaciones, nos agolpábamos antes de entrar en el avión. El viaje fue bastante tranquilo, nos despedimos del verde para ir al encuentro del marrón desértico de la zona donde vivimos, mi compañera se quedó dormida mientras yo pensaba en la historia de los monjes de las Skellig, que les contaría algún día a mis hijos antes de que se durmieran. Sin embargo, casi al llegar, nos pilló una tormenta con las consiguientes turbulencias, cosa que no me gusta nada dentro de un avión, pero aterrizamos sin problemas, recogimos las maletas y volvimos a casa.




FIN

jueves, 9 de septiembre de 2010

Irlanda 2010 (Octava parte)

Nos levantamos más o menos temprano porque teníamos que cruzarnos media Irlanda antes de llegar al último B&B, desayunamos muy bien, como siempre, nos despedimos de los dueños, que estaban aún riéndose de mi aventura sin agua del día anterior, y decidimos ver la costa de Connemara. Pasamos por la Bahía de Mannin, donde mi compañera de viaje volvió a ser niña buscando conchas en la playa: había un montón de caracolillos y trozos que parecían de coral, además de unas algas rojizas. Había bajado la marea y por eso se veían todas estas cosas. Paramos en Roundstone para dar una vuelta y luego en Oughterard para comprar los último souvenirs y comer en un restaurante bastante majo. Tocaba probar el Irish Stew, que es un plato típico de Irlanda.



Vista desde el B& B de Connemara.



Después de comer seguimos viaje hacia Galway, sin parar allí, y luego dirección Limerick. Encontramos una de las pocas autopistas que hay en Irlanda, aún estaba en construcción en algunos tramos, y por fin pudimos desquitarnos de los caminitos que habíamos recorrido durante el viaje. Pero, como las alegrías duran poco en casa del pobre, la autopista se acabó pronto y volvimos a las carreteras estrechas, aunque no tanto como otras veces. Llegamos a Cashel a las 6.15 y poco antes había sido el último pase para ver el castillo. Además, estaba en obras, así que, no sé qué habríamos podido ver. En vista del éxito nos fuimos a tomar un capuccino con scone, el último del viaje, antes de seguir hasta Clonmel, que era nuestro destino.




Bahía de Mannin, Connemara.

Allí nos perdimos un poco, pero como preguntando se va a Roma ("¿de dónde crees que vengo?", dice el chiste), al final llegamos. Era un sitio un poco extraño, casi de novela de Agatha Christi, menos mal que no nos pasó nada. Pensamos si salir a buscar un pub, pero al final nos pudo la pereza y nos quedamos haciendo las maletas para el día siguiente y tirando envoltorios de los regalos que teníamos para que hubiera menos peso y la compañía aérea no nos cobrara más. Nos quitamos todo el lastre posible, la verdad, y nos salió bien.

Una calle en Cashel.

Cuando ya teníamos unas maletas en perfecto estado de revista y peso, nos tomamos un té, estuvimos hablando un rato y, al final, nos fuimos a dormir.



CONTINUARÁ...

viernes, 3 de septiembre de 2010

No water, no water (Irlanda 2010 séptima parte).

Me pongo a ducharme, abro el grifo, me mojo, cierro la ducha, me enjabono, abro la ducha y... no sale agua. No puede ser, ¿será que viene de un depósito y se ha gastado toda? Porque había oído también la ducha de los de al lado. Y yo pensando: "¡Los franceses de al lado me han robado el agua!" Vuelvo a intentarlo y, como las duchas en Irlanda son tan raras, que tienen un mini calentador incorporado y unas ruedas que giran para un lado y para otro, pienso: "A ver si es que no la he sabido abrir bien" y sigo dándole a aquello. Al final, como no había manera, salgo a pedirle ayuda a mi compañera de habitación, ya que ella se había duchado la noche anterior, para que me explicara cómo iba.

