Cuando por fin estábamos todos, emprendimos la marcha saltando entre las olas y eso que, parece ser que ese día no había muchas, pero pegamos unos buenos saltos, la verdad. Increíblemente, sólo una de mis fotos ha salido un poco movida. Pensé que, al ser una cámara de carrete, no saldría ninguna foto decente. Pero se ve que la apoyé bien en el borde del barco, la sujeté con fuerza para que no se moviera mucho y por eso las fotos han salido muy bien. Poco a poco fuimos viendo en el horizonte la Pequeña Skellig y luego ya, de repente, la grande, Skellig Michael, que nos recibió así:
Era una inmensa roca escarpada de color verde que parecía que se nos fuera a tragar. Y, al mismo tiempo, la sensación era acogedora. Habíamos tardado 45 minutos en llegar y el barquero nos dijo que nos esperaba a la 1.30 pm. Empezamos a subir por una rampa haciendo muchas fotos, nos quedamos las últimas, y, al llegar ya donde empezaba la escalera, había una guía explicando las medidas de seguridad, porque ha habido accidentes en los que se ha matado gente. Claro que, uno de los que hubo el año pasado, fue por salirse de las sendas marcadas, que la gente también es muy inconsciente. Luego nos dijo que leyéramos un cartel que había allí recordando las normas de seguridad (lo típico: no salirse de las sendas, tener cuidado al bajar y al subir, sobre todo, no empujar a nadie, si alguien tenía una enfermedad de corazón o de otro tipo, pero grave, que ni se le ocurriera subir, etc.) y yo me puse a leer y a traducir al español a mi amiga. A la guía le hizo gracia porque todo el mundo pasó del cartel y se fue para arriba mientras que yo me lo tomé muy a conciencia leyendo todo de pe a pa y traduciendo, así que, cuando acabé de hablar en castellano, me dijo en inglés, sonriendo: "Bueno, ya podéis subir", como pensando: "Venga, nenas, que llegáis tarde".
Así que empezamos a subir por la escalera al cielo, pensando que, desde luego, si los monjes querían estar cerca de Dios, no había un sitio mejor. Y qué paciencia construir los seiscientos y pico escalones que hay hasta llegar al monasterio. Hubo que tomárselo con calma, pararse a descansar, a hacer fotos y a observar a las gaviotas, animales hambrientos a la caza del sandwich del turista incauto que se le ocurriera sacarlo allí. Vimos cómo volaban sandwiches por el cielo en los picos de las gaviotas en menos que canta un gallo mientras los turistas les gritaban protestando. ¡Qué habilidad! Era sacar un sandwich de la mochila y en dos segundos ya se lo habían llevado por los aires. Eso no lo ponía en las instrucciones del cartelito, ¡ja, ja! Claro, cincuenta mil aves hambrientas en la isla de al lado, como para perderse la ocasión de saborear unos sandwiches, lo raro es que no nos comieran a las personas también. Así que decidimos guardarnos el almuerzo para mejor momento, porque habíamos desayunado muy bien, no teníamos hambre y tampoco queríamos que, con el meneo del barco, nos sentara mal la comida después.
Por fin llegamos al monasterio y había otra guía explicando cómo vivían los monjes en esas celdas de piedra que me recordaron a los pozos de nieve de mi tierra (ver aquí), es decir, piedra a piedra formando un círculo y, poco a poco, ir haciéndole una bóveda hasta que la última piedra encaja justo en el hueco que queda. En el vídeo que recomiendo más abajo se ve más claramente lo que digo.
Debía ser una vida bastante dura la de los monjes y no sé cómo se atrevían a subirse en aquellos barcos tan frágiles (si los de hoy son frágiles, imaginad los de la Edad Media) para irse a vivir a estas islas en las que el buen tiempo, ni siquiera está garantizado en verano. Como dijo la guía, hace dos o tres veranos hubo un temporal en el que los barcos no pudieron llegar a las islas durante diez días. Los guías viven allí durante el verano, debe de ser impresionante, sobre todo de noche con luna llena. Nos quedamos pensando dónde hay que echar el CV para solicitar ser guía. Un verano allí sería una experiencia inolvidable.
Más información sobre las Skellig:
- http://www.youtube.com/watch?v=yi7oUikuigA&feature=player_embedded Un documental en inglés, lo mejor para hacerse una idea de dónde fuimos, con la sensación del barco y de la isla.
CONTINUARÁ...








El jueves, después de cuatro años esperando este momento, por fin nos conocimos en persona 

