Dimos una vuelta por la ciudad por nuestra cuenta, luego fuimos a una tetería árabe y después ya a la visita guiada, que fue muy interesante. Sólo a los de Baeza se les ocurre enterrar a un obispo de pie allá en lo alto de la fachada de la catedral, por si los de Jaén (con quienes habían estado disputando dónde debía ser enterrado) venían a robárselo. Aunque es una pena que, por esa cabezonería, la reina Isabel les tirara las murallas porque las dos familias nobles más importantes del lugar no dejaban de guerrear entre ellas. Y lo de trasladar piedra a piedra un edificio en tiempos de Franco a un lugar donde se supone que iba a tener más esplendor, no medir el terreno y luego ver que se quedaba pequeño y no les cabía el edificio... Pero eso ya fue culpa del arquitecto de turno o, quizá, de los especuladores de la época.
A pesar de estas curiosidades, a mí lo que me gustó más fue entrar al instituto y al aula donde dio clases Antonio Machado. No me importaría pedir el traslado y dar clases allí. Como el año pasado ya estuve en Segovia, en la pensión donde vivió Machado, sólo me faltan por ver Soria y Colliure. Algún día iré.
Anécdotas del viaje: Que unos ingleses que pasaban por la calle preguntaran a la guía dónde estaba la oficina de turismo y les contestara que no hablaba inglés, con lo cual me tocó explicárselo a mí. Que no haya hecho fotos. Y, sobre todo, lo más extraño es que Amada haya sido la única persona en seis años y ocho meses que tengo el coche, que haya conseguido que saque la antena del maletero (donde la dejé desde que lo compré, para que no me la robaran) porque siempre escucho CDs y eso de escuchar la radio en mi coche es un hecho inédito. Que me encontrara en Úbeda a una ex-compañera de la oficina de turismo de Elche (bueno, ella sigue trabajando allí, yo no) cenando con sus familiares en la terraza de un restaurante cerca de nuestro hotel y me indicara en un mapa dónde había un bar de tapas, aunque al final, no lo encontramos y nos metimos en otro. Y, como resumen de todo, que no me importaría volver a perderme por los cerros de Úbeda.