Salgo en toalla por no vestirme otra vez y aquella, que estaba medio dormida, al verme de esa guisa, tirando de la toalla por todos lados para que no se me viera nada porque me venía corta, se despierta y se parte de risa conmigo. Me dice: "Si quieres, bajo y les digo a los dueños: "No water, no water" y luego me subo, porque no entenderé lo que me contesten... O si no, bajas tú en toalla, con lo sexy que estás, a ver si te ligas al dueño, que no sabemos si está bueno (no lo habíamos visto aún, nos atendió su mujer la tarde antes). Y la tía, muerta de risa. Total, que al final me visto, con todo el champú en el pelo aún, y bajo. Estaba la familia desayunando en la cocina, tuve que tocar la puerta porque la tenían cerrada. Les cuento la historia y me dicen que ya han llamado para avisar porque ha habido un corte de agua (se ve que se rompió una tubería o no sé qué que habían cambiado en abril en esa zona) y que no se podía hacer nada, que todas las casas estaban igual. Así que les contesto: "Bueno, pues me quedaré con el champú en el pelo". Y entonces me dice el hombre que probara el baño de los niños, que al estar en la planta baja, aunque no tenía mucha presión, sí que llegaba algo de agua, no como al primer piso. Así que me subo a por la toalla, bajo y me encuentro a la mujer puesta de guantes de goma limpiándolo todo (estaba limpio, pero bueno) y le digo que no se preocupe, que sólo voy a usar la ducha y no soy tan tiquismiquis. Y ya por fin me pude duchar. Pero el hombre cada vez que venía a nuestra mesa en el desayuno a servirnos, estaba intentando no reírse. Y mi compañera de viaje también, de verlo. Hasta que nos fuimos estuvieron con el cachondeo y creo que aún se estarán riendo de mí con el champú en la cabeza. Y eso que no bajé en toalla, si no...



Abadía de Kylemore.

A continuación nos fuimos a ver la abadía de Kylemore, que yo ya había visto, aunque no con tanto detalle porque siempre íbamos con un poco de prisa. Había sacado las entradas por internet porque eran un poco más baratas que en taquilla, así que al entrar tuve que enseñar el papelito con la factura de internet. Hicimos la visita guiada por la casa y luego ya nos fuimos a pasear por los jardines inmensos que tiene. Nos encontramos con una pareja española y nos hicimos fotos unos a otros, respectivamente. Vimos el jardín victoriano amurallado, las casas de los jardineros y luego ya, nos fuimos a la tienda a comprar algún detalle y salimos de allí para ir al Parque Nacional de Connemara.



El día, que había empezado soleado, se había puesto lluvioso y la verdad es que no daba gusto pasear al aire libre. Al llegar al Parque Nacional de Connemara fuimos a la cafetería y nos comimos unos sandwiches y tomamos un capuccino de sobre que estaba bastante malo. Dimos una vuelta por el bosque y, al final, decidimos coger el coche y recorrer la parte norte de Connemara para hacer fotos. Era precioso: lagos, ovejas, campos verdes... Pero la lluvia, con esa niebla que crea, afeaba el paisaje y lo desdibujaba tanto, que apenas se veía en las fotos. Buscando Cong, un pueblo con monumentos medievales, nos perdimos en algún lugar debido a que había pocas señales y, las que había, estaban en irlandés y no las entendíamos. Acabamos, no sé cómo, en el condado de Mayo, no llegamos a Irlanda del Norte de milagro, al paso que íbamos... Mirando el mapa nos dimos cuenta de que teníamos que rodear un lago enorme para llegar a Cong, pero la conductora necesitaba ir al baño. Así que paramos en un lugar llamado Partry y nos dirigimos a un pub. Al abrir la puerta de aquel universo masculino y ver a los bachelors (solteros) de County Mayo allí reunidos en torno a la barra y más aburridos que ostras en una tarde de domingo, en vista del panorama, decidimos huir, literalmente, ¡ja, ja! Cerramos la puerta y nos largamos.



En algún lugar de Connemara.


Paramos en el siguiente pueblo, Ballinrobe, que estaba más desierto que el Sáhara. A pesar de todo, conseguimos encontrar una extraña cafetería-restaurante y estaba abierta. Había muy poca gente dentro: unas señoras mayores tomando el té con scones y luego llegó una pareja, también mayor, a cenar. Pedimos un capuccino con apple crumble, una especie de tarta de manzana, pero diferente de cómo la hacemos aquí. Luego seguimos camino a Cong, vimos una abadía medieval, dimos una vuelta por el pueblo y decidimos volver al B&B porque empezaba a llover bastante fuerte y ya eran las 8 de la tarde de todas formas. Al llegar estuve bastante rato hablando con la dueña, que me contó que habían reparado ya las tuberías y teníamos agua, nos contamos cosas de la vida en Irlanda y la vida en España y, al cabo del rato, me conecté a internet (había bajado para eso, pero como nos pusimos a hablar...) y cuando me cansé subí a la habitación y le conté a A. lo que me había contado la señora. Ella estaba viendo El jardinero fiel, en inglés, por supuesto. Hablamos un rato, no recuerdo si nos tomamos un té, y luego ya nos fuimos a dormir con un poco de pena porque se nos estaban acabando las aventuras irlandesas.



CONTINUARÁ...

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Irlanda 2010 (Sexta parte)

Ese día remoloneamos un poco sin acabar de decidirnos a levantarnos (ya llevábamos varios días de viaje, de levantarnos temprano y recorrer muchos kilómetros) pero al final bajamos a desayunar. En el salón había ya una pareja de americanos en la cincuentena. Ella hablaba con una voz muy parsimoniosa, muy pausada, incluso lenta, casi en un susurro, sobre temas muy profundos: el amor y la amistad, las fronteras que hay entre uno y otro, las relaciones personales (con ejemplos de su propia vida) y también mencionó algo de alumnos y clases, con lo cual supe que era profesora. Además, de las de soltar el rollo magistral y que nadie rechiste hasta que no haya terminado, porque su acompañante no se atrevía a decir ni mú. Evidentemente, era profesora universitaria. Por el lenguaje y por esa cierta soberbia con la que hablaba, como si lo supiera todo. En una clase de secundaria los alumnos no la habrían dejado seguir hablando y menos de esa manera. Era algo surrealista oirla hablar de esos temas tan profundos mientras desayunábamos mirando a las vacas y los cuervos por la ventana.



Tras el desayuno y cuando los americanos ya se habían marchado, nos quedamos un rato hablando con los dueños del B&B, quienes nos contaron un montón de cosas de su vida y de cómo ir a los acantilados de Moher, saltando una valla por la que estaba prohibido saltar, para ahorrarnos los ocho euros que cuesta el parking. Estos irlandeses son la leche, ¡son peor que los españoles! y mira que aquí somos pícaros. "Money for your pocket", me decía el dueño. Dinero ahorrado, al bolsillo. Intentamos hacerle caso, pero nos metimos en unos caminos rurales tan estrechos que me arrepentí de ello. Acabamos delante de una valla de piedra con unos pinchos de alambre en la que ponía claramente que no se podía invadir la propiedad privada (ya me lo había dicho el dueño del B&B, pero me dijo también que la ignoráramos y que, como éramos fuertes y jóvenes, no nos costaría saltar la valla). ¿Y los pinchos qué? ¿Y si nos pillaba la Garda, la policía irlandesa, qué? Además, había una puerta de metal para ganado y era difícil aparcar allí sin taparla. Total, que decidimos ir por donde va todo el mundo y pagar los ocho euros. La verdad es que, desde el año 95 es la cuarta vez que voy y creo que la primera que me cobran, estos irlandeses están espabilando mucho.




Acantilados de Moher.



Llamé a Luciano para decirle que ya se había hecho tan tarde que no nos daba tiempo para comer en Galway, pero que podíamos tomar café después y me contestó que no nos preocupáramos. Seguimos visitando el Burren, una zona pedregosa que hay cerca de los acantilados y allí, en una oficina de correos perdida del mundo, compré sellos. Eché algunas postales, pero no quise echarlas todas porque no las iban a recoger hasta el lunes siguiente y pensé que en Galway las recogerían antes, pero después allí era igual. Llegamos a Galway sobre las cuatro de la tarde y estuvimos paseando por la zona comercial hasta que llegaron Luciano, Ángela y el pequeño Leandro. Entonces nos sentamos en una terraza a tomar un capuccino y estuvimos hablando de todo un poco, ya que hacía tres años que no nos habíamos visto.



Luego ya, seguimos viaje hasta Connemara, que era donde íbamos a dormir esa noche. Paramos por el camino a comprar víveres para hacer un picnic y mi compañera dijo que sería un buen momento para ver la puesta de sol, ya que ese día no estaba nublado como otras veces. Le pregunté a la dueña del B&B y nos indicó un sitio precioso, en un lugar donde teníamos el mar a un lado y un lago al otro lado. Nos perdimos un poco, pero al final lo encontramos justo a tiempo, justo cuando estaba a punto de esconderse el sol. Cenamos dentro del coche y, al volver al B&B nos encontramos con unos burritos blancos en la carretera. Al llegar, nos tomamos un té y nos fuimos a dormir, que ya habíamos recorrido un buen trozo de Irlanda ese día también y nos esperaban más aventuras a la mañana siguiente.




Puesta de sol en Connemara.


CONTINUARÁ...

Pdata. Gracias a todos los que se han acordado de que hoy es mi cumpleaños y, a los que no, pues se lo recuerdo, ¡ja, ja!

lunes, 30 de agosto de 2010

Irlanda 2010 (Quinta parte)

Al día siguiente dejamos Portmagee con bastante pena y emprendimos la marcha hacia Dingle. No pudimos recorrer la península entera porque teníamos un largo viaje antes de llegar al siguiente B&B, ya que no encontré alojamiento más próximo; en los pueblos más cercanos estaba ya todo ocupado para esa noche. Vimos una abuela haciendo autostop para ir al pueblo de al lado y estuvimos a punto de recogerla, pero casi no había sitio para parar al borde de la carretera y no era plan dar un frenazo con lo pegados que venían los de detrás. Además, recordemos que, como las maletas no cabían en el maletero, llevábamos una en el asiento de atrás, justo por donde tendría que haber subido la señora. Así que lo dejamos estar, otra vez será. Tampoco recogimos después a algún universitario que hacía autostop entre Oughterard y Galway, que habría sido como Brad Pitt en Thelma y Louise, aunque ninguno de ellos estuviera tan bueno, pero en fin, nos lo perdimos. La próxima vez ya alquilaremos un coche con maletero más grande, para no perder oportunidades.




Portmagee


Paramos un rato en la playa de Inch, donde hacía bastante frío y había gente aprendiendo surf, y luego seguimos camino hacia el pueblo de Dingle. Allí comimos una sopa y un sandwich (una cosa cada una porque no teníamos mucha hambre tras el desayuno inmenso que nos daban cada día) en una librería-cafetería llamada en irlandés An café litearta, un sitio muy interesante y muy tranquilo, con poca gente. Mi compañera de viaje me preguntó por la historia de Irlanda y empecé a soltar un discurso desde los tiempos anteriores a las plantaciones para entrar en más detalles en los acontecimientos del siglo XX y principios del XXI. Al acabar me preguntó: "¿Cómo sabes tantas cosas de la historia de Irlanda?" Y le contesté que porque me gusta, porque viví en Irlanda del Norte, donde la gente me contaba cosas, lo cual me hizo interesarme por la historia irlandesa y porque un día, volviendo de vacaciones a España una Semana Santa, cuando todo el mundo compraba novelas de amor o de terror en el aeropuerto de Stansted, yo me compré un tocho (concretamente, este) sobre la historia de Irlanda y lo devoré con más ansias que los lectores de novelas rosas devoran las suyas. Yo siempre fui un poco rara, ¿qué le vamos a hacer si me gustan los libros de historia de Irlanda? Además, el tema 56 de las oposiciones también trataba sobre la historia de Irlanda y nunca me salió, con lo que habría disfrutado contándolo.





Tras dar una vuelta por el pueblo, emprendimos la marcha, pero nos perdimos y acabamos en una mini aldea de tres casas donde hasta el pub estaba cerrado. Las señales no eran muy claras y no sabíamos a dónde ir. Tampoco sabíamos dónde estábamos. Pero en esas que apareció una furgoneta verde de Correos irlandés con un señor que iba recogiendo las cartas de los buzones perdidos en la Irlanda rural y allá que me fui hacia él, mapa en mano, para preguntarle dónde estábamos y cómo teníamos que ir donde queríamos. Me explicó que teníamos que volver por dónde habíamos venido y buscar allí indicaciones para otra carretera. Así que volvimos a Dingle y, al final, conseguimos encontrar el camino. ¿Quién quiere GPS habiendo carteros irlandeses con los que charlar un rato?





Connor Pass



La carretera en Connor Pass era tan estrecha que no dejaban pasar autobuses ni camiones y menos mal que no encontramos a nadie de frente porque si no, a ver cómo hubiéramos pasado. Pero el paisaje era impresionante y nos paramos a hacer fotos antes de entrar en ella. Al salir de Connor Pass estábamos en la costa de nuevo y seguimos camino hasta Tralee, donde pusimos gasolina. Me acordé de la canción, The Rose of Tralee, pero no vimos ninguna rosa. De todas formas, teníamos que ir al condado de Clare, así que, tras perdernos y encontrarnos, seguimos viaje. Llegamos a Tarbert justo cuando llegaba el trasbordador y nos pusimos a la cola de coches para entrar. Veinte minutos y dieciocho euros menos después, llegamos a la otra orilla, tras cruzar el río Shannon. Impresionante el Shannon, parece el mar. Para gente como yo, acostumbrada al hilillo de agua del Vinalopó, el Shannon son diez mares. Si el Vinalopó tuviera la sexta parte del agua del Shannon, aquí haríamos milagros.





Ya estábamos en el Condado de Clare, habíamos recorrido ya tres condados de los 32 que hay en Irlanda: Cork, Kerry y ahora, Clare. Paramos en Kilrush a comprar comida para cenar y a llamar al B&B para avisar de que llegaríamos tarde para que no anularan la reserva. Luego nos dirigimos a Spanish Point, donde los buques de la Armada invencible encallaron. Por eso dicen las leyendas irlandesas que los irlandeses de esas zonas son más morenos de pelo y de piel, de ojos castaños, y se cabrean más rápidamente, porque son descendientes de marineros españoles de la Armada invencible, que se quedaron allí y nadie fue a rescatar. Hacía viento y frío, aunque había un grupo de paquistaníes o hindúes jugando al fútbol en la playa. Nos quedamos en el parking, dentro del coche, preparamos un picnic y contemplamos un mar embravecido como el que se tragó a nuestros compatriotas varios siglos antes.





Liscannor. Vista desde el B&B.



Después continuamos viaje hasta llegar, por fin, a Liscannor. Localizamos el B&B y, estábamos tan cansadas, que ni bajamos a la salita para huéspedes donde el dueño nos había dicho que podíamos ver la tele. Mientras mi compañera de viaje se duchaba, yo preparé un té (había siempre té y café en las habitaciones de los B&B) y me puse a contemplar el paisaje por la ventana: todo verde y unas vacas pastando. Unas casitas nuevas en las que empezaban a encenderse algunas luces y, a lo lejos en el horizonte, los acantilados de Moher y el mar. La calefacción estaba encendida ese día porque hacía un poco de frío. Nos tomamos el té junto a la ventana, charlamos un rato mientras anochecía y luego, yo me puse a escribir las postales que me faltaban mientras A. se quedaba dormida.



CONTINUARÁ...

domingo, 29 de agosto de 2010

Skellig Islands 2 (Cuarta parte, bis).

Oímos a unos catalanes hablando en catalán y mi compañera de viaje se dirigió a ellos en valenciano para que nos hicieran una foto. De broma, le dije: "Me encanta cómo hablas inglés. Impresionante." Después de unas cuantas fotos decidimos empezar a bajar, poco a poco, para no apelotonarnos todos después de vuelta a los barcos. Al subir no se notaba tanto, porque íbamos de cara a la montaña, pero al bajar ya se apreciaba la altura a la que estábamos, con el mar allá abajo, y daba un poco de vértigo, la verdad. Sobre todo, este trozo:




Skellig Michael


Al llegar abajo, hicimos fotos con algunas gaviotas que se acercaban desafiantes, como a disputarnos nuestro derecho a estar en la isla. Y luego ya fuimos a esperar al barco. Estaban todos en el mar y sólo uno en el puerto (sólo cabía uno). Al final, nuestro barquero se cansó de esperar a que se llenara ese barco y se fuera, porque faltaban aún varios turistas después de un rato allí. Así que, ni corto ni perezoso, vino, ató su barco al otro y nos hizo pasar saltando de barco en barco. Repito lo que dije en el post anterior: ¡Menos mal que llevábamos botas de montaña! Y que el barquero joven de la otra embarcación nos ayudó a subir.

Luego dimos una vuelta completa por la isla pequeña y fue impresionante ver la cantidad de aves que estaban allí posadas y sobrevolando el cielo. Cada puntito blanco que se veía, era un ave y había miles, como se puede ver en la siguiente foto (podéis pinchar en ella para ampliarla):


Little Skellig


Poco a poco nos fuimos alejando de las islas, que se empequeñecían en el horizonte hasta desaparecer por completo. Nos dio un poco de pena, pero había que volver a tierra firme. Al llegar, nos recibieron los mismos escalones empinados de otra escalera de hierro similar, trepamos por ellos al puerto y después nos dirigimos a este museo sobre las Skellig que hay en Valentia Island. Había empezado a llover, el tiempo había cambiado bastante, así que antes de entrar nos refugiamos un rato en el coche para comernos los picnics que llevábamos en las mochilas desde por la mañana mientras mirábamos Portmagee y el mar desde otra isla, aunque esta tenga un puente a tierra firme.

Al salir del museo fuimos a la otra punta de la isla para coger el trasbordador, con el coche y todo, y cruzar a la otra orilla. Desde allí fuimos a Rossbeigh para pasear por la playa, aunque la tarde no era muy agradable. A la vuelta, estuvimos mirando varios sitios para cenar en varios pueblos, pero no nos convencieron, así que volvimos a Portmagee y decidimos probar el pub "rival", pero creo que nos equivocamos. Es que sólo hay dos pubs: uno que pertenece a los dueños del B&B donde estábamos alojadas y otro. Como la noche anterior habíamos cenado ya en el restaurante de los dueños del B&B, decidimos explorar. Pero en el otro pub, que era típico irlandés, eso sí, sólo había un grupo de hombres en la barra y otra sala donde estaban cenando una familia francesa y una pareja italiana. Eso ya debería habernos dado la pauta, porque en el otro local se llenaba siempre de gente del pueblo y alrededores, o sea, que tenía buena fama. Pero bueno, al final la cena no estuvo mal, a pesar de todo.

Faltaba todavía ir a pub de siempre para gastar la invitación que teníamos a un café irlandés, así que, allá fuimos y pronto nos dimos cuenta de que el ambiente era mucho mejor: pub más nuevo, mejor decorado, todo más limpio, mucha más gente, aunque tampoco estaba abarrotado porque, a esas horas, ya habían terminado de cenar y se habían ido a sus casas, que era un día entre semana y al día siguiente tendrían que trabajar. Los italianos del pub anterior, por cierto, también se habían venido a este y se habían sentado en la barra. Pedimos los cafés y nos sentamos en una mesa cerca de la ventana, para ver anochecer sobre Valentia Island, que la teníamos enfrente. El whiskey irlandés desató las lenguas, sobre todo la mía, y acabamos hablando y hablando hasta casi las doce de la noche. No nos queríamos ir, pero al final decidimos subir a la habitación y dormir, que al día siguiente teníamos que conducir un montón de kilómetros y atravesar varios condados antes de llegar a nuestro destino.

CONTINUARÁ...